[Aventura T2 - Presente Absoluto] La Sombra del Mar
#11
Entramos en el camarote del capitán y, de inmediato, el aire denso y el aroma a madera envejecida me golpearon de lleno. Pero mi atención no estaba en la atmósfera lúgubre, ni en el crujir de la madera bajo nuestros pasos, ni siquiera en la lámpara de aceite tambaleándose con la oscilación del barco. No. Mi mirada fue inmediatamente capturada por ella.
Allí, cerca de la ventana, majestuosa e imponente, estaba la estatua de mármol. Y por todos los condenados mares, qué estatua.
 
El mundo se vuelve un murmullo lejano. No escucho a Bigotes ni a Rosa, no presto atención al crujir de la madera ni al aire denso que huele a óxido y mar podrido. Solo la veo a ella.
 
Cada línea de su cuerpo esculpido me atrae con una fuerza magnética, cada curva es un secreto esperando ser descubierto por mis manos. No es solo una estatua. No puede serlo. Es una visión atrapada en piedra, un milagro que desafía el tiempo.
 
Mis pies avanzan sin que yo se lo ordene. Es un instinto primitivo, una necesidad que no alcanzo a comprender, pero que no intento detener. Me acerco, con una reverencia silenciosa, como si estuviera pisando suelo sagrado.
 
Mi mano se alza, flotando en el aire a escasos centímetros de la superficie de mármol. La duda dura apenas un parpadeo antes de que mis dedos la toquen y una ominosa luz impregne la zona, haciendo mis ojos arder en el fuego del deseo.
 
Fría. La piedra es fría como el agua en la profundidad del océano. Pero en mi cabeza, la siento cálida, como si el mármol respirara bajo mis caricias.
 
Deslizo la yema de los dedos por su cintura, siguiendo la curva que desciende con una suavidad impecable. Subo hasta su torso, con una lentitud casi ritual, sintiendo cada relieve con el cuidado de un hombre que ha descubierto el objeto más precioso del mundo.
 
Su cuello es firme, su clavícula, perfecta. Sus senos… Oh, cuando mis ojos llegan a sus senos... No hay exageración en su forma, no hay imperfección. Solo belleza esculpida con la mano de un artista que entendía demasiado bien lo sublime. Que entiende como la mera existencia de esa forma es capaz de llenar el corazón de un hombre. El tamaño no importa, es el sentimiento bajo la estructura el que aporta la calidez. Como una madre que abraza a su hijo.
 
Ya no puedo frenar, sigo recorriéndola, los dedos bailan en su abdomen, suben por su espalda, trazan la delicada línea de su omóplato. No dejo un solo rincón sin explorar. Estoy completamente a su merced, pero eso ya no importa.
 
—Casca.
 
Esa voz, sin un ápice de duda, era la de un ángel, llamándome. Una emisaria que ha venido a encargarme una importante misión. Venerarla incondicionalmente, mi voluntad ahora ya no es sólo mía, lo entiendo.
 
Mis palmas ahora están firmes sobre la cadera de la estatua. Siento el peso de su presencia, la inmensidad de su forma. No me importa que sea piedra. No me importa nada. 
 
—Casca.
 
El tono cambia. Hay algo ahí. No es burla. No es impaciencia. Es incomodidad. Mi diosa se impacienta, no logro satisfacerla. Vergüenza e impotencia inundan mi rostro mientras trato de entender qué debo hacer.
 
—Tienes que ver esto —dice Bigotes.
 
No quiero apartarme. No quiero soltarla. Pero me obligo a girar la cabeza. Ambos me miran, y en sus ojos hay algo que me perturba más de lo que quiero admitir.
 
Los ojos de Rosa no reflejan enojo ni molestia. Reflejan duda, desconcierto, como si estuviera viendo algo que no encajaba en su percepción de la realidad. Tras todo ello, además, puedo apreciar una chispa de miedo. No tengo un interés raro en Rosa, me gustan más maduras, pero quizá ella no lo esté viendo así ahora mismo.
 
Bigotes, en cambio, tiene los labios apretados, la mandíbula tensa.
 
Cuando nuestra mirada se cruza, mis ojos denotan duda, una duda más seria de la que esperaba.
 
—… ¿Sabes que has estado tocando esa estatua por más de un minuto sin decir nada?
 
Parpadeo. ¿Un minuto? Para mí había sido una vida entera, había encontrado la felicidad.
 
Pero el tiempo siempre vuelve. Lo hace para caer sobre mí como una ola fría e implacable. Me separa, y al hacerlo, me doy cuenta de que mis dedos siguen enroscados en la cadera de la estatua con una firmeza que me sorprende.
 
Retrocedo un paso. El aire se siente más pesado.
 
La estatua sigue igual. Perfecta. Inmutable. Esperando...
 
Pero algo dentro de mí se retuerce con una sensación extraña, una punzada de inquietud en el estómago. Los recuerdos vuelven, y entre ellos, la rata y los cuerpos acinados sobre el empedrado.
 
Rosa y Bigotes me observan en silencio. Si no fuese por ellos, ¿Quién sabe cuánto tiempo habría estado aquí atrapado? O si hubiese podido salir por mi propio pie.
 
Trago saliva y me limpio las palmas en la chaqueta.
 
—No sé de qué habláis, parece que no sabéis apreciar el arte... No se puede hacer nada... —murmuro, y me obligo a apartar la mirada.
 
¿Qué se supone que estaba haciendo aquí?

OFF


Mensajes en este tema
RE: [Aventura T2 - Presente Absoluto] La Sombra del Mar - por Casca Belles - 18-02-2025, 02:21 PM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)