01-02-2025, 02:30 PM
(Última modificación: 01-02-2025, 02:57 PM por Kisuke Kageyama.
Razón: olvidé anotar la fecha del post
)
10:00 a.m. Día 2 de Invierno, año 14.
Manglar 15, Archipiélago Sabaody.
Manglar 15, Archipiélago Sabaody.
Kisuke acababa de llegar a un lugar apartado del manglar 15, un sitio que había hecho su sitio de entrenamiento, para, siguiendo el consejo de Kihira, seguir y seguir entrenando y aumentando su poder. Todavía no sabía a qué atenerse en aquel lugar, pero si que tenía claro que viniera lo que viniese, quería estar lo mejor preparado que fuese posible. El sitio en el que se encontraba, estaba tras unas edificaciones con las ventanas y puertas tapiadas, que a todas luces estaban abandonadas. Cruzando una verja de alambre, que tenía un agujero bastante grande en una de sus partes, podías acceder a un descampado que daba al agua y que tenía unos 50 metros de radio, aproximadamente.
"Bueno, aquí estamos un día más."
El invierno acababa de entrar, por lo que necesitaría hacer un buen calentamiento antes de comenzar con el entrenamiento, aunque no es que hiciese excesivo frío en aquella isla, la temperatura era agradable a pesar de todo y la humedad alta. Y estaban las burbujas, por todos lados, ascendiendo sin cesar hasta que llegado un punto, explotaban con un sonido más elevado de lo que pudiese parecer, puesto que esas explosiones, alcanzaban a escucharse en el suelo. Realmente aquellas burbujas le habían resultado útiles, para acostumbrarse a atacar en todas direcciones, puesto que aquellas pompas surgían sin cesar por cualquier sitio por lo que Kisuke las usaba como objetivos. Encendió un cigarrillo y se sentó con las katanas en su regazo, cerrando los ojos y concentrándose fuertemente.
-Kenbunshoku haki.
Extendió su percepción en un área de 30 metros alrededor de él. Como esperaba no detectó ninguna presencia importante, apenas unas cuantas diminutas auras de animalillos como gaviotas o algún roedor que correteaba por aquel claro. Aún necesitaba concentrarse para poder utilizar su Kenbunshoku, y, aunque ya no tenía dificultad en extender bastante su percepción, tenía que aprender a hacerlo mientras se movía o en pleno combate. Suspirando liberó su haki y abrió los ojos con el ceño fruncido y preocupado por el hecho de que no estaba aún al nivel que él pensaba que debía estar. Tras el entrenamiento con Kihira, las dudas sobre si mismo se habían disipado, pero seguía siendo plenamente consciente de que aún le quedaba muchísimo camino por andar. Con una sonrisa recordó como aquella chiquilla había jugado con él como si fuese un bebé. Quería mejorar en su dominio del haki para poder alcanzar el nivel que ella le mostró, pero según palabras de la propia Kihira, aún estaba lejos de poder alcanzar esa cota.
"No cabe duda que debo seguir insistiendo una y otra vez. Al menos ahora sé con certeza que puedo incrementar más mi poder, solo tengo que seguir y seguir."
Ahora bien, una de sus mayores preocupaciones, era incrementar su resistencia física y espiritual para poder utilizar sus hakis y pelear al mismo tiempo, ya que ahora ademas del Busoshoku, tendría también que emplear el Kenbunshoku para estar atento a las presencias. Aquello podría suponer demasiado esfuerzo, pero el camino que había elegido y que, con tanta seguridad había reafirmado ante Kihira, requería de todo su esfuerzo y dedicación, por lo que no podía, y no debía, quejarse al respecto.
Se puso en pie, desenvainando sus katanas, y cerró los ojos de nuevo, por un instante, dirigiendo su haki hacia sus katanas y recubriéndolas con el mismo para comenzar con sus ejercicios de espada. Abrió los ojos y con un salto hacia adelante agitó sus katanas y comenzó a lanzar tajos a diestro y siniestro, enlazando movimientos, moviéndose a todo lo que daba su capacidad y lanzando golpes y estocadas con sus katanas. Mientras hacía esto, trataba también de activar y mantener su Kenbunshoku, pero no era capaz de hacerlo de continuo. Cada vez que asestaba un golpe, su percepción se nublaba por unos instantes, lo que indicaba sin duda que tenía mucho que practicar en el arte del haki de visión.
Estuvo así durante varios minutos, como una decena, hasta que estuvo satisfecho, y ya había arrancado a sudar profusamente. Desactivando sus hakis y tomando aliento, envainó sus katanas y comenzó a pensar en su fuente de mayor preocupación en cuanto a sus habilidades actuales; su Akuma no mi. La Gran Líder le había hecho especial énfasis en su entrenamiento con la akuma no mi, así como con los hakis. Parecía que a ojos de Kihira, sus habilidades con la espada eran muy buenas pero tenía mucho, pero mucho, que mejorar con sus demás habilidades. En realidad no era de extrañar puesto que hacía poco que había adquirido las habilidades de la fruta del diablo. El hecho de ser un usuario de tipo logia, y no tener control sobre su poder aún, había llevado a Kisuke a varias situaciones tan cómicas como incómodas. El problema estaría cuando estuviese en algún tipo de problema, que no podría disponer de este poder a voluntad. Tenía varias ideas para aplicar con sus poderes de akuma no mi, pero como aún no podía manejar a voluntad aquella habilidad, seguían siendo solo eso, ideas.
"Bueno, pese a todo, tendré que contar con lo que domino, de momento. No puedo utilizar mis poderes de fruta hasta no tener control sobre esa habilidad."
Era lo más lógico, usar un poder que no controlas no solo puede ser peligroso para uno mismo, sino que también puede ser perjudicial para los compañeros, por lo que, de momento, mejor utilizar sus habilidades con la espada y sus hakis. Lo cierto es que ser un hombre hollín era algo que le había sorprendido, pero le parecía apropiado para alguien que pertenecía al Ejército Revolucionario, le gustaba serlo, vaya, por aquello de que el hollín podría asociarse a la lucha obrera de los trabajadores del carbón y todo ese tema, pero necesitaba poder controlarlo pronto, si no, simplemente iba a poder beneficiarse de ser intangible. El problema que suponía aquello, era que en aquel lugar, seguramente cualquier enemigo que pudiese suponer una amenaza, tendría casi con seguridad haki de armamento, por lo que su ventaja al ser un usuario de tipo logia, caía en saco roto ante el haki, no podría confiarse.
Vovlió a activar sus hakis, tras esa pausa para reflexionar, y desenvainó de nuevo sus katanas, comenzando de nuevo a moverse por el claro acuchillando, asestando estocadas y golpes contra enemigos imaginarios. Su haki de armamento estaba estable y activo, pero el de visión era incapaza de mantenerlo y apenas podía activarlo por un instante. Tras otros quince minutos así, paró de nuevo, algo frustrado. No conseguía utilizar adecuadamente el Kenbunshoku, y su dominio de la Akuma no mi era insuficiente todavía para poder utilizarlo.
"No te rindas, insiste una y otra vez, Kisuke, espero grandes cosas de ti."
Las palabras de Kihira resonaron en su mente, disipando aquel breve instante de frustración. Era cierto que no podía utilizar aquellos nuevos poderes, tanto el kenbunshoku como su habilidad de usuario, pero también era verdad que hacía poco que había adquirido aquellas habilidades, por lo que era lógico que aún no pudiese utilizarlos. Tenía que aprender a ser paciente y perseverar para hacerse más fuerte, porque aunque aún no fuese todo lo poderoso que quizá debería, había adquirido nuevas habilidades y ya era consciente de que podía mejorar las que ya dominaba, como el busoshoku, así que no había espacio para las dudas. A pesar de todo, estaba contento, realmente, porque ahora al menos era capaz de activar por un instante, ínifmo e inútil cierto, el kenbunshoku mientras estaba moviéndose.
"Supongo que es suficiente por esta mañana, volveré al barco."
De camino a barco, en el manglar 14, observó como unos cuatro tipos acosaban a una mujer, chasqueó la lengua y aguantó las ganas de abalanzarse sobre ellos, pero la precaución estaba imponiéndose una vez más. Detestaba tener que pasar de largo ante este tipo de cosas, pero no tenía más remedio después de lo que había pasado al llegar a la isla. Era mejor ir con pies de plomo. No obstante, pudo ver como iban llevando a la mujer hacia un callejón, y todas las alarmas del instinto de Kisuke se encendieron. Aquello no lo podía permitir, tenía que hacer algo. Se acercó hacia la entrada del callejón y echó un vistazo, desde unos diez metros de distancia. Lo que vio, tristemente no le sorprendió, y se dio cuenta de que su instinto no le había engañado. La mujer estaba en el suelo mirando aterrada a los hombres que la rodeaban, con la blusa rasgada y la falda hecha jirones. Aquellos tipos pretendían abusar de ella en grupo. No se podía contener ante aquello.
-A ver pedazo de trozos de mierda, ya podéis guardaros las minipollas que tenéis para atacar a una mujer en grupo, no las vais a necesitar nunca más.
La ira envolvía a Kisuke. No era capaz de concebir que una persona pudiese forzar a otra, pero encima que lo hiciesen en grupo, era más vomitivo aún para el antiguo pescador. Sin pensarlo, se puso en posición de desenvainado y se abalanzó a por el que más cerca tenía.
-Ittoryu Iai: Raito Kyasuto.
Con un movimiento partió en dos al tipo cayendo cada mitad a un lado, los otros le miraron incrédulos sin salir del asombro que su compañero hubiese caído así, tan fácil. Uno de ellos, que estaba más cerca de la mujer y parecía drogado y borracho, le increpó.
-Y tú, ¿quién coño eres, gorilón?¿Quién coño te crees que eres para interrumpir nuestra diversión?
Kisuke escupió a un lado, mirándolos con infinito asco y desprecio.
-¿Diversión?¿En serio unos mugrientos como vosotros consideran a una mujer como "diversión"? No os preocupéis, a donde os voy a mandar no os aburriréis, porque no podréis sentir nada, Comando Esmegma.
Tratando de sorprender a Kisuke, el que estaba a la derecha, le atacó con una vara de acero. Kisuke ni se inmutó y se deshizo en hollín al ser golpeado, y los miró sonriendo siniestramente. Sin dejarle tiempo a reaccionar al que le había atacado, usó su katana para degollarle. El que estaba a la izquierda, que tenía la bragueta bajada, cayó al suelo temblando y un charco de orina empezó a sugir de él. Por otro lado, el que estaba más cerca de la mujer, la había agarrado poniéndola delante de él para usarla de escudo amenazándola con un largo puñal con degollarla. Kisuke ignoró al que había caido al suelo y se había meado encima, y miró al sujeto que usaba a la mujer semidesnuda y herida de escudo.
-Suéltala, pedazo de trozo de mierda.
Sin decir ni una palabra más, movió su espada y tanto la mano como el puñal saltaron por los aires. Los había cercenado con un corte limpio. La mujer gritó del susto y la impresión cayendo aterrada al suelo y alejándose a gatas un par de metros, mientras el tipo aullaba de dolor sujetándose el muñón ensangrentado. Kisuke se acercó a él y sin decir ni una palabra más, atravesó el pecho de aquel sujeto, silenciándolo para siempre. El que se había orinado, seguía sentado en el suelo mirando la escena aterrado, temblando sober un charco de su propia orina, rogando clemencia y pidiéndole entre sollozos que le dejase marchar.
-No tengo tiempo y sé que la gentuza como tu son de las que buscan represalias, no puedo permitir que volváis a hacer daño a esta mujer, ni a ninguna. Lo siento.
Y con un corte limpio, le cortó la cabeza sin vacilar. Detestaba matar, pero aquella situación no le había dejado más opción que hacerlo. Miró a la mujer y le sonrió, quitándose la capa. Se acercó a ella y le ofreció su largo manto para que pudiese cubrirse y regresar a su casa.
-Siento mucho haber tardado tanto. Espero que puedas estar bien y no te vuelva a pasar algo así nunca más.
La mujer, aún asustada le miró a los ojos y vio la honestidad del antiguo pescador reflejada en ellos. Sin duda, había estado a punto de pasar por algo horrible, pero aquel desconocido había conseguido ayudarla. Kisuke la ayudó a ponerse en pie y se giró dispuesto a marcharse.
-Por lo menos, ¿puedo saber como se llama, señor?
Kisuke se giró, dudando un instante, pero luego decidió que lo que acababa de hacer no era algo negativo para la revolución, por lo que siguiendo su instinto, respondió sinceramente.
-Soy Kisuke Kageyama, capitán del Ejército Revolucionario, y este tipo de situaciones son las que pretendemos erradicar.
Sin decir nada más, se giró y se puso en camino hacia el manglar 13 y su barco, tenía hambre y la mañana había sido movidita por lo que ya estaba deseando llegar. Iba a regresar sin poder cubrirse con la capa y la capucha, puesto que se las había dado a aquella mujer, pero esperaba no encontrarse con nadie más en el camino a casa que le reconociese.
"Bueno, aquí estamos un día más."
El invierno acababa de entrar, por lo que necesitaría hacer un buen calentamiento antes de comenzar con el entrenamiento, aunque no es que hiciese excesivo frío en aquella isla, la temperatura era agradable a pesar de todo y la humedad alta. Y estaban las burbujas, por todos lados, ascendiendo sin cesar hasta que llegado un punto, explotaban con un sonido más elevado de lo que pudiese parecer, puesto que esas explosiones, alcanzaban a escucharse en el suelo. Realmente aquellas burbujas le habían resultado útiles, para acostumbrarse a atacar en todas direcciones, puesto que aquellas pompas surgían sin cesar por cualquier sitio por lo que Kisuke las usaba como objetivos. Encendió un cigarrillo y se sentó con las katanas en su regazo, cerrando los ojos y concentrándose fuertemente.
-Kenbunshoku haki.
Extendió su percepción en un área de 30 metros alrededor de él. Como esperaba no detectó ninguna presencia importante, apenas unas cuantas diminutas auras de animalillos como gaviotas o algún roedor que correteaba por aquel claro. Aún necesitaba concentrarse para poder utilizar su Kenbunshoku, y, aunque ya no tenía dificultad en extender bastante su percepción, tenía que aprender a hacerlo mientras se movía o en pleno combate. Suspirando liberó su haki y abrió los ojos con el ceño fruncido y preocupado por el hecho de que no estaba aún al nivel que él pensaba que debía estar. Tras el entrenamiento con Kihira, las dudas sobre si mismo se habían disipado, pero seguía siendo plenamente consciente de que aún le quedaba muchísimo camino por andar. Con una sonrisa recordó como aquella chiquilla había jugado con él como si fuese un bebé. Quería mejorar en su dominio del haki para poder alcanzar el nivel que ella le mostró, pero según palabras de la propia Kihira, aún estaba lejos de poder alcanzar esa cota.
"No cabe duda que debo seguir insistiendo una y otra vez. Al menos ahora sé con certeza que puedo incrementar más mi poder, solo tengo que seguir y seguir."
Ahora bien, una de sus mayores preocupaciones, era incrementar su resistencia física y espiritual para poder utilizar sus hakis y pelear al mismo tiempo, ya que ahora ademas del Busoshoku, tendría también que emplear el Kenbunshoku para estar atento a las presencias. Aquello podría suponer demasiado esfuerzo, pero el camino que había elegido y que, con tanta seguridad había reafirmado ante Kihira, requería de todo su esfuerzo y dedicación, por lo que no podía, y no debía, quejarse al respecto.
Se puso en pie, desenvainando sus katanas, y cerró los ojos de nuevo, por un instante, dirigiendo su haki hacia sus katanas y recubriéndolas con el mismo para comenzar con sus ejercicios de espada. Abrió los ojos y con un salto hacia adelante agitó sus katanas y comenzó a lanzar tajos a diestro y siniestro, enlazando movimientos, moviéndose a todo lo que daba su capacidad y lanzando golpes y estocadas con sus katanas. Mientras hacía esto, trataba también de activar y mantener su Kenbunshoku, pero no era capaz de hacerlo de continuo. Cada vez que asestaba un golpe, su percepción se nublaba por unos instantes, lo que indicaba sin duda que tenía mucho que practicar en el arte del haki de visión.
Estuvo así durante varios minutos, como una decena, hasta que estuvo satisfecho, y ya había arrancado a sudar profusamente. Desactivando sus hakis y tomando aliento, envainó sus katanas y comenzó a pensar en su fuente de mayor preocupación en cuanto a sus habilidades actuales; su Akuma no mi. La Gran Líder le había hecho especial énfasis en su entrenamiento con la akuma no mi, así como con los hakis. Parecía que a ojos de Kihira, sus habilidades con la espada eran muy buenas pero tenía mucho, pero mucho, que mejorar con sus demás habilidades. En realidad no era de extrañar puesto que hacía poco que había adquirido las habilidades de la fruta del diablo. El hecho de ser un usuario de tipo logia, y no tener control sobre su poder aún, había llevado a Kisuke a varias situaciones tan cómicas como incómodas. El problema estaría cuando estuviese en algún tipo de problema, que no podría disponer de este poder a voluntad. Tenía varias ideas para aplicar con sus poderes de akuma no mi, pero como aún no podía manejar a voluntad aquella habilidad, seguían siendo solo eso, ideas.
"Bueno, pese a todo, tendré que contar con lo que domino, de momento. No puedo utilizar mis poderes de fruta hasta no tener control sobre esa habilidad."
Era lo más lógico, usar un poder que no controlas no solo puede ser peligroso para uno mismo, sino que también puede ser perjudicial para los compañeros, por lo que, de momento, mejor utilizar sus habilidades con la espada y sus hakis. Lo cierto es que ser un hombre hollín era algo que le había sorprendido, pero le parecía apropiado para alguien que pertenecía al Ejército Revolucionario, le gustaba serlo, vaya, por aquello de que el hollín podría asociarse a la lucha obrera de los trabajadores del carbón y todo ese tema, pero necesitaba poder controlarlo pronto, si no, simplemente iba a poder beneficiarse de ser intangible. El problema que suponía aquello, era que en aquel lugar, seguramente cualquier enemigo que pudiese suponer una amenaza, tendría casi con seguridad haki de armamento, por lo que su ventaja al ser un usuario de tipo logia, caía en saco roto ante el haki, no podría confiarse.
Vovlió a activar sus hakis, tras esa pausa para reflexionar, y desenvainó de nuevo sus katanas, comenzando de nuevo a moverse por el claro acuchillando, asestando estocadas y golpes contra enemigos imaginarios. Su haki de armamento estaba estable y activo, pero el de visión era incapaza de mantenerlo y apenas podía activarlo por un instante. Tras otros quince minutos así, paró de nuevo, algo frustrado. No conseguía utilizar adecuadamente el Kenbunshoku, y su dominio de la Akuma no mi era insuficiente todavía para poder utilizarlo.
"No te rindas, insiste una y otra vez, Kisuke, espero grandes cosas de ti."
Las palabras de Kihira resonaron en su mente, disipando aquel breve instante de frustración. Era cierto que no podía utilizar aquellos nuevos poderes, tanto el kenbunshoku como su habilidad de usuario, pero también era verdad que hacía poco que había adquirido aquellas habilidades, por lo que era lógico que aún no pudiese utilizarlos. Tenía que aprender a ser paciente y perseverar para hacerse más fuerte, porque aunque aún no fuese todo lo poderoso que quizá debería, había adquirido nuevas habilidades y ya era consciente de que podía mejorar las que ya dominaba, como el busoshoku, así que no había espacio para las dudas. A pesar de todo, estaba contento, realmente, porque ahora al menos era capaz de activar por un instante, ínifmo e inútil cierto, el kenbunshoku mientras estaba moviéndose.
"Supongo que es suficiente por esta mañana, volveré al barco."
De camino a barco, en el manglar 14, observó como unos cuatro tipos acosaban a una mujer, chasqueó la lengua y aguantó las ganas de abalanzarse sobre ellos, pero la precaución estaba imponiéndose una vez más. Detestaba tener que pasar de largo ante este tipo de cosas, pero no tenía más remedio después de lo que había pasado al llegar a la isla. Era mejor ir con pies de plomo. No obstante, pudo ver como iban llevando a la mujer hacia un callejón, y todas las alarmas del instinto de Kisuke se encendieron. Aquello no lo podía permitir, tenía que hacer algo. Se acercó hacia la entrada del callejón y echó un vistazo, desde unos diez metros de distancia. Lo que vio, tristemente no le sorprendió, y se dio cuenta de que su instinto no le había engañado. La mujer estaba en el suelo mirando aterrada a los hombres que la rodeaban, con la blusa rasgada y la falda hecha jirones. Aquellos tipos pretendían abusar de ella en grupo. No se podía contener ante aquello.
-A ver pedazo de trozos de mierda, ya podéis guardaros las minipollas que tenéis para atacar a una mujer en grupo, no las vais a necesitar nunca más.
La ira envolvía a Kisuke. No era capaz de concebir que una persona pudiese forzar a otra, pero encima que lo hiciesen en grupo, era más vomitivo aún para el antiguo pescador. Sin pensarlo, se puso en posición de desenvainado y se abalanzó a por el que más cerca tenía.
-Ittoryu Iai: Raito Kyasuto.
Con un movimiento partió en dos al tipo cayendo cada mitad a un lado, los otros le miraron incrédulos sin salir del asombro que su compañero hubiese caído así, tan fácil. Uno de ellos, que estaba más cerca de la mujer y parecía drogado y borracho, le increpó.
-Y tú, ¿quién coño eres, gorilón?¿Quién coño te crees que eres para interrumpir nuestra diversión?
Kisuke escupió a un lado, mirándolos con infinito asco y desprecio.
-¿Diversión?¿En serio unos mugrientos como vosotros consideran a una mujer como "diversión"? No os preocupéis, a donde os voy a mandar no os aburriréis, porque no podréis sentir nada, Comando Esmegma.
Tratando de sorprender a Kisuke, el que estaba a la derecha, le atacó con una vara de acero. Kisuke ni se inmutó y se deshizo en hollín al ser golpeado, y los miró sonriendo siniestramente. Sin dejarle tiempo a reaccionar al que le había atacado, usó su katana para degollarle. El que estaba a la izquierda, que tenía la bragueta bajada, cayó al suelo temblando y un charco de orina empezó a sugir de él. Por otro lado, el que estaba más cerca de la mujer, la había agarrado poniéndola delante de él para usarla de escudo amenazándola con un largo puñal con degollarla. Kisuke ignoró al que había caido al suelo y se había meado encima, y miró al sujeto que usaba a la mujer semidesnuda y herida de escudo.
-Suéltala, pedazo de trozo de mierda.
Sin decir ni una palabra más, movió su espada y tanto la mano como el puñal saltaron por los aires. Los había cercenado con un corte limpio. La mujer gritó del susto y la impresión cayendo aterrada al suelo y alejándose a gatas un par de metros, mientras el tipo aullaba de dolor sujetándose el muñón ensangrentado. Kisuke se acercó a él y sin decir ni una palabra más, atravesó el pecho de aquel sujeto, silenciándolo para siempre. El que se había orinado, seguía sentado en el suelo mirando la escena aterrado, temblando sober un charco de su propia orina, rogando clemencia y pidiéndole entre sollozos que le dejase marchar.
-No tengo tiempo y sé que la gentuza como tu son de las que buscan represalias, no puedo permitir que volváis a hacer daño a esta mujer, ni a ninguna. Lo siento.
Y con un corte limpio, le cortó la cabeza sin vacilar. Detestaba matar, pero aquella situación no le había dejado más opción que hacerlo. Miró a la mujer y le sonrió, quitándose la capa. Se acercó a ella y le ofreció su largo manto para que pudiese cubrirse y regresar a su casa.
-Siento mucho haber tardado tanto. Espero que puedas estar bien y no te vuelva a pasar algo así nunca más.
La mujer, aún asustada le miró a los ojos y vio la honestidad del antiguo pescador reflejada en ellos. Sin duda, había estado a punto de pasar por algo horrible, pero aquel desconocido había conseguido ayudarla. Kisuke la ayudó a ponerse en pie y se giró dispuesto a marcharse.
-Por lo menos, ¿puedo saber como se llama, señor?
Kisuke se giró, dudando un instante, pero luego decidió que lo que acababa de hacer no era algo negativo para la revolución, por lo que siguiendo su instinto, respondió sinceramente.
-Soy Kisuke Kageyama, capitán del Ejército Revolucionario, y este tipo de situaciones son las que pretendemos erradicar.
Sin decir nada más, se giró y se puso en camino hacia el manglar 13 y su barco, tenía hambre y la mañana había sido movidita por lo que ya estaba deseando llegar. Iba a regresar sin poder cubrirse con la capa y la capucha, puesto que se las había dado a aquella mujer, pero esperaba no encontrarse con nadie más en el camino a casa que le reconociese.
resumen
karma
akuma no mi
inventario
