28-01-2025, 12:22 AM
Tras haber pasado un buen rato limpiando la hoja y descubriendo el color original del acero, la morfología de la suguha, y descubrir el nombre de la katana, que estaba grabado al pie de la hoja, a dos dedos de la guarda. Una vez la examinó, comenzó con la siguiente fase del proceso, y agarró la piedra de afilar, con la que tendría que sacar de nuevo el filo de la mejor manera que él sabía. Era un proceso delicado y necesitaba la máxima concentración para hacerlo.
"Es muy interesante, dado el estado que tiene, parece haber vivido muchas batallas, pero estás hendiduras en el filo son de alguien que no era muy ducho en el camino de la espada. Seguramente era alguien que se basaba más en la fuerza bruta a la hora de combatir que en la técnica."
Tenía sentido ya que la técnica a la hora de blandir una katana era muy importante para proteger el filo de la misma y no destrozar la hoja. Como se apreciaba en esta, los daños sufridos por la hoja solo podía indicar dos cosas, o su anterior portador era alguien fuerte pero poco técnico, o había vivido muchas batallas sin el mantenimiento adecuado tras las mismas.
"Sea lo que sea, estoy seguro que es una historia muy interesante la que puede estar ligada a esta katana."
Poco a poco, con mucho mimo, iba rebajando el filo de espada, quitando las muescas y hendiduras, recuperando esa perfecta línea que debía tener la hoja de la katana, recuperando su aspecto mortífero y el brillo del filo, con el que sin duda iba a ser capaz de mejorar sus habilidades.
Mientras trabajaba en silencio en el filo, pudo notar que aquella katana era más pesada que ninguna de las que tenía, incluso más que Yamigiri, por lo que iba a necesitar habituarse a ella, para poder hacer sus movimientos de una manera natural y fluida. En verdad no le molestaba ese hecho, puesto que era alguien fuerte físicamente y quizá era más adecuado tener una katana más pesada que una tan ligera como Mangetsu. Con esta nueva espada, sería capaz de dar golpes más fuertes, cortar más profundo y solo tendría que ajustar un poco su estilo.
"No creo que me cueste mucho, porque es ligeramente más pesada que Yamigiri y era mi katana más pesada."
Tras un rato puliendo, al final quedó satisfecho con el resultado, contemplando la hoja con interés y apreciando que era una espada bonita, que rezumaba peligrosidad ahora que había recuperado su filo y brillo de antaño, con esa tsuguha flamígera que le daba un aspecto ardiente, que contrastaba con la frialdad que transmitía Sode no Shirayuki, que era completamente blanca y fría.
Una vez terminó con la espada en sí, se dedicó a limpiar la vaina de madera que estaba bastante deteriorada, dándole una mano de pintura negra y barnizándola de nuevo para que recuperase el brillo y estuviese protegida la hoja de la humedad y las inclemencias del tiempo. Dejó la vaina un rato al sol y se puso en pie con Onikiba en la mano, sopesándola, y mirándola atentamente. Estiró el brazo con la punta de la katana apuntando hacia adelante, mirando el filo y la alineación de la hoja con la guarda y la empuñadura, para asegurarse que el temple de la hoja estaba en buen estado. Pudo visualizar perfectamente la línea recta perfecta que trazaban la hoja y la empuñadura y como la guarda quebraba esa línea de manera perpendicular.
"Bueno, ha llegado el momento, probemos a ver como te portas, Onikiba."
"Es muy interesante, dado el estado que tiene, parece haber vivido muchas batallas, pero estás hendiduras en el filo son de alguien que no era muy ducho en el camino de la espada. Seguramente era alguien que se basaba más en la fuerza bruta a la hora de combatir que en la técnica."
Tenía sentido ya que la técnica a la hora de blandir una katana era muy importante para proteger el filo de la misma y no destrozar la hoja. Como se apreciaba en esta, los daños sufridos por la hoja solo podía indicar dos cosas, o su anterior portador era alguien fuerte pero poco técnico, o había vivido muchas batallas sin el mantenimiento adecuado tras las mismas.
"Sea lo que sea, estoy seguro que es una historia muy interesante la que puede estar ligada a esta katana."
Poco a poco, con mucho mimo, iba rebajando el filo de espada, quitando las muescas y hendiduras, recuperando esa perfecta línea que debía tener la hoja de la katana, recuperando su aspecto mortífero y el brillo del filo, con el que sin duda iba a ser capaz de mejorar sus habilidades.
Mientras trabajaba en silencio en el filo, pudo notar que aquella katana era más pesada que ninguna de las que tenía, incluso más que Yamigiri, por lo que iba a necesitar habituarse a ella, para poder hacer sus movimientos de una manera natural y fluida. En verdad no le molestaba ese hecho, puesto que era alguien fuerte físicamente y quizá era más adecuado tener una katana más pesada que una tan ligera como Mangetsu. Con esta nueva espada, sería capaz de dar golpes más fuertes, cortar más profundo y solo tendría que ajustar un poco su estilo.
"No creo que me cueste mucho, porque es ligeramente más pesada que Yamigiri y era mi katana más pesada."
Tras un rato puliendo, al final quedó satisfecho con el resultado, contemplando la hoja con interés y apreciando que era una espada bonita, que rezumaba peligrosidad ahora que había recuperado su filo y brillo de antaño, con esa tsuguha flamígera que le daba un aspecto ardiente, que contrastaba con la frialdad que transmitía Sode no Shirayuki, que era completamente blanca y fría.
Una vez terminó con la espada en sí, se dedicó a limpiar la vaina de madera que estaba bastante deteriorada, dándole una mano de pintura negra y barnizándola de nuevo para que recuperase el brillo y estuviese protegida la hoja de la humedad y las inclemencias del tiempo. Dejó la vaina un rato al sol y se puso en pie con Onikiba en la mano, sopesándola, y mirándola atentamente. Estiró el brazo con la punta de la katana apuntando hacia adelante, mirando el filo y la alineación de la hoja con la guarda y la empuñadura, para asegurarse que el temple de la hoja estaba en buen estado. Pudo visualizar perfectamente la línea recta perfecta que trazaban la hoja y la empuñadura y como la guarda quebraba esa línea de manera perpendicular.
"Bueno, ha llegado el momento, probemos a ver como te portas, Onikiba."
