22-01-2025, 12:18 PM
El jefe fue directo: sin que nos sigan.
Cuando llegué a los pies del Parabellum, tanto Sohem cogiendo a Lustig como Shoto subieron de manera inmediata. Pude escuchar como el ancla comenzaba a recogerse rápidamente, por lo que supuse que el jefe había puesto en marcha los preparativos para partir. Algo inusual, pero comprensible dada su reacción anterior, casi como si estuviera huyendo de los latigazos de su amo. Me giré hacia tierra y, con el cofre bajo mi brazo derecho y mi zurda sobre la saya de Saba, empujando levemente con el pulgar su tsuba preparado para desenfundarla, escudriñé de nuevo con mi haki de observación. En esta ocasión lo enfoqué de manera radial, únicamente cubriendo mi frontal en un arco de aproximadamente ciento sesenta grados, dejando mi espalda sin visión, que era donde estaban mis compañeros.
Cerré mis ojos y mis sentidos se intensificaron. Analicé una a una cada vitalidad, cada aura y presión del alma de los que habían caído y se reponían aún del haki del conquistador de Sohem, así como el marine, el tendero y una extraña dupla que permanecía allí. Uno de ellos, un hombre que, si bien hubiera analizado más, fue eclipsado de repente por otra presencia a su lado. La mujer acuclillada de la subasta, aquella a la que no presté atención en demasía, se había erguido y por alguna razón mostraba una cantidad de poder enorme. Su energía era abrumadora. La sensación en su presencia había pasado a ser como llevar una chaqueta de acero puro que te pesa y te comprime impidiéndote respirar. Su mera visión parecía estar gritando a voces desgarradas que cualquier ser era inferior a ella. Curiosamente, ya había experimentado esa sensación antes. Al detectarla, mis ojos se abrieron de par en par. Retrasé mi pierna derecha en guardia para desenvainar y busqué el contacto visual con la pelirrosa sin éxito. El barco se movía. Nadie nos siguió. Era hora de irse.
Giré y subí al barco de un salto, pálido como un folio en blanco, y sintiendo que habíamos esquivado una bala de cañón por apenas unos milímetros. — Reacciona, Viktor… Reacciona. — me decía para mis adentros mientras intentaba moverme una vez en barco, casi paralizado por la visión terrorífica de un alma tan poderosa. Fue Shoto, sin embargo, quien me sacó de mi estado catatónico arrebatándome en un instante el cofre. Haciéndome dar un pequeño salto como un resorte que salta tras retirar una resistencia. El chico asumió a Sohem su compromiso con un trato, fuera el que fuera y tras esto, consumió la fruta devorándola de varios bocados. Me acerqué mientras esto ocurría hasta que Shoto se sentó, casi como si hubiera quedado terriblemente saciado con la akuma no mi y enunció que lo haría por la ciencia. — Me fascina su entusiasmo. — pensaba
— Bueno, bienvenido al club de los que no podemos ser nadadores profesionales. — dije con sorna dando una palmada seca sobre su hombro izquierdo con mi diestra y sentándome junto a él en otra silla al lado del barril, justo a sus nueve en punto. — Ahora eres un usuario, del tipo “Paramecia”. — expliqué. — Los del tipo “Zoan”, como yo, poseemos la capacidad de asumir la forma de un animal y un estado híbrido entre este y nosotros. Así como ciertas habilidades especiales dependiendo de la rareza del animal. — continué mientras apoyaba los antebrazos en el barril y señalaba primero con mi índice derecho, luego con el izquierdo hacia el barril y finalmente los juntaba, haciendo referencia al animal, el humano y el punto intermedio entre ambos, siendo esta la forma híbrida del zoan. — Los del tipo “Logia”, que quizá sean de los más raros, están formados por materia. Fuego, hielo, magma… y sus cuerpos tienen la capacidad de convertirse en este. Su mayor habilidad es que, sin el haki adecuado, son prácticamente invulnerables al daño convencional. — crucé los dedos de las manos entre sí. — Pero los de tu tipo, como Sohem, tenéis habilidades diversas. Tal vez sea emitir calor, tal vez comprimir materia… existen muchos tipos y, bien usados, pueden ser aterradores. — finalicé echándome hacia atrás y mirando por el rabillo del ojo a la tierra que se iba alejando poco a poco desde nuestra perspectiva. — No hay frutas inútiles, solo mal utilizadas, y depende única y exclusivamente de ti si logras grandes cosas con ella. — finalicé mirando a Shoto y sonriendo levemente para rematar la explicación con un guiño de mi ojo izquierdo. Tras esto, giré mi cabeza hacia Sohem quien maniobraba el timón con rumbo a los astilleros. — Cuando lleguemos, buscaré un navío, si me lo permites. — solicité al enmascarado, que había vuelto a su actitud tajante habitual — La última vez que lo hice seleccioné uno que nos llevó lejos y seguros gracias a tus manos. Estaría bien reafirmar mi buen ojo o buena suerte. —
Resumen
Inventario
Haki

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