17-01-2025, 11:04 AM
(Última modificación: 17-01-2025, 01:33 PM por Garnet D. Matlock.)
El intento de Garnet de coquetear y ligar con la bella mujer de ojos esmeralda se vio frustrado, no sólo por lo poco receptiva que se le veía a Emerald, sino por la intromisión de Triana que, en una eficaz acción, cortó de lleno cualquier otra marranada que el pelirrojo estuviera dispuesto a hacer a continuación, agarrándolo con una mano de sus mofletes.- ¿Owe cwomo qwe mwascota? - Intentó pronunciar el músico con actitud de derrota por el indirecto rechazo de la mujer descalza, por el comentario de su vicecapitana y las risas mudas de sus amigos, zarandeando su cabeza hacia los lados para que le soltara las mejillas.
Al aceptar Triana la propuesta de Emerald, la doctora empezó a caminar en dirección a lo que sería el astillero, alertando a los demás, con seriedad, de que permanecieran atentos, cosa que estaba más que clara. No sabía aún que tipo de peligros o asuntos perseguían a esa mujer como para requerir ayuda de piratas, pero estaba claro que Triana tenía razón, por lo que Garnet, recuperó la compostura después del correctivo que se había llevado y asintió en silencio, introduciendo sus manos en los bolsillos y siguiendo los pasos de la espadachina - quedando a unos dos metros por detrás de ella -. Fue entonces cuando el resto - salvo Tobías, que se mostró como alguien con educación y con un saber estar que hizo sentir cómoda a Emerald - empezó a hacer de las suyas, intentando Sasha sonsacarle, con una argucia, el contenido de la bolsa, Jolyne siguiéndole el juego y Kenzo expulsando una retahíla de preguntas sinsentido - que hizo disociar a Garnet cuando iba por la quinta-. Menos mal que el circo que era a veces - o siempre - la banda de los Alas Negras contaba con la integridad y seriedad de Triana y Tobías. Realmente aquella mujer debería estar desesperada si aún así seguía queriendo que les prestara su protección. Y en efecto, la desesperación estaba más que justificada.
Después del numerito que habían montado en cuestión de segundos los Alas Negras, Emerald accedió a revelarles el por qué necesitaba ir a los astilleros en compañía y además de que ocultaba en aquella bolsa misteriosa para mostrar que depositaba su confianza en ellos. Garnet, en ese momento, e interesado por lo que había detrás de esta subtrama, volvió a aproximarse a la joven y quedarse a dos metros de ella a su izquierda. Por lo visto, Emerald se estaba fugando de una familia de Nobles Mundiales, unos Tenryubitos según dijo, que poseían un gran negocio de tráfico de esclavos, siendo Sabaody un punto clave del mismo.- ¿Tenryubito? - Se preguntó a sí mismo, cruzándose de brazos e inclinando su cabeza ligeramente hacia la izquierda, al desconocer el significado de esa palabra, pero si que se había quedado con la copla de los Nobles y la esclavitud. Prosiguió, con cierta dificultad y, con la voz a punto de romperse, aclaró que esa familia que había mencionado se trataba de los Saint O'Heil, quienes pensaban venderla a ella misma, razón por la que había decidido escaparse.- Con razón su aura está tan pachucha... - Pensó, descruzando sus brazos y apretando con fuerza sus puños, notando como la presencia de Emerald era una amalgama de tristeza, terror y preocupación. Esos pensamientos se vieron interrumpidos por la joven que, primero, se arremangó la falda para mostrar su muslo derecho, acción que hizo que los instintos más neandertales de Garnet se dispararan, inclinando su tren superior y asomándose a la pierna descubierta. Garnet empezó a sacar la lengua, sonrojado, actitud que duraría cosa de dos segundos al considerar la relevancia de la situación.- Relaja la raja, tronco, esta mujer está al borde de la lágrima, ¿es o no es? - Se convenció a sí mismo, abofeteándose sus mejillas con ambas manos, al ver como sus ojos, que parecían dos piedras preciosas, resplandecían por la tristeza que la asolaba y cada vez amenazaba más con hacerse material. En ese momento, observó un tatuaje que tenía marcado en su pierna, un tatuaje que consistía en un círculo de color rojizo con tres triángulos en la parte superior del mismo y uno en la inferior. Honestamente, no entendía nada de nada.
Emerald, en ese momento, colocó frente a ella lo que escondía y había captado la curiosidad de todos los presentes, todo mientras relataba - después de declarar que había robado el contenido del fardo - que pretendía venderlo y comprar un navío para fugarse exitosamente.- ¿Comprar un yate? ¿Pero qué cojones hay en esa bolsa? - Ancló su mirada en la bolsa pues, cada vez más, parecía que lo que residía en ella no era algo común, al menos no para permitirte comprarte un barco. Por lo visto, y según las siguientes palabras de Emerald, aquella cosa tenía tanto valor que había conseguido movilizar a los propios miembros de los O'Heil, destacando a una mujer extremadamente fuerte, de cabellos rosados y con un parche en su ojo derecho.- Habrá que quedarse con la copla de todo esto... - Se grabó a fuego lento la descripción que daba la joven para ser lo más precavido posible pues, tratándose de una mujer, igual acababa tirándole los tejos y poniendo en peligro en todos. Inmediatamente después y, finalmente, reveló que era lo que escondía el fardo, una fruta de aspecto anaranjado, con escamas y múltiples espirales alrededor de su cuerpo. Cuando vio aquel patrón de surcos, recordó en el acto la fruta que consumió cuando era un crío.- ¡Para el carro! ¿¿Eso es?? - Preguntó sorprendido, mirando hacia todos y cada uno de sus amigos, para así recibir su confirmación. No cabía duda de que, al menos en apariencia, se trataba de una fruta del diablo, una fruta del diablo que Emerald se ofreció a darle a los Alas Negras, a cambio de que les llevara sana y salvo a un barco en el que pudiera salir de aquel infierno que estaba viviendo.
En ese momento, Garnet se quedó en silencio, viajando su mente a otro plano. El músico recordó a su difunto amigo y hermano Nekah, alguien que rehusaba de ser un esclavo, alguien que quería vivir una vida plena, llena de libertad. Seguidamente, su perspectiva cambió hacia el viejo Gronn, un gyojin que había pasado toda su vida explotado en una mina, trabajando con sudor, sangre y lágrimas como si fuera un esclavo, hasta que no pudo más. Y por último, en Kuraku, el lunarian que ansiaba más que nadie descubrir el origen y más seres pertenecientes a su raza pero que, cuando descubrió las atrocidades que hacían en la sociedad celestial a los que, aparentemente, eran menos puros, decidió quedarse para intentar hacer un cambio y darles una vida digna a los birkanianos.- ¿Cómo puede el menda negarse después de lo que han pasado mis coleguis..? - Se dijo mentalmente, posando su mirada en el suelo.- ¿Cómo puede el menda negarse ante las lágrimas de este pibón y su alma partiéndose en cachos? - Incidió, clavando sus pupilas en los ojos llorosos de Emerald y, sobre todo, en su resquebrajada y rota aura. Triana ya había accedido a ayudarla, sí, pero después de lo que había contado, el pelirrojo no tenía la menor duda en llevarla sana y salva a su destino.
Con esto en mente, Garnet corrió, adelantándose para colocarse a 10 metros delante de Emerald y Triana, quienes eran las más adelantadas.- ¡La verdad que preferiría la cena y el revolcón contigo, muñeca! - Exclamó, dándole la espalda a los demás.- Pero ya ha dicho Triana que te echaríamos una mano, ¿es o no es? - Se encogió de hombros y negó con la cabeza para, en ese momento, girar su cuello 90º en sentido horario, dándoles el perfil derecho a los de atrás.- Puedes estar tranquila y de chill, Emerald, como que mis viejos me nombraron Garnet, no dejaré que te pase nada y en nada estarás oliendo la libertad, ¿es o no es? - Declaró, esbozando una amplia sonrisa y señalándose a sí mismo con su pulgar derecho tras, lo cual, volvió a mirar hacia delante.- ¡Yo me encargo del frente, peña! - Declaró Garnet, alzando su puño izquierdo hacia el cielo para, seguidamente, rastrear todo el perímetro y área que abarcaba su haki.- Por ahora no huelo ni quisqui por aquí, ¿qué hay por vuestro lado, coleguis? - Preguntó mientras descendía su zurda , refiriéndose a Tobías, Sasha y Triana - que eran los otros usuarios del Kenbunshoku - después de no detectar ninguna presencia peligrosa gracias a su haki, encargándose él de cubrir la vanguardia pues, si iban a proteger a alguien, era importante cubrir todos los flancos. La banda de los Alas Negras era un circo, sí, pero incluso sin su capitán Yojimbo, también eran fuertes y, cuando se proponían algo, lo hacían realidad.
Al aceptar Triana la propuesta de Emerald, la doctora empezó a caminar en dirección a lo que sería el astillero, alertando a los demás, con seriedad, de que permanecieran atentos, cosa que estaba más que clara. No sabía aún que tipo de peligros o asuntos perseguían a esa mujer como para requerir ayuda de piratas, pero estaba claro que Triana tenía razón, por lo que Garnet, recuperó la compostura después del correctivo que se había llevado y asintió en silencio, introduciendo sus manos en los bolsillos y siguiendo los pasos de la espadachina - quedando a unos dos metros por detrás de ella -. Fue entonces cuando el resto - salvo Tobías, que se mostró como alguien con educación y con un saber estar que hizo sentir cómoda a Emerald - empezó a hacer de las suyas, intentando Sasha sonsacarle, con una argucia, el contenido de la bolsa, Jolyne siguiéndole el juego y Kenzo expulsando una retahíla de preguntas sinsentido - que hizo disociar a Garnet cuando iba por la quinta-. Menos mal que el circo que era a veces - o siempre - la banda de los Alas Negras contaba con la integridad y seriedad de Triana y Tobías. Realmente aquella mujer debería estar desesperada si aún así seguía queriendo que les prestara su protección. Y en efecto, la desesperación estaba más que justificada.
Después del numerito que habían montado en cuestión de segundos los Alas Negras, Emerald accedió a revelarles el por qué necesitaba ir a los astilleros en compañía y además de que ocultaba en aquella bolsa misteriosa para mostrar que depositaba su confianza en ellos. Garnet, en ese momento, e interesado por lo que había detrás de esta subtrama, volvió a aproximarse a la joven y quedarse a dos metros de ella a su izquierda. Por lo visto, Emerald se estaba fugando de una familia de Nobles Mundiales, unos Tenryubitos según dijo, que poseían un gran negocio de tráfico de esclavos, siendo Sabaody un punto clave del mismo.- ¿Tenryubito? - Se preguntó a sí mismo, cruzándose de brazos e inclinando su cabeza ligeramente hacia la izquierda, al desconocer el significado de esa palabra, pero si que se había quedado con la copla de los Nobles y la esclavitud. Prosiguió, con cierta dificultad y, con la voz a punto de romperse, aclaró que esa familia que había mencionado se trataba de los Saint O'Heil, quienes pensaban venderla a ella misma, razón por la que había decidido escaparse.- Con razón su aura está tan pachucha... - Pensó, descruzando sus brazos y apretando con fuerza sus puños, notando como la presencia de Emerald era una amalgama de tristeza, terror y preocupación. Esos pensamientos se vieron interrumpidos por la joven que, primero, se arremangó la falda para mostrar su muslo derecho, acción que hizo que los instintos más neandertales de Garnet se dispararan, inclinando su tren superior y asomándose a la pierna descubierta. Garnet empezó a sacar la lengua, sonrojado, actitud que duraría cosa de dos segundos al considerar la relevancia de la situación.- Relaja la raja, tronco, esta mujer está al borde de la lágrima, ¿es o no es? - Se convenció a sí mismo, abofeteándose sus mejillas con ambas manos, al ver como sus ojos, que parecían dos piedras preciosas, resplandecían por la tristeza que la asolaba y cada vez amenazaba más con hacerse material. En ese momento, observó un tatuaje que tenía marcado en su pierna, un tatuaje que consistía en un círculo de color rojizo con tres triángulos en la parte superior del mismo y uno en la inferior. Honestamente, no entendía nada de nada.
Emerald, en ese momento, colocó frente a ella lo que escondía y había captado la curiosidad de todos los presentes, todo mientras relataba - después de declarar que había robado el contenido del fardo - que pretendía venderlo y comprar un navío para fugarse exitosamente.- ¿Comprar un yate? ¿Pero qué cojones hay en esa bolsa? - Ancló su mirada en la bolsa pues, cada vez más, parecía que lo que residía en ella no era algo común, al menos no para permitirte comprarte un barco. Por lo visto, y según las siguientes palabras de Emerald, aquella cosa tenía tanto valor que había conseguido movilizar a los propios miembros de los O'Heil, destacando a una mujer extremadamente fuerte, de cabellos rosados y con un parche en su ojo derecho.- Habrá que quedarse con la copla de todo esto... - Se grabó a fuego lento la descripción que daba la joven para ser lo más precavido posible pues, tratándose de una mujer, igual acababa tirándole los tejos y poniendo en peligro en todos. Inmediatamente después y, finalmente, reveló que era lo que escondía el fardo, una fruta de aspecto anaranjado, con escamas y múltiples espirales alrededor de su cuerpo. Cuando vio aquel patrón de surcos, recordó en el acto la fruta que consumió cuando era un crío.- ¡Para el carro! ¿¿Eso es?? - Preguntó sorprendido, mirando hacia todos y cada uno de sus amigos, para así recibir su confirmación. No cabía duda de que, al menos en apariencia, se trataba de una fruta del diablo, una fruta del diablo que Emerald se ofreció a darle a los Alas Negras, a cambio de que les llevara sana y salvo a un barco en el que pudiera salir de aquel infierno que estaba viviendo.
En ese momento, Garnet se quedó en silencio, viajando su mente a otro plano. El músico recordó a su difunto amigo y hermano Nekah, alguien que rehusaba de ser un esclavo, alguien que quería vivir una vida plena, llena de libertad. Seguidamente, su perspectiva cambió hacia el viejo Gronn, un gyojin que había pasado toda su vida explotado en una mina, trabajando con sudor, sangre y lágrimas como si fuera un esclavo, hasta que no pudo más. Y por último, en Kuraku, el lunarian que ansiaba más que nadie descubrir el origen y más seres pertenecientes a su raza pero que, cuando descubrió las atrocidades que hacían en la sociedad celestial a los que, aparentemente, eran menos puros, decidió quedarse para intentar hacer un cambio y darles una vida digna a los birkanianos.- ¿Cómo puede el menda negarse después de lo que han pasado mis coleguis..? - Se dijo mentalmente, posando su mirada en el suelo.- ¿Cómo puede el menda negarse ante las lágrimas de este pibón y su alma partiéndose en cachos? - Incidió, clavando sus pupilas en los ojos llorosos de Emerald y, sobre todo, en su resquebrajada y rota aura. Triana ya había accedido a ayudarla, sí, pero después de lo que había contado, el pelirrojo no tenía la menor duda en llevarla sana y salva a su destino.
Con esto en mente, Garnet corrió, adelantándose para colocarse a 10 metros delante de Emerald y Triana, quienes eran las más adelantadas.- ¡La verdad que preferiría la cena y el revolcón contigo, muñeca! - Exclamó, dándole la espalda a los demás.- Pero ya ha dicho Triana que te echaríamos una mano, ¿es o no es? - Se encogió de hombros y negó con la cabeza para, en ese momento, girar su cuello 90º en sentido horario, dándoles el perfil derecho a los de atrás.- Puedes estar tranquila y de chill, Emerald, como que mis viejos me nombraron Garnet, no dejaré que te pase nada y en nada estarás oliendo la libertad, ¿es o no es? - Declaró, esbozando una amplia sonrisa y señalándose a sí mismo con su pulgar derecho tras, lo cual, volvió a mirar hacia delante.- ¡Yo me encargo del frente, peña! - Declaró Garnet, alzando su puño izquierdo hacia el cielo para, seguidamente, rastrear todo el perímetro y área que abarcaba su haki.- Por ahora no huelo ni quisqui por aquí, ¿qué hay por vuestro lado, coleguis? - Preguntó mientras descendía su zurda , refiriéndose a Tobías, Sasha y Triana - que eran los otros usuarios del Kenbunshoku - después de no detectar ninguna presencia peligrosa gracias a su haki, encargándose él de cubrir la vanguardia pues, si iban a proteger a alguien, era importante cubrir todos los flancos. La banda de los Alas Negras era un circo, sí, pero incluso sin su capitán Yojimbo, también eran fuertes y, cuando se proponían algo, lo hacían realidad.
INFO
![[Imagen: Tb4Z3O3.png]](https://imgur.com/Tb4Z3O3.png)
