14-01-2025, 04:30 PM
No sin nervios, entré en la cueva del eco aceptando su inquietante invitación. El aire era más frío aquí, cargado de una humedad penetrante que pegaba la ropa a mi piel.
El sonido de mis pasos resonaba por toda la garganta de la cueva antes de ser tragado por la roca. Al fondo de la cueva, junto al origen de la luz se escuchaba un extraño eco metálico y rítmico.
Según me acercaba comencé a ver como la luz al fondo del túnel temblaba, un parpadeo que revelaba el chisporroteo de una lámpara de aceite. Poco a poco, a contraluz se comenzaba a distinguir una figura encorvada, revisando algo sobre un improvisado escritorio de madera lleno de herramientas y piezas metálicas amontonadas. Sin dudas, estaba construyendo algo.
- ¡¿Moldu?! - pregunté, mi voz resonó como un secamente en el eco de la cueva.
El hombre dio un respingo, golpeando la lámpara con el codo y casi derribándola.
Al darse la vuelta, su aspecto no decepcionó: un tipo fornido, de hombros anchos y con una cicatriz cruzándole la ceja izquierda, todo cuadraba con el retrato de su wanted. Su ropa estaba gastada, un chaleco de cuero gris raído y pantalones de tela vaquera que parecían haber visto demasiadas peleas.
- ¿Y tú quién te crees que eres? ¿eh? - replicó el hombre con una voz áspera como el papel de lija - ¡¿Otro listillo que quiere hacerme de niñera?! - Su actitud soberbia y la forma en la que me miraba fueron todo lo que hizo falta para que los nervios fueran sustituidos por determinación, estaba frente a una persona que no dudaría en pasar por encima de mi si era necesario, no había hueco para dudas.
- Keehkekeke, no soy ni tu niñera y tampoco un listillo. Soy Pralder y voy a cobrar tu recompensa quieras o no. Así que ¡¿por qué no pones de tu parte y me acompañas?! acabaremos antes y además. Empiezo a tener hambre y seguro que tú también -Respondí, señalándole con Rimera.
Moldu a modo de respuesta escupió al suelo, se giró hacia la mesa, soltó una llave inglesa oxidada que sujetaba con la mano izquierda y sin decir nada, introdujo su brazo en el artilugio que descansaba sobre la mesa, lo levantó y la luz de la lámpara de aceite de recortó su silueta: un brazo mecánico hecho con piezas viejas de minería, cadenas y engranajes encajados a la fuerza. Grandes picos de mina formaban unas enormes garras que reflejaban destellos rojizos y ámbar.
“¿Un brazo mecánico?” Pensé sorprendido “¡Se ha construido un brazo de ciborg con lo que ha estado robando! si me alcanzaba va a hacer un buen destrozo… definitivamente tengo que conseguir un escudo…” reflexioné mientras agarraba firmemente a Rimera y me ponía en guardia instintivamente.
Tiró de una correa en el lateral del brazo mecánico y un motor tosió antes de rugir con fuerza. Humo negro comenzó a salir varios de los tubos llenando la cueva de un olor acre. Los cilindros del brazo mecánico se movieron con violencia y su eco se mezcló con un rugido gutural.
- Si tienes hambre, grandullón, ¡te voy a dar una ración de hostias que no vas a olvidar! - gruñó, lanzándose velozmente hacia mí.
El sonido de mis pasos resonaba por toda la garganta de la cueva antes de ser tragado por la roca. Al fondo de la cueva, junto al origen de la luz se escuchaba un extraño eco metálico y rítmico.
Según me acercaba comencé a ver como la luz al fondo del túnel temblaba, un parpadeo que revelaba el chisporroteo de una lámpara de aceite. Poco a poco, a contraluz se comenzaba a distinguir una figura encorvada, revisando algo sobre un improvisado escritorio de madera lleno de herramientas y piezas metálicas amontonadas. Sin dudas, estaba construyendo algo.
- ¡¿Moldu?! - pregunté, mi voz resonó como un secamente en el eco de la cueva.
El hombre dio un respingo, golpeando la lámpara con el codo y casi derribándola.
Al darse la vuelta, su aspecto no decepcionó: un tipo fornido, de hombros anchos y con una cicatriz cruzándole la ceja izquierda, todo cuadraba con el retrato de su wanted. Su ropa estaba gastada, un chaleco de cuero gris raído y pantalones de tela vaquera que parecían haber visto demasiadas peleas.
- ¿Y tú quién te crees que eres? ¿eh? - replicó el hombre con una voz áspera como el papel de lija - ¡¿Otro listillo que quiere hacerme de niñera?! - Su actitud soberbia y la forma en la que me miraba fueron todo lo que hizo falta para que los nervios fueran sustituidos por determinación, estaba frente a una persona que no dudaría en pasar por encima de mi si era necesario, no había hueco para dudas.
- Keehkekeke, no soy ni tu niñera y tampoco un listillo. Soy Pralder y voy a cobrar tu recompensa quieras o no. Así que ¡¿por qué no pones de tu parte y me acompañas?! acabaremos antes y además. Empiezo a tener hambre y seguro que tú también -Respondí, señalándole con Rimera.
Moldu a modo de respuesta escupió al suelo, se giró hacia la mesa, soltó una llave inglesa oxidada que sujetaba con la mano izquierda y sin decir nada, introdujo su brazo en el artilugio que descansaba sobre la mesa, lo levantó y la luz de la lámpara de aceite de recortó su silueta: un brazo mecánico hecho con piezas viejas de minería, cadenas y engranajes encajados a la fuerza. Grandes picos de mina formaban unas enormes garras que reflejaban destellos rojizos y ámbar.
“¿Un brazo mecánico?” Pensé sorprendido “¡Se ha construido un brazo de ciborg con lo que ha estado robando! si me alcanzaba va a hacer un buen destrozo… definitivamente tengo que conseguir un escudo…” reflexioné mientras agarraba firmemente a Rimera y me ponía en guardia instintivamente.
Tiró de una correa en el lateral del brazo mecánico y un motor tosió antes de rugir con fuerza. Humo negro comenzó a salir varios de los tubos llenando la cueva de un olor acre. Los cilindros del brazo mecánico se movieron con violencia y su eco se mezcló con un rugido gutural.
- Si tienes hambre, grandullón, ¡te voy a dar una ración de hostias que no vas a olvidar! - gruñó, lanzándose velozmente hacia mí.
