14-01-2025, 04:15 AM
(Última modificación: 17-01-2025, 01:39 AM por Voz Seductora.
Razón: Resubida la imagen
)
Una vez el trío de cazadores hubo puesto pies en polvorosa, pudieron apreciar la civilización y el tumulto algunos metros más adelante de donde ellos estaban. Su manglar - el treinta y tres - estaba dentro de la zona controlada por la Marina y formaba parte del distrito comercial, al menos la parte más legal del mismo ya que este mismo comercio se extendía hacia el manglar veinticinco, más oscuro a más cercano a ese número, y con tratos y comercios más turbios. Las gentes deambulaban de aquí para allá realizando sus compras y sus tareas más mundanas o especiales, sin destacar nadie por encima del resto dada la diversidad racial y la copiosa cuantía de seres vivos que visitaban y pasaban por el archipiélago, ya que era un punto troncal de negocio, comercio, ofertas y el paso más importante hacia el Nuevo Mundo.
Por suerte para los cazadores de Magna, lo único que podría llamar la atención de ellos, era Lustig, pues los tamaños de los tres miembros entraban dentro de lo esperable y asumible, y lejos de la máscara de Sohem o las alas de Shoto, lo más extraño era que una hiena tan grande viajase con ellos. Pero no sería el primer ni el último animal exótico amaestrado que se pudiera ver en este lugar. De hecho, prestando la suficiente atención al cielo, se podría apreciar entre las burbujas cómo algunas grandes aves de variopintos colores surcaban el firmamento de tanto en cuando, aunque sus graznidos quedasen ocultos por las sutiles explosiones de las burbujas y sólo aquellos con un gran oído podrían llegar a distinguirlos. Del mismo modo, sólo aquellos con un oído extremadamente fino podrían escuchar, entre el murmullo y el gentío, una oferta sinigual que estaba amontonando a la gente entorno a un puesto mercante unos cuantos metros hacia delante de la posición de los cazadores, como si el destino se lo señalase, con un tendero emocionado que trataba de seguir una puja sustanciosa de los presentes mientras recibía el apoyo de dos pares de Marines sobrepasados que trataban de mantener el orden y evitar las embestidas.
Un millón, un millón y medio, dos millones, tres millones... Poco a poco iba gritando las cantidades viendo que se emocionaban más los allí presentes, y sabiéndose millonario por la fortuna que había tenido. Sólo estaba él, un hombre ataviado con una levita de color azul claro y un sombrero de copa negro, a juego con sus calzas y sus zapatos de punta, contrastando con su camisa blanca y una pajarita exageradamente grande para su cuello, de color burdeos. Portaba un báculo con el que señalaba a cada pujante y estaba subido a una mesa, el único mueble presente, apoyando el pie en un cofre pequeño. Sobre él, un techo de lino improvisado con la puerta de su tienda de campaña de color azul oscuro y sujeto por dos grandes báculos de metal, y a su lado un cartel con dos frases en la parte superior e inferior respectivamente y una imagen pintada a mano en el centro: "Obtén el poder del diablo" rezaba la parte superior. "Puja por Akuma no mi" rezaba la inferior. Y en el centro de ambas frases, una pintura de un fruto completamente redondo y dorado, con espirales en su centro. Sin más ni menos.
- ¿He oído cuatro millones de berries? - preguntó el tendero señalando con el bastón hacia la derecha del grupo de cazadores.
Por suerte para los cazadores de Magna, lo único que podría llamar la atención de ellos, era Lustig, pues los tamaños de los tres miembros entraban dentro de lo esperable y asumible, y lejos de la máscara de Sohem o las alas de Shoto, lo más extraño era que una hiena tan grande viajase con ellos. Pero no sería el primer ni el último animal exótico amaestrado que se pudiera ver en este lugar. De hecho, prestando la suficiente atención al cielo, se podría apreciar entre las burbujas cómo algunas grandes aves de variopintos colores surcaban el firmamento de tanto en cuando, aunque sus graznidos quedasen ocultos por las sutiles explosiones de las burbujas y sólo aquellos con un gran oído podrían llegar a distinguirlos. Del mismo modo, sólo aquellos con un oído extremadamente fino podrían escuchar, entre el murmullo y el gentío, una oferta sinigual que estaba amontonando a la gente entorno a un puesto mercante unos cuantos metros hacia delante de la posición de los cazadores, como si el destino se lo señalase, con un tendero emocionado que trataba de seguir una puja sustanciosa de los presentes mientras recibía el apoyo de dos pares de Marines sobrepasados que trataban de mantener el orden y evitar las embestidas.
Un millón, un millón y medio, dos millones, tres millones... Poco a poco iba gritando las cantidades viendo que se emocionaban más los allí presentes, y sabiéndose millonario por la fortuna que había tenido. Sólo estaba él, un hombre ataviado con una levita de color azul claro y un sombrero de copa negro, a juego con sus calzas y sus zapatos de punta, contrastando con su camisa blanca y una pajarita exageradamente grande para su cuello, de color burdeos. Portaba un báculo con el que señalaba a cada pujante y estaba subido a una mesa, el único mueble presente, apoyando el pie en un cofre pequeño. Sobre él, un techo de lino improvisado con la puerta de su tienda de campaña de color azul oscuro y sujeto por dos grandes báculos de metal, y a su lado un cartel con dos frases en la parte superior e inferior respectivamente y una imagen pintada a mano en el centro: "Obtén el poder del diablo" rezaba la parte superior. "Puja por Akuma no mi" rezaba la inferior. Y en el centro de ambas frases, una pintura de un fruto completamente redondo y dorado, con espirales en su centro. Sin más ni menos.
- ¿He oído cuatro millones de berries? - preguntó el tendero señalando con el bastón hacia la derecha del grupo de cazadores.
Información
Apariencia del mercader

![[Imagen: wdyKXx7.jpeg]](https://i.imgur.com/wdyKXx7.jpeg)