13-01-2025, 10:44 PM
Como de costumbre me encontraba en la pequeña atalaya del mástil, para mí la zona más tranquila y favorita del barco, sabía que el viaje era de no retorno y nos disponíamos a ir a Sabaody. No sé en qué momento he perdido gran parte de mi humanidad, pero la verdad es que lo de Chloe y Carmi no me sorprendió demasiado, simplemente las dos ya no están en el barco y hay que hacerse a la idea, aun así había aprendido en estos últimos meses lo que era sobrevivir, no solamente era necesario hacer las tareas del día a día, sino también saber cuando juntarse a Sohem. Al menos sé que durante este tiempo he conseguido mejorar mis dotes de médico, que quieras que no, me valdrán en un futuro para curar tanto a él cómo a Viktor.
Unos minutos escuché al capi haciendo unos alaridos como cuál granjero llamando a su rebaño. Apoyé ambas manos sobre la barandilla y asomé la cabeza, viendo como estaba agitando su brazo, pensé este hombre no es que este muy bien de la azotea, pero al menos hemos llegado al destino.
Giré mi vista y finamente vi Sabaody, un lugar lleno de árboles inmensos, lo más sorprendente, las burbujas que salían del mar y llegaban a cierta altura y explotaban haciendo un sonido seco y peculiar. La gasificación que tiene esta isla por la concentración de oxígeno y algún que otro elemento químico permitía esta singularidad única.Me preparé, organizando mi nueva mochila, no tenía nada especial, pero me permitía llevar un mínimo de herramientas tanto técnicas como quirúrgicas, nunca se sabe cuando se va a necesitar un bisturí o un destornillador, pensé con una sonrisa picarona. - ¿Toca bajar, pero donde está Vik? - dije pensante - Ah, mira, va por ahí en la cubierta dirigiéndose a proa.
Coloque mis gafas sobre mi frente, me recoloqué con los dedos de mi siniestra el pelo dando la forma puntiaguda la cual les tenía acostumbrados. Con mi nueva mochila encima hice un salto de fe hacia la cubierta del barco, a mitad de caída desplegué mis alas para frenar el aterrizaje, nada que no tuviera ya controlado con las horas que he pasado ahí arriba y con un toque muy sutil apoye la puntera de mi pie derecho y aterrice dando un par de pasos más.
Con un estratega como Sohem, enigmático y con un liderazgo peculiar que, al menos, nos ha mantenido alejados de las rocas. Y, En cambio, en la contraparte tenemos la mente fría y reflexiva de Viktor, en alerta siempre, creo que tenemos el cocktail necesario para sobrevivir. Y egoístamente, sé que eso significa que yo también voy a poder sobrevivir.
A lo que me lleva a pensar que a ver si con suerte hay alguien en esta isla que me enseñe algo con lo que diga ¡Guau!, mis últimas aventuras no es que hayan sido gran cosa y, sinceramente, tanta tranquilidad me aburre. Pero tengo que dar las gracias a que he madurado y me ha dado tiempo a curarme de lo ocurrido en Ballywood, sé que aún me quedan cosas por ver en esta vida para bien y para mal, pero con la ayuda de estos dos creo que nos vamos a comer el mundo.
Me acerqué caminando a donde estaban Viktor, Sohem y Lustig, colocándome al lado contrario de Viktor. Desde la distancia, éramos un cuadro interesante: el estratega tarado, el espadachín callado y el genio multifuncional sin músculo. Coloqué las manos en mi cintura, mirando a Sohem con determinación: - ¿Siguientes pasos? -Luego añadí, con un tono algo dudoso, pero firme - Y... permiso para hablar, jefe.
Unos minutos escuché al capi haciendo unos alaridos como cuál granjero llamando a su rebaño. Apoyé ambas manos sobre la barandilla y asomé la cabeza, viendo como estaba agitando su brazo, pensé este hombre no es que este muy bien de la azotea, pero al menos hemos llegado al destino.
Giré mi vista y finamente vi Sabaody, un lugar lleno de árboles inmensos, lo más sorprendente, las burbujas que salían del mar y llegaban a cierta altura y explotaban haciendo un sonido seco y peculiar. La gasificación que tiene esta isla por la concentración de oxígeno y algún que otro elemento químico permitía esta singularidad única.Me preparé, organizando mi nueva mochila, no tenía nada especial, pero me permitía llevar un mínimo de herramientas tanto técnicas como quirúrgicas, nunca se sabe cuando se va a necesitar un bisturí o un destornillador, pensé con una sonrisa picarona. - ¿Toca bajar, pero donde está Vik? - dije pensante - Ah, mira, va por ahí en la cubierta dirigiéndose a proa.
Coloque mis gafas sobre mi frente, me recoloqué con los dedos de mi siniestra el pelo dando la forma puntiaguda la cual les tenía acostumbrados. Con mi nueva mochila encima hice un salto de fe hacia la cubierta del barco, a mitad de caída desplegué mis alas para frenar el aterrizaje, nada que no tuviera ya controlado con las horas que he pasado ahí arriba y con un toque muy sutil apoye la puntera de mi pie derecho y aterrice dando un par de pasos más.
Con un estratega como Sohem, enigmático y con un liderazgo peculiar que, al menos, nos ha mantenido alejados de las rocas. Y, En cambio, en la contraparte tenemos la mente fría y reflexiva de Viktor, en alerta siempre, creo que tenemos el cocktail necesario para sobrevivir. Y egoístamente, sé que eso significa que yo también voy a poder sobrevivir.
A lo que me lleva a pensar que a ver si con suerte hay alguien en esta isla que me enseñe algo con lo que diga ¡Guau!, mis últimas aventuras no es que hayan sido gran cosa y, sinceramente, tanta tranquilidad me aburre. Pero tengo que dar las gracias a que he madurado y me ha dado tiempo a curarme de lo ocurrido en Ballywood, sé que aún me quedan cosas por ver en esta vida para bien y para mal, pero con la ayuda de estos dos creo que nos vamos a comer el mundo.
Me acerqué caminando a donde estaban Viktor, Sohem y Lustig, colocándome al lado contrario de Viktor. Desde la distancia, éramos un cuadro interesante: el estratega tarado, el espadachín callado y el genio multifuncional sin músculo. Coloqué las manos en mi cintura, mirando a Sohem con determinación: - ¿Siguientes pasos? -Luego añadí, con un tono algo dudoso, pero firme - Y... permiso para hablar, jefe.
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