Cuando tenía la certeza de saborear las mieles de la victoria, sentí el tiempo pasar ralentizado. Escuchaba los latidos de mi propio corazón como un tambor de liberación, el deslizar de mi sudor por mi piel, el crepitar de mi fuego en mi espalda y el agitar de mis alas como pequeños ecos pesados y densos en la distancia, mientras veía como aquel hombre... aquel pequeño hombre anteponía su brazo ante mi ataque para reducir el daño del mismo al máximo. Sentí como la potencia de mi desplazamiento y el lanzamiento de mi golpe se topaban con un muro que, aunque había conseguido agrietar, no había sido capaz de derrumbar. Mis ojos se abrieron de par en par y vi como, en la determinación de su mirada, surgía un brillo verdoso y cargado de intensidad. La mirada de los que aun no se han dado por vencidos.
Entonces lanzó su puño hacia mi rostro, con una velocidad y una furia sorprendentes, cargado de determinación, e impactó de lleno contra mi cara prácticamente hundiéndome la nariz y los pómulos, haciendo que mi cuerpo variase de dirección y pasando de estar con el tren superior hacia él, con la cabeza por delante, a hacer que mis piernas se adelantasen por la inercia de la carrera y superasen la zona en la que él estaba colocado, dejando mi cabeza fija en el sitio y procediendo con su movimiento a descender y clavar mi cráneo en el suelo con un grito visceral cargado de sentimientos.
El impacto agrietó el suelo levemente, dejándome boca arriba con las alas y los brazos extendidos de par en par, así como las piernas, pudiendo ver como tras el impacto su cuerpo se alzaba sobre mi de un gran salto surcando el cielo y se preparaba para hacer una acometida final, regalándome unas últimas palabras.
Estaba completamente destrozado, lo había vapuleado y no sabía si sería capaz de aguantar consciente mucho más... pero seguía peleando contra mi. Esa era la determinación del hombre que nos había perseguido y nos había arrinconado. Ese era el verdadero rival que el Rey de los Piratas tenía que tener. Crucé mis brazos en mi pecho y catorce brazos idénticos me cubrieron yendo de un hombro a la cadera contraria, y viceversa, tejiendo una densa capa de carne sobre mi tren superior y creando un escudo protector dispuesto a recibir su último golpe con honor y con la valentía que alguien como yo, que jamás me retiré de ninguna partida de dominó, tenía que hacer. Y entonces, armándome de todas las fuerzas que me quedaban y cogiendo una gran bocanada de aire, grité a pleno pulmón haciendo saber que estaba preparado para aguantar todo lo que tuviera que echarme.
Entonces lanzó su puño hacia mi rostro, con una velocidad y una furia sorprendentes, cargado de determinación, e impactó de lleno contra mi cara prácticamente hundiéndome la nariz y los pómulos, haciendo que mi cuerpo variase de dirección y pasando de estar con el tren superior hacia él, con la cabeza por delante, a hacer que mis piernas se adelantasen por la inercia de la carrera y superasen la zona en la que él estaba colocado, dejando mi cabeza fija en el sitio y procediendo con su movimiento a descender y clavar mi cráneo en el suelo con un grito visceral cargado de sentimientos.
El impacto agrietó el suelo levemente, dejándome boca arriba con las alas y los brazos extendidos de par en par, así como las piernas, pudiendo ver como tras el impacto su cuerpo se alzaba sobre mi de un gran salto surcando el cielo y se preparaba para hacer una acometida final, regalándome unas últimas palabras.
Estaba completamente destrozado, lo había vapuleado y no sabía si sería capaz de aguantar consciente mucho más... pero seguía peleando contra mi. Esa era la determinación del hombre que nos había perseguido y nos había arrinconado. Ese era el verdadero rival que el Rey de los Piratas tenía que tener. Crucé mis brazos en mi pecho y catorce brazos idénticos me cubrieron yendo de un hombro a la cadera contraria, y viceversa, tejiendo una densa capa de carne sobre mi tren superior y creando un escudo protector dispuesto a recibir su último golpe con honor y con la valentía que alguien como yo, que jamás me retiré de ninguna partida de dominó, tenía que hacer. Y entonces, armándome de todas las fuerzas que me quedaban y cogiendo una gran bocanada de aire, grité a pleno pulmón haciendo saber que estaba preparado para aguantar todo lo que tuviera que echarme.
-¡¡JOE JOESTAAAAAR!!-
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