[Aventura de Recolección] Catch 'n' Craft
#1

Día 62 del año 13, Otoño - 9:42 a.m.
Aledaños de Isla Chika - Frog Guild



La charla con Garnet había sido muy productiva. Como éste tenía que comenzar a preparar la comida, no quiso importunarlo y entretenerlo de más, así que no le pidió ayuda para la tarea que tocaba realizar, pescar bultos flotantes del mar y ver que había de provecho en éstos. Todavía quedaban unos cuantos minutos para alcanzar la mercancía, Tobías bajó raudo a su austero taller para coger y subir a cubierta algunas cajas y sacos de tela vacíos donde ir clasificando todo lo útil que fuera recuperado del mar. Así lo izo, aún con una sola mano, tenía el privilegio de jugar con la gravedad. Le resultó fácil transportar las cajas flotando con los sacos dentro de una de ellas. Una vez tuvo todos los recipientes preparados en cubierta, sólo quedaba esperar a que el Frog Guild alcanzara el primer cargamento. A medida que se iban acercando, más bultos iban apareciendo en su campo visual. Siguiendo en línea recta, solo pasarían por dos de los nueve que era capaz de ver, así que, con tiempo de sobras todavía hasta llegar al primero, Tobías fue a buscar a su sobrina para pedirle el favor de ir dirigiendo la nave de uno a otro y abarcar el máximo número de cargas posibles. El carpintero no sabía que iba a encontrar, pero no podía perder esa oportunidad. Más valía desecharlas voluntariamente que quedarse con la duda de que escondían en su interior. 

El joven barba naranja, esperaba no pillarla comiendo o enzarzada en algo, no le gustaba molestar a la gente, pero aquella situación era excepcional. Sin saber cuanto tiempo quedaba de travesía hasta la siguiente isla, en esos momentos, todo recurso posible era el mejor de los tesoros para Tobías. Ardía en deseos de comenzar a fabricar esa guitarra que tenía en mente para Garnet. Iba realizando diseños mentalmente, ya bajaría a su escritorio a pasarlos a papel una vez terminada la recolección. Por una parte le vendría bien saber de que materiales disponía de cara al planteamiento del diseño. Se le daba bien improvisar y rectificar ideas iniciales, pero requería de tiempo extra no preconcebido. El día, que había iniciado con el cielo encapotado, se había vuelto en uno agradable progresivamente. El sol se asomaba entre las nubes con asiduidad para contemplar el calmado mar azul. Tobías había vuelto a entrar en los compartimentos del velero en busca de la joven semioni, pero ni rastro. No le era fácil esconderse a la rubia, pero lo conseguía. Lo mejor que se le ocurrió fue acercarse hasta la cocina y coger un zarpado de frutas dulces para licuarlas y preparar un poco de zumo, sin llegar a molestar a Garnet. El músico, cocinero a tiempo parcial, no le permitió hacerlo, se ofreció él mismo para realizar la tarea, instando al vaquero a subir a cubierta para que siguiera con su cometido. A regañadientes, barba naranja siguió con la segunda mitad del plan "Looking for Sasha", gritar con todas sus fuerzas que en la cocina había zumo fresco. No había terminado de pronunciar la palabra fresco, que ya se oían pisadas veloces, cada vez más cerca. No sabía dónde se había quedado dormida, pero las legañas hablaban por si solas. Se acababa de despertar, pero no había dormido en su camarote. Igual se había quedado frita mientras realizaba alguna tarea matutina por la bodega. Sin querer saber la razón ni el lugar, el pistolero le resumió la petición y le preguntó si podría ayudarlo después del desayuno. Tenía tiempo de sobra para comenzar con el primer cargamento solo. Tras la afirmativa respuesta de Sasha, no perdió más tiempo y subió de nuevo a cubierta para controlar la posición y la distancia hasta esas cajas flotando en el mar. 

El viento había cambiado ligeramente, desplazando un poco la carga. Bajo el riesgo de recibir un buen kanabazo, Tobías subió al puesto de mando para corregir la dirección girando el timón. El primer objetivo constaba de dos grandes arcones de madera, los cuales flotaban a escasos trescientos metros a las once con respecto al reloj. El ajuste del rumbo fue crucial para lograr alcanzar aquellas grandes cajas, ahora era el turno de la magia. Aprovechando el poder de su fruta, Tobías generó una fuerza gravitatoria que atrajo la carga hasta cubierta. El plan fue un éxito. Ya con los arcones en posesión de los piratas, se asomó por proa para localizar el siguiente objetivo. Tres cajas más pequeñas a las dos del reloj, a unos setecientos metros. Había que reorientar la dirección del barco. Ya estaba de camino al timón, cuando unos cuernos, seguidos de una rubia melena, surgieron de la escotilla. Tras transmitirle a Sasha la dirección a tomar, Tobías fue hasta los arcones que había rescatado del mar, para comenzar a escudriñarlos, mientras el barco llegaba hasta la segunda oleada. Tenía un par de minutos escasos, por suerte el viento era calmo y no iban a mucha velocidad, ideal para poder llegar a alcanzar el mayor número posible de bultos y recogerlos sin prisa. La emoción por ver que había dentro de esos arcones, le dio a Tobías un extra de fuerza para abrirlos sin problemas con un solo brazo y una palanca. La madera no estaba en muy buen estado, pues ésta se astilló fácilmente, dejando al descubierto lo que parecían sacos llenos de cereales y legumbres. Decepción de primeras, pero recordar que no andaban muy sobrados de comida, sacó una tímida sonrisa al pistolero. El arcón no estaba lleno ni hasta la mitad, pero debía haber unos buenos quince kilos de comida, nada mal, así que aprovecho aquella estructura de madera como almacén de los alimento que fuera consiguiendo. 

Tobías era el más organizado de la tripulación, con diferencia. Para él era de vital importancia tenerlo todo bien ordenado en todo momento y ya tenía el plan mental para ir agrupando, por géneros, todo lo que fuera rescatando del agua. Loa tablones que formaban la tapa, los desechó rápido por el estado en que se encontraban, no le iban a servir para su propósito. Echó un rápido vistazo por proa para localizar el siguiente cargamento, le daba tiempo a abrir el siguiente arcón. La desilusión de encontrar ropa dentro fue tremenda, todavía quedaba mucho por rescatar del mar, pero el inicio había sido bastante desalentador. Ropa bastante hortera y la mayoría de mujer, humana, a Sasha no le iba a servir, pero antes de tirarla, decidió dejarla ahí en cubierta, dentro del arcón donde la había encontrado. "Para tirar, siempre se está a tiempo." Bueno, menos daba una piedra, todavía quedaba mucho por recoger y revisar, eso lo animó bastante. El Frog Guild ya había alcanzado el siguiente cargamento, Tobías repitió el mismo procedimiento para alcanzar y llevar esas tres cajas a cubierta. Éstas pesaban poco y estaban hechas con otro tipo de madera. El siguiente objetivo estaba más bien cerca, a unos trescientos metros, sin la necesidad de cambiar el rumbo. Era una caja similar a un ataúd grande. Al carpintero no le daba tiempo a abrir los tres recipientes que acababa de pescar, se limitó a esperar y morir de curiosidad. Al ser un único bulto, fue una acción rápida y la madera se veía en mejor estado, al menos la cubierta. Hasta la siguiente porción del botín había unos ochocientos metros y tocaba redirigir el rumbo de la nave. - ¡Sobri, quince grados a babor! - El velero viró suavemente hasta alcanzar la dirección deseada, mientras, el sol volvía a dejarse entrever a través de un espacio entre nubes. 

Aprovechando el tiempo de trayecto, el carpintero abrió la primera de las tres cajas pequeñas. Tinta, plumas y algún que otro enser para la escritura. Tobías lo celebró internamente y comenzó a abrir la caja más grande de aquel lote de tres. Papel, mucho papel. Otro éxito, el manitas siempre andaba escaso de ese preciado bien y por mucho que tuviera buena memoria, era un gusto poder plasmar físicamente sus ideas. La tercera caja contenía un par de navajas, dos cajas metálicas llenas de algodón y mechas empapadas en combustible y un encendedor bastante nuevo. Otra alegría para el fumador empedernido. De las latas también podría sacar provecho, el aluminio siempre era bienvenido y más con forma de láminas finas. Organizó rápido todo aquello y abrió el arcón grande con la pata de cabra. Al vaquero le costó reconocer el contenido. "¿Posavasos?" Si, posavasos. Una amplísima colección de ellos. El anterior propietario debía ser coleccionista, pues no había dos iguales. Alcanzó a ver uno de la taberna de isla Toko donde había conocido a aquel virtuoso guitarrista. Se quedo con ese como recuerdo y lanzó la caja con el resto de vuelta al mar.

Alcanzado el siguiente lote, formado por cuatro cajas de mediano tamaño, la acción de recogida fue idéntica a las anteriores. - ¡Diez grados a estribor, Sasha! - En esa ocasión tuvo que decidir entre dos objetivos, era imposible ir a por todo lo que veía sin perder demasiado tiempo, y de entre esos dos, ese era el que menos forzaba a desviar el rumbo a la siguiente isla. Las cuatro cajas eran idénticas en tamaño y material de construcción. Todas tenían un cierre metálico y la madera era de buena calidad e impermeabilizada, con el mismo logotipo grabado en la tapa. Contenían un licor de alta calidad, tres botellas por caja, un total de doce. Como tenía tiempo hasta la siguiente tanda, el vaquero se encendió un cigarro para matar la espera. El cielo se había despejado por completo, tan solo se veía un cúmulo de nubes pegado al horizonte, justo hacia la dirección a la que iban. De camino, una puerta flotando, la cual no le había llamado la atención, se presentó frente al velero. La madera parecía roída por la carcoma, pero sus tablones estaban unidos entre si mediante dos láminas de hierro que podían ser realmente útiles. La subió en un abrir y cerrar de ojos, dejándola aparcada a un lado, en cubierta. Tobías no fue consciente del gran tamaño del siguiente bulto hasta que lo tuvo relativamente cerca. Un armario viejo que parecía estar en buen estado. Una vez cargado y habiendo advertido a Sasha el siguiente rumbo, lo inspeccionó con la amarga sorpresa de encontrarlo vacío. Por suerte, una delgada barra metálica de más de un metro y medio de largo, cruzaba el ancho del mueble. Servía para colgar las perchas y no estaba nada oxidada. Era un tubo hueco, de unos quince milímetros de grosor, todo un hallazgo, pues era un material versátil y muy práctico. 

Con el siguiente rumbo fijado, el sol iba alcanzando el cénit, lo cual indicaba que se acercaba la hora de comer. Sasha no perdonaba ni una comida, así que tocaría descansar y aparcar momentáneamente la tarea de recolección, pero aún daba tiempo a recuperar un par de bultos más. El siguiente fue un barril cargado de fruta, obviamente podrida y el último, compuesto por dos cajas y un arcón grande. Éste último cargado de novelas y algún que otro libro de cultura general. El premio gordo se hallaba oculto en las dos cajas, cargadas de bobinas de hilo de acero de distintos grosores. "¡Perfecto! Ya tengo las cuerdas. Esto era lo que más temía no encontrar." Era el mejor momento para parar a comer. Con ese último hallazgo había dado un buen paso hacia delante. 

Bajó junto a Sasha a la cocina, olía de maravilla, como todavía faltaban unos minutos para que estuviera lista la comida, Tobías regresó a cubierta para echarle un ojo a las bobinas. En total había diecinueve rollos, cuatro de ellos de cobre, ideal para el cableado y las bobinas. El resto eran de acero y de diámetros distintos. "Que puta suerte." La comida estaba deliciosa, cordero asado acompañado con patatas, cebolla y zanahorias al horno. Sabía mejor tras el esfuerzo de la mañana y la alegría por estar encontrando todos esos materiales. Una vez recogida la mesa y la cocina, Tobías corrió a cubierta a ver cual sería el siguiente objeto a recoger. El mar quiso dar una tregua, pues no había nada a la vista, le estaba ofreciendo una siesta merecida. Al joven barba naranja le daba miedo dormir de más, resultándole imposible conciliar el sueño, en parte también por la excitación. 

Se preparó una infusión y se sentó en proa a fumarse un cigarro con la taza caliente y oteando el horizonte. Había aprendido, a la fuerza, a fumar con el cigarro collado en la boca, como un verdadero abuelo de pueblo. No tenía otra forma de hacerlo si tenía que cargar con la bebida en su única mano. El descanso se le hizo demasiado largo, pues ansiaba retomar la tarea de recolección. Le encantaba encontrar materiales y organizarlos. No sólo le venía bien como fuente de materia prima, también como fuente de inspiración. Una pieza metálica podía llevarle a un diseño nuevo. Medía larga hora pasó hasta que Tobías divisó el siguiente objeto flotante, esta vez un buen cúmulo de cajas de tamaño medio y lo que parecía un barril. Sasha acababa de subir a cubierta, dispuesta a seguir echando una mano a su tío. Bastaron cinco minutos para alcanzarlas numerosas cajas y el barril, y unos segundos para subirlos a cubierta. Los dos siguientes lotes estaban en línea recta, había alguno más flotando por los alrededores, pero la cubierta comenzaba a parecer un mercadillo, así que Tobías le dio fiesta a su sobrina. Con recoger lo que fuera apareciendo rumbo a la siguiente isla bastaba. Con tiempo de sobras hasta el siguiente cargamento, el carpintero abrió las siete últimas cajas, el barril estaba vacío. En dos de las cajas había especias y condimentos para cocinar. En otra, varios frascos de perfume. En las dos más pequeñas, cubiertos y enseres de cocina y en las dos más grandes, diferentes recipientes metálicos destinados a la cocina. Estas cuatro últimas podían aportar mucho al proyecto Rock Star. Primero le diría a Garnet que escogiera lo que pudiera serle útil y el resto serviría como materia prima para fabricar componentes metálicos. 

Como no veía nada flotado cerca, aprovechó el papel, una pluma y tinta rescatados por la mañana para avanzar con el diseño ahí mismo, mientras iba soltando miradas al horizonte, controlando los objetos flotantes. Pasó otra media hora, la cual le bastó para plasmar un prototipo que seguro iba a flipar al músico, entonces vio dos barriles a lo lejos. El número de artículos flotantes había disminuido en su trayectoria, en cambio, no dejaba de ver lotes pasando de largo a ambos lados. El joven barba naranja interpretó eso como una señal, debía ponerse manos a la obra, pues la madera que estaba esperando encontrar ya estaba en el barco. Las puertas del antiguo armario estaban en perfecto estado y la madera era de muy buena calidad. Con ella podría formar el cuerpo y el mástil de la guitarra. En tres cuartos de hora ya tenía todo recogido y organizado en el taller. Desmontó por último las puertas del armario y astilló el resto para usarlo como combustible que alimentara el fuego de la cocina. 

Tobías se preparó otra infusión y se recluyó en el taller. Comenzaba lo bueno. Lo que más le costó fue cortar con precisión la madera utilizando un solo brazo. El resto de componentes le serían más fáciles de moldear con los sargentos que ayudaban a fijar el material a la mesa y le permitiría trabajas "cómodamente" con solo la zurda. Así pasó lo que quedaba de tarde, conformando las diversas piezas de madera que servirían como base para el instrumento. El cuerpo lo formó con tres bloques de madera encolados y asegurados con una fina lámina de caoba que tenía guardada para restaurar el mascarón de proa. Ya conseguiría más madera para ese cometido en el futuro, ahora lo que más importaba era la guitarra. La forma que había diseñado para el cuerpo era altamente compleja, le había costado mucho rato tallar el perfil, pero el resultado había merecido la pena. El mástil requería de mayor precisión, sobre todo el diapasón. Este albergaba los trastes y la exactitud en la distancia entre ellos era primordial. Una fina lámina de ébano negro como la noche sin luna, coronó la cara frontal, cubriendo el canal y la varilla metálica de su interior, conocida como alma. La función del alma era la de corregir la curvatura del mástil y adaptarla a las necesidades del músico, modificando la acción a su gusto. Sólo con el tema madera, el reloj había alcanzado las diez de la noche, hora de cenar y tomar otro descanso. 

Tobías no se entretuvo demasiado con ese trámite de vital importancia, ardía en deseos de proseguir con la lutería. Tocaba perfilar bien la madera, tanto el mástil como el cuerpo, ya ensamblados. Estaba quedando de maravilla. Tras unos retoques con el cepillo y el papel de lija, la madera estaba lista para ser tratada con aceite. Habría que esperar hasta la tarde siguiente para que empapara bien. Antes de irse a dormir, el carpintero comenzó a ensamblar la bobina, quería que fuera un instrumento eléctrico, así podría alcanzar un volumen mucho mayor, incluso modular el sonido a voluntad. Garnet se merecía eso y más. Esa sería una guitarra modesta, con el tiempo ya le haría otra mejor. Lo importante era centrarse en esa ahora. Una vez estuvieron dispuestos los seis cilindros metálicos en el resorte, tocaba bobinar con el hilo de cobre, cosa que con una sola mano resultó un verdadero reto, como no. Dejó anotadas las medidas de la cobertura metálica y se encendió un cigarro antes de subir a cubierta para despejarse un poco antes de irse a dormir. El día había sido largo, intenso y muy productivo. Le costó un buen rato dormirse, tanto, que estuvo a punto de desistir y regresar al taller para continuar trabajando, pero saber que el proceso con la madera no se podía acelerar de ninguna forma, lo forzó a abrazarse a la almohada.



Día 63 del año 13, Otoño - 5:37 a.m.
Aledaños de Isla Chika - Frog Guild


Al joven barba naranja no le hizo falta despertador la mañana siguiente. Saltó de la cama muy temprano, siendo el primero en levantarse. Se vistió en segundos y preparó una jarra de café para quien quisiese. Taza en mano, fue hasta el taller para proseguir con la construcción de la guitarra. La mañana la iba a dedicar a forjar las clavijas, el puente del cuerpo y del mástil y los potenciómetros, vamos todo el tema metal mientras esperaba a que el aceite penetrara bien en la madera. El cableado era muy importante también, Tobías no era un experto en electrónica, pero sabía como hacer condensadores con papel impregnado en aceite y resistencias varias. El control del sonido era indispensable. Una charla con un guitarrista veterano en isla Toko, le descubrió el mundo de los instrumentos, llevaba desde entonces queriendo construir una guitarra para su músico favorito. Durante el viaje, había podido reunir diversos materiales, una batería (a la cual le había integrado un sistema de carga motriz, una dinamo) para el amplificador, un cono que había rescatado de un altavoz roto en Momoiro y ébano de Skypiea, pero todo lo encontrado el día anterior había resultado el aliciente definitivo para llevar a cabo el proyecto. Soldador en mano fue conectando cada componente con la precisión de un cirujano. Dejó el cisrcuito preparado sobre la mesa y se puso a dar forma a la chapa que cubriría la bobina. El encerado del cable de cobre había quedado muy digno para haber sido realizado con una sola mano. Con la electrónica preparada, el carpintero pudo tomarse el lujo de tomar un descanso. 

Tobías se encendió un cigarro mientras decidía los colores con los que iba a pintar los detalles del diseño del cuerpo, cayó entonces en que en la pala del mástil debería ir inscrito el nombre del instrumento, pero eso era algo muy personal. Antes de comenzar a lacar la madera, decidió que tenía que enseñar a Garnet el resultado hasta el momento para que bautizara a su futura guitarra. Finalizado el fumeteo, Tobías volvió a la carga, ahora con una parte delicada, dar forma a los trastes. Por suerte, se le ocurrió usar uno de los hilos de acero más gruesos que había encontrado la mañana anterior. Esa idea le ahorró bastante tiempo. Con los veintiún trastes preparados, el mediodía hizo que comenzaran a rugirle las tripas al vaquero, el cual solo había ingerido un café en lo que iba de día. Podía permitirse el descanso, por la tarde remataría el amplificador, el cual tenía medio acabado, y el resto de accesorios: correa, púas y cuerdas. La modulación del sonido la reservaba para el futuro. El carpintero se llenó bien la panza, se fumó otro cigarro y vuelta al taller. Rematar el amplificador fue rápido, ya había reparado el altavoz semanas atrás, solo tuvo que fijar la batería a la carcasa. Las púas las hizo con láminas finas de madera y hueso. Para las cuerdas se tomó su tiempo, pues ya dejó preparados varios juegos de repuesto. La correa era un pedazo bien remendado de cuero, con un simple sistema que permitía ajustar su longitud, así el músico podría adaptar la altura de su guitarra a conveniencia. 

Con la tontería, la guitarra estaba lista para ser pintada. El tono de la caoba era precioso, con un par de detalles de color, la imagen cobró algo de vida. Lo más importante, en tema de diseño y color, sería el nombre que coronaría la pala. Los propios músicos eran quienes bautizaban a sus instrumentos, pero el nombre que se le había ocurrido a Tobías le había parecido tan perfecto a si mismo, que decidió no preguntarle a Garnet, se la iba a jugar. Sabertones. Si vierais la imagen del instrumento lo entenderíais. Un vez secó la pintura, comenzó con el proceso de lacado, el cual se estiraría un par de semanas más, como poco. Por no extendernos con los detalles, Tobías necesitó cuatro semanas para que las cinco capas de barniz secaran bien, puliendo capa a capa para que el resultado fuera excelente. Remató el instrumento montando todos sus componentes, desde la electrónica, hasta las cuerdas.

Al fin estaba terminada, había quedado preciosa, solo quedaba ponerla a punto, quintar el puente y afinar. Con una sola mano poco podía tocar, pero comprobar que las cuerdas no se desafinaban fue suficiente para darse por satisfecho. Llegó el momento esperado, ya podía entregarle su instrumento al múscio.
[Imagen: l47Ucve.png]

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Para. Respira. Ordena. Apuesta.

-Tripulación-


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[Aventura de Recolección] Catch 'n' Craft - por Tobias Murray - 09-01-2025, 07:53 PM

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