25-12-2024, 06:39 PM
Mantenía la consistencia del muro concentrándome en él y con ello notaba el trabajo que mis compañeros estaban ejerciendo sobre el sílice de la pared. Soy el señor de la arena, al fin y al cabo, estoy vinculado a ella como si fuese el mismísimo desierto y eso me hacia sentir lo que ocurría sobre ella, como si fuese un radar propio.
Cerré los ojos y mantuve un ritmo constante y calmado con mi respiración. Pude sentir como Fuguwu transmitía su energía sobre la pared sin llegar a tocarla y ésta me enviaba las vibraciones del golpe, como si pudiese notar a alguien caminando sobre la arena de la misma playa en la que yo pudiese estar en contacto.
A continuación fue el turno de James. Pude notar que se trataba de él debido a que su puño era mucho más grande que el anterior. La arena seguía enviándome información, el primer golpe no llegó a transmitir su energía del todo, haciendo que la arena envolviese su mano como un abrazo. De seguido conectó un segundo puñetazo, éste se notaba que fluía mejor pero a su vez tenía una consistencia más compacta, un golpe mucho mejor.
Karl alzó la voz, celebrando con entusiasmo el avance de mis compañeros. No sabía si de verdad era una alegría genuina por ellos o simplemente se alegraba porque de haber conseguido enseñarles algo, sería una victoria para ella como maestra. Sea como fuere volvió a dirigirse hacia mí, intentando animarme. Digo intentarlo porque noté cierta condescendencia en sus palabras, se supone que si yo no era capaz de igualar lo que Fuguwu y James hicieron, no tendría por qué preocuparme ya que es algo complicado... como si el pobre de Apolo no pudiese estar a la altura o algo.
Lo que ellos no sabían era que yo me tenía que esforzar el triple, no por estar por debajo en nivel sino porque a mí no me bastaba sólo con dirigir la energía de mis golpes como ellos hicieron, sino porque también tenía que mantener el muro y a su vez luchar conmigo mismo. Era una sensación extraña pero tenía la determinación de conseguir llevar más allá mis poderes, costase lo que me costase. Si algo tenía claro era que no quería que se volviese a repetir lo vivido en Momoiro. Y más claro aún era que si alguien volvía a venderme, tenía que canalizar esa rabia como si fuese una tormenta de arena en medio de un desierto, llevándose todo por delante.
Al notar la palmada en la espalda de Karl volví a cerrar los ojos y comencé de nuevo con los ejercicios de respiración. Por un lado tenía que conseguir que mi energía se estabilizase sobre la arena del muro, congelándola para darle dureza. Por el otro, tenía que hacer fluir otro tanto de energía desde mis puños hacia mis pies, para liberar una patada que pudiese dañar a alguien pero que a su vez no rompiese mi muro. Por no mencionar que tenía que tener cuidado de que mi pie no se convirtiese en arena también, mezclándose con la pared con la que tenía que desatar mi golpe.
Dejé mi mente en blanco y comencé de nuevo la ginga, danzaba de un lado a otro notando cómo el muro seguía de pie, a su vez que la energía fluía desde mis puños hacia mis pies. Cuando creí que estaba preparado, arremetí saltando con una patada giratoria en el aire, la cual fracasó. Al golpear transformé mi pierna en arena, haciendo que se mezclase con el muro y dando una sensación como si me la hubiesen arrancado. Me había concentrado demasiado en la arena.
Una corriente de arena volvió hacia mi rodilla, haciendo que mi pierna reapareciese de nuevo. Volví a empezar la ginga y volví a concentrarme con la mente en blanco, comenzando de nuevo el proceso de canalizar la energía. Repetí la patada y de nuevo volví a fracasar, esta vez la balanza se desequilibró a favor de mi pierna, haciendo que el golpe enviase por los aires parte del muro, salpicando arena por todas partes.
Apreté los dientes y volví a reconstruir el muro, comenzando el baile y el procedimiento por una tercera vez. En esta ocasión visualicé la imagen de Marcia y recordaba cómo sus patadas lograban traspasar lo místico de mis poderes y podían conectar con mi propia carne. Siempre fui una persona muy positiva así que creía que de todo lo malo podía sacarse algo bueno y quizás a pesar de haber sido apaleado, fijarme en Marcia podía hacer que aprendiese a usar sus trucos. Dividí mi energía en dos, estabilizándola por un lado contra el muro y haciendo que fluyese por el otro hacia mis pies. Repetí por tercera vez la patada y esta vez logré conectarla, haciendo que el muro ni se inmutase. La energía de la arena me enviaba las vibraciones del golpe a pesar de estar intacto tras impactar violentamente. Parecía que lo había conseguido.
Abrí los ojos y sonreí ampliamente pero cuando fui a dirigirme hacia mis compañeros, empecé a deshacerme en partículas arenosas poco a poco desde los pies hasta la cabeza. Comencé a gritar — ¡Lo sabía! El golpe paradójico luchando contra mí mismo ha roto la tela del espacio-tiempo ¿me seguís?— mis partículas de arena comenzaban a viajar hacia el muro, como si estuviesen aspirándome desde dentro cual agujero negro— ¡NO QUIERO IRME SEÑORA KARLGLASS! — poco después desaparecí completamente en el muro, abandonando este mundo tangible, sin saber dónde me encontraba. Mentira, segundos después del muro salió mi tren superior y empecé a nadar en el aire como si fuese un pez — ¡Uuuh mirad cómo fluye mi energía! — volví a meterme en el muro para después volver a salir por la mitad desde la parte superior, haciendo como que bajaba unas escaleras para volver a desaparecer. Finalmente salí completamente del muro y abrí los brazos — ¡Tachán. Kakahaha! — Me daba igual que pensasen que no me tomaba en serio las cosas, yo seguiría animando el ambiente a mi manera.
Cerré los ojos y mantuve un ritmo constante y calmado con mi respiración. Pude sentir como Fuguwu transmitía su energía sobre la pared sin llegar a tocarla y ésta me enviaba las vibraciones del golpe, como si pudiese notar a alguien caminando sobre la arena de la misma playa en la que yo pudiese estar en contacto.
A continuación fue el turno de James. Pude notar que se trataba de él debido a que su puño era mucho más grande que el anterior. La arena seguía enviándome información, el primer golpe no llegó a transmitir su energía del todo, haciendo que la arena envolviese su mano como un abrazo. De seguido conectó un segundo puñetazo, éste se notaba que fluía mejor pero a su vez tenía una consistencia más compacta, un golpe mucho mejor.
Karl alzó la voz, celebrando con entusiasmo el avance de mis compañeros. No sabía si de verdad era una alegría genuina por ellos o simplemente se alegraba porque de haber conseguido enseñarles algo, sería una victoria para ella como maestra. Sea como fuere volvió a dirigirse hacia mí, intentando animarme. Digo intentarlo porque noté cierta condescendencia en sus palabras, se supone que si yo no era capaz de igualar lo que Fuguwu y James hicieron, no tendría por qué preocuparme ya que es algo complicado... como si el pobre de Apolo no pudiese estar a la altura o algo.
Lo que ellos no sabían era que yo me tenía que esforzar el triple, no por estar por debajo en nivel sino porque a mí no me bastaba sólo con dirigir la energía de mis golpes como ellos hicieron, sino porque también tenía que mantener el muro y a su vez luchar conmigo mismo. Era una sensación extraña pero tenía la determinación de conseguir llevar más allá mis poderes, costase lo que me costase. Si algo tenía claro era que no quería que se volviese a repetir lo vivido en Momoiro. Y más claro aún era que si alguien volvía a venderme, tenía que canalizar esa rabia como si fuese una tormenta de arena en medio de un desierto, llevándose todo por delante.
Al notar la palmada en la espalda de Karl volví a cerrar los ojos y comencé de nuevo con los ejercicios de respiración. Por un lado tenía que conseguir que mi energía se estabilizase sobre la arena del muro, congelándola para darle dureza. Por el otro, tenía que hacer fluir otro tanto de energía desde mis puños hacia mis pies, para liberar una patada que pudiese dañar a alguien pero que a su vez no rompiese mi muro. Por no mencionar que tenía que tener cuidado de que mi pie no se convirtiese en arena también, mezclándose con la pared con la que tenía que desatar mi golpe.
Dejé mi mente en blanco y comencé de nuevo la ginga, danzaba de un lado a otro notando cómo el muro seguía de pie, a su vez que la energía fluía desde mis puños hacia mis pies. Cuando creí que estaba preparado, arremetí saltando con una patada giratoria en el aire, la cual fracasó. Al golpear transformé mi pierna en arena, haciendo que se mezclase con el muro y dando una sensación como si me la hubiesen arrancado. Me había concentrado demasiado en la arena.
Una corriente de arena volvió hacia mi rodilla, haciendo que mi pierna reapareciese de nuevo. Volví a empezar la ginga y volví a concentrarme con la mente en blanco, comenzando de nuevo el proceso de canalizar la energía. Repetí la patada y de nuevo volví a fracasar, esta vez la balanza se desequilibró a favor de mi pierna, haciendo que el golpe enviase por los aires parte del muro, salpicando arena por todas partes.
Apreté los dientes y volví a reconstruir el muro, comenzando el baile y el procedimiento por una tercera vez. En esta ocasión visualicé la imagen de Marcia y recordaba cómo sus patadas lograban traspasar lo místico de mis poderes y podían conectar con mi propia carne. Siempre fui una persona muy positiva así que creía que de todo lo malo podía sacarse algo bueno y quizás a pesar de haber sido apaleado, fijarme en Marcia podía hacer que aprendiese a usar sus trucos. Dividí mi energía en dos, estabilizándola por un lado contra el muro y haciendo que fluyese por el otro hacia mis pies. Repetí por tercera vez la patada y esta vez logré conectarla, haciendo que el muro ni se inmutase. La energía de la arena me enviaba las vibraciones del golpe a pesar de estar intacto tras impactar violentamente. Parecía que lo había conseguido.
Abrí los ojos y sonreí ampliamente pero cuando fui a dirigirme hacia mis compañeros, empecé a deshacerme en partículas arenosas poco a poco desde los pies hasta la cabeza. Comencé a gritar — ¡Lo sabía! El golpe paradójico luchando contra mí mismo ha roto la tela del espacio-tiempo ¿me seguís?— mis partículas de arena comenzaban a viajar hacia el muro, como si estuviesen aspirándome desde dentro cual agujero negro— ¡NO QUIERO IRME SEÑORA KARLGLASS! — poco después desaparecí completamente en el muro, abandonando este mundo tangible, sin saber dónde me encontraba. Mentira, segundos después del muro salió mi tren superior y empecé a nadar en el aire como si fuese un pez — ¡Uuuh mirad cómo fluye mi energía! — volví a meterme en el muro para después volver a salir por la mitad desde la parte superior, haciendo como que bajaba unas escaleras para volver a desaparecer. Finalmente salí completamente del muro y abrí los brazos — ¡Tachán. Kakahaha! — Me daba igual que pensasen que no me tomaba en serio las cosas, yo seguiría animando el ambiente a mi manera.
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Aclaraciones
Karmas
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