24-12-2024, 03:52 PM
Día 71 de Verano del Año 14
Isla Chisi, Grand Line (Paraíso)
Isla Chisi, Grand Line (Paraíso)
Kisuke se despertó con los primeros rayos del amanecer entrando por la ventana, y con un gruñido se dio la vuelta, dando la espalda a la ventana del camarote que compartía con Zorak. Apenas había conseguido pegar ojo y sus ojeras habituales estaban más marcadas que nunca. Ese maldito sueño recurrente abriendo puertas, buscando algo sin encontrarlo, estaba haciendo mella en la salud mental, y a la larga, también en la física del capitán revolucionario. La luz del sol que entraba directamente hacia su cama le impedía volver a conciliar el sueño, por lo que se rindió y se levantó, yendo a la cocina a comer algo para desayunar para después ir al bosque, una vez más. No quería perder su forma física y, de ser posible quería seguir mejorando sus habilidades tanto como espadachín como en su control del haki.
"Bueno un día más a seguir con la rutina, no creo que tardemos mucho en irnos de esta maldita isla."
Mascó algo de carne seca y se bebió casi un litro de agua y una jarra grande de zumo que exprimió de las extrañas frutas que había en la isla. Sabía un poco agridulce, pero le daba igual, solo quería cumplir con sus funciones vitales e irse a entrenar. Ciertamente estaba algo deprimido por la facilidad con la que aquella mujer-gorila le había dejado para el arrastre y no estaba dispuesto a que aquello se repitiese en su próxima batalla. Sacó un cigarrillo, tras terminar su frugal desayuno, y se lo prendió fumando y reflexionando sobre aquella experiencia en el barco de los marines. Ciertamente habían masacrado a un escuadrón entero de la marina, o casi, y habían conseguido rescatar a Zorak del Gobierno Mundial, lo cual seguro había hecho que sus nombres se hiciesen más conocidos y seguramente las recompensas por sus cabezas se hubiesen visto incrementadas.
"Es posible que llamemos la atención de marines y cazarrecompensas tan fuertes como aquellos tipos que nos aniquilaron en esta misma isla."
Aquello le ponía cachondo, siendo sinceros, puesto que quería encontrarse de nuevo con el espadachín albino y demostrarle que podía ser un rival digno de su espada, puesto que en su anterior encuentro no consiguió hacerle nada al cazarrecompensas. Pero sabía también que aún estaba lejos del nivel para un encuentro así, visto lo visto en su misión de rescate a Zorak, por lo que estaba alicaído. Seguía desconcertado por no saber que carajos es lo que buscaba con tanto ahínco en sus sueños, producidos sin duda por aquella misión en la que no hizo más que buscar a los jóvenes marines que se habían escondido abriendo seguramente todas las puertas posibles del barco. Era imperante que aprendiese el haki de la visión, y esperaba que Don Bambú se pusiese pronto a enseñárselo.
"También me intriga esa habilidad de la mujer gorila de poner partes de su cuerpo de color negro, no había visto nada igual nunca."
Pero tampoco servía de mucho si no sabía que era aquello, así que sería mejor centrarse en lo que sabía y tratar de mejorarlo lo más que pudiese, aunque fuese poco a poco, aunque su mente impaciente le hacía querer seguir y seguir entrenando para mejorar lo antes posible. Era un curiosa dicotomía a la que se enfrentaba el espadachín del West Blue, pero no cabía duda que era su camino si quería sobrevivir en aquel océano tan peligroso.
"Bueno, ya basta de perder el tiempo. A entrenar se ha dicho."
Se puso en pie y salió del barco cogiendo a Mangetsu y Sode no Shirayuki y se las prendió en el cinto, mientras caminaba por la playa adentrándose, una vez más en aquella selva de la isla Chisi. Habían pasado muchas cosas desde que llegaron a aquella isla y la mayoría con cierto regusto amargo, pero no cabía duda de que habían progresado bastante y que eran más fuertes que cuando desembarcaran en aquel lugar.
Camino durante una media hora y, sin darse cuenta, llegó al "claro" que había hecho en aquella tupida jungla el cazarrecompensas enano y enmascarado. Aquel tipo era aún más terrorífico que el espadachín albino, puesto que le importaba poco que pudiese herir a sus compañeros y desplegaba todo su poder sin ningún tipo de piedad sobre todo lo que tuviese cerca. Ese tipo era muy peligroso y habría que tener cuidado con él si llegaban a verlo de nuevo.
"Venció a Bambú sin esfuerzo y a Zorak y a mi nos sometió solo con su presencia, está claro que ese cabrón es otra liga."
No tenía ganas de seguir caminando, por lo que sacó las katanas de su cinto, envainadas y se sentó en la postura de la flor de loto, con ambas katanas en el regazo, cerró los ojos y trató de regular su respiración, inspirando profundamente y exhalando el aire poco a poco. Su concentración había mejorado mucho en aquel tiempo, puesto que era lo primero que hacía en sus entrenamientos. Pero por algún motivo, desde el incidente con los marines, algo le impedía concentrarse como era debido. Y su mente se volvía a llenar con imágenes de un laberinto lleno de puertas en el que corría y corría buscando algo sin encontrarlo, una y otra vez, pero no conseguía acertar con que era aquello que buscaba. Había algo en su mente que le impedía acceder a que es aquello que estaba buscando y estaba empezando a frustrase mucho.
"Me cago en la puta, ¿qué coño significa todo esto?"
Por más que intentaba pensar en qué era aquello que buscaba, que lo llamaba en sueños y que inundaba sus pensamientos cuando intentaba concentrarse, no era capaz de ver que era, no conseguía saber que era aquello que le consumía y que necesitaba. Además siempre que estos pensamientos o sueños le invadían, sentía un sudor frío en la espalda y su mente se llenaba de hielo, produciéndole incluso tiritonas. No era un frío físico, pero no sabía que carajos le estaba pasando.
Siguió intentando concentrarse, y se centró en activar su Busoshoku haki, para intentar evitar que esos pensamientos volvieran a romper su concentración, y, en principio parecía funcionar puesto que pudo sentir como la corriente de energía de su haki se dirigía hacia sus brazos y los envolvía en su manto, invisible, protector. Pero entonces algo invadió su mente, una voz que le sonaba de algo pero que no conseguía ubicar, y entonces una figura alta, vestida de negro y que parecía vestir un manto de oscuridad apareció en su mente.
"¿Qué coño...?"
No era capaz de salir de aquel trance por algún motivo, pero tampoco quería; estaba más intrigado que asustado. Aquel tipo le sonaba de algo, pero no conseguía recordar quien era, o de qué lo conocía y la voz que le había hablado, ininteligiblemente, también le era familiar. No era capaz de discernir que estaba pasando pero si tenía claro que quería saber quien era aquel tipo y como y por qué había invadido su mente.
Fue entonces cuando el hombre soltó un suspiro y lo miró con unos profundos ojos grises, muy entristecido.
-Estoy muy decepcionado, Kisuke. No puedo reconocerte apenas, no eres más que un gato asustado.
Aquella vez si que consiguió escuchar y entender lo que decía, y aunque seguía sonándole su voz ciertamente familiar, no era capaz de recordar quien era. Las palabras de aquel tipo hirieron no obstante el orgullo del antiguo pescador que lo miró desafiante y sacó a relucir su mal talante con los desconocidos siendo incluso algo grosero.
-No sé quién coño te crees que eres, zarrapastroso, pero no me toques los huevos que no estoy de humor para tonterías.
Para sorpresa de Kisuke, el otro tipo se empezó a reír sonoramente, y, curiosamente, se reía como el propio capitán revolucionario.
-Kuhahahaha... Veo que al menos tu lengua sigue tan afilada como siempre. Pero te equivocas, capitán Kageyama,-dijo esto con un tono sarcástico-No he dicho ninguna tontería, y la prueba es que no sabes quien soy, porque lo que te impide recordar mi nombre y quien soy es solo tu propio miedo.
Aquellas palabras le resultaban familiares, pero seguía desconcertado y la paciencia no era una de las mayores virtudes del espadachín revolucionario.
-Si tanto me conoces, entonces, ¿quién eres?
El otro negó con la cabeza visiblemente decepcionado, por algún motivo no estaba yendo la conversación como él deseaba, o al menos, eso es lo que parecía. Le señaló con el dedo índice de su mano derecha y le dijo:
-Por mucho que grite, no serás capaz de oirlo, el miedo y la duda te tienen encadenado, pero ahí va... soy yo, me conoces de sobra, soy "$%&/&$"
Kisuke se quedó en shock, por algún motivo, su voz se había distorsionado tanto al decir su nombre que no había sido capaz de entender ni una mierda de lo que había dicho. No era capaz de entender lo que acababa de pasar, y mucho menos que aquella surrealista situación se estuviese dando en el interior de su cabeza; quizá había perdido la razón.
-No he entendido una mierda de lo que has dicho.
Pero estaba seguro que aquel tipo no había hecho nada para que no le entendiese, era cosa del propio Kisuke. Aquel tipo parecía conocer a Kisuke lo suficiente para saber que estaba mal anímicamente, con muchas dudas sobre sí mismo y sobre sus capacidades; así que era probable que tuviese razón. Parecia que el desconocido no tenía más que decir, pero seguía ahí esperando a que el antiguo pescador dijese algo, por lo que Kisuke le miró.
-Puede ser que estés en lo cierto, entonces ¿que propones que hagamos?
Sacando una Katana envuelta en oscuridad, el desconocido se abalanzó sobre Kisuke sin más preámbulos y el espadachín no tuvo más remedio que desenvainar rápidamente a Sode no shirayuki, interceptando el ataque de aquel extraño hombre a duras penas. El antiguo pescador supuso que estaba poniéndolo a prueba de alguna manera, por lo que decidió seguirle el rollo, pero aquel hombre le superaba con creces y se llevo varios golpes que deberían haberle cortado pero que, por algún motivo no lo hacían, aunque sentía el dolor.
"Ahora hasta dentro de mi mente hay gente mucho más fuerte que yo... soy un fracaso.
Con este pensamiento peregrino bajó ligeramente su guardia y en lugar de recibir un ataque con la misteriosa espada envuelta en oscuridad recibió un bofetón que lo lanzó al suelo por parte de su contrincante.
-Eres patético, Kisuke Kageyama, te las das de fuerte y súper maduro y te vencen un par de veces y solo quieres irte a llorar a tu casa... Pues hazlo, regresa a la cloaca de Ballywood y pasa tus días vendiendo pescado a las señoras de allí, siendo uno más del rebaño.
Aquello le dio en lo más hondo a Kisuke. Era cierto, había perdido completamente la perspectiva y su voluntad de luchar por hacer un mundo mejor. Algo cambió alrededor del Kisuke y desenvainó su otra katana, Mangetsu arremetiendo con todas sus fuerzas contra aquel tipo, sin articular ninguna palabra, simplemente sacando toda su destreza para demostrarle que era mucho más fuerte que cuando salió de su isla y que su deseo de proteger a los desfavorecidos no había desaparecido ni se había debilitado.
-Vamos, demuéstrame de qué pasta estás hecho realmente, Kisuke Kageyama.
Siguieron intercambiando golpes hasta que al final Kisuke consiguió desarmar al extraño y lo miró de nuevo. El manto de oscuridad en torno a la espada clavada a varios metros de ellos en el suelo se desvaneció y Kisuke pudo reconocerla, y una lágrima recorrió su rostro al reconocer por fin al sujeto extraño que le había presionado hasta el límite para despejar las dudas y temores que albergaba su corazón. El hombre extraño sonrío mientras su imagen se desvanecía, al igual que de la katana clavada en el suelo, mientras las lágrimas de Kisuke caían sin cesar.
-No te olvides de mi, Kisuke. Ven a buscarme, aún tenemos que luchar juntos...
Abrió los ojos y pudo salir del trance por fin. Tenía el rostro y la barba mojados de las lágrimas, que habían caído realmente de sus ojos al desvanecerse el velo de dudas y temores y reconocer por fín al extraño, que era quien lo había acompañado durante tantos y tantos años, y había sido su única compañía durante todo su camino como miembro del ejército revolucionario, su katana más preciada, el legado de su padre, Yamigiri.
-No te preocupes, viejo amigo, volveremos a vernos y a luchar juntos. Te lo juro, Yamigiri.
"Bueno un día más a seguir con la rutina, no creo que tardemos mucho en irnos de esta maldita isla."
Mascó algo de carne seca y se bebió casi un litro de agua y una jarra grande de zumo que exprimió de las extrañas frutas que había en la isla. Sabía un poco agridulce, pero le daba igual, solo quería cumplir con sus funciones vitales e irse a entrenar. Ciertamente estaba algo deprimido por la facilidad con la que aquella mujer-gorila le había dejado para el arrastre y no estaba dispuesto a que aquello se repitiese en su próxima batalla. Sacó un cigarrillo, tras terminar su frugal desayuno, y se lo prendió fumando y reflexionando sobre aquella experiencia en el barco de los marines. Ciertamente habían masacrado a un escuadrón entero de la marina, o casi, y habían conseguido rescatar a Zorak del Gobierno Mundial, lo cual seguro había hecho que sus nombres se hiciesen más conocidos y seguramente las recompensas por sus cabezas se hubiesen visto incrementadas.
"Es posible que llamemos la atención de marines y cazarrecompensas tan fuertes como aquellos tipos que nos aniquilaron en esta misma isla."
Aquello le ponía cachondo, siendo sinceros, puesto que quería encontrarse de nuevo con el espadachín albino y demostrarle que podía ser un rival digno de su espada, puesto que en su anterior encuentro no consiguió hacerle nada al cazarrecompensas. Pero sabía también que aún estaba lejos del nivel para un encuentro así, visto lo visto en su misión de rescate a Zorak, por lo que estaba alicaído. Seguía desconcertado por no saber que carajos es lo que buscaba con tanto ahínco en sus sueños, producidos sin duda por aquella misión en la que no hizo más que buscar a los jóvenes marines que se habían escondido abriendo seguramente todas las puertas posibles del barco. Era imperante que aprendiese el haki de la visión, y esperaba que Don Bambú se pusiese pronto a enseñárselo.
"También me intriga esa habilidad de la mujer gorila de poner partes de su cuerpo de color negro, no había visto nada igual nunca."
Pero tampoco servía de mucho si no sabía que era aquello, así que sería mejor centrarse en lo que sabía y tratar de mejorarlo lo más que pudiese, aunque fuese poco a poco, aunque su mente impaciente le hacía querer seguir y seguir entrenando para mejorar lo antes posible. Era un curiosa dicotomía a la que se enfrentaba el espadachín del West Blue, pero no cabía duda que era su camino si quería sobrevivir en aquel océano tan peligroso.
"Bueno, ya basta de perder el tiempo. A entrenar se ha dicho."
Se puso en pie y salió del barco cogiendo a Mangetsu y Sode no Shirayuki y se las prendió en el cinto, mientras caminaba por la playa adentrándose, una vez más en aquella selva de la isla Chisi. Habían pasado muchas cosas desde que llegaron a aquella isla y la mayoría con cierto regusto amargo, pero no cabía duda de que habían progresado bastante y que eran más fuertes que cuando desembarcaran en aquel lugar.
Camino durante una media hora y, sin darse cuenta, llegó al "claro" que había hecho en aquella tupida jungla el cazarrecompensas enano y enmascarado. Aquel tipo era aún más terrorífico que el espadachín albino, puesto que le importaba poco que pudiese herir a sus compañeros y desplegaba todo su poder sin ningún tipo de piedad sobre todo lo que tuviese cerca. Ese tipo era muy peligroso y habría que tener cuidado con él si llegaban a verlo de nuevo.
"Venció a Bambú sin esfuerzo y a Zorak y a mi nos sometió solo con su presencia, está claro que ese cabrón es otra liga."
No tenía ganas de seguir caminando, por lo que sacó las katanas de su cinto, envainadas y se sentó en la postura de la flor de loto, con ambas katanas en el regazo, cerró los ojos y trató de regular su respiración, inspirando profundamente y exhalando el aire poco a poco. Su concentración había mejorado mucho en aquel tiempo, puesto que era lo primero que hacía en sus entrenamientos. Pero por algún motivo, desde el incidente con los marines, algo le impedía concentrarse como era debido. Y su mente se volvía a llenar con imágenes de un laberinto lleno de puertas en el que corría y corría buscando algo sin encontrarlo, una y otra vez, pero no conseguía acertar con que era aquello que buscaba. Había algo en su mente que le impedía acceder a que es aquello que estaba buscando y estaba empezando a frustrase mucho.
"Me cago en la puta, ¿qué coño significa todo esto?"
Por más que intentaba pensar en qué era aquello que buscaba, que lo llamaba en sueños y que inundaba sus pensamientos cuando intentaba concentrarse, no era capaz de ver que era, no conseguía saber que era aquello que le consumía y que necesitaba. Además siempre que estos pensamientos o sueños le invadían, sentía un sudor frío en la espalda y su mente se llenaba de hielo, produciéndole incluso tiritonas. No era un frío físico, pero no sabía que carajos le estaba pasando.
Siguió intentando concentrarse, y se centró en activar su Busoshoku haki, para intentar evitar que esos pensamientos volvieran a romper su concentración, y, en principio parecía funcionar puesto que pudo sentir como la corriente de energía de su haki se dirigía hacia sus brazos y los envolvía en su manto, invisible, protector. Pero entonces algo invadió su mente, una voz que le sonaba de algo pero que no conseguía ubicar, y entonces una figura alta, vestida de negro y que parecía vestir un manto de oscuridad apareció en su mente.
"¿Qué coño...?"
No era capaz de salir de aquel trance por algún motivo, pero tampoco quería; estaba más intrigado que asustado. Aquel tipo le sonaba de algo, pero no conseguía recordar quien era, o de qué lo conocía y la voz que le había hablado, ininteligiblemente, también le era familiar. No era capaz de discernir que estaba pasando pero si tenía claro que quería saber quien era aquel tipo y como y por qué había invadido su mente.
Fue entonces cuando el hombre soltó un suspiro y lo miró con unos profundos ojos grises, muy entristecido.
-Estoy muy decepcionado, Kisuke. No puedo reconocerte apenas, no eres más que un gato asustado.
Aquella vez si que consiguió escuchar y entender lo que decía, y aunque seguía sonándole su voz ciertamente familiar, no era capaz de recordar quien era. Las palabras de aquel tipo hirieron no obstante el orgullo del antiguo pescador que lo miró desafiante y sacó a relucir su mal talante con los desconocidos siendo incluso algo grosero.
-No sé quién coño te crees que eres, zarrapastroso, pero no me toques los huevos que no estoy de humor para tonterías.
Para sorpresa de Kisuke, el otro tipo se empezó a reír sonoramente, y, curiosamente, se reía como el propio capitán revolucionario.
-Kuhahahaha... Veo que al menos tu lengua sigue tan afilada como siempre. Pero te equivocas, capitán Kageyama,-dijo esto con un tono sarcástico-No he dicho ninguna tontería, y la prueba es que no sabes quien soy, porque lo que te impide recordar mi nombre y quien soy es solo tu propio miedo.
Aquellas palabras le resultaban familiares, pero seguía desconcertado y la paciencia no era una de las mayores virtudes del espadachín revolucionario.
-Si tanto me conoces, entonces, ¿quién eres?
El otro negó con la cabeza visiblemente decepcionado, por algún motivo no estaba yendo la conversación como él deseaba, o al menos, eso es lo que parecía. Le señaló con el dedo índice de su mano derecha y le dijo:
-Por mucho que grite, no serás capaz de oirlo, el miedo y la duda te tienen encadenado, pero ahí va... soy yo, me conoces de sobra, soy "$%&/&$"
Kisuke se quedó en shock, por algún motivo, su voz se había distorsionado tanto al decir su nombre que no había sido capaz de entender ni una mierda de lo que había dicho. No era capaz de entender lo que acababa de pasar, y mucho menos que aquella surrealista situación se estuviese dando en el interior de su cabeza; quizá había perdido la razón.
-No he entendido una mierda de lo que has dicho.
Pero estaba seguro que aquel tipo no había hecho nada para que no le entendiese, era cosa del propio Kisuke. Aquel tipo parecía conocer a Kisuke lo suficiente para saber que estaba mal anímicamente, con muchas dudas sobre sí mismo y sobre sus capacidades; así que era probable que tuviese razón. Parecia que el desconocido no tenía más que decir, pero seguía ahí esperando a que el antiguo pescador dijese algo, por lo que Kisuke le miró.
-Puede ser que estés en lo cierto, entonces ¿que propones que hagamos?
Sacando una Katana envuelta en oscuridad, el desconocido se abalanzó sobre Kisuke sin más preámbulos y el espadachín no tuvo más remedio que desenvainar rápidamente a Sode no shirayuki, interceptando el ataque de aquel extraño hombre a duras penas. El antiguo pescador supuso que estaba poniéndolo a prueba de alguna manera, por lo que decidió seguirle el rollo, pero aquel hombre le superaba con creces y se llevo varios golpes que deberían haberle cortado pero que, por algún motivo no lo hacían, aunque sentía el dolor.
"Ahora hasta dentro de mi mente hay gente mucho más fuerte que yo... soy un fracaso.
Con este pensamiento peregrino bajó ligeramente su guardia y en lugar de recibir un ataque con la misteriosa espada envuelta en oscuridad recibió un bofetón que lo lanzó al suelo por parte de su contrincante.
-Eres patético, Kisuke Kageyama, te las das de fuerte y súper maduro y te vencen un par de veces y solo quieres irte a llorar a tu casa... Pues hazlo, regresa a la cloaca de Ballywood y pasa tus días vendiendo pescado a las señoras de allí, siendo uno más del rebaño.
Aquello le dio en lo más hondo a Kisuke. Era cierto, había perdido completamente la perspectiva y su voluntad de luchar por hacer un mundo mejor. Algo cambió alrededor del Kisuke y desenvainó su otra katana, Mangetsu arremetiendo con todas sus fuerzas contra aquel tipo, sin articular ninguna palabra, simplemente sacando toda su destreza para demostrarle que era mucho más fuerte que cuando salió de su isla y que su deseo de proteger a los desfavorecidos no había desaparecido ni se había debilitado.
-Vamos, demuéstrame de qué pasta estás hecho realmente, Kisuke Kageyama.
Siguieron intercambiando golpes hasta que al final Kisuke consiguió desarmar al extraño y lo miró de nuevo. El manto de oscuridad en torno a la espada clavada a varios metros de ellos en el suelo se desvaneció y Kisuke pudo reconocerla, y una lágrima recorrió su rostro al reconocer por fin al sujeto extraño que le había presionado hasta el límite para despejar las dudas y temores que albergaba su corazón. El hombre extraño sonrío mientras su imagen se desvanecía, al igual que de la katana clavada en el suelo, mientras las lágrimas de Kisuke caían sin cesar.
-No te olvides de mi, Kisuke. Ven a buscarme, aún tenemos que luchar juntos...
Abrió los ojos y pudo salir del trance por fin. Tenía el rostro y la barba mojados de las lágrimas, que habían caído realmente de sus ojos al desvanecerse el velo de dudas y temores y reconocer por fín al extraño, que era quien lo había acompañado durante tantos y tantos años, y había sido su única compañía durante todo su camino como miembro del ejército revolucionario, su katana más preciada, el legado de su padre, Yamigiri.
-No te preocupes, viejo amigo, volveremos a vernos y a luchar juntos. Te lo juro, Yamigiri.
Karma
