22-12-2024, 11:33 PM
Un nuevo capítulo se escribía en las aventuras y hazañas del grupo revolucionario de los Kuro no Bogyu. El susurro que el viento elevaba de la madera del barco resquebrajándose y haciéndose ceniza por las llamas, era un reflejo de la victoria con la que habían podido hacerse el trío en esta ardua misión pues, tras caer completamente derrotados por aquellos dos cazarrecompensas y perder a su amigo y mariscal. Habían conseguido algo inaudito que era, nada más y nada menos, que asaltar un buque de la marina protegido por casi medio centenar de marines y, sobre todo, custodiado por la titánica e indestructible capitana Nokia.
Ahora, las almas de aquellas personas que perecieron defendiendo el barco y que, alguna vez, tuvieron el sueño de ayudar y proteger a los más necesitados, ahora esas almas podían encontrar un descanso y reposo mientras la carne de sus cuerpos se derretía y carbonizaba, y sus huesos se reducían a poco más que polvo. Pero tal y como anunciaba la muerte de la capitana, con su poseedora muerta, la fuerza sobrenatural que habitaba dentro de la fruta que alguna vez consumió, encontró manifestarse en una de las manzanas que se hallaba aún en la cesta dentro del camarote de Nokia, comenzando a salirle varios surcos y adquirir un color fuera de lo común para una manzana, fruta que, por azar de la vida y del destino, hizo que no fuera encontrada por ninguno de los revolucionarios, quienes decidieron priorizar el escape más que otra cosa.
Ajenos a esto, y mientras el barco se hundía a la deriva, hacía que la fruta fuera arrastrada por la corriente a un destino incierto, los revolucionarios, junto a un inconsciente Sam y una rehén Sung, se reunían con un alterado Peony que tan pronto como pudo pidió explicaciones sobre lo ocurrido. A pesar de la enemistad jurada que tenía con Kisuke, su buena relación con Don Bambú, y gracias a la talante del mink, consiguió que el biólogo se calmara y serenara de sobremanera, entiendo y aceptando que, ninguno del grupo libertador, había sido el artífice de ese incendio que atentaba contra la madre natura. Sin tener muy claro quién había sido el verdadero responsable tras aquel suceso, Peony tan sólo podía vaticinar que, o bien había sido alguna clase de criatura autóctona de la isla capaz de escupir fuego, o quizás algún miembro de una tribu perdida de los confines de la historia, que buscaba impartir alguna clase de juicio sobre unos invasores que poco pintaban en sus dominios. Ante esta información, deberían priorizar salir pronto de aquella isla si es que no querían que su barco sufriera el mismo destino que el buque de guerra.
Por otro lado, al ser consciente de las órdenes que le había endosado Zorak a Kisuke, Sung intentaría explicar que, tanto Sam como ella, no disponían de dicha información al ser tan solo un par de soldados rasos, tal y como bien había supuesto el espadachín. Aún así, el devenir de estos dos marines, completamente abandonados por su facción y sin ninguna esperanza de que los revolucionarios pudieran recibir algo por su rescate, dependería exclusivamente de la misericordia y bondad que aún podrían ahondar en sus corazones pues, como una gran marine dijo - o pensó - una vez, hasta en el peor de los monstruos es posible hallar humanidad.
Los días transcurrirían y, ante la falta de notificación por parte de Nokia, la sede más cercana de la marina no tardaría en percatarse sobre la gran pérdida que sufrió la marina ante esos tres revolucionarios que aún seguían con vida. Siendo conscientes del peligro que presentaban ese escuadrón terrorista a ojos del gobierno mundial, las noticias se dispersarían como la espuma y, en un futuro, ya se encargarían de que no salieran impunes y que hubiera represalias... Pero eso, ya es otra historia.
Ahora, las almas de aquellas personas que perecieron defendiendo el barco y que, alguna vez, tuvieron el sueño de ayudar y proteger a los más necesitados, ahora esas almas podían encontrar un descanso y reposo mientras la carne de sus cuerpos se derretía y carbonizaba, y sus huesos se reducían a poco más que polvo. Pero tal y como anunciaba la muerte de la capitana, con su poseedora muerta, la fuerza sobrenatural que habitaba dentro de la fruta que alguna vez consumió, encontró manifestarse en una de las manzanas que se hallaba aún en la cesta dentro del camarote de Nokia, comenzando a salirle varios surcos y adquirir un color fuera de lo común para una manzana, fruta que, por azar de la vida y del destino, hizo que no fuera encontrada por ninguno de los revolucionarios, quienes decidieron priorizar el escape más que otra cosa.
Ajenos a esto, y mientras el barco se hundía a la deriva, hacía que la fruta fuera arrastrada por la corriente a un destino incierto, los revolucionarios, junto a un inconsciente Sam y una rehén Sung, se reunían con un alterado Peony que tan pronto como pudo pidió explicaciones sobre lo ocurrido. A pesar de la enemistad jurada que tenía con Kisuke, su buena relación con Don Bambú, y gracias a la talante del mink, consiguió que el biólogo se calmara y serenara de sobremanera, entiendo y aceptando que, ninguno del grupo libertador, había sido el artífice de ese incendio que atentaba contra la madre natura. Sin tener muy claro quién había sido el verdadero responsable tras aquel suceso, Peony tan sólo podía vaticinar que, o bien había sido alguna clase de criatura autóctona de la isla capaz de escupir fuego, o quizás algún miembro de una tribu perdida de los confines de la historia, que buscaba impartir alguna clase de juicio sobre unos invasores que poco pintaban en sus dominios. Ante esta información, deberían priorizar salir pronto de aquella isla si es que no querían que su barco sufriera el mismo destino que el buque de guerra.
Por otro lado, al ser consciente de las órdenes que le había endosado Zorak a Kisuke, Sung intentaría explicar que, tanto Sam como ella, no disponían de dicha información al ser tan solo un par de soldados rasos, tal y como bien había supuesto el espadachín. Aún así, el devenir de estos dos marines, completamente abandonados por su facción y sin ninguna esperanza de que los revolucionarios pudieran recibir algo por su rescate, dependería exclusivamente de la misericordia y bondad que aún podrían ahondar en sus corazones pues, como una gran marine dijo - o pensó - una vez, hasta en el peor de los monstruos es posible hallar humanidad.
Los días transcurrirían y, ante la falta de notificación por parte de Nokia, la sede más cercana de la marina no tardaría en percatarse sobre la gran pérdida que sufrió la marina ante esos tres revolucionarios que aún seguían con vida. Siendo conscientes del peligro que presentaban ese escuadrón terrorista a ojos del gobierno mundial, las noticias se dispersarían como la espuma y, en un futuro, ya se encargarían de que no salieran impunes y que hubiera represalias... Pero eso, ya es otra historia.
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