03-12-2024, 12:30 AM
Lamentablemente, el hecho de haber esperado pacientemente a que Kisuke abandonase el área de efecto de su futuro ataque, permitió a la marine salir de la misma antes de que el ataque se terminase de ejecutar. Sin embargo, no se le escapó al panda que el hecho de haber sacudido el suelo algo más tarde "protegió" de alguna forma el trayecto que recorrió la cajetilla de tabaco que Kisuke le lanzó a Zorak, evitando cualquier posible intercepción. Esto, por supuesto, no lo sabía a ciencia cierta. Lo que sí sabía era que el pelinaranja no podía vivir sin darle una caladita al cáncer de bolsillo de vez en cuando. Debía de estar subiéndose por las paredes, porque lo primero que hizo tras recibir cuatro hostias bien dadas por parte de la gorila fue agarrar un pitillito y encendérselo como si no acabasen de hacerle una lectura de cartilla de manual.
Sin embargo, Zorak era una persona que no se rendía ante nada. Aunque casi no hubiera intercambiado palabras con él, pues era en verdad una persona muy diferente al panda, había podido observar desde la distancia que el mariscal siempre lo daba todo por la revolución, incluso cuando su vida estaba en juego. Esta situación no iba a ser diferente. El mariscal se agazapó en el suelo cual felino, preparándose para saltar hacia la gorila a toda velocidad a una velocidad que el panda, sorprendentemente, podía percibir con cierta facilidad. Sin duda el electro era una herramienta demasiado útil, pero también le estaba pasando factura. Observó cómo el pelirrojo pasaba por debajo de la marine y hacía un gesto raro con las manos, como si pretendiese arañarle los tobillos, pero terminaba pasando de largo y quedándose a una distancia segura de la misma. El panda percibió entonces un brillo raro en la zona de los tobillos de la marine. Algo que reconoció inmediatamente como los hilos de Zorak. Acababa de enganchar a la muchacha con ellos y le estaba dando la señal al panda para que fuese a por todas. Don Bambú flexionó sus piernas con fuerza y la presión de su voluntad dejó de ejercerse a su alrededor inmediatamente. Tenía que reajustar distancias para ejecutar su próximo ataque con eficacia. A una velocidad muy superior a lo que la gorila había demostrado poder percibir, el panda desplazó diagonalmente hacia el lateral izquierdo de la muchacha quedándose a tres metros de distancia de ella y manteniendo a Zorak a ocho metros hacia su derecha. —¡Tsunami! —A tan corta distancia la muchacha tendría algunas dificultades más para reaccionar, aunque el ataque era relativamente lento. El panda golpeó el suelo a velocidad supersónica y éste comenzó a ondular de forma muy violenta, alzándose repentinamente la madera del barco como si de agua estuviera compuesto y un terremoto acabase de provocar un maremoto en la cubierta. La madera del barco restallaba con violencia según la misma se deformaba de una manera imposible. —¡Ten cuidado, Zorak! —Don Bambú se alejó tres metros hacia atrás nada más producir aquella monstruosidad. Sabía que la marine era muy fuerte, de modo que no se fiaba de que no fuese sencillamente a destruir la ola con sus propias manos. Sin embargo, ahora que la tenían contra las cuerdas no podían permitirse dejarla respirar.
Sin embargo, Zorak era una persona que no se rendía ante nada. Aunque casi no hubiera intercambiado palabras con él, pues era en verdad una persona muy diferente al panda, había podido observar desde la distancia que el mariscal siempre lo daba todo por la revolución, incluso cuando su vida estaba en juego. Esta situación no iba a ser diferente. El mariscal se agazapó en el suelo cual felino, preparándose para saltar hacia la gorila a toda velocidad a una velocidad que el panda, sorprendentemente, podía percibir con cierta facilidad. Sin duda el electro era una herramienta demasiado útil, pero también le estaba pasando factura. Observó cómo el pelirrojo pasaba por debajo de la marine y hacía un gesto raro con las manos, como si pretendiese arañarle los tobillos, pero terminaba pasando de largo y quedándose a una distancia segura de la misma. El panda percibió entonces un brillo raro en la zona de los tobillos de la marine. Algo que reconoció inmediatamente como los hilos de Zorak. Acababa de enganchar a la muchacha con ellos y le estaba dando la señal al panda para que fuese a por todas. Don Bambú flexionó sus piernas con fuerza y la presión de su voluntad dejó de ejercerse a su alrededor inmediatamente. Tenía que reajustar distancias para ejecutar su próximo ataque con eficacia. A una velocidad muy superior a lo que la gorila había demostrado poder percibir, el panda desplazó diagonalmente hacia el lateral izquierdo de la muchacha quedándose a tres metros de distancia de ella y manteniendo a Zorak a ocho metros hacia su derecha. —¡Tsunami! —A tan corta distancia la muchacha tendría algunas dificultades más para reaccionar, aunque el ataque era relativamente lento. El panda golpeó el suelo a velocidad supersónica y éste comenzó a ondular de forma muy violenta, alzándose repentinamente la madera del barco como si de agua estuviera compuesto y un terremoto acabase de provocar un maremoto en la cubierta. La madera del barco restallaba con violencia según la misma se deformaba de una manera imposible. —¡Ten cuidado, Zorak! —Don Bambú se alejó tres metros hacia atrás nada más producir aquella monstruosidad. Sabía que la marine era muy fuerte, de modo que no se fiaba de que no fuese sencillamente a destruir la ola con sus propias manos. Sin embargo, ahora que la tenían contra las cuerdas no podían permitirse dejarla respirar.
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