01-12-2024, 02:29 PM
Si masacrar a casi la totalidad de mi escuadrón no fuera suficiente, Zorak aún tenía intención de no dejar casi supervivientes en este barco. Por las órdenes que había dictaminado, su plan era contenerme a mi entre él y el mink - que parecía llamarse Bambú -, mientras el espadachín iba tras Sam y Sung. Mi corazón se estremeció al escuchar que matarían a la chica de pelo anaranjado. No podría permitirlo, debía detenerlo a toda costa, pero estaba completamente seguro de que el panda no me dejaría maniobrar la defensa. Había podido comprobar de primera mano que, no sólo era más rápido que yo, si no que era capaz de anticiparse a mis movimientos, además de que esa electricidad que parecía generar desde su cuerpo era todo un problema. Esas cualidades suyas eran las que les habían permitido, en gran parte, disipar parte del daño de mi anterior ataque. Por otro lado, estaba el mariscal que se anteponía ante mi que, aunque sus capacidades físicas podían ser inferiores a las del mink, esa habilidad para crear hilos - como los 10 que había creado ahora frente a él - junto a su sed de sangre, lo hacían un oponente bastante difícil de tratar. Si a eso se le sumaba el daño que podía causar alguien como el espadachín, en caso de propinar con éxito uno de sus ataques... Sí, igual por separado podría con ellos, pero los tres juntos eran todo un problema.
En este tipo de situaciones me gustaba preguntarme, ¿qué haría la capitana Jenkins? Estaba 100% segura de que ella buscaría desmoralizar a sus oponentes. Era una mujer, no sólo curtida en batalla, sino también astuta. Si conseguía derrotar primero a su líder, quizás eso alteraba el espíritu de Bambú y, seguidamente, aquello me permitiría ir a socorrer a los dos marines que quedaban con vida. Con suerte, podía hacer que se rindieran para salvar la vida de su superior, esa sería el mejor de los escenarios, teniendo en cuenta que ya mismo no podría usar el haki con la misma soltura. Con todo esto en mente, tras crujir mis hombros, apoyé con fuerza mi pie izquierdo en la madera, pegando primero un salto longitudinal hacia Zorak, de unos cuatro metros y a ras del suelo, desplazándome hasta quedar a dos metros a su izquierda para, acto seguido, pivotar con mi pie derecho para situarme a dos metros por detrás de él, con el objetivo de no darme de bruces con los hilos que había creado frente a él - los cuáles ya había comprobado de primera mano lo resistentes que eran. Sorteé y evité mirar los cadáveres destrozados y ensangrentados de mis compañeros de división, pues no quería llegar a matar al revolucionario. De este modo, y sabiendo que sería capaz de soportarlo gracias a la vitalidad de su aura, desplegué un combo de un derechazo, seguido de un zurdazo, dirigido a la espalda para terminar con ambos brazos extendidos hacia atrás, terminando por palmear con ambas manos la cabeza del revolucionario, con la intención de dejarle aturdido.
Desplacé pues, mi mirada entonces al panda y al espadachín, pues los tenía de cara, a 13 y 15 metros respectivamente. Pude observar como Kisuke, nada más levantarse y empezar a irse hacia la zona de los camarotes, lanzaba algo hacia el mariscal cosa que, conforme se iba a acercando lentamente, aprecié que lo que parecía ser una cajetilla de cigarrillos. No sé cómo podría influir eso en la batalla pero el tabaco era algo que no me gustaba y que tenía prohibido consumir a mis hombres y mujeres para que tuvieran un cuerpo saludable y en forma. Pensaba coger el paquete, cuando el suelo de la cubierta alrededor de Bambú - y una vez que Kisuke estaba fuera de su alcance - empezó a oscilar feroz y salvajemente en un radio que abarcaba unos 10 metros, acabando la sacudida del suelo justo frente al mariscal. Pensaba que lo que había sucedido cuando el panda aterrizó eran imaginaciones mías, pero esto me confirmaba que debía ser una habilidad suya, probablemente fruto de una Akuma no Mi como la que ingerí no hace mucho tiempo. No todos los días se podía ver la cubierta de un barco ondear como el bravo oleaje del mar.
El agotamiento, por otro lado, me estaba empezando a hacer mella. Se notaba que había estado abusando del uso del haki y, siendo honesta, preferí enfocar, lo que me quedaba, en ir sabiendo como les iba tanto a Sam y Sung, para conocer como de prisa debía darme. De esta forma, deshice tanto todo el haki de armadura que cubría a todo mi cuerpo, así como el haki de observación medio para, en cambio, extender el nivel básico hasta cubrir a todo el barco con mi visión, hasta los 222 metros de radio. Cubrí casi todo mi torso con mis brazos, juntándolos en vertical, de forma que mis codos quedaban a la altura de mi abdomen y mis puños por debajo de mis ojos, esperando por la ofensiva del dúo revolucionario y, mientras tanto, pude rastrear la ubicación de Kisuke, quién había llegado ya a la zona de las habitaciones. Estando dónde estaba, debería encontrarse tres puertas, de madera y sin ventanucos, en la parte inferior del castillo de popa y, a ambos lados, unas escaleras que llevaban a la parte superior, dónde habían otras dos puertas de mismas propiedades que las otras tres... Aguantad Sam y Sung... Ya mismo vuestra capitana irá en vuestra salvación.
En este tipo de situaciones me gustaba preguntarme, ¿qué haría la capitana Jenkins? Estaba 100% segura de que ella buscaría desmoralizar a sus oponentes. Era una mujer, no sólo curtida en batalla, sino también astuta. Si conseguía derrotar primero a su líder, quizás eso alteraba el espíritu de Bambú y, seguidamente, aquello me permitiría ir a socorrer a los dos marines que quedaban con vida. Con suerte, podía hacer que se rindieran para salvar la vida de su superior, esa sería el mejor de los escenarios, teniendo en cuenta que ya mismo no podría usar el haki con la misma soltura. Con todo esto en mente, tras crujir mis hombros, apoyé con fuerza mi pie izquierdo en la madera, pegando primero un salto longitudinal hacia Zorak, de unos cuatro metros y a ras del suelo, desplazándome hasta quedar a dos metros a su izquierda para, acto seguido, pivotar con mi pie derecho para situarme a dos metros por detrás de él, con el objetivo de no darme de bruces con los hilos que había creado frente a él - los cuáles ya había comprobado de primera mano lo resistentes que eran. Sorteé y evité mirar los cadáveres destrozados y ensangrentados de mis compañeros de división, pues no quería llegar a matar al revolucionario. De este modo, y sabiendo que sería capaz de soportarlo gracias a la vitalidad de su aura, desplegué un combo de un derechazo, seguido de un zurdazo, dirigido a la espalda para terminar con ambos brazos extendidos hacia atrás, terminando por palmear con ambas manos la cabeza del revolucionario, con la intención de dejarle aturdido.
Desplacé pues, mi mirada entonces al panda y al espadachín, pues los tenía de cara, a 13 y 15 metros respectivamente. Pude observar como Kisuke, nada más levantarse y empezar a irse hacia la zona de los camarotes, lanzaba algo hacia el mariscal cosa que, conforme se iba a acercando lentamente, aprecié que lo que parecía ser una cajetilla de cigarrillos. No sé cómo podría influir eso en la batalla pero el tabaco era algo que no me gustaba y que tenía prohibido consumir a mis hombres y mujeres para que tuvieran un cuerpo saludable y en forma. Pensaba coger el paquete, cuando el suelo de la cubierta alrededor de Bambú - y una vez que Kisuke estaba fuera de su alcance - empezó a oscilar feroz y salvajemente en un radio que abarcaba unos 10 metros, acabando la sacudida del suelo justo frente al mariscal. Pensaba que lo que había sucedido cuando el panda aterrizó eran imaginaciones mías, pero esto me confirmaba que debía ser una habilidad suya, probablemente fruto de una Akuma no Mi como la que ingerí no hace mucho tiempo. No todos los días se podía ver la cubierta de un barco ondear como el bravo oleaje del mar.
El agotamiento, por otro lado, me estaba empezando a hacer mella. Se notaba que había estado abusando del uso del haki y, siendo honesta, preferí enfocar, lo que me quedaba, en ir sabiendo como les iba tanto a Sam y Sung, para conocer como de prisa debía darme. De esta forma, deshice tanto todo el haki de armadura que cubría a todo mi cuerpo, así como el haki de observación medio para, en cambio, extender el nivel básico hasta cubrir a todo el barco con mi visión, hasta los 222 metros de radio. Cubrí casi todo mi torso con mis brazos, juntándolos en vertical, de forma que mis codos quedaban a la altura de mi abdomen y mis puños por debajo de mis ojos, esperando por la ofensiva del dúo revolucionario y, mientras tanto, pude rastrear la ubicación de Kisuke, quién había llegado ya a la zona de las habitaciones. Estando dónde estaba, debería encontrarse tres puertas, de madera y sin ventanucos, en la parte inferior del castillo de popa y, a ambos lados, unas escaleras que llevaban a la parte superior, dónde habían otras dos puertas de mismas propiedades que las otras tres... Aguantad Sam y Sung... Ya mismo vuestra capitana irá en vuestra salvación.
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