29-11-2024, 01:54 PM
El impacto de mi movimiento insignia dio de lleno a aquel hombre que tuvo la valentía de asaltar mi barco y, ante todo, de infravalorarme al haberme llamado por ese mote. De la nariz le chorreaba un hilo de sangre que descendía hasta esconderse entre sus labios y, aunque parecía haberle afectado el golpe, mi haki me decía que ese tal Kisuke aún tendría guerra para dar. No por nada por su cabeza había un precio de 155 millones de berries. Teniendo en cuenta lo débil que se encontraba el actual prisionero, mi prioridad debía ser noquear primero al musculoso hombre que tenía frente a mi. O eso creía, pues había cometido un fatal error y es que, al igual que sentía cierta molestia cuando tanto enemigos como amigos y compañeros me menospreciaban, yo misma acababa de hacerlo con el criminal que debíamos escoltar.
Mientras yo había ido a atacar a Kisuke, confiando en que el pelirrojo había optado por huir o ganar tiempo, una sed de sangre e instinto asesino había sido percibido por mi haki. Si tan solo no me hubiera movido de mi sitio, si tan solo hubiera esperado a que el espadachín atacara en vez de iniciar yo la ofensiva… Gritos de dolor, sonidos de cuellos crujiéndose y voces apagándose, al igual que las vidas de sus portadores empezaron a sonar en la cubierta, formando un réquiem por aquellos marines que habían dado su vida por proteger a la ciudadanía y al débil. 40 hombres y mujeres de bien acababan de perder la vida y yo, como su superiora y veladora, había fracasado estrepitosamente en protegerlos. 40 marines con nombre habían muerto en acto de servicio: Alexa, Xiamong, Aiphonse, Vodaphonse, Pepephonse, Moto, Rola, Chrome, Alcatel, Elege, Ai Pado, Ai Pado Jr, Acer, Black Belly, Guguel, Hawaii, Kolina, Kazam, Il Novo, Emjors, Microsuave, Panaknuckles, Felipes, Qiku, Razer, Siswoo, Sony, Timmy, Ubro, Umi, Vargo, Willyfox, Xolo Simeone, Yota, Zoji, Moby Star, Chuwi, Yaigo, Macaco y Oranch… ¿Qué clase de marine iba a ser? ¿Qué clase de civiles y poblados iba a proteger si tan siquiera podía salvar las vidas de quiénes estaban bajo mi mando? Me giré 90 grados en sentido antihorario - dándole mi perfil derecho a Kisuke -, viendo aquella espeluznante escena, dónde Zorak arrancaba y tomaba el brazo de unos brazos mientras silbaba con toda la tranquilidad del mundo. No me iba a engañar, al presenciar aquello, por un instante, apreté con ferocidad mis gigantescos puños, invadiéndome por completo la rabia. Pero no, no podía olvidar mis valores y es que, hasta dentro del más atroz de los seres, en el más diabólico de los demonios, hay un ápice de bondad y humanidad. Era la justicia que quería seguir, la justicia que quería demostrar al mundo y, sobre todo, a mi querida Jenkins.
Sin parar de mirar hacia Zorak, escuché como el hombre al que le acababa de asestar uno de mis mejores ataques me felicitaba por el golpe, no medié palabra, ya no tanto por mi timidez, sino por la concentración que tenía puesta en no dejarme llevar por el odio y la furia que había decidido dejar atrás por mis convicciones. Aún serena, pude sentir como se abalanzaba a por mí para atacarme de forma que, en el momento en el que desenvainó las katanas, gracias al uso de la técnica más básica del rokushiki, sin moverme del sitio y despegar mis pies del suelo, eché mi cuerpo hacia atrás con gran rapidez, flexionando mis rodillas hasta formar un ángulo de 90 grados mi fémur con mi tibia, y quedando todo mi cuerpo paralelo al suelo, a metro del suelo, notando la brisa del aire fruto del movimiento que levantaban las katanas al pasar por encima de su cuerpo. Instantáneamente después de haber esquivado el ataque, y sin cambiar su posición corporal, llevando previamente su diestra a su costado izquierdo, propinó un revés con dicha mano, aún recubierta de haki de armadura, que impactó en el pecho del espadachín.
Pero si la situación ya era desfavorable y terrible, una presencia más apareció que, envuelto en un haz de destellante electricidad, aterrizó en la cubierta haciendo que, de manera que no llegue del todo a comprender, la madera de la misma empezara a oscilar, como si de una colchoneta hinchable se tratase. Volví a erguir mi tronco superior y piernas, apareciendo la figura del nuevo invasor, un mink panda más alto que yo, incluso estando transformada que, al mismo tiempo que me confirmaba él mismo que se trataba de un integrante más del ejército revolucionario, la atmósfera alrededor del panda se cargó de sobremanera, sintiendo, en el momento en el que inició su ofensiva, como el vello de mi piel se erizaba ante la increíble presencia de aquel sargento de la revolución. No podía entender que estaba ocurriendo, pero sentía como si mi voluntad estuviera siendo aplacada, como si estuviera luchando contra una estampida. En aquellos instantes, deseaba más que nunca que Alexa estuviera con vida, seguro que ella conocía quién era exactamente ese sujeto. Pero a pesar de esa sensación e incertidumbre, no pensaba rendirme, al contrario de lo que le había propuesto el oso revolucionario, iba a cumplir sí o sí con la misión que se me había encomendado, por mis soldados, por mis compañeros, mis amigos.
A una velocidad imperceptible para mis ojos, recortó rápidamente la distancia que nos separaba. Aunque podía preveer sus movimientos gracias al haki, mi velocidad de reacción no era suficiente, y yo acababa de usar la carta de Kami-E. Un inevitable zarpazo recorrió de derecha a izquierda todo mi rostro, no sólo notando como desgarraba mi tonificada piel, sino también una corriente eléctrica que me había quitado gran parte de la sensibilidad de la zona afectada, no pudiendo ser capaz de mover, tal y como quería, los músculos de mi pecho. La sangre empezó a brotar de la herida que me acababan de inflingir, pero no era hora de dudar. No sólo había aparecido otro temible contrincante, sino que los otros dos estaban a la par, si es que no por encima de éste en cuanto a poder. Debía completamente en serio de forma que, activé mi haki de armadura en cada rincón de mi cuerpo, envolviendo todo mi ser de ese negro mate, que me dotaba de un aura más intimidante además de una mayor resistencia, a costa de atentar contra mi espíritu.
Seguidamente, extendí mis ambos brazos y, rápida y ferozmente, giré sobre mi misma, atizando con mis endurecidas extremidades tanto a Kisuke como al panda, impactando, en su pecho y abdomen respectivamente, con tanta fuerza sobre ellos que los derribó en el suelo de la cubierta. Con aquellos dos en el suelo, me desplacé, corriendo - y rodeando al mink manteniendo una separación de dos metros - hacia Zorak, hasta quedarme a cuatro metros frente al verdugo de mi escuadrón, dándole la espalda tanto al Panda como a Kisuke, que estaban a unos 7 y 9 metros de mi respectivamente. Esta vez crují mis dos hombros, y esperé, con paciencia, cuál sería la siguiente acción de ese trío de revolucionarios.
Mientras yo había ido a atacar a Kisuke, confiando en que el pelirrojo había optado por huir o ganar tiempo, una sed de sangre e instinto asesino había sido percibido por mi haki. Si tan solo no me hubiera movido de mi sitio, si tan solo hubiera esperado a que el espadachín atacara en vez de iniciar yo la ofensiva… Gritos de dolor, sonidos de cuellos crujiéndose y voces apagándose, al igual que las vidas de sus portadores empezaron a sonar en la cubierta, formando un réquiem por aquellos marines que habían dado su vida por proteger a la ciudadanía y al débil. 40 hombres y mujeres de bien acababan de perder la vida y yo, como su superiora y veladora, había fracasado estrepitosamente en protegerlos. 40 marines con nombre habían muerto en acto de servicio: Alexa, Xiamong, Aiphonse, Vodaphonse, Pepephonse, Moto, Rola, Chrome, Alcatel, Elege, Ai Pado, Ai Pado Jr, Acer, Black Belly, Guguel, Hawaii, Kolina, Kazam, Il Novo, Emjors, Microsuave, Panaknuckles, Felipes, Qiku, Razer, Siswoo, Sony, Timmy, Ubro, Umi, Vargo, Willyfox, Xolo Simeone, Yota, Zoji, Moby Star, Chuwi, Yaigo, Macaco y Oranch… ¿Qué clase de marine iba a ser? ¿Qué clase de civiles y poblados iba a proteger si tan siquiera podía salvar las vidas de quiénes estaban bajo mi mando? Me giré 90 grados en sentido antihorario - dándole mi perfil derecho a Kisuke -, viendo aquella espeluznante escena, dónde Zorak arrancaba y tomaba el brazo de unos brazos mientras silbaba con toda la tranquilidad del mundo. No me iba a engañar, al presenciar aquello, por un instante, apreté con ferocidad mis gigantescos puños, invadiéndome por completo la rabia. Pero no, no podía olvidar mis valores y es que, hasta dentro del más atroz de los seres, en el más diabólico de los demonios, hay un ápice de bondad y humanidad. Era la justicia que quería seguir, la justicia que quería demostrar al mundo y, sobre todo, a mi querida Jenkins.
Sin parar de mirar hacia Zorak, escuché como el hombre al que le acababa de asestar uno de mis mejores ataques me felicitaba por el golpe, no medié palabra, ya no tanto por mi timidez, sino por la concentración que tenía puesta en no dejarme llevar por el odio y la furia que había decidido dejar atrás por mis convicciones. Aún serena, pude sentir como se abalanzaba a por mí para atacarme de forma que, en el momento en el que desenvainó las katanas, gracias al uso de la técnica más básica del rokushiki, sin moverme del sitio y despegar mis pies del suelo, eché mi cuerpo hacia atrás con gran rapidez, flexionando mis rodillas hasta formar un ángulo de 90 grados mi fémur con mi tibia, y quedando todo mi cuerpo paralelo al suelo, a metro del suelo, notando la brisa del aire fruto del movimiento que levantaban las katanas al pasar por encima de su cuerpo. Instantáneamente después de haber esquivado el ataque, y sin cambiar su posición corporal, llevando previamente su diestra a su costado izquierdo, propinó un revés con dicha mano, aún recubierta de haki de armadura, que impactó en el pecho del espadachín.
Pero si la situación ya era desfavorable y terrible, una presencia más apareció que, envuelto en un haz de destellante electricidad, aterrizó en la cubierta haciendo que, de manera que no llegue del todo a comprender, la madera de la misma empezara a oscilar, como si de una colchoneta hinchable se tratase. Volví a erguir mi tronco superior y piernas, apareciendo la figura del nuevo invasor, un mink panda más alto que yo, incluso estando transformada que, al mismo tiempo que me confirmaba él mismo que se trataba de un integrante más del ejército revolucionario, la atmósfera alrededor del panda se cargó de sobremanera, sintiendo, en el momento en el que inició su ofensiva, como el vello de mi piel se erizaba ante la increíble presencia de aquel sargento de la revolución. No podía entender que estaba ocurriendo, pero sentía como si mi voluntad estuviera siendo aplacada, como si estuviera luchando contra una estampida. En aquellos instantes, deseaba más que nunca que Alexa estuviera con vida, seguro que ella conocía quién era exactamente ese sujeto. Pero a pesar de esa sensación e incertidumbre, no pensaba rendirme, al contrario de lo que le había propuesto el oso revolucionario, iba a cumplir sí o sí con la misión que se me había encomendado, por mis soldados, por mis compañeros, mis amigos.
A una velocidad imperceptible para mis ojos, recortó rápidamente la distancia que nos separaba. Aunque podía preveer sus movimientos gracias al haki, mi velocidad de reacción no era suficiente, y yo acababa de usar la carta de Kami-E. Un inevitable zarpazo recorrió de derecha a izquierda todo mi rostro, no sólo notando como desgarraba mi tonificada piel, sino también una corriente eléctrica que me había quitado gran parte de la sensibilidad de la zona afectada, no pudiendo ser capaz de mover, tal y como quería, los músculos de mi pecho. La sangre empezó a brotar de la herida que me acababan de inflingir, pero no era hora de dudar. No sólo había aparecido otro temible contrincante, sino que los otros dos estaban a la par, si es que no por encima de éste en cuanto a poder. Debía completamente en serio de forma que, activé mi haki de armadura en cada rincón de mi cuerpo, envolviendo todo mi ser de ese negro mate, que me dotaba de un aura más intimidante además de una mayor resistencia, a costa de atentar contra mi espíritu.
Seguidamente, extendí mis ambos brazos y, rápida y ferozmente, giré sobre mi misma, atizando con mis endurecidas extremidades tanto a Kisuke como al panda, impactando, en su pecho y abdomen respectivamente, con tanta fuerza sobre ellos que los derribó en el suelo de la cubierta. Con aquellos dos en el suelo, me desplacé, corriendo - y rodeando al mink manteniendo una separación de dos metros - hacia Zorak, hasta quedarme a cuatro metros frente al verdugo de mi escuadrón, dándole la espalda tanto al Panda como a Kisuke, que estaban a unos 7 y 9 metros de mi respectivamente. Esta vez crují mis dos hombros, y esperé, con paciencia, cuál sería la siguiente acción de ese trío de revolucionarios.
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