El benevolente Pichi estaba allí, aún en su asombrosamente épica pose, sosteniendo el den den mushi, a la espera de la respuesta del marine, a saber si quería que alguien viniera a curarle las heridas. La recolectora de melocotones se encontraba a la espera no solo de si ayudarle o no, sino también de cuál sería la siguiente opción que el felino mink le iba a proponer. El león caído empezó elogiando a Pichi, quien evidentemente pudo apreciar que su superioridad había quedado más que clara para su contrincante, ya que hasta de leona cazadora le estaban calificando. Su ego inevitablemente se infló ante tales declaraciones.
La mente de Pichi divagaba entre la situación frente a él y la fantasía de sentirse una poderosa leona cazadora. Sin duda que apreciaba el reconocimiento, aunque sí que le habría gustado que su hermano le concediera tal honor. ¿Cómo era posible que un simple extraño lo notara de buenas a primeras y su propia sangre fuera incapaz? Sea como fuere, ahora no era momento de reflexionar por aquellos recovecos de la conciencia, pues estaba en pleno combate y su vida (y su estilacho) podían peligrar en cualquier momento... Y así fue.
Con un sorpresivo grito, el marine anunció que no estaba solo, pues las leonas cazan en manada y llamó a sus compañeros a la acción. La sorpresa de Pichi fue tal que rápidamente guardó su den den mushi en el bolsillo y con un grito también reaccionó tan rápido como sus músculos le permitían. ¡¡¡¡WOOAAAAAAAAAAAAA!!!! gritó el okama mientras, sin mover las piernas, contorsionó su torso y su tren superior, echándolo hacia atrás en un ángulo extremo y antinatural, a la vez que con su mano izquierda intentaba agarrar a su presa. Había caído en el engaño de James Brando y ahora tenía que defenderse de los demás marines. ¿Cómo podía haber permitido aquello? Le habían rodeado y convertido en una presa."¡NO ME ATRAPARÁN SUCIOS MARINEEEEEEEEEEEEEEES!" gritó Pichi con furia, aunque para su sorpresa, al girar en busca de sus nuevos enemigos, se encontró con que no había nadie allí.
La mente de Pichi divagaba entre la situación frente a él y la fantasía de sentirse una poderosa leona cazadora. Sin duda que apreciaba el reconocimiento, aunque sí que le habría gustado que su hermano le concediera tal honor. ¿Cómo era posible que un simple extraño lo notara de buenas a primeras y su propia sangre fuera incapaz? Sea como fuere, ahora no era momento de reflexionar por aquellos recovecos de la conciencia, pues estaba en pleno combate y su vida (y su estilacho) podían peligrar en cualquier momento... Y así fue.
Con un sorpresivo grito, el marine anunció que no estaba solo, pues las leonas cazan en manada y llamó a sus compañeros a la acción. La sorpresa de Pichi fue tal que rápidamente guardó su den den mushi en el bolsillo y con un grito también reaccionó tan rápido como sus músculos le permitían. ¡¡¡¡WOOAAAAAAAAAAAAA!!!! gritó el okama mientras, sin mover las piernas, contorsionó su torso y su tren superior, echándolo hacia atrás en un ángulo extremo y antinatural, a la vez que con su mano izquierda intentaba agarrar a su presa. Había caído en el engaño de James Brando y ahora tenía que defenderse de los demás marines. ¿Cómo podía haber permitido aquello? Le habían rodeado y convertido en una presa."¡NO ME ATRAPARÁN SUCIOS MARINEEEEEEEEEEEEEEES!" gritó Pichi con furia, aunque para su sorpresa, al girar en busca de sus nuevos enemigos, se encontró con que no había nadie allí.
resumen
Pose
Bélico
Pichi
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