26-11-2024, 12:23 AM
La presentación con el nuevo grupo no había sido del todo positiva, mucho menos festiva que era a lo que yo estaba acostumbrado. La mujer gigante se mostró bastante irascible, de la nada había salido una especie de gnomo sin sangre a increparme no sé lo qué y a amenazarme, como si el tema con Ikirami, Joe y yo fuese con él y luego estaba Joe, el jefazo. Creía que un líder tenía que responsabilizarse de las cagadas de aquellos sobre los que estaba a cargo... pero no sólo no tuvo el valor de disculparse porque la pelirroja, la que se presentó como su mano derecha, decidió abandonarnos sino que encima resolvió todo con la violencia, después de irse por las ramas desviando el foco de atención con falacias. En definitiva, un cobarde en mis libros, vaya. Quizás su forma de infundir respeto delante de su gente era así, golpeando para ser el más gorila de la jungla... pero como bien él dijo, el respeto se gana y definitivamente no tenía el mío. La balanza de la justicia encima no estaba equilibrada y eso me molestaba. Al menos en el grupo teníamos a ese león gigante, James, creo que dijo que así se llamaba, el cual al presentarse con esa forma enérgica me causó una gracia interna, al menos se le veía vivo. Me pregunto si sabrá patinar, quizás en una isla más animada podría apuntarse a rodar conmigo. Y por supuesto también estaba Fuguwu que, a pesar de no tener tantas medallitas en su pecho, me demostró en poco tiempo que se podía confiar en él. Más que otros tantos adalides de la justicia respaldados por un ego causando por un rango.
Y así fue que nos dirigimos a la isla. Caminé cerca de Fuguwu con una expresión de absoluto desdén y mis manos en los bolsillos, mientras la comitiva era liderada por la mujer gigante y musculada. Miraba a mis alrededores y lo único que podía ver era que nos adentrábamos en un auténtico estercolero, el cual esperaba que fuese un destino breve ya que no era nada atractivo y tenía pinta de que era aún menos saludable. No tardamos mucho en adentrarnos en una especie de túneles y galerías, no me estaba dando la sensación de que la gente en esa isla fuese muy inteligente porque no tendrían que vivir con este complejo de topo si no hubiesen llenado de mierda la isla en un principio. Ahí dentro se respiraba mejor, irónicamente, y también empecé a dejar de sentir tanta irritación en los ojos y en la nariz. Aunque ese sentimiento tan claustrofóbico no me estaba gustando nada, lo mío era ser un alma libre... la playa, respirar la brisa marina, esas cosas.
Esa caminata me estaba sirviendo para plantearme qué rumbo debería tomar. Había llegado con lo puesto, sin un plan y sin nada en los bolsillos más allá de mi mochila y mi tabla. Quizás estar encerrado me diese lugar a poder concentrarme en cómo utilizar mejor mi Akuma no Mi para evitar que se repitan casos como el de Marcia, o quizás por allí tendrían una taberna en la que poder tomar algo y que Fuguwu y yo nos contemos nuestra vida. Porque desde luego que allí no podría patinar mucho.
Delante sólo podía notar que la mujer alta hablaba con el gnomo en su hombro y la estampa era un poco graciosa, ya que debido a la diferencia de altura, parecía una loca hablando sola. Abandoné mi burbuja de pensamientos en cuanto alzó la voz para preguntarnos sobre esa isla. Miré fijamente a la mujer, me quité la gorra con mi zurda, me rasqué la frente con la mano derecha y me peiné hacia atrás con la misma para recolocarme la gorra al revés y llevar mi diestra al bolsillo — Espera, ahora te digo — saqué un libro imaginario de él e hice como que leía — vale, sí... efectivamente estamos en una isla de mierda ¡kakahaha!. Ya hay que ser burro para contaminar de esta forma y no respetar la naturaleza, el mar es una fuente de vida, en Samba siempre nos hemos preocupado de cuidar nuestra isla. Este lugar es asqueroso, me enferma sólo de verlo y de sentirme tan encerrado — guardé mi guía turística imaginaria y señalé con el pulgar hacia atrás —, pero suerte que tenemos con nosotros a Big Hero Joe, siempre podrá decirnos qué se cuece por este sitio. Y si no, siempre puede empezar a pegarle puñetazos a los lugareños para que suelten prenda, ¿me sigues? — No había tardado en aparecer mi lado sarcástico. A riesgo de llevarme más golpes, si creían que de esa forma me domarían, la verdad es que causaban el efecto contrario.
Y así fue que nos dirigimos a la isla. Caminé cerca de Fuguwu con una expresión de absoluto desdén y mis manos en los bolsillos, mientras la comitiva era liderada por la mujer gigante y musculada. Miraba a mis alrededores y lo único que podía ver era que nos adentrábamos en un auténtico estercolero, el cual esperaba que fuese un destino breve ya que no era nada atractivo y tenía pinta de que era aún menos saludable. No tardamos mucho en adentrarnos en una especie de túneles y galerías, no me estaba dando la sensación de que la gente en esa isla fuese muy inteligente porque no tendrían que vivir con este complejo de topo si no hubiesen llenado de mierda la isla en un principio. Ahí dentro se respiraba mejor, irónicamente, y también empecé a dejar de sentir tanta irritación en los ojos y en la nariz. Aunque ese sentimiento tan claustrofóbico no me estaba gustando nada, lo mío era ser un alma libre... la playa, respirar la brisa marina, esas cosas.
Esa caminata me estaba sirviendo para plantearme qué rumbo debería tomar. Había llegado con lo puesto, sin un plan y sin nada en los bolsillos más allá de mi mochila y mi tabla. Quizás estar encerrado me diese lugar a poder concentrarme en cómo utilizar mejor mi Akuma no Mi para evitar que se repitan casos como el de Marcia, o quizás por allí tendrían una taberna en la que poder tomar algo y que Fuguwu y yo nos contemos nuestra vida. Porque desde luego que allí no podría patinar mucho.
Delante sólo podía notar que la mujer alta hablaba con el gnomo en su hombro y la estampa era un poco graciosa, ya que debido a la diferencia de altura, parecía una loca hablando sola. Abandoné mi burbuja de pensamientos en cuanto alzó la voz para preguntarnos sobre esa isla. Miré fijamente a la mujer, me quité la gorra con mi zurda, me rasqué la frente con la mano derecha y me peiné hacia atrás con la misma para recolocarme la gorra al revés y llevar mi diestra al bolsillo — Espera, ahora te digo — saqué un libro imaginario de él e hice como que leía — vale, sí... efectivamente estamos en una isla de mierda ¡kakahaha!. Ya hay que ser burro para contaminar de esta forma y no respetar la naturaleza, el mar es una fuente de vida, en Samba siempre nos hemos preocupado de cuidar nuestra isla. Este lugar es asqueroso, me enferma sólo de verlo y de sentirme tan encerrado — guardé mi guía turística imaginaria y señalé con el pulgar hacia atrás —, pero suerte que tenemos con nosotros a Big Hero Joe, siempre podrá decirnos qué se cuece por este sitio. Y si no, siempre puede empezar a pegarle puñetazos a los lugareños para que suelten prenda, ¿me sigues? — No había tardado en aparecer mi lado sarcástico. A riesgo de llevarme más golpes, si creían que de esa forma me domarían, la verdad es que causaban el efecto contrario.
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Karmas
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