23-11-2024, 03:21 PM
La capacidad extrasensorial que había adquirido, bajo intenso entrenamiento, el mink en las tierra celestiales, le había permitido prever y sentir la localización de varios seres vivientes a un centenar de metros de la dupla. Tras discutir sobre cuál sería el mejor curso de acción, fue unánime la decisión de utilizar los poderes sobrenaturales que poseía Don Bambú. Si bien, evitar un posible enfrentamiento con aquellos babuinos podía ser una opción más que eficiente la teoría no era igual a la práctica y, por tanto, que saliera bien o mal dependería de la ejecución y maniobra del panda.
Cambiando de plano al que se estaba enfrentando el revolucionario Zorak, este aprovechó el momento de tertulia que estaban teniendo los dos soldados para, en primer lugar, hacerse con éxito con la llave y, a continuación, mientras les daba la espalda, usarla para liberarse de las esposas que aprisionaban sus articulaciones de los brazos y piernas. Ya fuera por todo el tiempo que llevaba sin probar bocado, o porque de verdad ansiaba devorar carne humana, una sed de sangre y un apetito voraz parecía emerger en la psique del pelirrojo, hasta el punto de empezar a salivar. Durante todo ese rato, los dos guardias seguían observándoles, impasibles, procurando de que no hiciera nada raro, más allá de acostarse y revolcarse en el colchón. Conforme Zorak se levantó de la cama, unas pesadas pisadas - provenientes de la cubierta - empezaron a resonar en el habitáculo, haciendo que tanto Sam como Sung, desviaran su mirada hacia arriba.- Deben estar ya preparándose para desembarcar, supongo... - Comentó el peliverde, volviendo a dirigir su mirada hacia el criminal, del mismo modo que hacía su compañera. La expresión de Sam, comenzó a tornarse en una que denotaba inseguridad y pena cuando veía como se dirigía hacia ellos, débilmente, pidiendo, a duras penas y de manera casi inentendible, agua. Al llegar a los barrotes, y apoyar su frente sobre ellos, el pelirrojo volvió a repetir el mismo mensaje, haciendo que a Sam le inundara la pena, mientras Sung denotaba más seriedad.- ¿Crees que está pidiendo agua, Sung? - Preguntó a la chica, mientras se llevaba su mano a su costado izquierdo, sacando de allí una pequeña cantimplora. Sung lo miraba de reojo, casi juzgándolo.- Ni idea, la verdad, ¿pero qué te crees que haces? ¿No pensarás...? - Dijo, en señal de rechazo, ante la idea de dar de beber al preso que escoltaban. Sam suspiró.- Es lo que la capitana querría, ya sabes, ella siempre dice, a su manera, que hasta el más atroz de los monstruos guarda en sí un atisbo de humanidad. - Declaró, con una sonrisa, mientras miraba a la cantimplora que sostenía con su zurda. Sung rodó los ojos y se cruzó de brazos.- Sabiendo como es la capitana, me extraña que de su boca saliera todo eso... Pero está bien, si se lía es cosa tuya. - Contestó, refunfuñando, mientras volvía a sonar, justo por encima de ellos, esas mismas pisadas, volviéndose más pesadas, denotando que, quizás, una gran cantidad de multitud se estaría movilizando para salir al ancho mar. En ese momento, Sam extendió su mano izquierda, y la inclinó, sobre la boca de Zorak, dejando una separación de un metro por encima, para que cayera el agua sobre él.- Espero que así esté bien, señor criminal. - Comentó, inocentemente, esperando que ese rocío de agua sobre la faz del revolucionario fuera suficiente para contentarlo.
Cambiando de plano al que se estaba enfrentando el revolucionario Zorak, este aprovechó el momento de tertulia que estaban teniendo los dos soldados para, en primer lugar, hacerse con éxito con la llave y, a continuación, mientras les daba la espalda, usarla para liberarse de las esposas que aprisionaban sus articulaciones de los brazos y piernas. Ya fuera por todo el tiempo que llevaba sin probar bocado, o porque de verdad ansiaba devorar carne humana, una sed de sangre y un apetito voraz parecía emerger en la psique del pelirrojo, hasta el punto de empezar a salivar. Durante todo ese rato, los dos guardias seguían observándoles, impasibles, procurando de que no hiciera nada raro, más allá de acostarse y revolcarse en el colchón. Conforme Zorak se levantó de la cama, unas pesadas pisadas - provenientes de la cubierta - empezaron a resonar en el habitáculo, haciendo que tanto Sam como Sung, desviaran su mirada hacia arriba.- Deben estar ya preparándose para desembarcar, supongo... - Comentó el peliverde, volviendo a dirigir su mirada hacia el criminal, del mismo modo que hacía su compañera. La expresión de Sam, comenzó a tornarse en una que denotaba inseguridad y pena cuando veía como se dirigía hacia ellos, débilmente, pidiendo, a duras penas y de manera casi inentendible, agua. Al llegar a los barrotes, y apoyar su frente sobre ellos, el pelirrojo volvió a repetir el mismo mensaje, haciendo que a Sam le inundara la pena, mientras Sung denotaba más seriedad.- ¿Crees que está pidiendo agua, Sung? - Preguntó a la chica, mientras se llevaba su mano a su costado izquierdo, sacando de allí una pequeña cantimplora. Sung lo miraba de reojo, casi juzgándolo.- Ni idea, la verdad, ¿pero qué te crees que haces? ¿No pensarás...? - Dijo, en señal de rechazo, ante la idea de dar de beber al preso que escoltaban. Sam suspiró.- Es lo que la capitana querría, ya sabes, ella siempre dice, a su manera, que hasta el más atroz de los monstruos guarda en sí un atisbo de humanidad. - Declaró, con una sonrisa, mientras miraba a la cantimplora que sostenía con su zurda. Sung rodó los ojos y se cruzó de brazos.- Sabiendo como es la capitana, me extraña que de su boca saliera todo eso... Pero está bien, si se lía es cosa tuya. - Contestó, refunfuñando, mientras volvía a sonar, justo por encima de ellos, esas mismas pisadas, volviéndose más pesadas, denotando que, quizás, una gran cantidad de multitud se estaría movilizando para salir al ancho mar. En ese momento, Sam extendió su mano izquierda, y la inclinó, sobre la boca de Zorak, dejando una separación de un metro por encima, para que cayera el agua sobre él.- Espero que así esté bien, señor criminal. - Comentó, inocentemente, esperando que ese rocío de agua sobre la faz del revolucionario fuera suficiente para contentarlo.
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