21-11-2024, 11:58 PM
Isla Neur. Puerto de la ciudad Lègance.
Otra vez estaba tirado en la calle. Llevaba días bebiendo mucho más de lo que mi cuerpo podía soportar. En la zona portuaria ya muchos me conocían y poco a poco fueron perdiendo el miedo a que les atacara como si fuese una bestia salvaje. Al menos fuera de mis borracheras. Además de beber, también me había metido en algún que otro problema por defender a los más débiles de las injusticias de la nobleza de aquella isla. Me recordaba a la familia del reino Oykot, que no solo despreciaba y explotaba a los habitantes de la isla, si no que también imitaban su comportamiento intentando estar por encima de los demás. Egoísmo puro. Aquí era igual. Echaba de menos las playas y selvas de la isla donde me encontré con Ashura y le dije que le estaría a su servicio. Ahora que lo pienso, había pasado mucho mucho tiempo desde que lo había visto. No me extrañaba, pues todos con los que cogía confianza acababan abandonándome. Al fin y al cabo, solo un amigo te puede traicionar. Me extrañaba no haberlo visto ni a él ni a Rapax en los periódicos, pero estaba seguro de que estarían muy lejos de la isla, junto a Eaa. Me hubiera gustado volver a entrenar con Gin, había sido divertido.
Estaba en el puerto, sentado con el hocico hacia el mar con las piernas cruzadas. Los puños estaban chocados con los dedos hacia arriba sobre los muslos. Los ojos cerrados. Estaba completamente relajado. Mis dedos entumecidos de no usarlos. Un ruido me despistó de mi concentración en el intento de meditar. Abrí los ojos y un hombre con buen aspecto, rubio, alto, delgado y con chaqueta morada oscura salía riendo de una tienda mientras el dueño, a punto de que las lágrimas se le salieran de los ojos sin posibilidad de resistir más, le pedía por favor que le pagara el género, que no podía llevarse el genero gratis sin importar quien fuese su tío. Me ponía enfermo. Ya había visto a ese hombre en otras ocasiones e incluso estuvieron a punto de arrestarme por una discusión por algún comentario racista hacia mi persona. Sabía donde vivía. Me había hartado y esta vez era hora de actuar. Empezaría por el cuartel y seguiría subiendo hasta el castillo. Los nobles de aquella isla dejarían de menospreciar al pueblo aquella noche.
La niebla espesa me rodeaba. Me dio un escalofrío al recordar los poderes de Ashura y que me podría matar en cualquier momento. Hacía frio, pero eso era bueno. Me sentía a gusto con esa temperatura mientras las chimeneas de las casas humeaban cálidas con la gente refugiada en su interior. Me dirigí a la puerta principal de la base G-65. Una gran puerta que abría paso de un muro de 13 metros de alto. Iba solo, como siempre había estado. me habían vuelto a abandonar sin mediar palabra. No me importaba, o ellos o yo. No iba a aguantar más injusticias y si debía morir, lo haría con la cabeza bien alta. Oí voces que me resultaban extrañamente familiares, pero no me cuadraba que esas personas estuvieran allí, como esperando que fuera ese mismo día el que yo apareciese allí, como si hubiéramos quedado para llevar a cabo el plan que tanto tiempo habíamos pospuesto. moví los hombros y el cuello. Todo crujió ante el movimiento. Estaba preparado para atacar a lo que me viniera. Estaba cerca, pero no podía ver nada aún. Solo la vos de Rapax, como siempre con aires de saber más que nadie. Habló algo de abrir una puerta. ¿Estaba con el capitán? Una luz azul surgió de la nada a lo lejos. Bendito buen oído y buena vista. Lástima esta niebla. Una gran destrucción en el lugar donde se apreciaba la pequeña luz. Sin duda era Rapax Gin. Así que no se había ido de la isla. En verdad parecía que habíamos quedado allí a la misma hora. Me acerqué con calma hasta poder ver a ambos compañeros.Estaba en el puerto, sentado con el hocico hacia el mar con las piernas cruzadas. Los puños estaban chocados con los dedos hacia arriba sobre los muslos. Los ojos cerrados. Estaba completamente relajado. Mis dedos entumecidos de no usarlos. Un ruido me despistó de mi concentración en el intento de meditar. Abrí los ojos y un hombre con buen aspecto, rubio, alto, delgado y con chaqueta morada oscura salía riendo de una tienda mientras el dueño, a punto de que las lágrimas se le salieran de los ojos sin posibilidad de resistir más, le pedía por favor que le pagara el género, que no podía llevarse el genero gratis sin importar quien fuese su tío. Me ponía enfermo. Ya había visto a ese hombre en otras ocasiones e incluso estuvieron a punto de arrestarme por una discusión por algún comentario racista hacia mi persona. Sabía donde vivía. Me había hartado y esta vez era hora de actuar. Empezaría por el cuartel y seguiría subiendo hasta el castillo. Los nobles de aquella isla dejarían de menospreciar al pueblo aquella noche.
-¿Queríais venir sin un médico que os revise las heridas? Vuestra salud sigue siendo asunto del médico de los piratas Mushoku, y ese soy yo. Vuestra salud mental la di por perdida hace tiempo, pero no voy a permitir que llevéis a cabo el plan sin mi. Bahaha - Mi voz profunda y tranquila resonó en la explanada en el frente de la base.
Mi figura estaba en frente de parte del muro derrumbado por efecto de los poderes del peliblanco, que volvía a estar delante de mi, después de tanto tiempo, desde el entrenamiento cuando lo dejé paralizado en el claro del bosque. Ashura también estaba allí, o por lo menos la mitad de él. Me dio otro escalofría como el de más temprano al pensar en que toda la niebla podría ser el capitán, ya que apenas se distinguía su tronco inferior de la propia neblina. Miré fijamente hacia el interior de la base. Si en verdad oyeron el estruendo, una infinidad de marines podrían salir en tropel y nuestro fin estaría tan cerca como Ashura deseaba. Me acerqué a tres metros del agujero y preparé mis manos, juntando los dedo anular y corazón con el pulgar a punto de levantar el meñique y el índice para lo que pudiera surgir del interior de la base enemiga.
Información del turno
![[Imagen: 6BbPnnH.png]](https://i.imgur.com/6BbPnnH.png)
