Tras el ataque de la recolectora, el leónido marine había caído al suelo, con múltiples heridas sangrantes en toda su extensión.
El jadeante okama mantuvo aquella increíblemente fabulosa pose, muy a pesar del cansancio que su anterior ataque había requerido, pues en su mente, primero se perdía el combate antes que el glamour. Pichi observaba atentamente como frente a él, el marine se iba alejando poco a poco, intentando incorporarse, mientras admitía que se encontraba ante "una cazadora imbatible". Este comentario consiguió arrancar una sonrisa del aún jadeante okama, mientras pemanecía alerta en su postura. Las palabras del mink le atribuyeron el mote de leona, lo que evidentemente alimentó su ego ya de por sí inflado.
James Brando entonces dijo algo interesante. Pedía un minuto de clemencia para dialogar. Pichi tenía una actitud bastante violenta una vez empezaba el combate. Sin embargo, todo había comenzado porque Brando no le había respondido acerca de sus intenciones y el por qué de su pervertido comportamiento. Con este nuevo cambio de actitud, Pichi concedió el beneficio del diálogo a Brando, pues al parecer, la reprimenda había sido más que suficiente para que el marine accediera a confesar.
"Muy bien, gatitoooooo... podemos dejar de manchar tu lindo pelajeeeeee. Me parece bieeeeen. Escucharé lo que tengas que decir"
Ni un músculo de la recolectora se relajó, a pesar de haber expresado su disposición a oír lo que James Brando le fuera a decir.
"Trata de no moverte demasiado o te vas a desangrar. Si cooperas, puedo ayudarte con las heridas" fue lo siguiente que le dijo el okama a Brando, usando su tono de voz grueso esta vez. Aunque no usaba su tono dulcificado, esta vez la voz gruesa no sonaba intimidante, sino completamente seria "No me malentiendas. No me molestaría acabar contigo, pero no quiero más sangre derramada aquí, aunque seas un marine. Los melocotones va a salir amargos si absorben la sangre del suelo"
Los oídos de Brando no detectaron intenciones maliciosas en las palabras de Pichi. El okama podía ser un enemigo temible, pero algo estaba claro: era tan honorable como fabuloso. A tres metros del sangrante león, el okama seguía en pie, como una sudorosa estatua jadeante.
El jadeante okama mantuvo aquella increíblemente fabulosa pose, muy a pesar del cansancio que su anterior ataque había requerido, pues en su mente, primero se perdía el combate antes que el glamour. Pichi observaba atentamente como frente a él, el marine se iba alejando poco a poco, intentando incorporarse, mientras admitía que se encontraba ante "una cazadora imbatible". Este comentario consiguió arrancar una sonrisa del aún jadeante okama, mientras pemanecía alerta en su postura. Las palabras del mink le atribuyeron el mote de leona, lo que evidentemente alimentó su ego ya de por sí inflado.
James Brando entonces dijo algo interesante. Pedía un minuto de clemencia para dialogar. Pichi tenía una actitud bastante violenta una vez empezaba el combate. Sin embargo, todo había comenzado porque Brando no le había respondido acerca de sus intenciones y el por qué de su pervertido comportamiento. Con este nuevo cambio de actitud, Pichi concedió el beneficio del diálogo a Brando, pues al parecer, la reprimenda había sido más que suficiente para que el marine accediera a confesar.
"Muy bien, gatitoooooo... podemos dejar de manchar tu lindo pelajeeeeee. Me parece bieeeeen. Escucharé lo que tengas que decir"
Ni un músculo de la recolectora se relajó, a pesar de haber expresado su disposición a oír lo que James Brando le fuera a decir.
"Trata de no moverte demasiado o te vas a desangrar. Si cooperas, puedo ayudarte con las heridas" fue lo siguiente que le dijo el okama a Brando, usando su tono de voz grueso esta vez. Aunque no usaba su tono dulcificado, esta vez la voz gruesa no sonaba intimidante, sino completamente seria "No me malentiendas. No me molestaría acabar contigo, pero no quiero más sangre derramada aquí, aunque seas un marine. Los melocotones va a salir amargos si absorben la sangre del suelo"
Los oídos de Brando no detectaron intenciones maliciosas en las palabras de Pichi. El okama podía ser un enemigo temible, pero algo estaba claro: era tan honorable como fabuloso. A tres metros del sangrante león, el okama seguía en pie, como una sudorosa estatua jadeante.
resumen
Aclaratorias
Bélico
Pichi
Stats
Próximo Turno
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