31-10-2024, 01:28 PM
Solo pude hablar, expresarme, pues aquella red de oro no me dejaba moverme con total libertad. Como mucho más, mirar directamente a los ojos de Gol. Es raro, pero no tenía miedo. Era totalmente consciente de que estaba en peligro, y que mi vida acabase en ese preciso momento, o quizás a priori, que me secuestrasen y vete a saber que cosas hacerme, al fin y al cabo, era su enemigo. En mi mente solo pasaba una cosa, y eran mis compañeros. El simple hecho de pensar que alguno de ellos podían acabar igual que Minato me aterraba, lo reconozco, pero estaba dispuesto a sacrificarme si era necesario.
Tras mi claro desafío al revolucionario dorado, este volvió a hablar. Se reafirmó en que sí existen bandos, de nuevo, apoyándose esta vez en los que escriben su propia historia, hasta que mencionó a "los débiles", aquellos que no pueden defenderse por sí solos, y necesitan a alguien que lo haga por ellos. En ese preciso momento, me paré, dejé de intentar zafarme de aquella red, quedándome totalmente quieto mientras le miraba ¿Está intentando decirme que yo, precisamente yo, no hago eso? He vivido toda vida para proteger justamente a aquellas personas que no pueden, alegando que mientras yo me dedicaba a detener piratas sin ninguna importancia y gente de pacotilla, la Marina se pone medallas encima mientras reinan con tiranía en algunos lugares, llegando incluso a robar a los más pobres. Por un momento, me quedé pensando, dejando vagamente de escuchar, incluso de ver con mis ojos al revolucionario ¿Piratas de pacotilla? ¿Criminales de poca monta? Aquellos que le quitaron la vida a Kofu, precisamente, eran esa clase de gente ¿Acaso una vida humana vale menos que unos ideales? No, no al menos bajo mi punto de vista. Eso, no entra en mi sentido de la justicia. Cualquiera puede empuñar un arma y arrebatar una vida. Y una vida, no puede estar por encima de unos ideales.
Cuando quise levantar la mirada para hablar, Gol estaba enfrente de mí, con uno de sus brazos hinchándose como si fuera un globo, pero de un tono oscuro, casi como el del acero mismo, mientras sentenciaba con una frase, diciendo que esto era un aviso para la Marina y el Gobierno mundial, finalizando con una despedida hacia mi persona — ¿Gobierno Mund...? — Intenté decir, pero apenas pude acabar la frase, Gol me propinó un terrible golpe en mi estómago, desorientándome totalmente en ese momento, era como si aquel impacto me quitase las energías al momento, cancelando así mi transformación de mi fruta Zoan. Me llevé mis manos a la zona del impacto, mientras, por otra parte, aquella herida seguía sangrando. Empezaba a tenerlo claro, aquella calle iba a ser mi tumba, este hombre me superaba con creces. Mientras que yo tuve que ingeniármelas para poder atizarle, él apenas con dos simples movimientos estaba a punto de dejarme inservible. Sí, así es como me sentía realmente — ¡Bbuaggg! — Expresé, tras aquel fortísimo golpe, dejando caer por mi boca más sangre.
Inservible. Toda mi vida la he dedicado por y para los demás, poniéndome yo en el último lugar, y a ellos por delante, ¿Y todo para qué? Para nada. Mucho "El Héroe de los Cabos Gemelos", pero me sentía vacío por dentro, la mayor parte del tiempo convivía con esa sensación, de ser alguien totalmente inservible, que por mucho que se esforzase no conseguía nada de lo que me proponía, al revés: lo perdía. Quería rendirme, quería tirarme al suelo, y que Gol hiciera conmigo lo que le viniera en gana. Era lo que más deseaba ahora mismo, aquellos tres segundos se me hicieron eternos, en los que solo estaba con el cuerpo encogido, retorciéndome del dolor. Pero, esta vez, no iba a quedarme de brazos cruzados. A mi mente me vino aquella orca asesina, también la jirafa que se implosionó, y aquel cura hijo de puta con el látigo. Estaba cansado de no actuar. Si iba a morir aquí, al menos lo haría con orgullo y la cabeza alta.
Levanté la mirada, Gol estaba frente a mí, solo nos acompañaba el silencio, como mucho, el sonido del viento. Así que decidí actuar — Sie... siempre he velado por el bien de todos... — Comencé a transformarme de nuevo, poco a poco — No solo he pensado en mis compañeros, también en aquellos... que no pueden defenderse, que necesitan un... héroe... — Finalicé mi transformación — Siempre he intentado ayudar a quien sea, empezando por el más débil... No me vengas con estas historias... — Eché mi puño derecho hacia atrás — La gente, cualquier vida, está por encima de unos ideales, sean cuales sean, Gol... Es lo único que necesitas saber —
Tras finalizar mi frase, con toda la fuerza y rapidez que podía, le propiné un puñetazo en la cara al revolucionario, incrustándoselo en la cara, rezando porque aquel golpe pudiera prácticamente dejarle en el sitio inconsciente, solamente para poder irme de allí y ver si los demás estarían bien. Me quedé en el sitio quieto, recuperando el aliento poco a poco, aquel terrible golpe no había acabado con mi vida por suerte. Solo necesitaba recomponerme un poco, y, si era necesario, seguir peleando contra el revolucionario de oro. No me quedaba otra.
Tras mi claro desafío al revolucionario dorado, este volvió a hablar. Se reafirmó en que sí existen bandos, de nuevo, apoyándose esta vez en los que escriben su propia historia, hasta que mencionó a "los débiles", aquellos que no pueden defenderse por sí solos, y necesitan a alguien que lo haga por ellos. En ese preciso momento, me paré, dejé de intentar zafarme de aquella red, quedándome totalmente quieto mientras le miraba ¿Está intentando decirme que yo, precisamente yo, no hago eso? He vivido toda vida para proteger justamente a aquellas personas que no pueden, alegando que mientras yo me dedicaba a detener piratas sin ninguna importancia y gente de pacotilla, la Marina se pone medallas encima mientras reinan con tiranía en algunos lugares, llegando incluso a robar a los más pobres. Por un momento, me quedé pensando, dejando vagamente de escuchar, incluso de ver con mis ojos al revolucionario ¿Piratas de pacotilla? ¿Criminales de poca monta? Aquellos que le quitaron la vida a Kofu, precisamente, eran esa clase de gente ¿Acaso una vida humana vale menos que unos ideales? No, no al menos bajo mi punto de vista. Eso, no entra en mi sentido de la justicia. Cualquiera puede empuñar un arma y arrebatar una vida. Y una vida, no puede estar por encima de unos ideales.
Cuando quise levantar la mirada para hablar, Gol estaba enfrente de mí, con uno de sus brazos hinchándose como si fuera un globo, pero de un tono oscuro, casi como el del acero mismo, mientras sentenciaba con una frase, diciendo que esto era un aviso para la Marina y el Gobierno mundial, finalizando con una despedida hacia mi persona — ¿Gobierno Mund...? — Intenté decir, pero apenas pude acabar la frase, Gol me propinó un terrible golpe en mi estómago, desorientándome totalmente en ese momento, era como si aquel impacto me quitase las energías al momento, cancelando así mi transformación de mi fruta Zoan. Me llevé mis manos a la zona del impacto, mientras, por otra parte, aquella herida seguía sangrando. Empezaba a tenerlo claro, aquella calle iba a ser mi tumba, este hombre me superaba con creces. Mientras que yo tuve que ingeniármelas para poder atizarle, él apenas con dos simples movimientos estaba a punto de dejarme inservible. Sí, así es como me sentía realmente — ¡Bbuaggg! — Expresé, tras aquel fortísimo golpe, dejando caer por mi boca más sangre.
Inservible. Toda mi vida la he dedicado por y para los demás, poniéndome yo en el último lugar, y a ellos por delante, ¿Y todo para qué? Para nada. Mucho "El Héroe de los Cabos Gemelos", pero me sentía vacío por dentro, la mayor parte del tiempo convivía con esa sensación, de ser alguien totalmente inservible, que por mucho que se esforzase no conseguía nada de lo que me proponía, al revés: lo perdía. Quería rendirme, quería tirarme al suelo, y que Gol hiciera conmigo lo que le viniera en gana. Era lo que más deseaba ahora mismo, aquellos tres segundos se me hicieron eternos, en los que solo estaba con el cuerpo encogido, retorciéndome del dolor. Pero, esta vez, no iba a quedarme de brazos cruzados. A mi mente me vino aquella orca asesina, también la jirafa que se implosionó, y aquel cura hijo de puta con el látigo. Estaba cansado de no actuar. Si iba a morir aquí, al menos lo haría con orgullo y la cabeza alta.
Levanté la mirada, Gol estaba frente a mí, solo nos acompañaba el silencio, como mucho, el sonido del viento. Así que decidí actuar — Sie... siempre he velado por el bien de todos... — Comencé a transformarme de nuevo, poco a poco — No solo he pensado en mis compañeros, también en aquellos... que no pueden defenderse, que necesitan un... héroe... — Finalicé mi transformación — Siempre he intentado ayudar a quien sea, empezando por el más débil... No me vengas con estas historias... — Eché mi puño derecho hacia atrás — La gente, cualquier vida, está por encima de unos ideales, sean cuales sean, Gol... Es lo único que necesitas saber —
Tras finalizar mi frase, con toda la fuerza y rapidez que podía, le propiné un puñetazo en la cara al revolucionario, incrustándoselo en la cara, rezando porque aquel golpe pudiera prácticamente dejarle en el sitio inconsciente, solamente para poder irme de allí y ver si los demás estarían bien. Me quedé en el sitio quieto, recuperando el aliento poco a poco, aquel terrible golpe no había acabado con mi vida por suerte. Solo necesitaba recomponerme un poco, y, si era necesario, seguir peleando contra el revolucionario de oro. No me quedaba otra.
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