Día 72 de Invierno, Año 13
Desde que habíamos llegado a aquel lugar habíamos tenido tiempo para descansar y sobre todo para pensar en lo que había ocurrido antes de llegar a esta isla. La frustración por los combates perdidos, de ser conscientes de que a partir de ahora los enemigos que nos encontrásemos serían prácticamente unos monstruos y las pérdidas. Por el momento, tan solo contábamos con la de Aspros y no había sido tan trágica. Había decidido por su cuenta quedarse en Momoiro con no sabía qué fin, aunque si él estaba conforme no teníamos nada que objetar. Estaba convencida de que más adelante nuestros caminos se volverían a juntar. Además, no todo era negativo. A pesar de las derrotas, nos fortalecíamos, a pesar de las pérdidas, ganábamos nuevos compañeros. Aspros era irremplazable, pero habíamos ganado un nuevo compañero. Todavía no le conocía en profundidad, tan solo sabía que era una incorporación bastante curiosa. El joven Kenzo era tan impulsivo como irritante. Sin embargo, no cabía duda de su lealtad por Yamamura y del gran potencial que poco a poco iría despertando.
Aquella isla no me gustaba en absoluto. Teníamos que escondernos bajo tierra como cucarachas para no sufrir las consecuencias de la contaminación del exterior. El lugar era feo, olía raro, apenas había lugares donde comprar cosas o divertirse, al menos de la manera que a mí me gustaba, y la gente también era de lo más extraña. Había pasado bastante tiempo encerrada entrenando, pero la monotonía y las escasas vistas ya empezaban a deprimirme. Ese día esperaba que fuese algo diferente y qué me aportase algo de entretenimiento. Hablando con Yamamura me había dado cuenta de que yo no era la única que había aprendido que era eso del haki. Mis compañeros y compañeras no se habían quedado de brazos cruzados en nuestro viaje. Cada uno se había ido fortaleciendo por su cuenta, al igual que yo. Me tranquilizaba ver que todos se lo tomaban en serio. Tal y como me había dicho mi maestro en Skypiea, había dos tipos de haki que podían entrenarse, uno era el que él me había enseñado, y el otro el que, por suerte, habían entrenado varios de mis compañeros. No me preocupaba demasiado, sabía que tarde o temprano acabaría encontrando a alguien que pudiese enseñarme, pero quién mejor que mis compañeros. Sin embargo, primero me había ofrecido yo a enseñarles lo que sabía. Sería un intercambio de información. El primero que debía aprender este poder era nuestro capitán, por supuesto, pero Kenzo se había enterado y había adoptado una actitud extremadamente insistente. No pude rechazar que se uniese nuestro entrenamiento, además de esa forma aprenderíamos de manera más rápida. De lo que no estaba segura era de poder aguantarles a los dos el suficiente tiempo. Mi paciencia era bastante limitada.
Temprano por la mañana, nada más levantarme, me arreglé y me preparé para acudir al lugar en el que habíamos quedado para entrenar. A pesar de estar bajo tierra, la zona que abarcaba aquella ciudad subterránea era bastante amplia. Por suerte, todavía no me había perdido y me guiaba bastante bien. Me vestí con mi traje, me maquillé, cogí mis dos katanas y caminé hacia una pequeña zona apartada que formaba parte del túnel subterráneo. No sabía que era qué lugar ni a qué estaba destinado, tal vez a posibles ampliaciones, porque no había ninguna puerta ni ningún camino hacia otro túnel, tan solo un espacio abierto de unos 20 metros de largo iluminado pobremente. Nada indicaba que no pudiésemos estar allí, así que les había indicado que sería en ese lugar donde nos veríamos. Abrir el bolsillo de mi chaqueta para sacar mi caja de puros, extraer uno de ellos y encenderlo en mi boca mientras les esperaba.
![[Imagen: 8Rsjucn.png]](https://imgur.com/8Rsjucn.png)
