[Presente Absoluto-AutoT3]Buscando la salida
#1
8:00 a.m. Dia 59 de invierno, Año 13
Bosque Utsukushi.

Despertó en el camarote de su barco con los primeros rayos del sol del invierno. Las heridas recibidas, al menos las físicas habían tardado mucho en curar, las psicológicas, seguían aún abiertas. Habían pasado casi tres meses desde que aquellos cazarrecompensas los sorprendieran en aquel mismo bosque y los masacraran sin paliativos a los tres. Kisuke había tardado un tiempo en asumir la pérdida de su espada y que se llevasen a su mejor amigo, y su superior, aquellos tipos. Sin lugar a dudas, había sido una derrota aplastante y había hecho mella en la determinación de Kisuke, aunque al menos no estaba solo, estaba con Don Bambú. Por algún motivo que no terminaba de comprender, una vez pudo pensar con claridad de nuevo, aquellos tipos se habían llevado solo a Zorak y a ellos dos los habían dejado allí tirados, obviamente después de lootearlos.

Kisuke era muy consciente de que la suma de las recompensas de los tres era muy elevada, por eso le intrigaba el hecho de que se hubiesen conformado con llevarse a uno solo de ellos, y esperaba que su amigo siguiese bien. Le preocupaba mucho el hecho de que no eran capaces de salir de allí puesto que al haberle robado el log pose no serían capaces de navegar a la siguiente isla, y el Grand Line era demasiado peligroso como para aventurarse sin una guía a través de sus traicioneras e impredecibles aguas, por más que Kisuke se hubiese vuelto un muy buen navegante y pudiese ver bien las corrientes y predecir patrones climáticos.

Durante su convalecencia había aprovechado para seguir estudiando navegación, con los libros que había en el barco y había aprendido un montón de cosas nuevas que le serían muy útiles una vez fuese capaz de hacerse a la mar de nuevo. Pero el tiempo de estar entrenando su mente, puesto que no podía hacer uso de su cuerpo se había terminado, ahora tendría que entrenar su cuerpo. Era evidente que el haber perdido de aquella manera tan aplastante contra otro espadachín le había hecho mella al bueno de Kisuke. Estaba claro que tendría que mejorar muchísimo para poder derrotar a aquel tipo, que aún desconocía su nombre, pero sin dudas se había convertido en su objetivo; lo había marcado como su rival, lo que él pudiese pensar del antiguo pescador le traía sin cuidado, pero se había convencido de que para ser el mejor tendría que derrotarlo.

"Es hora de entrenar, furro albino, la próxima vez no me vencerás tan fácilmente."

Además de la humillación que había sufrido en su "combate", aquel tipo había cometido la osadía de llevarse su preciada katana, Yamigiri, con lo que aumentaba su deseo de recuperar todo lo que aquellos dos les habían robado. Había dejado los restos de la máscara de Zorak en su catre del camarote para no olvidar que, aunque el híbrido no estuviese allí físicamente, aquel seguía siendo su hogar. Se vistió y agarró las katanas, Sode no Shirayuki y Mangetsu, prendiéndolas al cinto, y, tras comer algo rápido en la cocina, salió del barco y se metió en el bosque.

No tenía claro cual era el motivo, pero desde que había podido entrenar de nuevo, había hecho del lugar donde habían caído su campo de entrenamiento. Por la habilidad del tipo de la máscara, aquel lugar había quedado como un claro, calcinando la espesa vegetación. Era un detalle que no había percibido el día de marras, así como cuando despertó; las circunstancias no se lo habían permitido, evidentemente. Dio una calada al cigarro que se había prendido mientras se encaminaba hacia aquel lugar y comenzó con sus entrenamientos habituales.

"Comenzaré con los ejercicios de concentración."

Respiró hondo y se sentó en la posición de la flor de loto con sus katanas envainadas apoyadas en el regazo, con ambas manos sobre ellas. Había notado en sus anteriores entrenamientos que le costaba un poco concentrarse en sus espadas, la pérdida de Yamigiri le había hecho bastante mella al antiguo pescador; tenía que recuperarla. Sintió la energía del haki recorriendo su cuerpo y la dirigió hacia sus espadas, con lo que agarró con firmeza la empuñadura de ambas, apoyadas en su regazo. Tras un instante de resistencia, pudo sentir como su haki envolvía sus katanas y se levantó desenvainándolas. Fijó es energía en torno a la hoja de sus espadas y entonces abrió los ojos y se puso a hacer su habitual danza de movimientos.

Se le hacía un tanto extraño empuñar de nuevo a Mangetsu y no sentir el peso de Yamigiri, pero se estaba acostumbrando ya a ello. Sus movimientos eran fluidos y naturales y no tenía que pensar apenas en lo que estaba haciendo; cada vez era más capaz de moverse por instinto y no siguiendo una cadena de procesos mentales que ralentizarían su movilidad y restarían su capacidad de reacción ante posibles ataques.

"Había olvidado la ligereza de Mangetsu, tengo que tener eso en cuenta."

Sus katanas silbaban a su alrededor emitiendo notas puras y claras, sus movimientos eran fuertes y sin titubeos y no paraba de moverse asestando cortes, metiendo puñaladas y haciendo los movimientos más complejos que era capaz de imaginar, enlazando unos con otros. Era consciente que muchos de los movimientos que estaba realizando eran demasiado arriesgados e inviables de hacer en un combate real, pero para mejorar su destreza con las espadas y la velocidad a la que se movía era algo bueno ya que los movimientos más simples que se usaban en combate verían aumentada su velocidad y potencia tras practicar tanto los movimientos complejos y arriesgados.

Sentía que estaba siendo capaz de mantener su concentración lo suficiente como para que no se desvaneciese su haki mientras peleaba contra sus enemigos imaginarios. Aquello era, sin lugar a dudas, algo en lo que notaba una clara mejoría a la hora de manejar su haki de armamento. Era capaz de mantenerlo mucho más que antes y sentía que la energía del mismo era más estable y fuerte.

Llevaba ya cerca de media hora practicando, cuando oyó un chasquido a su espalda, por lo que se giró rápidamente alerta. Se sorprendió ante lo que tenía ante él. Era un enorme simio de unos 4 metros de alto, muy musculoso, que lo observaba desafiante con unos ojos iracundos y con un hilo de baba que le colgaba de su boca entreabierta, que mostraba unos colmillos enormes y afilados. Kisuke lo miró con cara de pocos amigos.

-¿Qué pasa, pelabananas?¿Quieres que te lo explique?

El simio lo miró frunciendo el ceño y le dirigió un potente rugido a Kisuke poniéndose en una posición clara de acecho, dispuesto a abalanzarse sobre el pescador y destrozarlo por la insolencia que había tenido para con él o quizá simplemente porque Kisuke estaba en su camino. El antiguo pescador se encaró hacia él y tirando el cigarrillo le espetó:

-Vamos, grandulón... Manos te van a faltar para pelármela.

Y sin dar tiempo a que el gigantesco simio se echase sobre él se tiró para adelante hacia él y le realizó un corte doble con sus katanas en ambos brazos, que ya había echado hacia adelante para aplastarlo con las manos. El gorila gigante lanzó un quejido y abanicó su brazo derecho para impactar en Kisuke que, viendo su movimiento puso sus katanas cruzadas cubriendo su lado izquierdo, por el que venía el golpe del simio. El impacto fue mayor de lo que había esperado y lanzó a Kisuke diez metros por los aires hasta que topó con un árbol.

Un hilo de sangre bajó por la nariz del pescador y por la comisura de su labio. El golpe había sido muy brutal, ciertamente. Pero el gorila se miraba la palma de la mano viendo como tenía dos cortes profundos en la misma, hechos al clavarse la hoja de las katanas al golpear a Kisuke.

-Lo reconozco pelagatos, pegas duro, pero no todo consiste en eso, ¿sabes?

Y dijo esto sarcásticamente, ya que él precisamente era alguien que siempre había confiado en su fuerza y potencia, pero tras el encuentro con los cazarrecompensas, empezaba a plantearse que eran muchas más cosas lo que determinaban el verdadero poder. Se fijó un momento en el gorila mientras se lamía la mano; en verdad, se parecía al que había matado Zorak al poco de llegar a aquella isla y que casi estuvo a punto de matar al híbrido. Ahora entendía por qué alguien como Zorak había pasado por tantos problemas ante un bicho así, pero el no estaba dispuesto a permitir que un simio lo dejase para el arrastre, ya había tenido bastante de eso con el furro y el enano sadomasoquista.

-¿Seguimos bailando, monada?

Se limpió la sangre de la nariz y el labio y se abalanzó de nuevo hacia el simio, con la espada de la mano izquierda delante que giró para aguantar el puñetazo del mono, bloqueándole y lanzándose por debajo de las piernas del gorila, aprovechando para cortarle en su corva izquierda con la katana de su mano derecha. Deslizándose entre las piernas del simio, acabó detrás de él, viendo como clavaba la rodilla en el suelo al haber sido herido en su rodilla.

-Vamos, vamos, me apuesto un brazo a que no eres capaz de dejarme inconsciente, monada.

Cojeando, el gorila se aproximó una vez más a toda la velocidad y lanzó una lluvia de puños, que abrumó un tanto a Kisuke. Consiguió esquivar y desviar algunos, provocando algún corte más al gorila, pero este estaba tan preso de la ira que no sentía dolor, y Kisuke recibió cuatro puñetazos que le dejaron molido y en el suelo a cuatro metros del simio. Kisuke se levantó con las rodillas temblándole ligeramente, sangrando profusamente por la frente y escupiendo sangre, le espetó al gran gorila:

-Se acabó el juego.

Mirando intensamente, aumentó la tensión de su musculatura y colocó las katanas en horizontal. El simio lo observaba con una pizca de temor al ver que Kisuke se había levantado de nuevo. Concentró todo su ser en la hoja de sus katanas y se lanzó contra el gorila mientras decía:

-Nitoryuu, nigiri: Furiko Nage.

Asestó un corte horizontal doble con sus katanas que le hirió en el pecho justo debajo de las clavículas, de hombro a hombro, y el otro corte le seccionó el cuello, haciendo que la cabeza del gorila cayese hacia atrás, y el cuerpo del enorme primate hacia adelante, bañando de sangre al antiguo pescador. Sacudió sus katanas para quitarles la sangre y se dio cuenta, que seguía teniendo el haki activo, por lo que lo retiró y al momento, el cansancio le calló como una losa aumentando el dolor que sentía al abandonar el estado de concentración en el que se hallaba momentos antes. Respirando pesadamente, con un ligero silibido, puesto que seguramente le había fracturado alguna costilla con esos tremendos puñetazos, observó sus espadas y complacido observó que los filos estaban inmaculados, sin mella alguna. Había comprobado que el haki si protegía de alguna manera las espadas, por lo que su tiempo manteniéndolas se vería muy reducido. Aún así el cansancio que le provocaba mantener tanto tiempo el haki, puesto que, además de la pelea contra el simio, lo había tenido activo durante el entrenamiento anterior.

"Mierda, me duele hasta el apellido... Ese cabrón pegaba duro de verdad.

Se sentó con la espalda apoyada en un árbol y sacó un cigarro nuevo para relajarse. La respiración seguía siendo pesada y estaba empapado de sangre y sudor, pero aquello no le importaba. No quería reconocerlo, pero había disfrutado mucho hiriendo y matando a aquel monstruo. Necesitaba sacar la frustración de no haber podido hacer nada ante el cazarrecompensas albino, y sentir que estaba vivo, que no era un debilucho y que, a pesar de la derrota, todavía podía mejorar. Todo ello con un objetivo en mente, superar al espadachín de pelo blanco y demostrar que él era el mejor.

"Supongo que Panda se va a enfadar conmigo por llegar hecho un cristo, pero realmente necesitaba esto."

Se levantó sin volver la vista atrás y fue en dirección hacia el barco de nuevo, necesitaba un buen baño y descansar, así como tratar las heridas que le había hecho el mono gigante. Estaban allí varados hasta conseguir de alguna manera un log pose que los sacase de ahí, pero el tiempo corría y ellos seguían ahí atascados.

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[Presente Absoluto-AutoT3]Buscando la salida - por Kisuke Kageyama - 20-10-2024, 03:17 PM

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