20-10-2024, 12:30 PM
Día 62 de Otoño, año 13
Bosque Utsukushi.
Bosque Utsukushi.
Kisuke sintió un dolor lacerante que le recorría la espalda y abrió los ojos lentamente. Sentía la cabeza pesadísima, y su mente intentaba escapar de aquella intensa sensación de dolor. Todo su cuerpo emitía agudos quejidos sin parar, y sus párpados se negaban a separarse. Además de eso, una intensa sensación de vacío recorría su vientre; no tenía idea de cuanto tiempo llevaba inconsciente.
Inconsciente... En ese momento, recordó todo, la aparición de Peony en su incursión nocturna, la aparición de los dos cazarrecompensas, y como estos habían barrido con ellos con la facilidad con la que un pez cambia de dirección en el océano. Abrió los ojos de golpe y lo primero que vio fue su muñeca izquierda delante de su rostro, que estaba apoyado sobre la mejilla derecha en el suelo. Había algo en lo que veía que no le cuadraba, pero su mente estaba embotada y no era capaz de pensar con claridad. Apenas podía moverse, le dolía todo el cuerpo. Entonces reparó en qué era lo que le había chirriado al ver su muñeca; no estaba le log pose.
"Joder, se han llevado el log, estamos varados en esta puta isla."
Intentó incorporarse, con mucho esfuerzo y logró sentarse al menos. La espalda y el pecho le dolían horrores debido a las heridas del combate. No era capaz de hilar tres pensamientos seguidos, y, apenas era capaz de mantener los ojos abiertos, el sol entraba por los árboles calcinados por el tipo enmascarado, pero apenas era capaz de sentir la calidez de la luz solar. Necesitaba un cigarro para calmar su mente, pero al llevar la mano a la cadera, notó solo una katana, y una garra helada le oprimió el corazón.
-¡¡ME CAGÜEN TU PUTA MADRE, MALDITO FURRO!!
Yamigiri, su amada espada, la herencia que había recibido de sus padres, no estaba, había desaparecido, y, sin lugar a dudas el espadachín albino se la tenía que haber llevado. La ira y la tristeza estaban consumiéndolo cuando se dio cuenta de algo más, Bambú estaba a unos diez metro de él, inconsciente aún, pero no había rastro de Zorak por ningún lado. No podía ser, pero era lo único que tenía sentido, aquellos tipos eran cazarrecompensas al fin y al cabo, y se habían llevado a Zorak para cobrar la suya.
"Mierda, mierda, mierda, mierda puta... Se han llevado mi posesión más preciada y a mi hermano de otra madre... soy un puto fracaso..."
Apenas podía moverse pero soltó un puñetazo contra el suelo. La mano le rugió de dolor y estaba completamente apesadumbrado. No sabía que hacer, era consciente de que aquellos tipos podrían matarlos sin parpadear y no tenía modo de salir de la isla, pero tenía que recuperar a ambos, a Yamigiri y a Zorak.
Con un titánico esfuerzo se levantó para ir a despertar a Don Bambú y con paso tambaleante se acercó hacia el mink, hasta que a apenas un par de metros de donde había despertado él mismo, vio unos jirones de tela negra que conocía muy bien. Eran los restos de la máscara que ocultaba la condición de híbrido de su amigo.
"Aguanta, Zorak, iremos a rescatarte, de eso puedes estar seguro... Aún no sé como, pero lo haremos."
Como buenamente pudo, se agachó y recogió los jirones de la máscara metiéndolos en el bolsillo. Se sentía muy raro con solo una katana en la cadera, pero tenía a Mangetsu guardada en el barco. Siguió andando hacia Don Bambú y se inclinó hacia él dándole unos golpecitos en el hombro a ver si podía despertarlo. Tendrían que idear un plan para salir de esa isla del demonio e ir a rescatar a Zorak.
Inconsciente... En ese momento, recordó todo, la aparición de Peony en su incursión nocturna, la aparición de los dos cazarrecompensas, y como estos habían barrido con ellos con la facilidad con la que un pez cambia de dirección en el océano. Abrió los ojos de golpe y lo primero que vio fue su muñeca izquierda delante de su rostro, que estaba apoyado sobre la mejilla derecha en el suelo. Había algo en lo que veía que no le cuadraba, pero su mente estaba embotada y no era capaz de pensar con claridad. Apenas podía moverse, le dolía todo el cuerpo. Entonces reparó en qué era lo que le había chirriado al ver su muñeca; no estaba le log pose.
"Joder, se han llevado el log, estamos varados en esta puta isla."
Intentó incorporarse, con mucho esfuerzo y logró sentarse al menos. La espalda y el pecho le dolían horrores debido a las heridas del combate. No era capaz de hilar tres pensamientos seguidos, y, apenas era capaz de mantener los ojos abiertos, el sol entraba por los árboles calcinados por el tipo enmascarado, pero apenas era capaz de sentir la calidez de la luz solar. Necesitaba un cigarro para calmar su mente, pero al llevar la mano a la cadera, notó solo una katana, y una garra helada le oprimió el corazón.
-¡¡ME CAGÜEN TU PUTA MADRE, MALDITO FURRO!!
Yamigiri, su amada espada, la herencia que había recibido de sus padres, no estaba, había desaparecido, y, sin lugar a dudas el espadachín albino se la tenía que haber llevado. La ira y la tristeza estaban consumiéndolo cuando se dio cuenta de algo más, Bambú estaba a unos diez metro de él, inconsciente aún, pero no había rastro de Zorak por ningún lado. No podía ser, pero era lo único que tenía sentido, aquellos tipos eran cazarrecompensas al fin y al cabo, y se habían llevado a Zorak para cobrar la suya.
"Mierda, mierda, mierda, mierda puta... Se han llevado mi posesión más preciada y a mi hermano de otra madre... soy un puto fracaso..."
Apenas podía moverse pero soltó un puñetazo contra el suelo. La mano le rugió de dolor y estaba completamente apesadumbrado. No sabía que hacer, era consciente de que aquellos tipos podrían matarlos sin parpadear y no tenía modo de salir de la isla, pero tenía que recuperar a ambos, a Yamigiri y a Zorak.
Con un titánico esfuerzo se levantó para ir a despertar a Don Bambú y con paso tambaleante se acercó hacia el mink, hasta que a apenas un par de metros de donde había despertado él mismo, vio unos jirones de tela negra que conocía muy bien. Eran los restos de la máscara que ocultaba la condición de híbrido de su amigo.
"Aguanta, Zorak, iremos a rescatarte, de eso puedes estar seguro... Aún no sé como, pero lo haremos."
Como buenamente pudo, se agachó y recogió los jirones de la máscara metiéndolos en el bolsillo. Se sentía muy raro con solo una katana en la cadera, pero tenía a Mangetsu guardada en el barco. Siguió andando hacia Don Bambú y se inclinó hacia él dándole unos golpecitos en el hombro a ver si podía despertarlo. Tendrían que idear un plan para salir de esa isla del demonio e ir a rescatar a Zorak.
