10-08-2023, 03:17 AM
Villa Foosha le recordaba al pueblo de su infancia. Se trataba de un lugar pacífico donde los días transcurrían sin noticia más relevante que un viento fuerte o unas cosechas que ya no son las de antes. La vida era silencio en aquel lugar, y silencio era lo que Don Bambú siempre buscaba. Tirado en uno de los infinitos campos cercanos a uno de los molinos del norte del pueblo, un mink, un hombre panda de considerable tamaño para los humanos, se encontraba recostado sobre el cesped con ambas manos elevadas por encima de su cabeza, ambas sujetando un libro antiguo y medio desgastado. Los pulgares del panda impedían que la brisa primaveral pasase las páginas del libro que tenía entre sus manos. Mientras reajustaba su mano para pasar a la siguiente página, el título de la obra fue visible por unos instantes. "¡Marines! ¿Marines?", de Törsten Brotschett, un agudo autor del North Blue que escribe obras de humor satírico sobre diversos temas, entre ellos la policía y su faceta. Una leve risa se escapó de los labios del panda. El capitán Vines acaba de ordenarle al guardia interino Cebolla que descargase sobre un malhechor todo el peso de la ley. Lo que hizo el guardia fue atizarle con el manual de leyes de la ciudad que habitaban. –Nunca falla –dijo pensando en voz alta.
La risa de unos niños que corrían por el campo, persiguiéndose unos a otros interrumpió la lectura del panda inmediatamente. No podía leer con ruido, no era capaz de concentrarse. Cerró su libro sin pensarlo más y miró el cielo azul. Ya iba siendo hora de desayunar. Todavía no había recibido nuevas órdenes del ejército, así que tenía tiempo. Quizás hasta se topase con algún compañero y todo. De un salto, Don Bambú se puso en pie y emprendió la marcha hacia la zona céntrica del pueblo, buscando en su camino algún sitio apropiado para el desayuno.
Su enorme estatura le hacía destacar en el pueblo, pero la gente estaba ya acostumbrada a la presencia de los mink. Sin ir más lejos, había visto a algunos minks oso por la zona. Inconscientemente se llevó la mano al pantalón y de su bolsillo extrajo una cajetilla de cigarrillos. Se llevó uno a la boca y sacó de su otro bolsillo un mechero que cumplió su función tras un par de chasquidos de calentamiento. El aroma del tabaco empezó a rodear al panda, que deceleró la marcha para no llegar demasiado pronto a la zona con mayor número de locales hosteleros.
Finalmente, quedando del cigarrillo poco más que una chusta, el panda encontró lo que buscaba. Un pequeño establecimiento que hacía de bar-restaurante estaba recién abierto. De su interior emanaba el delicioso aroma del café recién tostado y Don Bambú supo cuál iba a ser su desayuno. Se sentó en la terraza, que se componía de un par de mesas de madera dispuestas a los lados del local. Una vez sentado, se pidió un café con tostadas y huevo y se puso a ojear el periódico.
Entre lectura y lectura miró sin ver un par de veces a su alrededor. Quizás lo más destacable era un establecimiento justo delante del bar donde él estaba. Era algo de una curandera, pero no le interesó demasiado.
