5 segundo habían pasado, y parece ser que el tío se le había olvidado o algo que venía a por mí.
No iba a quedarme de brazos cruzados, tenía que aprovechar el momento. Así que, sin más dilaciones, me abalancé sobre él usando toda la velocidad que podía ejercer, propinando un salto hacia adelante, para poder acortar los 10 metros que nos separaban. Pero antes de llegar a él, a un solo metro, apoyé mis brazos en el suelo, y ayudándome con ello, poder levantar mi cola de reptil, y propinarle un fortísimo barrido con ella, tumbándolo en el suelo y derribándolo — ¡Venga, va! ¡Dijiste un segundo, eres lento! — Grité a la vez que volvía a colocarme en posición recta mientras, maniobrando de nuevo con la cola de serpiente, con la punta, pude enganchar un pequeño cuchillo que siempre llevo encima atado a mi cinturón, para acabar clavándoselo en el brazo derecho, a la altura del bíceps, dejándoselo incrustado en él.
Tras esto, pegué un pequeño saltito hacia atrás, acortando distancia con él de nuevo, pero no tan lejos como antes, unos 5 metros, mientras de nuevo, volvía a colocarme en la posición anterior, levanté los puños en alto, adoptando una forma defensiva, con la cola de serpiente enroscada, apoyándome en el suelo con firmeza.
Volví a gritarle. Antes me pilló de sorpresa, y no pude pensar totalmente bien, pero ahora sí. Tenía delante a un pez gordo de la Revolución, no iba a ser nada fácil. Además, va completamente desnudo, no sé si porque está mal de la cabeza o que, pero si algo he aprendido con Sohem, o los niñatos vaqueros y el cura de isla Toko, es que no puedo fiarme de las apariencias. Además, que claramente quería hacerme daño. Y si lo conseguía, eso solo significaba una cosa: Mis compañeros también estaban en peligro, 100%. Y era algo que no iba a permitir mientras yo estuviera de pie, aunque eso significase mi propia vida. No iba a dejar que Gol D. Ick pudiera estar tranquilo haciendo lo que quisiera. Ahora lo tenía en el suelo, no necesitaba ni activar mi Haki de observación para saber que sus intenciones eran hostiles, estaba claro que no iba a ponérmelo fácil, pero yo tampoco, estaba totalmente activado para pelear.
Era mi momento para redimirme de lo que pasó, y que el título de "El Heroe de los Cabos Gemelos" tuviera sentido. No iba a permitir una muerte más.
No iba a quedarme de brazos cruzados, tenía que aprovechar el momento. Así que, sin más dilaciones, me abalancé sobre él usando toda la velocidad que podía ejercer, propinando un salto hacia adelante, para poder acortar los 10 metros que nos separaban. Pero antes de llegar a él, a un solo metro, apoyé mis brazos en el suelo, y ayudándome con ello, poder levantar mi cola de reptil, y propinarle un fortísimo barrido con ella, tumbándolo en el suelo y derribándolo — ¡Venga, va! ¡Dijiste un segundo, eres lento! — Grité a la vez que volvía a colocarme en posición recta mientras, maniobrando de nuevo con la cola de serpiente, con la punta, pude enganchar un pequeño cuchillo que siempre llevo encima atado a mi cinturón, para acabar clavándoselo en el brazo derecho, a la altura del bíceps, dejándoselo incrustado en él.
Tras esto, pegué un pequeño saltito hacia atrás, acortando distancia con él de nuevo, pero no tan lejos como antes, unos 5 metros, mientras de nuevo, volvía a colocarme en la posición anterior, levanté los puños en alto, adoptando una forma defensiva, con la cola de serpiente enroscada, apoyándome en el suelo con firmeza.
— ¡Vamos, ven, desgraciado! ¡No puedo coserte a ostias si no te acercas a mí! —
Volví a gritarle. Antes me pilló de sorpresa, y no pude pensar totalmente bien, pero ahora sí. Tenía delante a un pez gordo de la Revolución, no iba a ser nada fácil. Además, va completamente desnudo, no sé si porque está mal de la cabeza o que, pero si algo he aprendido con Sohem, o los niñatos vaqueros y el cura de isla Toko, es que no puedo fiarme de las apariencias. Además, que claramente quería hacerme daño. Y si lo conseguía, eso solo significaba una cosa: Mis compañeros también estaban en peligro, 100%. Y era algo que no iba a permitir mientras yo estuviera de pie, aunque eso significase mi propia vida. No iba a dejar que Gol D. Ick pudiera estar tranquilo haciendo lo que quisiera. Ahora lo tenía en el suelo, no necesitaba ni activar mi Haki de observación para saber que sus intenciones eran hostiles, estaba claro que no iba a ponérmelo fácil, pero yo tampoco, estaba totalmente activado para pelear.
— ¡Mi corazón se estremece! ¡Un calor que quema! ¡Mi sangre rebosa de energía! —
Era mi momento para redimirme de lo que pasó, y que el título de "El Heroe de los Cabos Gemelos" tuviera sentido. No iba a permitir una muerte más.
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