11-09-2024, 12:22 PM
La llamada recibida por Zorak era alarmante, sobre todo porque no fueron capaces de entender la localización ya que la jungla era toda igual y el estado en el que parecía encontrarse su compañero no le permitió vocalizar bien y apenas pudieron entenderle, por lo que llevaban desde el día anterior buscándole.
Si bien Zorak era un tipo precavido y bastante hábil y fuerte en combate, también era cierto que la expresión que tenía en el rostro cuando se separaron era un claro indicativo de que su estado mental en aquel momento no era el más óptimo si se veía envuelto en algún problema. También era cierto que en Báltigo había notado un cambio en él tras el entrenamiento que había tenido con Nilats, pero el recuerdo de lo sucedido en Akarui era demasiado vívido como para estar del todo tranquilo.
-¿Dónde coño estás, imbécil?.
Después de varias horas buscando al final llegó a una zona donde había un cadáver enorme de una especie de primate gigante. A su lado, a unos metros estaba Zorak en un estado lamentable. Kisuke se acercó corriendo y comenzó a relajarse un poco al verlo respirar de manera regular, aunque estaba bastante herido. Se fijó en el primate y parecía estar muerto, no respiraba. Se puso en cuclillas junto a la cabeza de Zorak y le examinó con sus nulos conocimientos de medicina. No parecía tener ninguna hemorragia así que lo alzó y lo llevó a la base que habían improvisado Don Bambú y él mismo.
-Que coñazo tener que andar haciendo de niñera de mi superior.
Llegó a la base y vio que Don Bambú no estaba, por lo que acostó a Zorak en un catre improvisado y se puso a limpiarle las heridas con una botella de brandy que tenía a mano. Sabía que su amigo odiaba el alcohol pero era lo único que conocía el antiguo pescador que era desinfectante. Zorak se movía en sueños y murmuraba nombres como Maeve, Powder y llamó a su padre también. No tenía idea de que podría estar soñando el híbrido pero se relajó un tanto al ver que su amigo parecía estar recuperando color y su respiración no se había descompensado.
Se encendió un cigarro esperando a ver si despertaba, pensando en el tiempo que tendrían que estar en aquel lugar y cuando se cansó de estar sin hacer nada más que vigilar a Zorak, se levantó, agarró su katana y con la empuñadura empezó a golpear suavemente la sien de su compañero.
-Despierta de una puta vez, Bella durmiente, que no tengo tanta paciencia como para hacer de niñera de un chiquillo que se deja vapulear por un mono.
Si bien Zorak era un tipo precavido y bastante hábil y fuerte en combate, también era cierto que la expresión que tenía en el rostro cuando se separaron era un claro indicativo de que su estado mental en aquel momento no era el más óptimo si se veía envuelto en algún problema. También era cierto que en Báltigo había notado un cambio en él tras el entrenamiento que había tenido con Nilats, pero el recuerdo de lo sucedido en Akarui era demasiado vívido como para estar del todo tranquilo.
-¿Dónde coño estás, imbécil?.
Después de varias horas buscando al final llegó a una zona donde había un cadáver enorme de una especie de primate gigante. A su lado, a unos metros estaba Zorak en un estado lamentable. Kisuke se acercó corriendo y comenzó a relajarse un poco al verlo respirar de manera regular, aunque estaba bastante herido. Se fijó en el primate y parecía estar muerto, no respiraba. Se puso en cuclillas junto a la cabeza de Zorak y le examinó con sus nulos conocimientos de medicina. No parecía tener ninguna hemorragia así que lo alzó y lo llevó a la base que habían improvisado Don Bambú y él mismo.
-Que coñazo tener que andar haciendo de niñera de mi superior.
Llegó a la base y vio que Don Bambú no estaba, por lo que acostó a Zorak en un catre improvisado y se puso a limpiarle las heridas con una botella de brandy que tenía a mano. Sabía que su amigo odiaba el alcohol pero era lo único que conocía el antiguo pescador que era desinfectante. Zorak se movía en sueños y murmuraba nombres como Maeve, Powder y llamó a su padre también. No tenía idea de que podría estar soñando el híbrido pero se relajó un tanto al ver que su amigo parecía estar recuperando color y su respiración no se había descompensado.
Se encendió un cigarro esperando a ver si despertaba, pensando en el tiempo que tendrían que estar en aquel lugar y cuando se cansó de estar sin hacer nada más que vigilar a Zorak, se levantó, agarró su katana y con la empuñadura empezó a golpear suavemente la sien de su compañero.
-Despierta de una puta vez, Bella durmiente, que no tengo tanta paciencia como para hacer de niñera de un chiquillo que se deja vapulear por un mono.
