En este vasto universo existen innumerables cosas que pueden infundir temor en una persona: la oscura y pegajosa sustancia que emana de un enloquecido pirata, el kanabo ardiente de un enmascarado, los insectos de un peliblanco comegyojins… pero entre todas las fuerzas que inspiran miedo, entre todos los sucesos temibles que nos acechan, ninguno es más aterrador que la furia de una mujer despechada.
Preocupada todavía por mi amorcín, me mantuve atenta con mis sentidos y con el haki para ver como se desarrollaba la cosa. Por el momento, todo parecía marchar bien. El minino se sorprendió al verla saltando, con cierta curiosidad surgiendo de él. Ryze se sintió incómoda, algo totalmente normal, cuando él le acercó su cara para verla mejor. No tenía muy claras las intenciones de mi compañera, pero comentó con su tono monótono que tal vez debería ir a que le revisasen la vista. El comentario me hizo reír un poco, que, aunque alejada, me tapé la boca para evitar llamar su atención. “Parece que me he preocupado de más. Y aunque no me parece que sea buena idea que esos dos se conozcan, supongo que solo están hablando un poco y pronto se despedi…”, me interrumpí en mis pensamientos, arrugando la frente. Agudicé al máximo lo que pude con el Haki, no me podía creer lo que estaba notando. “¿EL MUY CABRONAZO SE ESTÁ PONIENDO CACHONDO? ¿CON OTRA TÍA? ¿Y ENCIMA CON MI COMPAÑERA TONTATTA?”, pensaba sin control sintiendo como la ira me invadía. Había escuchado perfectamente lo que le había dicho a Ryze y notaba como una vena se me hinchaba en la frente y rechinaba los dientes alzando un puño a mi lado. Antes de cancelar el haki, ya sin escuchar lo que tuviesen que decirse por la maldita furia que sentía, pude llegar a notar como el gato se arrepentía, pero ya me daba absolutamente igual. Dejé de hacer fuerza con el puño y llevé aquella mano frente a mi pecho, inspirando por la nariz y soltando lentamente el aire por la boca. Logré calmarme un poco y, con una sonrisa en la cara, di la vuelta al árbol y me dispuse a ir hacia ellos.
Caminé como si nada ocurriese, dando un paseo tan tranquilamente, avanzando directamente hacia allí en silencio, con esa fingida sonrisa en la cara y balanceando el bolso en mi mano izquierda. Una vez llegué, con Ryze dándome la espalda, hasta ellos, agaché mi torso ligeramente por encima de ella y acerqué mi cara hacia la de Garnet.
—¿Así que a esto te dedicas en tu tiempo libre, eh? —pregunté sin deshacer ni un momento la sonrisa de la cara y solté mi bolso para agarrarlo por las antenas y, a la fuerza, obligarlo a ponerse en pie— ¡¿A TI TE PARECE BIEN?! ¡¿EH, EH?! —grité con furia mientras le retorcía esas bonitas, aunque ahora odiosas, antenitas— Lo que me faltaba, ¿sabes? ¡DE VERDAD, ¿ES QUE A TI NO SE TE PUEDE DEJAR SOLO O QUÉ?! ¡QUE A LA PRIMERA QUE VES YA LE DICES GUARRADAS!
Le recriminaba lo sucedido, rabiosa, sin caer en la cuenta de que había una tercera persona ahí. Agaché la vista, sin dejar de sujetar al minino por sus dos apéndices superiores.
—Ah. Hola, Ryze. —saludé con amabilidad y ahora con una sonrisa real— Tch, no te muevas. —repliqué al gatito dirigiéndole una mirada severa por un instante, que de nuevo sustituí por una encantadora al devolverla a mi compañera— Hacía tiempo que no nos veíamos, ¿qué tal todo? ¿Estás comiendo bien en el barco? Por cierto, ya que estamos, ¿quieres que te cuente uno de los puntos más sensibles que hay en el cuerpo humano? Al menos en el de los varones. Si lo aprovechas bien en la batalla puede ser verdaderamente útil, ¿sabes?
Lo cierto es que aquel movimiento no había sido muy inteligente. No parecía haberlo reconocido, pero aquello no podía ser bueno de ninguna manera. Como fuera, era algo que ya pensaría en otro momento. Ahora lo más importante era escarmentar al minino y a su lujuria incontrolable.
Preocupada todavía por mi amorcín, me mantuve atenta con mis sentidos y con el haki para ver como se desarrollaba la cosa. Por el momento, todo parecía marchar bien. El minino se sorprendió al verla saltando, con cierta curiosidad surgiendo de él. Ryze se sintió incómoda, algo totalmente normal, cuando él le acercó su cara para verla mejor. No tenía muy claras las intenciones de mi compañera, pero comentó con su tono monótono que tal vez debería ir a que le revisasen la vista. El comentario me hizo reír un poco, que, aunque alejada, me tapé la boca para evitar llamar su atención. “Parece que me he preocupado de más. Y aunque no me parece que sea buena idea que esos dos se conozcan, supongo que solo están hablando un poco y pronto se despedi…”, me interrumpí en mis pensamientos, arrugando la frente. Agudicé al máximo lo que pude con el Haki, no me podía creer lo que estaba notando. “¿EL MUY CABRONAZO SE ESTÁ PONIENDO CACHONDO? ¿CON OTRA TÍA? ¿Y ENCIMA CON MI COMPAÑERA TONTATTA?”, pensaba sin control sintiendo como la ira me invadía. Había escuchado perfectamente lo que le había dicho a Ryze y notaba como una vena se me hinchaba en la frente y rechinaba los dientes alzando un puño a mi lado. Antes de cancelar el haki, ya sin escuchar lo que tuviesen que decirse por la maldita furia que sentía, pude llegar a notar como el gato se arrepentía, pero ya me daba absolutamente igual. Dejé de hacer fuerza con el puño y llevé aquella mano frente a mi pecho, inspirando por la nariz y soltando lentamente el aire por la boca. Logré calmarme un poco y, con una sonrisa en la cara, di la vuelta al árbol y me dispuse a ir hacia ellos.
Caminé como si nada ocurriese, dando un paseo tan tranquilamente, avanzando directamente hacia allí en silencio, con esa fingida sonrisa en la cara y balanceando el bolso en mi mano izquierda. Una vez llegué, con Ryze dándome la espalda, hasta ellos, agaché mi torso ligeramente por encima de ella y acerqué mi cara hacia la de Garnet.
—¿Así que a esto te dedicas en tu tiempo libre, eh? —pregunté sin deshacer ni un momento la sonrisa de la cara y solté mi bolso para agarrarlo por las antenas y, a la fuerza, obligarlo a ponerse en pie— ¡¿A TI TE PARECE BIEN?! ¡¿EH, EH?! —grité con furia mientras le retorcía esas bonitas, aunque ahora odiosas, antenitas— Lo que me faltaba, ¿sabes? ¡DE VERDAD, ¿ES QUE A TI NO SE TE PUEDE DEJAR SOLO O QUÉ?! ¡QUE A LA PRIMERA QUE VES YA LE DICES GUARRADAS!
Le recriminaba lo sucedido, rabiosa, sin caer en la cuenta de que había una tercera persona ahí. Agaché la vista, sin dejar de sujetar al minino por sus dos apéndices superiores.
—Ah. Hola, Ryze. —saludé con amabilidad y ahora con una sonrisa real— Tch, no te muevas. —repliqué al gatito dirigiéndole una mirada severa por un instante, que de nuevo sustituí por una encantadora al devolverla a mi compañera— Hacía tiempo que no nos veíamos, ¿qué tal todo? ¿Estás comiendo bien en el barco? Por cierto, ya que estamos, ¿quieres que te cuente uno de los puntos más sensibles que hay en el cuerpo humano? Al menos en el de los varones. Si lo aprovechas bien en la batalla puede ser verdaderamente útil, ¿sabes?
Lo cierto es que aquel movimiento no había sido muy inteligente. No parecía haberlo reconocido, pero aquello no podía ser bueno de ninguna manera. Como fuera, era algo que ya pensaría en otro momento. Ahora lo más importante era escarmentar al minino y a su lujuria incontrolable.
Karmas implicados
Gastos Haki
