Outfit de Iki
Un nuevo día de verano se abría paso en la isla de Momoiro. Durante las últimas semanas, poco me había hecho salir de nuestra habitación que no fuese el gatito. Sí, había visitado alguna librería, y por supuesto que había visitado a Okaliva a menudo, pero aun así sentía que llevaba una temporada bastante recluida. A excepción de Karl, apenas había sabido de los demás compañeros durante aquella temporada. ¿Estarían bien? Alguna vez me había acercado a la cala donde nuestro barco descansaba sobre las olas, preguntándome si no se habrían olvidado de mí y se habrían marchado sin decirme nada, pero no era así. Aquella mañana, el minino se había ido temprano y no me había quedado más remedio que salir a buscar algo de comida a mediodía. Beaufleur se había ofrecido a acompañarme, pero al cabo de poco llegó un nuevo turista que ocupó su atención y me escaqueé como pude sin que me viese. Quería haber ido a un puesto de ramen que ofrecían de acompañamiento un kimchi que estaba impresionante, pero debían haberlo cerrado pues cuando llegué a allí tan solo encontré una triste panadería. Por lo menos pude pedir un sandwich de ensalada de huevo y echarle unas gotas de mi amada salsa sriracha para animarlo. Una vez con el almuerzo en mano, me dirigí hacia la zona comercial, dispuesta a gastarme, de nuevo, el sueldo en ropa. Extrañamente, parecía que habían derribado toda la zona, lo que me pareció espantoso ya que era un lugar que me gustaba frecuentar. En el mismo sitio donde apenas hacía unos días se habían erguido unas majestuosas tiendas llenas de okamas parlanchines con gustos para la moda bien variados, ahora se vislumbraba un hermoso parque lleno de árboles dónde parecía que la gente iba de pícnic. Hacía un calor demencial, y mi vestido, aunque ligero, parecía un abrigo de plumas bajo aquel sol abrasador. Paseé a través de los árboles en búsqueda de una sombra bajo la que sentarme a almorzar, llevando mi bolso en la mano con el sandwich en su interior, hasta que un sonido conocido llamó mi atención. Abrí los ojos de par en par y, sonriente, me dispuse a seguir las notas de un laúd afinándose, pero apenas había dado un par de pasos, al mirar a mi alrededor buscando el su origen encontré algo que me hizo parar de golpe y con sigilo esconderme detrás de un árbol. No demasiado lejos, a unos 20 metros al frente, una minúscula persona avanzaba arrastrando una toalla en la misma dirección de la que provenía el sonido de mi amado. “Oh… Mierda, mierda, mierda”, maldecí en mi cabeza. Mis ojos no me engañaban, aquella que se acercaba a él era la teniente Ryze, la última incorporación a nuestra división. Asomé la cabeza disimuladamente desde detrás del árbol, observando con cautela por si se lanzaba al ataque. ¿Lo reconocería? ¿Sabía acaso quién era? Podría ser el caso, y de ser así, ¿qué debía hacer yo? No la conocía apenas, más allá de que su fruta era peligrosa y que parecía ligeramente tímida. Medité unos segundos sobre como actuar, no debía precipitarme. Así que, avancé cubriéndome con cuidado tras los muchos árboles del lugar, asegurándome que no me viese, hasta que finalmente colocó la toalla y se sentó sobre ella a escasos metros del felino. Y allí estaba él, sentado a los pies de un árbol con su hermoso cuerpo al descubierto. El pelirrojo afinaba su querido laúd con una expresión que transmitía paz. No pude contener una sonrisilla al verlo ahí, totalmente desprevenido de que lo estaba observando. Pero enseguida desapareció mi sonrisa, transformándose en una expresión de preocupación. No actuaría por ahora, esperaría a ver qué sucedía. Tal vez aquel encuentro no tenía por qué acabar mal. Tal vez no.
Inventario
Karmas

![[Imagen: JMdVIft.png]](https://i.imgur.com/JMdVIft.png)