06-09-2023, 09:22 AM
Derya se derrumbó en cuanto los niños se alejaron lo suficiente como para que no la pudiesen ver ni escuchar. Por lo que había visto, le había tocado hacer de niñera más de una vez y durante varias horas cada vez. Don Bambú no podía hacer gran cosa por ella, pensó. Ella no fumaba y él no llevaba café encima. Para eso último había solución. Se sentó a su lado y antes de poder ofrecer nada, se disculpó por su libro. —No te preocupes —dijo el panda. —No soy yo muy cuidadoso con ellos tampoco. —Sacó de nuevo el libro y lo miró con detenimiento. Tenía marcas de uso por todas partes, algo de tierra había resistido los envites de la limpieza y se encontraba guarecida entre algunas páginas. La portada ya era poco más que el título. ¿De qué iba? Don Bambú no creía ni que el autor lo supiera. —Es un popurrí de cosas, pero sobre todo va de dos amigos, uno de ellos pobre y el otro menos pobre, y de cómo se desarrollan sus vidas en un pueblo del North Blue. —Miró a Derya, que estaba acabadísima. No imaginó en qué Universo le interesaría aquello, aunque la gyojin no dejaba de sorprenderle. —Te lo dejo si quieres, tengo muchos. Además, ya lo leí. —Le tendió el libro como si ya se lo hubiera prestado. —Pero ya lo leerás, que tampoco hay prisa. ¿Te invito a un café? —Y se quedó mirándole a los ojos, como acostumbraba hacer cuando hablaba con otras personas. Había gente que no te miraba directamente a los ojos. El panda era todo lo contrario: buceaba en ellos y te miraba directamente al alma.
O eso parecía. Para él era lo normal.
