16-08-2024, 12:24 AM
La propuesta de difundir información errónea con ligeros cambios entre los compañeros de la revolución le pareció una pequeña brillantez al panda, aunque algo arriesgada si a dichos compañeros se les ocurriera la idea de poner en común o comentar lo que les habían contado. ¿Y si había dos espías y no uno? Suponer que se tratada de un único individuo era navegar esperando tener el viento a favor. Uno nunca sabía qué clase de tormenta podría aguardar en el camino. Sin embargo, ¿qué mejor plan había que confiar en la buena fortuna del escuadrón? Los espías tenían la desagradable cualidad de ser muy difíciles de localizar. Don Bambú rebuscó en sus bolsillos algún rastro de tabaco y mechero y aprovechó que Nilats, su superior, se estaba dando el lujo de fumar en la enfermería para darse esa misma libertad. Era más fácil pensar bajo los fragantes efectos del tabaco. —No es un plan perfecto y podría salirnos el tiro por la culata, pero en vista de la situación me parece la mejor opción. Haré el mejor uso que pueda de mi haki de observación para detectar movimientos inusuales a nuestro alrededor. Quizás alguna emoción sospechosa. No creo que nadie sepa todavía que poseo esta habilidad. —Aportó el panda. Se bebió los restos de su café y dejó la taza a un lado. Su cuerpo todavía le estaba pidiendo a gritos que descansase un poco. No se encontraba en condiciones de ayudar a nadie en aquel momento. Ante el arrebato pasional de Zorak, Don Bambú no pudo sino asentir ante lo que estaba diciendo. —Concuerdo completamente con mi compañero. No cabe la piedad cuando nos enfrentamos a aquellos que no sólo cuestionan nuestra justa causa, sino que trabajan activamente para trabarla mientras fingen una camaradería que no les corresponde. —Reprimió el impulso de escupir en el suelo ante la imagen del espía en cuestión. Si lo tuviera delante en aquel momento probablemente su cuerpo colapsaría de lo fuerte que empezaría a golpearle el panda. Quién sabe si la muerte sería siquiera capaz de detenerle.
Observó con atención el den den mushi blanco que Nilats le entregaba a Zorak. Aquel aparato debía de costar una fortuna. Una herramienta de tal nivel sólo se pondría a disposición de aquellos que desenvuelven las actividades más peligrosas. —Sí. —Asintió el panda ante la última intervención de Kisuke. —Cuando termine de curarme de la paliza que me has dado, camarada. Honhonhonhonhoooocómoduele. —La curiosa risa del panda inundó la habitación brevemente antes de que empezara a dolerle el pecho por el esfuerzo de reírse.
Observó con atención el den den mushi blanco que Nilats le entregaba a Zorak. Aquel aparato debía de costar una fortuna. Una herramienta de tal nivel sólo se pondría a disposición de aquellos que desenvuelven las actividades más peligrosas. —Sí. —Asintió el panda ante la última intervención de Kisuke. —Cuando termine de curarme de la paliza que me has dado, camarada. Honhonhonhonhoooocómoduele. —La curiosa risa del panda inundó la habitación brevemente antes de que empezara a dolerle el pecho por el esfuerzo de reírse.
