+18 [Pr Relativo] Donde reina el amor, sobran las leyes.
#37
Entré en la habitación, fijándome rápidamente en el desorden que asediaba el habitáculo. Pese a no ser una persona de por sí desordenada, tampoco era una maniática del orden. Además, no había esperado visitas de ningún tipo y, sabiendo que Okaliva me esperaba, salí de la habitación sin pararme a recoger. Una gran desgracia, pues el amor de mi vida había surgido de la nada y además, me iba a visitar en ese mismo días. Al darme cuenta de ello, me disculpé, alegando que el viento era el responsable y no yo, que siempre hacía todo perfectamente. Ordené rápidamente todo aquel estropicio, a cada momento sintiendo como cierta ansiedad crecía en mi pecho. ¿Estaría el lugar adecuado para el minino? ¿Sentiría el lugar como suyo mientras estuviésemos allí? ¿Cuánto tiempo tendríamos para conocernos más, para dar rienda suelta a todos nuestros deseos y para amarnos en nuestro cubículo del amor? De esa forma, le pregunté si le gustaba y comencé a hablar de más, divagando en detalles sobre el espacio y delatando mi ansiedad. Aunque ciertas inseguridades querían aflorar en mi pecho debido a aquel nerviosismo, como si le dejaría de gustar al pasar tanto tiempo juntos o si podría hacer algo que lo molestase, rápidamente fueron desechadas por mi mente. Era imposible que algo así sucediera conmigo. Uno simplemente no podía cansarse ni molestarse con una mujer tan hermosa y perfecta como yo. Cualquier pensamiento relacionado con ello desapareció tan rápido como vino.

El minino se giró ante mi pregunta, yendo a dejar las bolsas sobre la mesita frente al sofá y volviendo ante a mí, besándome de forma que, de yo haber tenido una cola, la habría movido con felicidad. Aseguró que le encantaba el lugar, y que incluso el descampado del mago sería increíble solo por estar conmigo. Oculté mi sonrisa apretando los labios, aunque no fui capaz de evitar el sonrojo en mis mejillas tras aquellas palabras. Cogió mis manos, encallándose al principio y aclarando que él también estaba nervioso, a la vez que demostraba cierta vergüenza agachando la cabeza. De su boca surgió lo que ambos pensábamos, que aquello sobre vivir juntos iba mucho más allá de algo físico, que era un gran paso en nuestra relación. Estaba tan, si no más, nervioso como yo, mirándome a la vez que decía que tenía ganas, pero a la vez miedo por si algo salía mal. Pero finalmente, con una sonrisa, afirmó que en el fondo sabía que todo saldría bien, y asentí sonriente a su afirmación.

—Yo también lo creo, minino. —declaré acariciando sus manos con ternura.

Después, como si fuese un pulpo mimético que calcaba el color de mi cara, se sonrojó muchísimo y me dijo que aunque deseaba hacérmelo como un animal, cosa que yo también compartía, que quería hacerlo más… romántico, aprovechando que esta sería nuestra primera vez en condiciones.

—S-sí. Yo, bueno, por mí… Sí, claro, ¿sabes? —respondí echando humo por la cabeza e inclinándola ligeramente agachada.

Cerró los ojos y soltó mis manos, que me llevé frente al pecho esperando a que diese el paso, pero en su lugar se abofeteó la mejillas y volviendo a mirarme, rodeando con sus brazos mi cintura y diciéndome que me quería con su carita de gatito tan cerca que no pude contener las ganas de besarlo. Pasé los brazos alrededor de su cuello, besándolo con todo el cariño que le profesaba al minino, hasta que finalmente me separé sonriente un momento para responderle.

—Te quiero, minino. —solté, con las palabras surgiendo de mi alma.

Alcé las cejas con sorpresa, a la vez que me moría de vergüenza, cuando mi estómago volvió a quejarse justo en ese preciso momento en el que acababa de pronunciar las palabras, desviando la mirada avergonzada. Entonces él, siguiendo a una risa, pensó que sería mejor comer algo antes.

—Pues a lo mejor… Sí, es probable. Esto de ser tan bella consume mucha energía, ¿sabes? Shshshsh. —respondí con una carcajada.

Llevando una mano a mi mejilla, con una mirada que me confirmaba todo el amor que el felino sentía por mí, me comentó que si el cambio de planes no me parecía bien, podíamos seguir el plan anterior y comernos, literalmente, el uno al otro.

—Aunque el solo imaginarlo me parece de lo más apetecible, dulce e incluso decadente… —comencé a decir acercándome al oído del minino mientras me retiraba la diadema con una mano y la lanzaba para después colocar de nuevo ambos brazos sobre sus hombros— Creo que ni todos los manjares del Grand Line me apetecen tanto como hacer el amor contigo, mi bello novio pirata.

Lo abracé con cariño y fuerza a la vez, apoyando el lateral de mi cara contra el suyo. Aún llevando tacones, todavía tenía que ponerme un poco de puntillas para llegar a colocarme como estaba, y me quedé varios momentos de aquella forma hasta que mi estómago ya no podía más.

—Hora de comer, pues. —le dije al ceder en el abrazo mientras me dirigía a la mesa.

Cogí el sushi que él mismo había comprado y me acerqué a él, metiéndole en la boca con fuerza todo el sashimi de salmón que había comprado. Cogí entonces su mano y dejé el resto del pescado crudo, que estaba en una pequeña cajita, sobre ella. Me quedé yo con el que llevaba arroz, los makis.

—Come, gatito. El pescadito es bueno para ti, ¿sabes? —le ordené a la vez que sacaba los palillos de la bolsa y los abría.

Mientras lo observaba tragar, satisfecha con alimentar adecuadamente a mi gato, me comí un par de makis. Era lo justo y necesario para coger algo de energía para lo que venía después, y volví a la mesa para darle un sorbo al fresco té que habíamos comprado.

—Acábate todo eso, ahora vuelvo. —declaré dejando los restos sobre la mesa y guiñándole un ojo— Ah, y ponte cómodo, no tardo. —añadí mirándolo de arriba abajo mordiéndome el labio inferior.

Fui entonces hasta la puerta que quedaba dentro de la habitación, la que daba al baño, entrando en él y cerrando la puerta tras de mí. Apoyé ambas manos en el lavamanos, observándome en el reflejo. Todavía tenía el maquillaje en la cara y el apretado atuendo de súcubo que el minino me había escogido. Lancé un beso a mi reflejo y comencé a desvestirme, liberando mis hermosos pechos de su prisión. Si al final no íbamos a jugar de aquella forma, prefería no llevar aquella ropa, la cual dejé doblada a un lado. Y ya que estaba, si me iba a quitar el maquillaje, también podría darme una ducha. Así que con toda la rapidez que fue posible, me desvestí por completo, cepillé mis dientes y me di una ducha. Sequé mi cuerpo con una toalla para después peinarlo rápidamente con un peine. Esperaba que el minino no se cansara de esperar, tampoco era para tanto. Salí del baño al cabo de apenas unos minutos, rodeando mi cuerpo con la toalla y dejándola caer al suelo frente a mi.

—¿Listo, minino? —pregunté con una sonrisilla en la cara.
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RE: +18 [Pr Relativo] Donde reina el amor, sobran las leyes. - por Ikirami - 13-08-2024, 08:46 PM

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