05-08-2024, 12:19 PM
Después de poder, al fin, intercambiar sus contactos de Den Den Mushi para poder hablar en cualquier momento, la tripa de Ikirami ordenó con sus rugidos ir a por algo de comida, y no sólo para llevársela a la boca y nutrirse, sino para hacer cosas indecentes que la pelirroja quiso compartir con el músico después de que pensara en ellas. Obviamente, el marrano de Garnet no podía estar más encantado con las ocurrencias de su novia. De esta forma, pasaron por varios puestos de comida y restaurantes, guiados por el pelirrojo, quién ya tenía en mente lo que quería pedir teniendo en cuenta los deseos de su amada. Cuando fue al puesto de sushi el músico para pedir varias piezas de pescado crudo con arroz, pudo percatarse de que, la marine, se acercó a un tenderete que había al lado de oden. Allí, pidió, a cambio de una exagerada cantidad de berries que le dieran no sé qué de una pimienta que, el minino no llegó a entender del todo para que lo querría. Aún así, tratándose de Ikirami, seguro que tendría alguna clase de satisfactorio uso en las cochinadas que harían una vez llegaran a la habitación.
Cuando llegaron al pequeño local de gofres, ante las continuas negativas del vendedor por cederles algo de chocolate líquido y un bote de nata, a Garnet no le quedó más remedio que enseñarle su trasero al encargado. Si Iki tenía el poder monetario para disuadir a los tendederos, el músico tenía su falta de vergüenza. Ante esto, y el comentario lleno de orgullo de su novia - que hizo que el corazón del minino ardiera con fuerza por la confianza que tenía en él - el skypiean obtuvo los ingredientes que utilizaría para echárselos más adelante por todo su cuerpo.- Joder... Quiero llegar ya a la habitación y llenar de lametones el cuerpazo de mi Iki...- Intentaba resistirse el pirata ante lo que se avecinaba, con su tercera antena aún endurecida al pensar en cada rincón del cuerpo de su amada bañado o en chocolate o nata. Luego, mientras Garnet se paraba en una frutería para pillar tanto fresas como cerezas y preguntar por la dirección de la posada dónde dormía Ikirami, la pelirroja soltó la mano del músico, seguramente para obtener algún otro maquiavélico ingrediente que se le pasara por la cabeza.
Una vez ya terminada, por parte del pirata, su perversa compra, llegó la marine con otra bolsa en su mano, afirmando que, por su lado, estaba todo listo al igual que Garnet también lo tenía todo preparado. Con la localización ya conocida, entonces, podían partir, al fin, hacia su nidito de amor, primer paso que dio la marine.- Iki, como he soltado, es al final de la calle a la izquierda, luego derecha y...- Recordó a la bella mujer, que ya había empezado a caminar y, cuando pudo, se disponía a girar a la derecha, haciendo caso omiso a las indicaciones que les habían dado. El pirata abrió los ojos como platos y, rápidamente, con la mano que tenía agarrada a la de la marine, tiró con suavidad de ella, para que parara.- Ay que joderse...- Pensó mientras observaba a Ikirami, a primera instancia, con cara de circunstancia, hasta que esbozó una sonrisa llena de ternura.- Es preciosa hasta perdiéndose puejeje... Habrá que ir con ojo a partir de ahora, ¿es o no es?- Admiraba la belleza de su novia, mientras exhalaba un suspiro.- Para el carro, Iki...- Comentó, ahora con seriedad, y mirando a su alrededor, para acabar acercando su cara al oído de la marine.- Creo que el brujo este puñetero puede hacer de las suyas y joderte de nuevo...- Susurró, alejándose entonces de la oreja de su amada, y dirigiéndose su vista hacia la calle por la que sí les llevaba hacia la posada.- Algo me ruge que ha vuelto a cambiar la dirección ese gilipollas y ahora es por ahí...- Volvió a mirar hacia Ikirami, con una sonrisa picarona.- Siendo el menda tu sirviente, debería llevar a mi ama de una pieza a su cama, ¿es o no es?- Dijo, guiñándole un ojo a la pelirroja para, a continuación, llevar la bolsa que tenía en una de sus manos a su boca, mordiendo la asa para sujetarla y, seguidamente, cogiendo en brazos a la marine como si de una princesa se tratara, de la misma forma que la agarró en su primera cita, cuando le preparó su nubecita de amor.- Fwaha vwaho.- Comentó, de manera inentendible para, acto seguido, iniciar a gran velocidad su caminata hacia la posada.
Después de menos de un minuto, y siguiendo las indicaciones que le había dado el frutero, llegaron hasta un edificio en cuya fachada tenía un gigantesco letrero de neón con el nombre "Beaufleur". Garnet soltó, con delicadeza y suavidad, la bolsa que llevaba en su boca sobre la marine. - Ale, estamos aquí, el puto brujo ese no nos la ha podido liar esta vez, ¿es o no es?.- Comentó con una amplia sonrisa dibujada en su rostro, aún sosteniendo a la marine en sus brazos. Seguidamente, bajó su mirada hacia ella, al mismo tiempo que se dirigía hacia la puerta.- ¿Qué planta y qué habitación es la tuya?- Soltó una risa nasal.- El menda tiene que llevar a su diosa hasta la misma puerta, ¿es o no es?-
Luego de que la pelirroja le respondiera sobre la ubicación de lo que sería su nidito de amor por el resto de las noches en Momoiro, el músico se adentró en el edificio, encontrándose, en primera instancia, la recepción, la cuál estaba vacía.- Hmm, es hora de cenar, me imagino que estarán jalando.- Pensó sin darle demasiadas vueltas, dirigiéndose - como un perro que va tras un hueso - a la planta y habitación que le había dicho su amada. Una vez frente a dicha puerta, tratándola como la reina que era, Garnet dejó a Ikirami en el suelo, de pie, para que pudiera abrir la puerta. Honestamente, el corazón y la entrepierna del pirata latían a mil por hora. A pesar de que ya habían pasado bastante tiempo a solas y de intimidad, era la primera vez que lo harían en un sitio, realmente privado para los dos y 100% suyo. Y no sólo era el cómo tendría Ikirami dispuesta y decorada la habitación, sino que también estaba todo el asunto de la convivencia y que el día siguiente pasarían las 24 horas juntos.- ¡Cuando digas, Iki!- Exclamó mientras agarraba las bolsas que la marine llevaba ahora, para que tuviera las manos libres. Con los nervios a flor de piel, mezcla de la emoción por estar junto a la persona que amaba, y del miedo porque algo saliera mal, el skypiean esperó a que Ikirami diera el pistoletazo de salida para poder entrar en su misteriosa habitación.
Cuando llegaron al pequeño local de gofres, ante las continuas negativas del vendedor por cederles algo de chocolate líquido y un bote de nata, a Garnet no le quedó más remedio que enseñarle su trasero al encargado. Si Iki tenía el poder monetario para disuadir a los tendederos, el músico tenía su falta de vergüenza. Ante esto, y el comentario lleno de orgullo de su novia - que hizo que el corazón del minino ardiera con fuerza por la confianza que tenía en él - el skypiean obtuvo los ingredientes que utilizaría para echárselos más adelante por todo su cuerpo.- Joder... Quiero llegar ya a la habitación y llenar de lametones el cuerpazo de mi Iki...- Intentaba resistirse el pirata ante lo que se avecinaba, con su tercera antena aún endurecida al pensar en cada rincón del cuerpo de su amada bañado o en chocolate o nata. Luego, mientras Garnet se paraba en una frutería para pillar tanto fresas como cerezas y preguntar por la dirección de la posada dónde dormía Ikirami, la pelirroja soltó la mano del músico, seguramente para obtener algún otro maquiavélico ingrediente que se le pasara por la cabeza.
Una vez ya terminada, por parte del pirata, su perversa compra, llegó la marine con otra bolsa en su mano, afirmando que, por su lado, estaba todo listo al igual que Garnet también lo tenía todo preparado. Con la localización ya conocida, entonces, podían partir, al fin, hacia su nidito de amor, primer paso que dio la marine.- Iki, como he soltado, es al final de la calle a la izquierda, luego derecha y...- Recordó a la bella mujer, que ya había empezado a caminar y, cuando pudo, se disponía a girar a la derecha, haciendo caso omiso a las indicaciones que les habían dado. El pirata abrió los ojos como platos y, rápidamente, con la mano que tenía agarrada a la de la marine, tiró con suavidad de ella, para que parara.- Ay que joderse...- Pensó mientras observaba a Ikirami, a primera instancia, con cara de circunstancia, hasta que esbozó una sonrisa llena de ternura.- Es preciosa hasta perdiéndose puejeje... Habrá que ir con ojo a partir de ahora, ¿es o no es?- Admiraba la belleza de su novia, mientras exhalaba un suspiro.- Para el carro, Iki...- Comentó, ahora con seriedad, y mirando a su alrededor, para acabar acercando su cara al oído de la marine.- Creo que el brujo este puñetero puede hacer de las suyas y joderte de nuevo...- Susurró, alejándose entonces de la oreja de su amada, y dirigiéndose su vista hacia la calle por la que sí les llevaba hacia la posada.- Algo me ruge que ha vuelto a cambiar la dirección ese gilipollas y ahora es por ahí...- Volvió a mirar hacia Ikirami, con una sonrisa picarona.- Siendo el menda tu sirviente, debería llevar a mi ama de una pieza a su cama, ¿es o no es?- Dijo, guiñándole un ojo a la pelirroja para, a continuación, llevar la bolsa que tenía en una de sus manos a su boca, mordiendo la asa para sujetarla y, seguidamente, cogiendo en brazos a la marine como si de una princesa se tratara, de la misma forma que la agarró en su primera cita, cuando le preparó su nubecita de amor.- Fwaha vwaho.- Comentó, de manera inentendible para, acto seguido, iniciar a gran velocidad su caminata hacia la posada.
Después de menos de un minuto, y siguiendo las indicaciones que le había dado el frutero, llegaron hasta un edificio en cuya fachada tenía un gigantesco letrero de neón con el nombre "Beaufleur". Garnet soltó, con delicadeza y suavidad, la bolsa que llevaba en su boca sobre la marine. - Ale, estamos aquí, el puto brujo ese no nos la ha podido liar esta vez, ¿es o no es?.- Comentó con una amplia sonrisa dibujada en su rostro, aún sosteniendo a la marine en sus brazos. Seguidamente, bajó su mirada hacia ella, al mismo tiempo que se dirigía hacia la puerta.- ¿Qué planta y qué habitación es la tuya?- Soltó una risa nasal.- El menda tiene que llevar a su diosa hasta la misma puerta, ¿es o no es?-
Luego de que la pelirroja le respondiera sobre la ubicación de lo que sería su nidito de amor por el resto de las noches en Momoiro, el músico se adentró en el edificio, encontrándose, en primera instancia, la recepción, la cuál estaba vacía.- Hmm, es hora de cenar, me imagino que estarán jalando.- Pensó sin darle demasiadas vueltas, dirigiéndose - como un perro que va tras un hueso - a la planta y habitación que le había dicho su amada. Una vez frente a dicha puerta, tratándola como la reina que era, Garnet dejó a Ikirami en el suelo, de pie, para que pudiera abrir la puerta. Honestamente, el corazón y la entrepierna del pirata latían a mil por hora. A pesar de que ya habían pasado bastante tiempo a solas y de intimidad, era la primera vez que lo harían en un sitio, realmente privado para los dos y 100% suyo. Y no sólo era el cómo tendría Ikirami dispuesta y decorada la habitación, sino que también estaba todo el asunto de la convivencia y que el día siguiente pasarían las 24 horas juntos.- ¡Cuando digas, Iki!- Exclamó mientras agarraba las bolsas que la marine llevaba ahora, para que tuviera las manos libres. Con los nervios a flor de piel, mezcla de la emoción por estar junto a la persona que amaba, y del miedo porque algo saliera mal, el skypiean esperó a que Ikirami diera el pistoletazo de salida para poder entrar en su misteriosa habitación.
INFO
![[Imagen: Tb4Z3O3.png]](https://imgur.com/Tb4Z3O3.png)
