02-08-2024, 02:52 PM
Como un patito, aunque un patito felino, me siguió de la mano a través de la ciudad. Era una experiencia agradable a la par que reconfortante, notando el tacto de su mano en la mía recorriendo las calles de Momoiro mientras anochecía. Se le veía feliz, al igual que a mí, sabía tan bien como yo lo que nos esperaba al llegar y no podía contener las ganas de la emoción. Asintió cuando le dije que quedaba poco, y con una sonrisa en la cara continué a toda velocidad con el rumbo fijo en mi cabeza. “Giro aquí, ahora recto, izquierda… derecha… ¿Derecha otra vez?”, repasaba en mi cabeza mientras avanzaba. Finalmente, habíamos llegado, sí. O al menos eso era lo que creía. Bueno, más que creer, yo estaba segura de ello. En mi cabeza, estábamos frente al edificio, y llena de ilusión le presenté nuestro nuevo nidito de amor mientras el minino confesaba que se moría de ganas de llegar a la habitación para darnos un repaso corporal el uno al otro. Pero una vez más, “algo”, una fuerza superior incluso a mi sublime ser, parecía querer socavar mis esfuerzos. Miré, completamente consternada, como el edificio frente a mis ojos era sustituido por unas decrépitas ruinas. Por un instante, casi pensé que había sucedido alguna clase de catástrofe y el edificio había sido derruido. Pero no, una farola parpadeante nos iluminaba ahora, mientras el minino se mostraba casi tan confuso como yo. La frustración era tal que no pude contener que una serie de improperios salieran de mis hermosos labios, mancillándolos, mientras pateaba el suelo y levantaba un puño enfurecida. Expliqué, a mi perplejo minino, como en el Grand Lien ocurrían cosas que escapaban de toda lógica. No era la primera vez que me sucedía, habiendo conocido ya bosques migratorios. Esta vez, sin embargo, se trataba de un caso de “edificios nómadas”. Algún día recogería todos aquellos datos en un libro, para advertir a quienes partiesen a estos mares.
Estaba entristecida, mirando a mi adorable minino, con casi alguna que otra lágrima queriendo asomar por mis ojos. Pero él respondió con una tierna sonrisa y besó mi frente, como buen gatito que era. Apartó la mirada para ver el decrépito lugar, diciendo que tal vez un descampado no era el mejor lugar para darnos amor, y en efecto, no lo era. Suspiré, cerrando los ojos, mientras él sostenía mis manos. Dijo que no sabía que case de brujo estaba haciéndome aquello de mover las cosas de su sitio.
—Uno absolutamente malvado… —comenté abriendo los ojos mientras él miraba hacia la luz de la farola para después decirme que no me preocupase, que llegaríamos, tendríamos nuestra dosis de amor y que juntos acabaríamos con el brujo, apalizándolo— Me encantaría romper algunos huesos a ese ser contigo, no lo voy a negar, ¿sabes? Shshsh. —comenté risueña bajando la vista a sus manos y acariciándolas.
Aclaró que eso también hacía más emocionante nuestro camino a la cama, con una sonrisa picarona muy sexy, a lo que asentí con una sonrisa por lo comprensivo que era. Entonces, propuso que buscásemos a alguien a quien preguntar, soltando una de mis manos para llevarme ahora él a través de las calles. Comenzábamos desandar el camino cuando, llamándome su ama, me pidió que le dejase encargarse mientras yo podía observar su trasero. Ladeé la cabeza, andando justo por detrás de él, para tener una visión más clara de ese culo que casi asomaba por la faldita que llevaba. Con la mano libre, le di una cachetada en esas prietas posaderas que tenía y solté una risita.
Anduvimos un buen rato hasta llegar a una calle bastante transitada, en la que había varios restaurantes, puestos de comida y locales de ocio nocturno. Era curioso, aun con tantos sitios con delicias expuestas y cocinas humeantes, apenas se olía un ligero aroma surgiendo de ellos. Aun así, fue suficiente para darme hambre y me relamí los labios mientras mi estómago soltaba un pequeño rugido. Había estado tan enfrascada en el gatito que se me había olvidado lo hambrienta que estaba. Mientras yo buscaba algún lugar interesante en el que pedir algo, Garnet se quedó observando el escaparate de una tienda, tras lo cual me llamó y lo miré todavía relamiéndome. Señaló un papel que había pegado a dicho escaparate, explicándome que se iba a celebrar una festividad llamada “Fiesta del Amor Libre” por estar en primavera.
—Esa fiesta debe ser en nuestro honor, entonces. Shshshsh. ¿Cuándo es? —pregunté ladeando la cabeza para intentar leer el cartel.
El felino fue más rápido, soltando mis manos y llevándoselas a la cabeza diciendo que era mañana mismo. Se giró hacia mí, sonriente y rojito como una cerecita, tan adorable como siempre. Lo cierto es que era una gran casualidad, reencontrándonos después de todo justo a tiempo para un evento como ese. Aún no se lo había dicho, pero si por algún casual pudiesen quedar todavía dudas, para mí ya no las había. Me preguntó si querría ir con él a la fiesta, añadiendo que podría quedarse mañana conmigo todo el día para después acudir al lugar del evento. Sonreí emocionada por la idea y, antes de poderle responder, se carcajeó negando con la cabeza, pues pensaba que tal vez el brujo había querido que encontrásemos aquello y por eso había movido las cosas. Coloqué con delicadeza mis manos sobre sus mejillas y lo besé, cerrando los ojos un momento y disfrutando del momento.
—Sí, vayamos. —acepté, retirándome unos centímetros y levantando la vista hacia sus ojos— Amor libre, como el nuestro… Se me hace difícil creer que sea una coincidencia, otra vez… —comenté con una certeza absoluta— Te dije que el destino nos volvería a reunir, y así fue. Y ahora, fruto de la casualidad, encontramos un festival sobre el amor “libre”. —continué, haciendo énfasis en la palabra final, sonrojándome levemente alternando la vista entre sus hermosos ojos— Quédate conmigo, en mi habitación, todo el tiempo que estemos en Momoiro. A Beaufleur no le importará, y a mí me hará muy feliz. Además, que nos hayamos visto aquí significa que nos veremos también en las siguientes islas, ¿sabes? Shshshsh. Y antes de que se me olvide… —me interrumpí, liberando sus mejillas y bajando las manos hacia mi bolso para sacar mi Den Den Mushi con una sonrisa y ponerlo frente a él— Esta vez sí que lo llevaba encima.
Esperé un momento para que pudiéramos conectar, aliviada pensando que ya no tendría que estar continuamente preocupada por saber dónde estaba o cómo le iba al minino. Sonreía cuando mi estómago volvió a rugir, esta vez con más fuerza y sonreí avergonzada desviando la mirada.
—Minino… ¿qué te parece si compramos algo de comida para llevar? Así podríamos preguntar la dirección mientras hacemos la compra, ¿sabes? Además, podríamos pedir un poco de más comida, así nos aseguramos de que nos sobre suficiente para después. —me acerqué lentamente a su oído, como si fuera a compartir un secreto, y le susurré una serie de obscenidades tan perversas que no deberían ser siquiera descritas. Me aparté con una sonrisa de satisfacción y mis ojos brillando con picardía— ¿Te… hace?
Estaba entristecida, mirando a mi adorable minino, con casi alguna que otra lágrima queriendo asomar por mis ojos. Pero él respondió con una tierna sonrisa y besó mi frente, como buen gatito que era. Apartó la mirada para ver el decrépito lugar, diciendo que tal vez un descampado no era el mejor lugar para darnos amor, y en efecto, no lo era. Suspiré, cerrando los ojos, mientras él sostenía mis manos. Dijo que no sabía que case de brujo estaba haciéndome aquello de mover las cosas de su sitio.
—Uno absolutamente malvado… —comenté abriendo los ojos mientras él miraba hacia la luz de la farola para después decirme que no me preocupase, que llegaríamos, tendríamos nuestra dosis de amor y que juntos acabaríamos con el brujo, apalizándolo— Me encantaría romper algunos huesos a ese ser contigo, no lo voy a negar, ¿sabes? Shshsh. —comenté risueña bajando la vista a sus manos y acariciándolas.
Aclaró que eso también hacía más emocionante nuestro camino a la cama, con una sonrisa picarona muy sexy, a lo que asentí con una sonrisa por lo comprensivo que era. Entonces, propuso que buscásemos a alguien a quien preguntar, soltando una de mis manos para llevarme ahora él a través de las calles. Comenzábamos desandar el camino cuando, llamándome su ama, me pidió que le dejase encargarse mientras yo podía observar su trasero. Ladeé la cabeza, andando justo por detrás de él, para tener una visión más clara de ese culo que casi asomaba por la faldita que llevaba. Con la mano libre, le di una cachetada en esas prietas posaderas que tenía y solté una risita.
Anduvimos un buen rato hasta llegar a una calle bastante transitada, en la que había varios restaurantes, puestos de comida y locales de ocio nocturno. Era curioso, aun con tantos sitios con delicias expuestas y cocinas humeantes, apenas se olía un ligero aroma surgiendo de ellos. Aun así, fue suficiente para darme hambre y me relamí los labios mientras mi estómago soltaba un pequeño rugido. Había estado tan enfrascada en el gatito que se me había olvidado lo hambrienta que estaba. Mientras yo buscaba algún lugar interesante en el que pedir algo, Garnet se quedó observando el escaparate de una tienda, tras lo cual me llamó y lo miré todavía relamiéndome. Señaló un papel que había pegado a dicho escaparate, explicándome que se iba a celebrar una festividad llamada “Fiesta del Amor Libre” por estar en primavera.
—Esa fiesta debe ser en nuestro honor, entonces. Shshshsh. ¿Cuándo es? —pregunté ladeando la cabeza para intentar leer el cartel.
El felino fue más rápido, soltando mis manos y llevándoselas a la cabeza diciendo que era mañana mismo. Se giró hacia mí, sonriente y rojito como una cerecita, tan adorable como siempre. Lo cierto es que era una gran casualidad, reencontrándonos después de todo justo a tiempo para un evento como ese. Aún no se lo había dicho, pero si por algún casual pudiesen quedar todavía dudas, para mí ya no las había. Me preguntó si querría ir con él a la fiesta, añadiendo que podría quedarse mañana conmigo todo el día para después acudir al lugar del evento. Sonreí emocionada por la idea y, antes de poderle responder, se carcajeó negando con la cabeza, pues pensaba que tal vez el brujo había querido que encontrásemos aquello y por eso había movido las cosas. Coloqué con delicadeza mis manos sobre sus mejillas y lo besé, cerrando los ojos un momento y disfrutando del momento.
—Sí, vayamos. —acepté, retirándome unos centímetros y levantando la vista hacia sus ojos— Amor libre, como el nuestro… Se me hace difícil creer que sea una coincidencia, otra vez… —comenté con una certeza absoluta— Te dije que el destino nos volvería a reunir, y así fue. Y ahora, fruto de la casualidad, encontramos un festival sobre el amor “libre”. —continué, haciendo énfasis en la palabra final, sonrojándome levemente alternando la vista entre sus hermosos ojos— Quédate conmigo, en mi habitación, todo el tiempo que estemos en Momoiro. A Beaufleur no le importará, y a mí me hará muy feliz. Además, que nos hayamos visto aquí significa que nos veremos también en las siguientes islas, ¿sabes? Shshshsh. Y antes de que se me olvide… —me interrumpí, liberando sus mejillas y bajando las manos hacia mi bolso para sacar mi Den Den Mushi con una sonrisa y ponerlo frente a él— Esta vez sí que lo llevaba encima.
Esperé un momento para que pudiéramos conectar, aliviada pensando que ya no tendría que estar continuamente preocupada por saber dónde estaba o cómo le iba al minino. Sonreía cuando mi estómago volvió a rugir, esta vez con más fuerza y sonreí avergonzada desviando la mirada.
—Minino… ¿qué te parece si compramos algo de comida para llevar? Así podríamos preguntar la dirección mientras hacemos la compra, ¿sabes? Además, podríamos pedir un poco de más comida, así nos aseguramos de que nos sobre suficiente para después. —me acerqué lentamente a su oído, como si fuera a compartir un secreto, y le susurré una serie de obscenidades tan perversas que no deberían ser siquiera descritas. Me aparté con una sonrisa de satisfacción y mis ojos brillando con picardía— ¿Te… hace?
