26-07-2024, 03:38 PM
El gatito estaba sublime con aquel traje de sirvienta, realmente era erótico verlo con aquello puesto y le daba un aire de sumisión que me agradaba realmente. Me acerqué a él, posando mi mano en su desnudo pecho, bromeando sobre contratarlo para que me limpiase el camarote. Mientras acariciaba su cara con mis delicados dedos, él agarró mi barbilla aclarando que se lo podía llevar puesto. Con una voz cargada de seducción, se inclinó hacia mi oído y susurró que podríamos jugar una traviesa partida de Doncellas y Demonias. Sus palabras, junto con el cálido aliento en mi oreja, me provocaron un estremecimiento delicioso. Finalizó con su dulce muletilla, añadiendo un “mi ama” que me provocó sobremanera. Sonreí, complacida y ligeramente sonrojada, mientras lo miraba con picardía y asentía. El minino sabía perfectamente cómo desatar mi deseo, y con cada segundo que pasaba, la urgencia de sentir su cuerpo nuevamente crecía intensamente.
—Así me gusta, buen chico. —contesté para después girarme y acercarme a mi atuendo, todavía sonriente.
Me coloqué aquel disfraz de súcubo para posteriormente voltear hacia él y preguntarle su opinión, aclarando ya de base que sabía que quería quitarme la ropa. No hacía falta ser una maestra del análisis psicológico para determinar aquello, su cara lo decía todo. Se quedó completamente boquiabierto, reacción que me parecía adecuada, pues estaba absolutamente fantástica con aquello puesto. Me incliné hacia él posando un dedo en sus labios mientras afirmaba que estaba tremenda, complacida por su comentario, y después lo besé. Quise comentar lo que me había venido a la mente al verme, haciendo una comparación entre los cuernos de mi diadema con sus antenitas, y mis alas demoníacas con las suyas angelicales. Tras aquello, quise tomar su mano para irnos, pero antes de poder hacerlo me rodeó con sus brazos la cintura abrazándome con fuerza, con tanta que casi no podía respirar. Al parecer aquello le había parecido adorable, o algo así, pues comentó que no entendía como podía ser que en segundos pasase de querer “darme como a cajón que no cierra” a querer estrujarme entre sus brazos de puro amor. Me sonrió con ternura al decirlo, besando mi frente mientras yo desviaba la mirada a un lado e hinchaba los mofletes algo ruborizada.
—Puedes hacer ambas cosas, a la vez… ¿Sabes? —comenté imaginando cosas adultas sucediendo entre ambos mientras me abrazaba con ternura.
Ahora sí, me dio la patita como buen minino y me lo llevé hacia el pasillo, frenando antes de cruzar la puerta final. Sin embargo, todavía quedaba algo que comentarle. No quería que Okaliva se llevase una desagradable sorpresa enterándose de que era marine y de que le había mentido. De veras que me dolía tener que mentirle, pero era necesario. Pensé que tal vez el minino se enfadaba por aquello, pero al contrario de juzgarme, besó mi mano y me sonrió, aclarando que podía contar con él. Entonces se puso más serio y acarició mi mejilla con su dulce mano, diciendo que iba a salvaguardar mis secretos, sonriente.
—Eres increíble… —murmuré con una tímida sonrisa dibujándose en mi faz.
En ese momento, abrió los ojos como recordando algo, haciendo que ladease la cabeza confundida mientras él miraba hacia el techo. Volvió su mirada hacia mí y me preguntó, entonces, sonrojándose un poco, que si me estaba quedando en otro lugar que no fuese el barco. Sonreí, pues así era y tenía pensado llevarlo después, pero es que además me dijo que no solo quería ir para algo sexual, sino que quería dormir conmigo. “Ay, ay, ay…” exclamé en mi cabecita, imaginando al gatito ronroneando dormido en mi cama.
—Sí… —respondí tímidamente con una vergüenza nada propia de mí y sonrojándome, apartando la mirada de él intentando que no me viese así— Puedes quedarte conmigo todas las noches que quieras, minino…
Cuando se trataba de algo sexual, de algo erótico, no tenía ningún problema expresándolo abiertamente, bromeando sobre ello sin ningún tipo de pudor. Sin embargo, al tratarse de algo más… romántico, algo más dulce, era como si otra yo se apoderase de mí por unos momentos, sacando un lado de mí mucho más tímido. Pasar una noche con él, compartiendo lecho, simplemente descansando, se me hacía algo tan… íntimo y vulnerable. La idea de sentir su calor a mi lado, de escuchar el suave ritmo de su respiración mientras se adormecía, me llenaba de una ternura inexplicable. Cada pequeño gesto, como el roce de su mano buscando la mía en la penumbra, o el ligero susurro de su voz antes de sucumbir al sueño, eran detalles con los que había soñado en las largas noches que habíamos pasado separados. Así que sí, me moría de ganas por aquello. Y tras expresarle eso, decidida, abrí la puerta atravesándola justo frente a él.
La tienda de Okaliva estaba ahora recogida, de nuevo devuelta a su estado original. Toda la ropa que había caído, por aquello extraño que Garnet decía que yo había hecho, volvía a reposar en su respectivo lugar. Escuché una respiración y me giré hacia Okaliva, que estaba sentado en una silla. Le dediqué una sonrisa y un gesto de agradecimiento con la cabeza mientras él se levantaba de la silla. El minino, por su lado, comenzó a gritar alterado, cosa que hizo que me girase sorprendida y alzando una ceja hacia él. Debía estar buscando nuestras cosas, antes de terminar de revisar con la mirada el sitio buscándolas, Okaliva alzó la voz, diciéndole que no se preocupase, indicándole que estaban en el mostrador. Me acerqué a ellas para recoger mi bolso, asegurándome de que la libreta estaba dentro, tenía información vital sobre mis cosas como para dejarla por allí a su suerte. pero claro, ver al minino había hecho que me olvidase de todo lo demás.
—Gracias, Okaliva, eres el mejor. Shshshs. —agradecí al hombre tras recoger lo mío.
El minino también agradeció, feliz al recuperar sus cosas y le di una palmadita en la cabeza seguida de una caricia para reforzar de forma positiva el agradecer. Era uno de los métodos más básicos de entrenamiento para mascotas, el refuerzo positivo. Me giré y caminé hacia Okaliva cuando este, de forma dramática se llevó la mano a la frente y se inclinó hacia atrás, absolutamente alucinado por nuestros increíbles outfits. Tras aquello retomó la compostura mirándonos de forma intensa, alabándonos por lo genial que nos quedaban. Posé para él, llevándome una mano a la cadera con una sonrisa de suficiencia en el rostro y echándome la melena hacia atrás con la otra. Sí, estaba divina. Pero es que además, el felino estaba también espectacular, no tanto como yo, pero esos músculos hercúleos quedaban bien con cualquier cosa, y Okaliva, como buen modista, fue capaz de verlo. Así pues, le propuso a Garnet hacerle algunos conjuntos también para él mientras observaba bien de cerca su cuerpo.
—Es mío. —declaré poniendo la mano frente a la cara del Okama, que se retiró un momento mientras Garnet me susurraba confundido por la proposición, a lo que le devolví una sonrisa y asentí— Y lo que es mío no se toca. Pero, a ti, mi querido Okaliva, te lo puedo prestar para que juegues un ratito a las muñecas, ¿sabes?
Okaliva prorrumpió en risas, levantando el mentón y cruzándose de brazos, levantando después una mano chasqueando los dedos mirando hacia ambos.
—Me parece perfecto, my queen. I’m sure que lo que sea que le ponga quedará amazing en él. —respondió sonriente a la vez que se le veía meditativo, probablemente pensando qué estilo utilizaría para adornar al gatito.
—Puedes confiar en él, minino. Y si tienes alguna sugerencia, seguro que te escucha. —dije a mi novio y le di un tierno beso en la mejilla— Y bueno, ahora que ya estamos todos reunidos. ¿Por qué no te presentas como es debido?
—Así me gusta, buen chico. —contesté para después girarme y acercarme a mi atuendo, todavía sonriente.
Me coloqué aquel disfraz de súcubo para posteriormente voltear hacia él y preguntarle su opinión, aclarando ya de base que sabía que quería quitarme la ropa. No hacía falta ser una maestra del análisis psicológico para determinar aquello, su cara lo decía todo. Se quedó completamente boquiabierto, reacción que me parecía adecuada, pues estaba absolutamente fantástica con aquello puesto. Me incliné hacia él posando un dedo en sus labios mientras afirmaba que estaba tremenda, complacida por su comentario, y después lo besé. Quise comentar lo que me había venido a la mente al verme, haciendo una comparación entre los cuernos de mi diadema con sus antenitas, y mis alas demoníacas con las suyas angelicales. Tras aquello, quise tomar su mano para irnos, pero antes de poder hacerlo me rodeó con sus brazos la cintura abrazándome con fuerza, con tanta que casi no podía respirar. Al parecer aquello le había parecido adorable, o algo así, pues comentó que no entendía como podía ser que en segundos pasase de querer “darme como a cajón que no cierra” a querer estrujarme entre sus brazos de puro amor. Me sonrió con ternura al decirlo, besando mi frente mientras yo desviaba la mirada a un lado e hinchaba los mofletes algo ruborizada.
—Puedes hacer ambas cosas, a la vez… ¿Sabes? —comenté imaginando cosas adultas sucediendo entre ambos mientras me abrazaba con ternura.
Ahora sí, me dio la patita como buen minino y me lo llevé hacia el pasillo, frenando antes de cruzar la puerta final. Sin embargo, todavía quedaba algo que comentarle. No quería que Okaliva se llevase una desagradable sorpresa enterándose de que era marine y de que le había mentido. De veras que me dolía tener que mentirle, pero era necesario. Pensé que tal vez el minino se enfadaba por aquello, pero al contrario de juzgarme, besó mi mano y me sonrió, aclarando que podía contar con él. Entonces se puso más serio y acarició mi mejilla con su dulce mano, diciendo que iba a salvaguardar mis secretos, sonriente.
—Eres increíble… —murmuré con una tímida sonrisa dibujándose en mi faz.
En ese momento, abrió los ojos como recordando algo, haciendo que ladease la cabeza confundida mientras él miraba hacia el techo. Volvió su mirada hacia mí y me preguntó, entonces, sonrojándose un poco, que si me estaba quedando en otro lugar que no fuese el barco. Sonreí, pues así era y tenía pensado llevarlo después, pero es que además me dijo que no solo quería ir para algo sexual, sino que quería dormir conmigo. “Ay, ay, ay…” exclamé en mi cabecita, imaginando al gatito ronroneando dormido en mi cama.
—Sí… —respondí tímidamente con una vergüenza nada propia de mí y sonrojándome, apartando la mirada de él intentando que no me viese así— Puedes quedarte conmigo todas las noches que quieras, minino…
Cuando se trataba de algo sexual, de algo erótico, no tenía ningún problema expresándolo abiertamente, bromeando sobre ello sin ningún tipo de pudor. Sin embargo, al tratarse de algo más… romántico, algo más dulce, era como si otra yo se apoderase de mí por unos momentos, sacando un lado de mí mucho más tímido. Pasar una noche con él, compartiendo lecho, simplemente descansando, se me hacía algo tan… íntimo y vulnerable. La idea de sentir su calor a mi lado, de escuchar el suave ritmo de su respiración mientras se adormecía, me llenaba de una ternura inexplicable. Cada pequeño gesto, como el roce de su mano buscando la mía en la penumbra, o el ligero susurro de su voz antes de sucumbir al sueño, eran detalles con los que había soñado en las largas noches que habíamos pasado separados. Así que sí, me moría de ganas por aquello. Y tras expresarle eso, decidida, abrí la puerta atravesándola justo frente a él.
La tienda de Okaliva estaba ahora recogida, de nuevo devuelta a su estado original. Toda la ropa que había caído, por aquello extraño que Garnet decía que yo había hecho, volvía a reposar en su respectivo lugar. Escuché una respiración y me giré hacia Okaliva, que estaba sentado en una silla. Le dediqué una sonrisa y un gesto de agradecimiento con la cabeza mientras él se levantaba de la silla. El minino, por su lado, comenzó a gritar alterado, cosa que hizo que me girase sorprendida y alzando una ceja hacia él. Debía estar buscando nuestras cosas, antes de terminar de revisar con la mirada el sitio buscándolas, Okaliva alzó la voz, diciéndole que no se preocupase, indicándole que estaban en el mostrador. Me acerqué a ellas para recoger mi bolso, asegurándome de que la libreta estaba dentro, tenía información vital sobre mis cosas como para dejarla por allí a su suerte. pero claro, ver al minino había hecho que me olvidase de todo lo demás.
—Gracias, Okaliva, eres el mejor. Shshshs. —agradecí al hombre tras recoger lo mío.
El minino también agradeció, feliz al recuperar sus cosas y le di una palmadita en la cabeza seguida de una caricia para reforzar de forma positiva el agradecer. Era uno de los métodos más básicos de entrenamiento para mascotas, el refuerzo positivo. Me giré y caminé hacia Okaliva cuando este, de forma dramática se llevó la mano a la frente y se inclinó hacia atrás, absolutamente alucinado por nuestros increíbles outfits. Tras aquello retomó la compostura mirándonos de forma intensa, alabándonos por lo genial que nos quedaban. Posé para él, llevándome una mano a la cadera con una sonrisa de suficiencia en el rostro y echándome la melena hacia atrás con la otra. Sí, estaba divina. Pero es que además, el felino estaba también espectacular, no tanto como yo, pero esos músculos hercúleos quedaban bien con cualquier cosa, y Okaliva, como buen modista, fue capaz de verlo. Así pues, le propuso a Garnet hacerle algunos conjuntos también para él mientras observaba bien de cerca su cuerpo.
—Es mío. —declaré poniendo la mano frente a la cara del Okama, que se retiró un momento mientras Garnet me susurraba confundido por la proposición, a lo que le devolví una sonrisa y asentí— Y lo que es mío no se toca. Pero, a ti, mi querido Okaliva, te lo puedo prestar para que juegues un ratito a las muñecas, ¿sabes?
Okaliva prorrumpió en risas, levantando el mentón y cruzándose de brazos, levantando después una mano chasqueando los dedos mirando hacia ambos.
—Me parece perfecto, my queen. I’m sure que lo que sea que le ponga quedará amazing en él. —respondió sonriente a la vez que se le veía meditativo, probablemente pensando qué estilo utilizaría para adornar al gatito.
—Puedes confiar en él, minino. Y si tienes alguna sugerencia, seguro que te escucha. —dije a mi novio y le di un tierno beso en la mejilla— Y bueno, ahora que ya estamos todos reunidos. ¿Por qué no te presentas como es debido?
