+18 [Pr Relativo] Donde reina el amor, sobran las leyes.
#23
Debía compartir mis pensamientos con el gatito, no podía guardármelo para mí. No solo por ser sincera, al menos con él, sino porque necesitaba que entendiera mi postura. No iba a esperar a que otros lograran lo que yo deseaba. Era fundamental que comprendiera que mi determinación y mis sueños eran intransferibles. Me detuve frente a la puerta y, tomando una profunda respiración, me di la vuelta para encararlo. Por un momento, agaché la cabeza, insegura de mis intenciones, pero al levantar la mirada encontré sus ojos en la semi-oscuridad, llenos de curiosidad y empatía. Apoyé ambas manos en la puerta, dejándome caer sobre ellas, y levanté la barbilla para mirarlo directamente, buscando transmitir toda la seriedad y convicción de mis palabras. Garnet asintió cuando le dije que había un último asunto que resolver, y le expresé de manera directa que, aunque él confiara plenamente en su capitán, yo no compartía esa confianza. Sabía que mis palabras podían ser duras, pero era esencial que él entendiera mi punto de vista. El minino volvió a asentir, con una sonrisa cálida que me tranquilizó y me infundió valor para seguir hablando. Me dijo que no me preocupara, y esas palabras fueron como un bálsamo, dándome fuerzas para explicarme con más detalle. Le dije, con toda la firmeza que pude reunir, que no iba a dejar mi sueño en manos de otro.

No había considerado cómo reaccionaría a mi declaración, pero su respuesta fue inmediata y positiva. Sonrió con una comprensión que me sorprendió, y comentó que no hacía falta usar el kenbunshoku para notar la ambición y la determinación que irradiaba. Sus palabras me hicieron sentir valorada y comprendida. Le devolví la sonrisa mientras veía cómo me miraba con ternura y admiración, su actitud era tan reconfortante y adorable... Añadió que veía en mí una mente, un corazón y un alma llenos de bondad, y con una mirada pícara hacia mis pechos, concluyó diciendo que también tenía unas increíbles tetas. Ese comentario inesperado me hizo llevar una mano a la boca, intentando contener una pequeña risa que escapaba de mis labios.

—Las mejores sobre la faz del planeta. —añadí con diversión, dejando que una sonrisa traviesa se dibujara en mi rostro.

Lo miré con dulzura y sonriente mientras él sacudía la cabeza de forma adorable, como buen minino, cruzando de nuevo su mirada con la mía. Me expresó que estaba seguro de que lo conseguiría, pero que sintiéndolo, había algo que le molestaba de todo aquello. Dejé caer lentamente la mano a mi lado, observándolo ahora con preocupación. ¿La había cagado? ¿Había sonado demasiado condescendiente al decirle aquello? Vi como apretaba su puño y agachaba la cabeza, demostrando que realmente le ofuscaba algo. Apreté los labios con cierto temor mientras él continuaba, diciendo que tras aquella experiencia onírica al quitarse la fruta decidió que no solo iría a por su sueño, sino que también ayudaría a cumplir los de sus amigos.

—Mi… Minino… —murmuré, fascinada por lo buena persona que era al pensar de aquella fforma.

Pero, sintiéndolo mucho, nada en el universo me había preparado lo suficiente para cuando alzó la vista, clavando sus hermosos ojos en los míos, añadiendo que también incluía mi sueño al decir aquello y  después apoyando los brazos en la puerta tras de mi, quedando a escasos centímetros su cara de la mía. Sentí la temperatura en mis mejillas alcanzar unos niveles insospechados, quedándome totalmente traspuesta y agarrándome las manos frente al pecho. Era más alto que yo, así que estaba ligeramente inclinado por encima de mí, con sus fuertes brazos a mi alrededor y además, totalmente desnudo todavía. ¿Me estaba muriendo? Como mínimo, sentía que mi corazón se había saltado varios latidos cuando se inclinó sobre mí de aquella forma, para después comenzar a latir con la misma rapidez que si estuviese en plena batalla. Intenté sacar fuerzas de mi débil corazón para mantenerle la mirada que me ofrecía, una decidida, que transmitía que aquello iba en serio. Sintiendo su aliento en la cara, comentó que en aquella isla, en el concierto que había dado, supo cual era en realidad su sueño: no quería ser solo una superestrella, quería que su música curase la oscuridad de las persona. Entonces, hinchó los mofletes como globos aguantando la risa, porque había dicho una palabra que se parecía a “verga”, haciendo que yo riese como una idiota enamorada, aún sonrojada y con el corazón latiendo a mil por hora en el pecho. Tras unos segundos, volvió a ponerse serio, diciendo que su música curaría todas las almas y corazones rotos, estando seguro de poder hacerlo, pues lo había aprendido gracias a mí.

Y podía, estaba segura de ello, tan segura como lo estaba de que lo amaba con toda mi alma. Si no hubiese sido por él y por su música, jamás habría conseguido cerrar las cicatrices que el pasado me había dejado. Estaban ahí, y todavía dolían, pero gracias a él las había conseguido aceptar de alguna forma, retirándolas a donde pertenecían, al pasado. Hice el amago de abrir la boca para decírselo, pero se había acercado tanto a mí que casi podía sentir el calor de sus labios en los míos, separados por apenas unos milímetros. Paseé la mirada entre sus ojos y sus labios, por igual de tentadores los unos que los otros, y bajé mis manos para apoyarlas en sus caderas. Me atraía demasiado, y mi respiración de entrecortó cuando me dijo que lo usase para cumplir mi sueño, que le daba igual que fuese un pirata. Me pidió que lo dejase ayudarme, que no podía hacer otra cosa por la persona que lo salvó.

—No, tú me salvaste a mí, minino. —lo corregí ladeando la cabeza con la vista clavada en esos labios que me susurraban.

Dijo que yo protegía a la gente físicamente, y que él protegía sus almas y corazones, preguntándome si no creía que nuestros objetivos, al igual que él y yo, se complementaban perfectamente.

—Sí, lo hacen… —susurré justo antes de que juntásemos al fin nuestros labios.

Me perdí por completo en la dulce caricia de su boca. No podía discutirle nada de lo que acababa de decir, tenía razón. Y no existía nadie en el mundo con quien quisiera compartir algo como aquello que no fuese mi amado felino. Me abracé a su cuerpo con fuerza, con pasión, volviendo a recorrer una vez más su dulce piel con las manos. De verdad, no tenía ni idea de qué tenía aquel pelirrojo que me ponía tanto, aparte de un cuerpo de infarto, una voz seductora, un humor increíble y de tener mi corazón a su recaudo, pero no podía resistirme a él. Aun así hice el esfuerzo para volver en mí, luego me lo llevaría a mi habitación y tal vez lo encadenase a la cama para que no pudiese huir, pero eso para más tarde. Cuando al fin nos separamos, finalmente pude decirle lo que quería.

—Cuento contigo entonces, mi amor. —declaré con una sonrisa de complicidad y me giré para abrir la puerta hacia el camerino.

Comencé a buscar entre la ropa algo para ponerle a mi novio-mascota, quería algo especial que ponerle. Y no tardé demasiado en encontrar algo que llamó mi atención mientras él deambulaba por la habitación cotilleando la ropa y murmurando que sí que se debía tratar del mejor modista del mundo, cosa que no pasó por desapercibido a mi fino oído. Más que un atuendo, era un disfraz, pero me moría de ganas por verlo luciéndolo con ese musculoso cuerpo que se gastaba. Así, toda ilusionada, me acerqué a él con la ropa a mi espalda mientras él reía de forma perversa, o más bien pervertida. En cuanto se lo mostré, rio y gritó que le encantaba, que ahora mismo se lo ponía, mientras lo tomaba de mis manos. Después dijo que ya había encontrado algo para mí, y miré con curiosidad lo que me ofrecía, que no era nada menos que un atrevido disfraz de diabla, o súcubo. Con una sonrisa lasciva, me preguntó con retórica si no quedaría increíblemente irresistible con aquello, añadiendo que ya lo era. Le devolví una mirada traviesa, sabiendo muy bien lo que en el fondo quería hacer con esa ropa.

—Luego le pedimos a Okaliva a ver si nos lo presta para… jugar, o me lo compras. Ya me entiendes, ¿sabes? —comenté mordiéndome los labios y después me acerqué un paso para darle un beso.

Esperé mientras se vestía, dejando mi ropa sobre el amplio tocador. Observé como poco a poco ocultaba su hermoso cuerpo con aquel atuendo y cuando hubo terminado se plantó frente a mí, girando sobre sí mismo para mostrarme como le quedaba.

—¿Puedo contratarte para que me limpies el camarote? —pregunté bromeando y acercándome a él para posar mi mano derecha en su pecho desnudo y recorriendo su cuerpo con la mirada— Me gusta como te queda, minino, así casi que pareces un gatito bueno y sumiso. —respondí mordiéndome los labios y recorriendo su cara con una caricia desde la mejilla hasta la barbilla, tras lo cual me alejé— Aunque he de reconocer que casi se me hace extraño verte con algo puesto, creo que te he visto más desnudo que con ropa, de lo cual tengo cero quejas. Bueno, me toca.

Me acerqué al espejo para ir poniéndome aquel apretado y brillante traje sadomasoquista. Aunque era de mi talla, tuve que sentarme en un taburete para subir el ceñido látex por mis muslos hasta mi culo, y aún me costó más colocar la parte superior sin que se me salieran los pechos. Estaba claro que no estaba preparado para alguien con un par de razones como las mías, pero con paciencia todo quedó en su sitio. Me admiré en el espejo, cogiendo un cepillo para desenredar el pelo, alborotado tras nuestro sexual encuentro. Una vez con los cuernos y las alitas por detrás, me giré hacia él y sonreí al ver similitudes con mi novio.

—¿Y bien? Sí, lo sé, me quieres arrancar ya la ropa. —contesté yo misma y me acerqué a él para inclinarme ligeramente y ponerle el dedo índice ante los labios— Pero eso para después, minino. —quité el dedo para incorporarme y plantarle un beso, tars lo cual lo miré sonriente llevándome una mano a los cuernos— Ahora casi que me parezco a ti. Mira, tengo antenitas. —comenté primero alzando la vista intentando verlos y después me di la vuelta— ¡Y hasta tengo alitas! —concluí alzando los brazos a los lados imitando un aleteo risueña.

Volví hasta el minino y lo cogí por la mano, pensando en lo bien que hubiese venido un collar con una correa. Lo cierto era que me gustaba demasiado llevarlo de un lado a otro, así que le pedía la patita para llevarlo conmigo.

—Ahora sí, vamos a que te presente a Okaliva. —anuncié comenzando a andar delante de él hacia al pasillo, pero antes de salir por la puerta giré hacia él un momento, había algo importante que decirle y agaché la cabeza avergonzada al hacerlo— Minino… Una cosa, es importante… No sé si tú lo sabes, pero en esta isla hay revolucionarios. A mí me dan bastante igual en realidad, pero eso significa que la marina no es bienvenida en la isla. —alcé la mirada de nuevo hacia él, todavía sosteniendo su mano— Eso también significa que estoy de incógnito por aquí. Les he dicho a la gente que estoy buscando a mi hermano gemelo, que fue rechazado por nuestros padres por ser diferente, como la gente de aquí, y que yo partí en su búsqueda para reencontrarme con él.

De veras me sabía mal tener que inventar aquellas cosas, más cuando habían sido tan hospitalarios conmigo, pero no podía hacer otra cosa.

—No hace falta que mientas, simplemente no comentes nada al respecto y ya está. Es la única forma que he encontrado para no tener que quedarme encerrada en el baro, ¿sabes? Igualmente, no tenemos ninguna misión en la isla, solo estamos de paso. —miré hacia el suelo, de nuevo avergonzada por tener que pedirle algo así— ¿Puedes hacerme el favor, minino? De verdad que aprecio muchísimo a Okaliva, no quiero darle un disgusto innecesario, es un buen amigo para mí a pesar de todo.
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RE: +18 [Pr Relativo] Donde reina el amor, sobran las leyes. - por Ikirami - 25-07-2024, 02:30 AM

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