24-07-2024, 12:26 AM
¿Sabes esa sensación agradable, ese cosquilleo que notas cuando tienes algo malo en la cabeza esperando para alguien, y ese alguien acepta como si nada? Pues eso fue exactamente lo que sentí cuando Garnet aceptó ponerse lo que yo le dijese, moviendo sus cejas de forma sugerente y guiñándome un ojo. Sonreí de oreja a oreja, aunque aquella sonrisa escondía un nivel de pillería bastante alto. Quería jugar con él como si de una muñequita se tratase, vistiéndolo y desvistiéndolo hasta quedar conforme. Tras nuestra breve conversación acerca del haki, sentí su comprensión al hablarle sobre lo que me había costado hacerlo con mi equipo, pero antes de que dijese algo al respecto lo corté aclarando que con él no tenía ningún problema. Y finalmente, cuando le propuse enseñarle el Busoshoku, el minino aceptó emocionado, sin entender nada pero que los quería todos, como si de unos extraños seres similares a animales y con poderes se tratasen.
—Pues tú me avisas y cuando quieras te lo enseño. Y después el Busoshoku. —respondí levantando una ceja sugerentemente.
Ambos teníamos una dinámica especial entre nosotros, compartíamos más de lo que pensaba en un principio. Ya no solo en lo sexual, sino que parecía que nos compenetramos realmente bien el uno con el otro simplemente conversando, lo cual era un alivio. Durante las últimas largas semanas apartada de su lado, había podido dedicarle mucho tiempo a pensar en lo nuestro. Surgió muy de golpe, entre dos extraños que apenas se conocían unos días antes. Aquello me llevó a preguntarme en varias ocasiones si, tal vez, había sido precipitado, y no por lo respectivo a nuestros bandos, sino por como seríamos el uno con el otro. ¿Compartiríamos lecho o sería posible que compartiéramos también largas conversaciones? Si el destino nos había querido unir, sería por algo, pero las dudas acechaban en las largas noches en la distancia. Aunque ahora que estaba con él, aquellas dudas se desvanecían por completo. Tonteábamos, sí, pero también parecía que conversábamos sin problemas sobre todo tipo de cosas. Además, se mostraba interesado cuando le explicaba cosas, lo cual me hacía sentir realmente a gusto con él. Incluso, aunque muy a mi pesar, cuando me comentó que se habían unido a otra banda pirata, fui capaz de contener el disgusto y confiar en él. El felino se quedó sin palabras, él sabía que no me lo iba a tomar bien, pero le daría un voto de confianza, lo cual ya era mucho. De verdad, ¿en qué me estaba convirtiendo? Apenas unos meses atrás me habría reído hasta morir si alguien me dijese que iba a acabar saliendo con un pirata y aceptar como si nada algo como aquello, pero bueno, la vida a veces gira en direcciones inesperadas. Podía ver en su expresión el miedo cuando le juré que si me enteraba de que hacía daño a alguien inocente, podía dar lo nuestro por terminado. A mí, por lo menos, me parecía de lo más razonable y entendible. Él sabía muy bien que yo había decidido consagrar mi vida a proteger a los demás, por lo que esperaba que entendiese mi postura. Apreté los labios con fuerza al ver como escondía su roja cola entre las piernas y se le erizaba el vello asustado, pobrecito mío, tuvo que cerrar los ojos y exhalar profundamente para calmarse antes de poder responderme. No sabía a qué me refería con lo de heredero, pero que, efectivamente, se refería a esa tripulación. Bromeó diciendo que era un fastidio que su capitán fuese lunarian.
—Pues la verdad que sí, podrías habértelo pensado un poquito más, ¿sabes? —comenté con cierto reproche, pero sobre todo divertida imaginándolo asustándose por los pasillos del barco solo con verlo.
Él me dijo que estaba convencido de que no eran malos, que eran como ellos, y de verdad que yo esperaba que así fuese. En ese momento, tras un pero, se arrodilló ante mí todavía sujetando mis manos, apoyando una rodilla en el suelo. Me quedé un poco sorprendida pro aquello, pestañeando con sorpresa hasta que me juró, ahí mismo y en pelotas, que pararía cualquier acto si se pasaba de la raya o que no se vería envuelto en él. Una sonrisa agradecida se dibujó en mi cara mientras decía aquello, terminando diciendo que por encima de todo no era un asesino y que me amaba con locura, besando mi mano antes de ponerse en pie.
—Me sirve. —contesté mordiéndome el labio para contener la ternura que me invadía al haber escuchado aquello.
Tras aquel momento que me llenó el corazón de esperanza, me dijo que igualmente no creía que fuesen ese tipo de gente. Me preguntó si vi lo que pasaba con los birkanianos en Skypiea, a lo cual asentí, y me contó que esa fue la razón de que Kuraku se quedase allí. Sonriente, me explicó que Yojimbo había festejado invitando por igual con miembros de todas las razas, que no parecía que las clases sociales fueran algo que le importara, aclarándome que fue aquello lo que lo cautivó de su nuevo capitán. Con más determinación ahora, y clavando sus ojos en los míos, me dijo que si había un pirata que pudiese cambiar el mundo a mejor, que ese era Yojimbo. Me puse de morritos, acompañando mi gesto un leve gruñido gutural. No estaba conforme. Pero bueno, el minino sonreía y parecía ilusionado así que asentí, aunque no confiaba en ese lunarian para nada. Para finalizar, aclaró que nosotros también cambiaríamos el mundo a nuestra manera, dándome un besito en la nariz que curó bastante todos mis males y me propuso ir en busca de su vestido.
—Sí, vamos. —respondí mirándolo con cariño y avanzando hasta la puerta.
Me giré un momento, apagando el interruptor para volvernos a sumir en la oscuridad y cogí su mano para acompañarlo hasta la siguiente puerta, justo frente a la sala que había sido nuestro más reciente nidito de amor. Me paré unos segundos frente a la puerta cerrada, no podía quitarme de la cabeza nuestra reciente conversación. Había demasiado en aquello y sentía que me dejaría clavada una espina si no liberaba lo que sentía. Volteé hacia él, soltando su mano y apoyando las mias por detrás en la puerta, apoyando mi peso sobre ella. Alcé la mirada hacia él con determinación.
—Una última cosa, minino, y dejamos el tema por zanjado. —pronuncié mirándolo con atención— Es tu capitán, tú confías en él, y me parece entendible. Pero yo no. —me quedé un par de segundos meditando en mi cabeza sobre mi sueño y mis ideales, y ni hablar los dejaría en manos de otra persona que no fuese yo misma— Yo no pienso dejar el peso de mis sueños sobre los hombros de nadie que no sea yo misma, ni marine ni pirata. Si debo cambiar el mundo, lo haré yo misma con mis propias manos. —sentencié con decisión y tras un momento suspiré, aliviada por haber podido soltar aquello.
Por mucho que confiase en mis compañeros, tampoco sabía que querían en su vida ni si compartían mis mismos ideales. Eran fuertes, sí, podía reconocerlo, pero el peso de mi sueño no lo iba a compartir con nadie. Así pues, cogí el pomo y giré la puerta, dando paso al camerino en el que había estado antes con Okaliva.
—Dame un momento, gatito, voy a hacer magia. —comenté risueña.
Deambulé por la habitación paseando la mano por la ropa mientras avanzaba a lo largo de los muchos percheros. ¿Qué le pondría al minino?
—Hmmmm. Sí. Vale. —murmuraba mientras me decidía, quería algo divertido que ponerle a mi minino— Vamos a darle un poco de vidilla al juego, ¿sabes?
Finalmente, escogí un atuendo y me lo guardé a la espalda mientras me acercaba a él sonriendo. Me balanceé mientras, manteniendo la misma sonrisa, lo miraba de arriba a abajo por completo.
—Ponte esto. —le ordené mostrándole lo que tenía guardado y con ilusión, me moría de ganas por verlo con algo así— Y después, si quieres, me escoges algo tú a mí, gatito bonito.
—Pues tú me avisas y cuando quieras te lo enseño. Y después el Busoshoku. —respondí levantando una ceja sugerentemente.
Ambos teníamos una dinámica especial entre nosotros, compartíamos más de lo que pensaba en un principio. Ya no solo en lo sexual, sino que parecía que nos compenetramos realmente bien el uno con el otro simplemente conversando, lo cual era un alivio. Durante las últimas largas semanas apartada de su lado, había podido dedicarle mucho tiempo a pensar en lo nuestro. Surgió muy de golpe, entre dos extraños que apenas se conocían unos días antes. Aquello me llevó a preguntarme en varias ocasiones si, tal vez, había sido precipitado, y no por lo respectivo a nuestros bandos, sino por como seríamos el uno con el otro. ¿Compartiríamos lecho o sería posible que compartiéramos también largas conversaciones? Si el destino nos había querido unir, sería por algo, pero las dudas acechaban en las largas noches en la distancia. Aunque ahora que estaba con él, aquellas dudas se desvanecían por completo. Tonteábamos, sí, pero también parecía que conversábamos sin problemas sobre todo tipo de cosas. Además, se mostraba interesado cuando le explicaba cosas, lo cual me hacía sentir realmente a gusto con él. Incluso, aunque muy a mi pesar, cuando me comentó que se habían unido a otra banda pirata, fui capaz de contener el disgusto y confiar en él. El felino se quedó sin palabras, él sabía que no me lo iba a tomar bien, pero le daría un voto de confianza, lo cual ya era mucho. De verdad, ¿en qué me estaba convirtiendo? Apenas unos meses atrás me habría reído hasta morir si alguien me dijese que iba a acabar saliendo con un pirata y aceptar como si nada algo como aquello, pero bueno, la vida a veces gira en direcciones inesperadas. Podía ver en su expresión el miedo cuando le juré que si me enteraba de que hacía daño a alguien inocente, podía dar lo nuestro por terminado. A mí, por lo menos, me parecía de lo más razonable y entendible. Él sabía muy bien que yo había decidido consagrar mi vida a proteger a los demás, por lo que esperaba que entendiese mi postura. Apreté los labios con fuerza al ver como escondía su roja cola entre las piernas y se le erizaba el vello asustado, pobrecito mío, tuvo que cerrar los ojos y exhalar profundamente para calmarse antes de poder responderme. No sabía a qué me refería con lo de heredero, pero que, efectivamente, se refería a esa tripulación. Bromeó diciendo que era un fastidio que su capitán fuese lunarian.
—Pues la verdad que sí, podrías habértelo pensado un poquito más, ¿sabes? —comenté con cierto reproche, pero sobre todo divertida imaginándolo asustándose por los pasillos del barco solo con verlo.
Él me dijo que estaba convencido de que no eran malos, que eran como ellos, y de verdad que yo esperaba que así fuese. En ese momento, tras un pero, se arrodilló ante mí todavía sujetando mis manos, apoyando una rodilla en el suelo. Me quedé un poco sorprendida pro aquello, pestañeando con sorpresa hasta que me juró, ahí mismo y en pelotas, que pararía cualquier acto si se pasaba de la raya o que no se vería envuelto en él. Una sonrisa agradecida se dibujó en mi cara mientras decía aquello, terminando diciendo que por encima de todo no era un asesino y que me amaba con locura, besando mi mano antes de ponerse en pie.
—Me sirve. —contesté mordiéndome el labio para contener la ternura que me invadía al haber escuchado aquello.
Tras aquel momento que me llenó el corazón de esperanza, me dijo que igualmente no creía que fuesen ese tipo de gente. Me preguntó si vi lo que pasaba con los birkanianos en Skypiea, a lo cual asentí, y me contó que esa fue la razón de que Kuraku se quedase allí. Sonriente, me explicó que Yojimbo había festejado invitando por igual con miembros de todas las razas, que no parecía que las clases sociales fueran algo que le importara, aclarándome que fue aquello lo que lo cautivó de su nuevo capitán. Con más determinación ahora, y clavando sus ojos en los míos, me dijo que si había un pirata que pudiese cambiar el mundo a mejor, que ese era Yojimbo. Me puse de morritos, acompañando mi gesto un leve gruñido gutural. No estaba conforme. Pero bueno, el minino sonreía y parecía ilusionado así que asentí, aunque no confiaba en ese lunarian para nada. Para finalizar, aclaró que nosotros también cambiaríamos el mundo a nuestra manera, dándome un besito en la nariz que curó bastante todos mis males y me propuso ir en busca de su vestido.
—Sí, vamos. —respondí mirándolo con cariño y avanzando hasta la puerta.
Me giré un momento, apagando el interruptor para volvernos a sumir en la oscuridad y cogí su mano para acompañarlo hasta la siguiente puerta, justo frente a la sala que había sido nuestro más reciente nidito de amor. Me paré unos segundos frente a la puerta cerrada, no podía quitarme de la cabeza nuestra reciente conversación. Había demasiado en aquello y sentía que me dejaría clavada una espina si no liberaba lo que sentía. Volteé hacia él, soltando su mano y apoyando las mias por detrás en la puerta, apoyando mi peso sobre ella. Alcé la mirada hacia él con determinación.
—Una última cosa, minino, y dejamos el tema por zanjado. —pronuncié mirándolo con atención— Es tu capitán, tú confías en él, y me parece entendible. Pero yo no. —me quedé un par de segundos meditando en mi cabeza sobre mi sueño y mis ideales, y ni hablar los dejaría en manos de otra persona que no fuese yo misma— Yo no pienso dejar el peso de mis sueños sobre los hombros de nadie que no sea yo misma, ni marine ni pirata. Si debo cambiar el mundo, lo haré yo misma con mis propias manos. —sentencié con decisión y tras un momento suspiré, aliviada por haber podido soltar aquello.
Por mucho que confiase en mis compañeros, tampoco sabía que querían en su vida ni si compartían mis mismos ideales. Eran fuertes, sí, podía reconocerlo, pero el peso de mi sueño no lo iba a compartir con nadie. Así pues, cogí el pomo y giré la puerta, dando paso al camerino en el que había estado antes con Okaliva.
—Dame un momento, gatito, voy a hacer magia. —comenté risueña.
Deambulé por la habitación paseando la mano por la ropa mientras avanzaba a lo largo de los muchos percheros. ¿Qué le pondría al minino?
—Hmmmm. Sí. Vale. —murmuraba mientras me decidía, quería algo divertido que ponerle a mi minino— Vamos a darle un poco de vidilla al juego, ¿sabes?
Finalmente, escogí un atuendo y me lo guardé a la espalda mientras me acercaba a él sonriendo. Me balanceé mientras, manteniendo la misma sonrisa, lo miraba de arriba a abajo por completo.
—Ponte esto. —le ordené mostrándole lo que tenía guardado y con ilusión, me moría de ganas por verlo con algo así— Y después, si quieres, me escoges algo tú a mí, gatito bonito.
Atuendo de Garnet

![[Imagen: pMX2mC4.png]](https://i.imgur.com/pMX2mC4.png)