[Autonarrada T3] [Presente absoluto] El Pub de las Abejitas
#1
                                                                                                                                                                                   Día 65, primavera, año 13
                                                                                                                                                                                   18:00 pm.


El día había comenzado con la normalidad y tranquilidad que reinaba en el barco últimamente, me desperté y emplee las primeras horas del día en seguir mejorando el kenbunshoku como Joe nos había pedido, la verdad era que ya lo dominaba a la perfección, tanto que podría haber dejado de entrenarlo si quisiese, pero en el fondo lo hacía por si un día despertaba y encontraba la presencia en el navío de nuestra pelirroja. Extrañaba levantarme y verla entrenado en la cubierta, con todos pendiente de ella, casi todas las mañanas miraba el den den mushi, que se encontraba encima de mi mesita de noche, y descolgaba para llamarla y pedirle que me entrenase, con el pretexto de volverla a ver, pero nunca me atrevía a hacerlo. Si ella se había alejado, era mejor no molestarla, volvería y en ese momento podría pedírselo. 

Con el pasar de las horas, ya había realizado todo lo que tenía pendiente, examiné a fondo el estado del barco, en parte era mi responsabilidad vigilar que estuviese todo en perfectas condiciones, y no siempre podía delegar esas tareas a los cadetes, de vez en cuando era yo el que debía asegurarse que todas las tareas se estuviesen realizando correctamente. 
Para cuando llegaron las seis de la tarde, ya había finalizado todo, había entrenado, había llegado el cambio de turno y ya era libre, me había alimentado bien, y no sabía como matar el resto del tiempo, llegué a mi alcoba, cogí un libro sobre navegación y me deje caer sobre la cama con el libro en la mano, pero por mucho que hiciese por concentrarme en la lectura no era capaz de hacerlo. No era capaz de disfrutar de ese ratito de paz, llevaba ya mucho tiempo sin salir del barco para desconectar. Quizás era eso lo que necesitaba salir del barco, hasta ahora lo había evitado, teníamos la advertencia de que extremásemos las precauciones en la isla. Estábamos en territorio enemigo y no debíamos hacernos notar. Y para mi desgracia ser famoso entre los marines no dejaba mucho margen para ser desapercibido, por lo que desde que llegamos, solo había salido en las ocasiones que habíamos ido a practicar a la playa, entonces me acordé de que Ikirami había estado fuera todo este tiempo, y no teníamos noticias de que hubiese corrido peligro alguno. ¡Qué coño Sephi eres joven, sal y disfruta, no todo es trabajo! ¿Qué puede salir mal por tomar un par de copas y echarte unos bailes? Me dije a mí mismo en voz alta, desde que entre en la marina, no había hecho otra cosa que trabajar y estaba desperdiciando mis mejores años, debía disfrutar un poquito también, me incorporé de la cama, deje el libro sobre ella, con la intención de retomar la lectura en cuanto regresase y me dirigí a la ducha, abrí la llave del agua fría y deje que esta cayese por mi cuerpo, necesitaba pensar que ponerme, no podía ir vestido de cualquier cosa, y obviamente no debía llevar mi arma encima, eso me dejaba un poco intranquilo, pero si no quería llamar la atención y mostrarme como un civil cualquiera lo mejor sería dejar mis espadas en el barco. Cuando terminé de ducharme y de secarme correctamente, me dirigí al armario, debía elegir algo elegante para salir y a poder ser que no me relacionase con la marina. Abrí las puertas del armario de par en par, entonces lo vi, ahí estaba colgado, guardado en su funda, tal y como el día que lo había comprado, aún no lo había estrenado, pues no habíamos tenido una fiesta, gala o algo parecido para darle uso. Si era el momento de darle uso, agarre la percha con la funda y lo apoyé en la cama para abrir la cremallera de la funda, al abrirla saque de ella un traje negro azabache de lana peinada de tres piezas, con un corte elegante y ceñido. Ahora solo tenía que elegir la camisa apropiada, volví a dirigirme al armario, busque entre todas mis camisas, hasta que entre todas vi la que me enamoró, era de satén negro, iba a ser un estilo arriesgado, pero en el fondo sabía que aunque no a todo el mundo le gustase, aunque te dijesen que todo negro no quedaba bien, yo ya podía imaginarme con ello puesto, y por mucho que el resto pudiese pensar lo que quisiese, el negro era elegancia y me iba a ver tremendamente sexy. Primero empecé poniéndome unas medias negras, continúe poniéndome el pantalón del traje, el cual me quedaba bien ceñido, para poder ponerme los zapatos, estos también eran negros de piel, con cordones. Me dirigí entonces al baño para ponerme desodorante, y volví a la cama para proceder a ponerme la camisa, abroche todos los botones y me levanté el cuello para pasar por él la corbata, realicé un doble nudo y la ajuste hasta dejarla bien apretada, volví a bajar el cuello de la camisa para tapar la correa de la corbata con ella. Me metí bien la camisa por dentro del pantalón, y cuando esta estuvo bien colocada por la espalda y laterales, me abroché los botones del pantalón y subí la cremallera, fue entonces cuando cogí el cinturón de los cajones del armario, este era de cuero negro lo adornaba una hebilla, rectangular, negra brillante y lo ajusté. Miré entonces dubitativo al chaleco, no sabía si sería excesivo, para ir a tomar unas copas, este era de seda, la parte delantera era negra, con dos botones, mientras que la mitad trasera era de un tono rojo caoba, pero estaba de estreno y no iba a dejar de ponérmelo, "¡Si estrenas, se estrena el outfit completo!"  Estaba ya casi listo, solo faltaba ponerme la americana, la cual me puse y la dejé desabrochada. Volví al lavabo, para peinarme un poco y echarme el perfume que tanto me gustaba, estaba listo, mi pelo era lo que rompía el color oscuro de mi vestimenta, no necesitaba ningún otro complemento, me miré al espejo, estaba encantado de como me veía y listo para salir y pasármelo bien.

Outfit Sephiroth


Volví a la habitación, eche una mirada a mis espadas, sabía que no debía cogerlas, pero me sentí vacío y desprotegido, ante la idea de que pudiese tener un altercado, si eso ocurría no tendría como defenderme, pasé la mano derecha por Masamune, acariciándola con las yemas de mis dedos, desde la empuñadura hasta la punta de la vaina. Si hubiese la posibilidad de esconderte dentro de este traje Dije suspirando, pero entendía que debía dejarlas en la habitación, no podía ponerme en peligro por el hecho de portarla encima, no solo correría peligro yo, también la división y no podía cargar con esa responsabilidad. Entonces miré el den den mushi que tantas veces había descolgado para llamar a la pelirroja, lo cogí en mi mano, lo miré unos segundos más. Tú serás a lo único que podré recurrir si me encuentro en problemas. Entonces lo guardé en el bolsillo interior de la americana, ya eran las nueve de la noche, debía darme prisa y abandonar el barco si quería llegar a tiempo para disfrutar de la noche en aquella isla rosada. 

Anduve al rededor de una hora, hasta que encontré una ciudad, todos los edificios, como la isla, estaban pintados y decorados de diferentes tonalidades de rosa, tanto rosita empezaba a ser molesto para mis ojos, no entendía esa fascinación por esas tonalidades, otra cosa que me llamó la atención es que por el camino, solo vi mujeres hermosas, que se giraban para contemplarme, debía ir tremendamente sexy, estaba acostumbrado a llamar la atención de algunas mujeres ¡Pero de todas! Era algo que me hacía sentir bien e incómodo por partes iguales. La ciudad parecía que tenía bastante movimiento, y podía ver edificios con todo tipo de negocios, había algunos bares que me llamaron la atención, pero según iba recorriendo las calles céntricas del lugar, hubo uno que me llamó especialmente la atención, su fachada era rosita salmón, en ella se veía un cartel de luces de neón rosas aunque jugaban con un pequeño toque de amarillo, en él se podía leer "Little Bee Pub" y a su lado había unas abejitas en las que sus aguijones tenían forma de corazón. Me paré unos instantes en la puerta, para escuchar el tipo de música que ponían dentro del pub, era música comercial, aunque de vez en cuando cambiaban y ponían un cierto tipo de canciones que me incitaban a querer entrar y bailar como hasta ahora no lo había hecho. Por lo que sin pensármelo puse mi mano en la puerta y empujé para entrar dentro. 
Cuando abrí la puerta, la oscuridad de una sala, iluminada por luces atenuadas de color rosita, abrumó mi vista. La sala era un gran rectangular, de unos cincuenta metros cuadrados, en el centro de la misma se situaba una gran pista de baile, que ocupaba dos tercios del local, y donde se encontraba la mayoría de personas, todas mujeres para mi sorpresa, era raro, no había visto a ningún solo hombre en todo este tiempo. Pude ver como todas se giraron para ver como entraba a la sala, mientras se cerraba la puerta a mi espalda. Tragué un poco de saliva, mientras sentía como todas las miradas se clavaban en mí, pero yo estaba allí únicamente para beber, distraerme y escuchar algo de música. Seguí observando la sala desde la puerta, tres de los cuatro laterales de la pista, estaban rodeados por mesas individuales, las cuales tenían todas dos tipos de asientos, la parte de las mesas que se posicionaban más cerca de las paredes, tenían sofás de cuero rosa en el que podían sentarse dos o tres personas cómodamente y en la parte que daba la espalda a la pista pufs que parecían ser algo incómodos también de color rosita. La pared, que se encontraba a la derecha de la sala, estaba situada una barra que ocupaba todo el lateral, en ella se encontraba una única camarera, bastante alta, y de tez morena.
Me dirigí hasta la barra, en el trayecto podía sentir como todas las miradas seguían puestas en mi, pero ya me daba igual, estaba allí y tenía claro que iba a pasar una gran velada. Cuando llegué a la barra, me posicioné justo delante de la camarera de tez morena, la única en todo el lugar que no estaba pendiente de mí. Ella estaba de espaldas, limpiando copas y con sus tareas. ¡Perdone! Exclamé intentando llamar su atención, cuando esta se giró continué con mi petición.¿Me pondría un whisky, sin hielos y con una botellita de agua?  Le pedí amablemente mientras sonreía. ¡Por supuesto cielo! Me respondió con una sonrisa y un tono bastante amigable ¡Siéntate dónde quieras y ahora mismo te lo llevo! Son tres mil berries, las consumiciones se abonan en el acto Siguió comentándome sin quitar ese tono amigable. Era su trabajo, ser amable con los clientes era parte del oficio, rebusque en mi pantalón hasta encontrar la cartera y sacar la cantidad que me había dicho.
Una vez pagado fui a la mesa más cercana a la barra, todas estaban vacías, ya que la clientela entera se entretenía bailando, y mirándome. “Supongo que el ser el único, hombre en el lugar ayuda a que te estén mirando, tú solo siéntate y disfruta de la copa” Pensé mientras posaba mi trasero en el asiento de cuero, desde ahí tenía vista de todo el lugar, desde la puerta hasta a la esquina contraria, era la mesa más cercana a la barra por lo que podría pedir sin mucho esfuerzo, y a mi espalda se encontraban los baños por lo que tampoco tendría que recorrer mucho el local si necesitaba ir en algún momento. Al poco de sentarme la camarera, al poco de sentarme tuve mi copa en la mesa, el whisky tenía un color rosado, algo que no me sorprendió tanto al estar ya acostumbrado a los tonos que ofrecía la isla, cogí la copa con mi diestra mientras me acomodaba en el sofá, con el brazo izquierdo apoyado en el cabezal del asiento y cruzaba mi pierna izquierda sobre mi diestra. Levanté mi brazo derecho, colocando la copa a un palmo de mi boca, la contemplaba , mientras con suaves movimientos de mi muñeca agitaba el líquido de la copa. Después de unos segundos mirándolo detenidamente, me acerqué la copa a la boca. Para mi sorpresa conservaba la fuerza de cualquier whisky que hubiese probado pero al bajar por mi garganta este no quemaba, estaba delicioso, tanto que acabé con la copa en un par de sorbos, al ver que se me acabó busqué la mirada de la camarera, pero para cuando quise localizarla ella ya estaba en la mesa con otra copa, al parecer hasta ella ya estaba pendiente de mis movimientos. Saqué el dinero de nuevo, esta vez dejándole unos cuantos berries más como propina por su excelente bebida y servicio.
Seguí disfrutando del ambiente, y de la copa, cuando una de las presentes se atrevió a acercase a la mesa. Está me invitó a salir a la pista de baile, para mí era descortés rechazar la invitación de una dama, por lo que dejé mi copa en la mesa y me acerqué con ella a la pista, esta me arrastró al centro de su grupo de amigas. El ambiete estaba divertido, tanto que saqué los pasos prohibidos, moviendo mi cuerpo al son de la musica, flexionando mis piernas, a la vez que movía las caderas formando circulos con ella, bajando poco a poco hasta el suelo y volviendo a subir lentamente hasta volver a la posición inicial, según iban pasando las canciones las chicas, interactuaban conmigo, una a una, intercalando parejas de baile, cada poco tiempo. Perdí la noción del tiempo, estaba sonriendo, divirtiendome, pero también empezaba a notar el cansancio de darlo todo en la pista de baile. Lo siento chicas, muchas gracias por la invitación pero vuelvo a mi mesa, necesito recargar las pilas un rato. Les dije para escusame y volver a la mesa entre sonrisas. De camino a la mesa volví a llamar la atención de la camarera, con una mirada y una sonrisa en la cara, esta entendó lo que le estaba pidiendo, y rápidamente acudió a la mesa con una copa más en la bandeja, mi tercera copa.¡Te he estado observando todo el rato, me tientes a todo el gallinero revolucionado! Me dijo con un tono jocoso Es raro ver a hombres tan actractivos por estos lugares Continuó diciendome mientras dejaba la copa frente a mi y sin apartar sus ojos de los mios. ¿De dónde viene este papucho? Por cierto me llamo Barret ¿Cuál es el nombre de este viajero? Toda su conversación subscitó dudas en mi cabeza, no podía decirle la verdad, tenía que mantener mi verdadero oficio en secreto, pero lo que más me inquietó fue su nombre, ¿sería un apodo? que clase de nombre era ese para una señorita.Estaba pensando demasiado y debía darle una respuesta rápida si no quería que sospechase de que le estaba ocultando la verdad. Me llamo Korowashi No le estaba mintiendo del todo, era mi apellido, pero no podía dar mi verdadero nombre, si no quería que relacionase mi nombre con los periódicos. Soy un explorador que navega por estos mares,estudiando las distintas faunas de las islas, y estoy aprovisionando el barco, y mientras termino de hacer todo, he salido un poco para despejarme Le dije entre risas mientras tomaba un trago de la copa que me acababa de servir Me he percatado de que No pude terminar mi frase, de golpe la puerta del local se abrió de par en par, y por ella apareció un hombre bajito y rechoncho, esto hizo que Barret dejase de estar pendiente de mí y salió escopetada para la barra, a la cual el recién llegado se dirigió para sentarse en un taburete que se encontraba en mitad de la misma. Una vez Barret terminó de servile, se giró para contemplar el local, girando su cabeza observando cada rincón y a cada persona que estaba allí. Entonces, fue cuando su mirada se cruzó con la mía, el hombre que vestía una americana grante, con una camisa de estampado de leopardo, abierta hasta el pecho, el cual tenía poblado de pelo, el cual se enredaba entre los collares y cadenas de oro que adornaban su cuello, también vestía un pantalón a juego con su camisa y unos zapatos de charol rojos. Su pelo poble era de colo rubio, y se lo peinaba de lado intentando ocultar, sin mucho éxito la clara falta de cuero cabelludo que se extendía por su cabeza.

Desde que nuestras miradas su mirada no paró de estar clavada en mi, no intentava ni disimularla. Observaba cada movimiento o gesto que realizaba, y me analizaba de arriba abajo, como si me conociese "¿Acaso me ha reconocido? No puede ser, apenas he salido un par de veces por los periódicos ¿Pero y si es así? Al fin de cuentas estamos en una isla, que está controlada por revolucionarios ¿Será acaso uno de ellos?Debo hacer algo, intentar averiguar quien es." En mi cabeza solo sentía que estaba en peligro y esa pensamiento, me llevó a realizar lo aprendido, me relajé y utilicé el Kenbunshoku, me centré en él, igual que no disimulaba su fijación conmigo sus emociones eran como un libro abierto, estaba exaltado y sospechaba. Mantuve la calma y seguí allí plantado, mientras terminaba mi copa. Tenía que ganar tiempo, disimular y averiguar sobre él, levanté mi brazo para llamar a Barret, está sin dudarlo vino con una cuarta copa, saqué mi cartera, para realizar el pago de esta y la anterior, que con la llegada de aquel desconocido no había pagado. Tranquilo invita la casa Me dijo mientras se volteaba para irse de nuevo a la barra¡Espera!Le dije raudo para que no se marchara¿Quién es ese hombre? Es el primero que veo desde que llegué a la isla Pregunté con el tono más despreocupado que pude Se llama Don Cornelio, no es trigo limpio, es dueño de unos cuantos negocios, digamos de poca legalidad y en cuanto a los hombres Justo antes de que terminase la frase las luces cambiaron a un tono más claro y pude ver porque no había hombres, la mujer que veía, esbelta y bella en la penumbra de las luces de discoteca, comenzó a verse más como un hombre fornido, tenía hombros y brazos anchos, bastante musculados y su rostro, se tornó en tosco como el de un hombre fornido, y se le podía apreciar como la barba de tres días decoraba su mandíbula. Miré a la pista, igual que Barret el resto de chicas comenzaron a verse como hombres musculados, eran travestis y yo no me había percatado de ello.Todos en esta isla somos okamas corazónCon razón tenían esa obsesión con el color rosa, pensé. Necesito tú ayuda, debo pasar desapercibido, con frecuencia mis aventuras me han llevado a toparme con el tráfico ilegal de animales y no sé hasta qué punto podría tener problemas con ese tal Don Cornelio Debía confiar en ella, necesitaba ocultarme como fuese para poder abandonar el local y salir de lo que seguramente iba a ser un percance si me mantenía allí mucho más tiempo ¡Claro cielo! Como iba a negarle algo a esos ojazos, ve hacia el baño, nosotras te ayudamos ¿Qué quería decir con nosotras? No tenía mucho tiempo por lo que me limité a hacer lo que ella dijo, me levanté y me dirigí al baño. Estuve esperando un par de minutos, fue entonces cuando por la puerta aparecieron las chicas con las que había estado bailando, se limitaron a decirme que confiase en ellas y me desnudase, lo hice sin pensar, una vez acabé de quitarme el traje y me quedé en calzoncillos, se abalanzaron sobre mí y entre todas comenzaron a vestirme, no sabía cómo podían coordinarse de aquella manera, notaba como una especie de pelos suaves, rondaban mi cara, otra me acicalaba el pelo, mientras otras tantas se ocupaban de encajarme lo que parecía un vestido por mi cuerpo desnudo, cuando acabaron solo me dijeron estás divina. Me miré en el espejo, que me habían hecho, mi cara estaba llena de coloretes, mi cuerpo lo cubría un vestido de seda, negro con una plumas decorando uno de los hombros, el vestido acababa en forma de tubo, que se ajustaba a mis caderas y piernas, la cual una de ellas se veía, por la raja que subía hasta la parte alta del muslo, me habían puesto unos tacones a juego con el vestido y toma dijo una de ellas mientras me daba un bolso, en algún lugar querrás guardar la ropa que llevabas, al recoger el traje y guárdalo rebusque entre los bolsillos para sacar el den den mushi y guardármelo en el pecho. Añadieron que podía estar tranquilo, estaban corriendo la voz de que era una nueva amiga suya que había vuelto de viaje.

Disfraz de Sephiroth


Les agradecí el gesto, salí con ellas a la pista de baile, al volver Don Cornelio seguía observándome, pero parecía más distraído, me mantuve un tiempo bailando con ellas, para disimular, pero debía abandonar el local. ¡Chicas! Necesito tomar un poco de aire, parece que los malibus con piña se me han subido un poco a la cabeza Grité con la voz más femenina que pude. Mientras me dirigía a la puerta andando torpemente, por culpa de los tacones, algo que me ayudó a aparentar el supuesto estado de embriaguez, volví a observar con haki la presencia de aquel hombre, seguía pendiente de mí, pero parecía extrañad, era posible que todo esto hubiese funcionado, salí del local, sin perder de vista su presencia, seguía inmóvil, algo que me alivió. Me agaché para desabrocharme los tacones los cuales agarré con mi mano izquierda y comencé a andar alejándome del lugar. ¿Qué hago? No puedo ir así vestido al barco y tampoco puedo cambiarme por si ha llamado a alguien y me están persiguiendo, cosa que si es así sería peligroso si me siguen hasta un barco de la marina Debía tomar una decisión. Llevé mi mano aún portando los zapatos a mi pecho “¡ Claro Ikirami !” Saqué el den den mushi con mi mano diestra, y marqué como pude su contacto, realicé un par de llamadas sin obtener respuesta, era tarde lo mismo estaba durmiendo, pero era mi única opción, seguí insistiendo hasta que por fin descolgó la llamada.¡Pelirroja, soy Sephi! ¿Dónde estás? ¡Necesito tu ayuda y no puedo volver al barco! Le expresé con nerviosismo aun estando ya lejos del pub y sin sentir ninguna presencia que me persiguiese.


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[Autonarrada T3] [Presente absoluto] El Pub de las Abejitas - por Kurowashi Sephiroth - 22-07-2024, 03:22 PM

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