18-07-2024, 02:47 AM
Garnet sacaba de mí no solo emociones intensas, sino también aspectos de mi personalidad que desconocía por completo. Estar junto a ese minino hacía que todas mis preocupaciones se desvanecieran; lo que antes ocultaba en lo más profundo de mi ser, ahora se lo había confesado a él, creando un vínculo que me otorgaba una paz absoluta, una serenidad superior a cualquier otra experiencia previa. Tras haber conectado con él de tantas maneras -física, mental y emocionalmente- comenzaba a sentir como si lo conociera desde hacía mucho, muchísimo tiempo. Tal era la profundidad de ese sentimiento que podía imaginar con todo detalle cómo sería el minino en su adolescencia, en su época de joven rebelde: igual de hermoso que ahora, pero con un toque más inocente, aún sin las cicatrices del tiempo. Me quedé pensativa por un momento, sorprendida por la nitidez de la imagen que se formaba en mi mente, casi como un recuerdo, aunque sabía que era imposible. Además, el gatito estaba esperando por las novedades de mi vida, así que dejé de darle vueltas al asunto y me dispuse a contarle todo.
Le conté que realmente había sucedido poco desde nuestro último encuentro y le expresé cuánto lo había echado de menos. Garnet suspiró, demostrando una leve tristeza al escuchar mis palabras. Luego acercó su mano a la mía y la agarró con fuerza, demostrándome que estaba allí para mí, que no estaba sola. Lo sabía muy bien: mi corazón no había estado tan alegre desde la última vez que lo vi, y eso era algo imposible de olvidar, una sensación que quedaría grabada en mi memoria. Entonces recordé a la novata en la División, Ryze. Aunque sabía poco de ella por el momento, tenía muchas ganas de conocerla mejor, de descubrir quién era realmente. Me extendí un poco al hablarle de ella, reflexionando unos momentos antes de hacerlo, pero confiaba plenamente en Garnet, por lo que mis dudas se disiparon rápidamente. El gatito se sorprendió cuando le mencioné su fruta del diablo, un poder extremadamente poderoso, lo cual comprendí perfectamente. Su reacción me hizo sonreír ligeramente, al ver su expresión atenta y receptiva, especialmente cuando el tema giró en torno a las akumas y sus misterios. Finalicé pidiéndole que guardara esa información en secreto, a lo que él respondió que podía estar tranquila, que guardaba ese secreto junto a los otros dos que le había confiado. Mientras lo decía, se acercó a mi oído y me susurró que no sabía cuáles eran, bromeando y riendo suavemente. El simple hecho de escuchar su voz tan cerca, acompañado del susurro del viento en mi oído, hizo que me estremeciera. Llevé una mano a la zona cuando se alejó, sonrojándome y devolviéndole una sonrisa y asintiendo.
El minino levantó su mano de la mía para levantar su índice aclarando que sí, que odiaba a los marines, pero que si eran mis amigos sí que le importaban, porque se trataba de mí y de mi vida.
—Se… Se agradece, la verdad. Es muy bonito de tu parte. —contesté con una sonrisa y besé su mejilla en agradecimiento.
Me devolvió una tierna sonrisa y añadió que conocía a Sephi, lo cual ya estaba en mi conocimiento, Karl, aunque la llamó pajarraca azul, y Ryze ahora. Además, que Sephiroth no le caía mal, lo cual significaba que le caía bien supuse.
—Es Karl, no pajarraca azul, ¿sabes? —contesté dándole un ligero toquecito en la nariz— Bueno, Karlglass.
Mencionó que podía intentar hacer el esfuerzo para que le cayesen bien, y lo agradecí. En ese momento me llamó la atención su cicatriz y me acerqué a gatas para tocarla con sumo cuidado, con una caricia, pero que al parecer fue demasiado, pues se interrumpió a media frase y al levantar la vista pude ver una expresión de sumo dolor en su cara. Pregunté por la cicatriz, a la vez que retiraba la mano con preocupación. No imaginaba que fuera tan reciente por su aspecto.
Volví a sentarme con las piernas recogidas de lado, apoyándome con la mano izquierda sobre la cama y con la otra reposando en mis caderas. El minino entonces suspiró con la mirada en el techo y me dijo que de ello quería hablarme, bajando de nuevo los ojos para posarlos sobre los míos y colocó su mano sobre mi derecha. Giré la palma para acariciar la suya mientras asentía al preguntarme si recordaba que me había comentado que estaba mentalmente mal cuando nos vimos. Estaba realmente preocupada por lo que habría sufrido, pero nada me había preparado para lo que me iba a contar a continuación. Comenzó diciendo que aunque le hice sentir genial, al no tenerme después, recayó en sus pensamientos negativos y que ese momento de vulnerabilidad visitó a una especie de brujo esperando hacerse más fuerte. Lamenté muchísimo, infinitamente, el no haber podido estar para él cuando se sintió así. “¿De qué sirve dedicar mi vida a ayudar a la gente si no puedo ayudar a la persona que más quiero?”, apareció de pronto esta pregunta intrusiva en mi mente. Agaché la cabeza, entristecida por la breve revelación, y la volví a levantar para ver como le costaba decir lo siguiente. Aguanté la respiración, no me imaginaba que podría haber sucedido, ¿tal vez perdió a alguno de sus compañeros? No tenía ni idea, pero aun sin usar el Kenbunshoku podía sentir dolor con solo mirarle. Aferre la mano que sostenía y me acerqué para besarlo, estando a escasos centímetros de él cuando dijo que ya no era un usuario, que ya no podía transformarse. Me frené de golpe, parpadeando confundida y arrugando la frente, sintiendo como presionaba con fuerza mi mano y desviaba su mirada hacia abajo.
—¿Qué? —fue lo único de lo que fui capaz de decir, boquiabierta.
Con dolor, dijo que ya no era un gatito ni un minino y volvió a mirarme antes de disculparse por haber hecho una de sus idioteces. Volví a parpadear repetidamente, no entendía nada de lo que decía. Yo veía a un gatito delante de mí. Para asegurarme, miré hacia su trasero y vi perfectamente una cola rojiza que ahora estaba posada en la cama, tristona como él. Volví a mirarlo a la cara y, una vez más para asegurarme, dejé de sostener su mano y llevé la mía a su pelo para coger un mechón y acercar mi rostro.
*Sniff* *Sniff*
Sí, era sutil, pero olía a minino.
—Primero que todo: gato se nace, no se hace. —declaré totalmente seria— Tú eres mío, tanto mi novio como mi minino. Eso no lo cambia una akuma, ¿sabes? —acerqué mi mano a sus labios y los separé un poco para ver su dentadura— Efectivamente, lo que decía, sigues siendo un precioso gatito ronroneante.
Dejé de nuevo sus labios donde debían estar y lo besé suavemente. Si es que hasta sabía a gato. Aunque no sabía si todos los gatos tenían el mismo sabor, no es que fuese algo muy higiénico dedicarse a lamer gatos. A él sí, pero a Joseba por ejemplo, mejor que no.
—Y segundo… —me detuve un par de segundos, con el rostro todavía serio y parpadeando de forma rápida y acompasada— ¿¡CÓMO QUE YA NO ERES USUARIO?!
Mi mente había tardado, tal vez demasiado, en asimilar la información que había recibido.
—A ver, a ver, a ver… —comencé a decir llevándome la mano entre los ojos y bajando la cabeza, sentándome ahora frente a él con las piernas cruzadas— Las akumas no son como una peluca, o una chaqueta, que puedes decir: ahora llevo una, y ahora no, ¿sabes? —levanté la vista de nuevo a sus ojos pensativa y levantando un dedo— Bueno, aunque hay una que te convierte en chaqueta y te permite controlar a los demás, pero este no es el caso… A lo que iba, que me desvío del tema. —continué, cogiendo ahora una de sus manos para posarla sobre la mía y acariciarla con la otra, mirándolo con compasión, estaba claro que le dolía aquello— Mi amor, si dices que de alguna forma te has quitado una akuma, te creo. Dudaré de que la noche existe y dudaré de que el sol sale por la mañana, pero no dudaré de ti. Aun así, lo que dices no tiene ni pies ni cabeza, al menos por ahora. Así que, explícame en detalle qué es lo que ese brujo te hizo, minino. Y si te hizo daño, físico o mental, dímelo y me lo llevo directo al calabozo, ¿sabes? —finalicé, con una mirada decidida y esperando por saber qué akumas le había pasado.
Le conté que realmente había sucedido poco desde nuestro último encuentro y le expresé cuánto lo había echado de menos. Garnet suspiró, demostrando una leve tristeza al escuchar mis palabras. Luego acercó su mano a la mía y la agarró con fuerza, demostrándome que estaba allí para mí, que no estaba sola. Lo sabía muy bien: mi corazón no había estado tan alegre desde la última vez que lo vi, y eso era algo imposible de olvidar, una sensación que quedaría grabada en mi memoria. Entonces recordé a la novata en la División, Ryze. Aunque sabía poco de ella por el momento, tenía muchas ganas de conocerla mejor, de descubrir quién era realmente. Me extendí un poco al hablarle de ella, reflexionando unos momentos antes de hacerlo, pero confiaba plenamente en Garnet, por lo que mis dudas se disiparon rápidamente. El gatito se sorprendió cuando le mencioné su fruta del diablo, un poder extremadamente poderoso, lo cual comprendí perfectamente. Su reacción me hizo sonreír ligeramente, al ver su expresión atenta y receptiva, especialmente cuando el tema giró en torno a las akumas y sus misterios. Finalicé pidiéndole que guardara esa información en secreto, a lo que él respondió que podía estar tranquila, que guardaba ese secreto junto a los otros dos que le había confiado. Mientras lo decía, se acercó a mi oído y me susurró que no sabía cuáles eran, bromeando y riendo suavemente. El simple hecho de escuchar su voz tan cerca, acompañado del susurro del viento en mi oído, hizo que me estremeciera. Llevé una mano a la zona cuando se alejó, sonrojándome y devolviéndole una sonrisa y asintiendo.
El minino levantó su mano de la mía para levantar su índice aclarando que sí, que odiaba a los marines, pero que si eran mis amigos sí que le importaban, porque se trataba de mí y de mi vida.
—Se… Se agradece, la verdad. Es muy bonito de tu parte. —contesté con una sonrisa y besé su mejilla en agradecimiento.
Me devolvió una tierna sonrisa y añadió que conocía a Sephi, lo cual ya estaba en mi conocimiento, Karl, aunque la llamó pajarraca azul, y Ryze ahora. Además, que Sephiroth no le caía mal, lo cual significaba que le caía bien supuse.
—Es Karl, no pajarraca azul, ¿sabes? —contesté dándole un ligero toquecito en la nariz— Bueno, Karlglass.
Mencionó que podía intentar hacer el esfuerzo para que le cayesen bien, y lo agradecí. En ese momento me llamó la atención su cicatriz y me acerqué a gatas para tocarla con sumo cuidado, con una caricia, pero que al parecer fue demasiado, pues se interrumpió a media frase y al levantar la vista pude ver una expresión de sumo dolor en su cara. Pregunté por la cicatriz, a la vez que retiraba la mano con preocupación. No imaginaba que fuera tan reciente por su aspecto.
Volví a sentarme con las piernas recogidas de lado, apoyándome con la mano izquierda sobre la cama y con la otra reposando en mis caderas. El minino entonces suspiró con la mirada en el techo y me dijo que de ello quería hablarme, bajando de nuevo los ojos para posarlos sobre los míos y colocó su mano sobre mi derecha. Giré la palma para acariciar la suya mientras asentía al preguntarme si recordaba que me había comentado que estaba mentalmente mal cuando nos vimos. Estaba realmente preocupada por lo que habría sufrido, pero nada me había preparado para lo que me iba a contar a continuación. Comenzó diciendo que aunque le hice sentir genial, al no tenerme después, recayó en sus pensamientos negativos y que ese momento de vulnerabilidad visitó a una especie de brujo esperando hacerse más fuerte. Lamenté muchísimo, infinitamente, el no haber podido estar para él cuando se sintió así. “¿De qué sirve dedicar mi vida a ayudar a la gente si no puedo ayudar a la persona que más quiero?”, apareció de pronto esta pregunta intrusiva en mi mente. Agaché la cabeza, entristecida por la breve revelación, y la volví a levantar para ver como le costaba decir lo siguiente. Aguanté la respiración, no me imaginaba que podría haber sucedido, ¿tal vez perdió a alguno de sus compañeros? No tenía ni idea, pero aun sin usar el Kenbunshoku podía sentir dolor con solo mirarle. Aferre la mano que sostenía y me acerqué para besarlo, estando a escasos centímetros de él cuando dijo que ya no era un usuario, que ya no podía transformarse. Me frené de golpe, parpadeando confundida y arrugando la frente, sintiendo como presionaba con fuerza mi mano y desviaba su mirada hacia abajo.
—¿Qué? —fue lo único de lo que fui capaz de decir, boquiabierta.
Con dolor, dijo que ya no era un gatito ni un minino y volvió a mirarme antes de disculparse por haber hecho una de sus idioteces. Volví a parpadear repetidamente, no entendía nada de lo que decía. Yo veía a un gatito delante de mí. Para asegurarme, miré hacia su trasero y vi perfectamente una cola rojiza que ahora estaba posada en la cama, tristona como él. Volví a mirarlo a la cara y, una vez más para asegurarme, dejé de sostener su mano y llevé la mía a su pelo para coger un mechón y acercar mi rostro.
*Sniff* *Sniff*
Sí, era sutil, pero olía a minino.
—Primero que todo: gato se nace, no se hace. —declaré totalmente seria— Tú eres mío, tanto mi novio como mi minino. Eso no lo cambia una akuma, ¿sabes? —acerqué mi mano a sus labios y los separé un poco para ver su dentadura— Efectivamente, lo que decía, sigues siendo un precioso gatito ronroneante.
Dejé de nuevo sus labios donde debían estar y lo besé suavemente. Si es que hasta sabía a gato. Aunque no sabía si todos los gatos tenían el mismo sabor, no es que fuese algo muy higiénico dedicarse a lamer gatos. A él sí, pero a Joseba por ejemplo, mejor que no.
—Y segundo… —me detuve un par de segundos, con el rostro todavía serio y parpadeando de forma rápida y acompasada— ¿¡CÓMO QUE YA NO ERES USUARIO?!
Mi mente había tardado, tal vez demasiado, en asimilar la información que había recibido.
—A ver, a ver, a ver… —comencé a decir llevándome la mano entre los ojos y bajando la cabeza, sentándome ahora frente a él con las piernas cruzadas— Las akumas no son como una peluca, o una chaqueta, que puedes decir: ahora llevo una, y ahora no, ¿sabes? —levanté la vista de nuevo a sus ojos pensativa y levantando un dedo— Bueno, aunque hay una que te convierte en chaqueta y te permite controlar a los demás, pero este no es el caso… A lo que iba, que me desvío del tema. —continué, cogiendo ahora una de sus manos para posarla sobre la mía y acariciarla con la otra, mirándolo con compasión, estaba claro que le dolía aquello— Mi amor, si dices que de alguna forma te has quitado una akuma, te creo. Dudaré de que la noche existe y dudaré de que el sol sale por la mañana, pero no dudaré de ti. Aun así, lo que dices no tiene ni pies ni cabeza, al menos por ahora. Así que, explícame en detalle qué es lo que ese brujo te hizo, minino. Y si te hizo daño, físico o mental, dímelo y me lo llevo directo al calabozo, ¿sabes? —finalicé, con una mirada decidida y esperando por saber qué akumas le había pasado.
