+18 [Pr Relativo] Donde reina el amor, sobran las leyes.
#12
El rampante acto lleno de placer que tuvo lugar en aquella cama rojas sábanas llevó tanto a la euforia, al gozo y a la extenuación a un Garnet que, en esos instantes, se encontraba rendido y acurrucado junto a su amada. Era increíble como, la misma mujer que le podía hacer enloquecer en todos los sentidos con un simple gesto - o por el mero hecho de respirar - era capaz de brindarle una suma tranquilidad además sólo con su presencia, pues eso era lo único que sentía ahora mismo el músico de tan sólo estar a su lado. Una paz inmensa, igual de inmensa que el amor y devoción que sentía hacia ella. Mientras abrazaba su cuerpo con absoluta calma y expiraba por la nariz su respiración en el cuello de la marine, Ikirami acariciaba con delicadeza el antebrazo del pirata, provocando que su piel se pusiera de gallina.- Esto si que es vida...- Pensaba, lleno de felicidad, antes de comentar lo increíble que había sido lo que acto - no apto para todos los públicos - que acababan de realizar a la vez que depositaba un beso en su cuello. Ante esto, Ikirami, concordó con el skypiean, añadiendo que así fue, como todo a su lado, causando que sus mejillas se tornaran del mismo color que su pelo. Era imposible no querer espachurrarla a besos cada dos por tres, y menos si iba soltando comentarios de ese estilo. Ikirami era demasiado para su corazón. Al mismo tiempo, situó su mano en el cabello de Garnet, entre sus dos antenas y acariciándoselo, haciendo que el pelirrojo entrecerrara parcialmente sus ojos, emitiendo una sonrisa llena de dulzura. ¿Cómo no iba a estar pletórico? Muy lejos de que hubieran tenido sexo y hubieran hecho el amor, poder tenerla al fin, en carne y hueso junto a él, pudiendo escucharla, olerla y sentir su cariño y amor, era razón más que suficiente para que su corazón volviera a latir con intensidad y ritmo. De esta forma, no pudo evitar expresar lo rebosante de felicidad que estaba, sintiendo la imperiosa necesidad de brindarle otro beso en la mejilla para, seguidamente, decirle que la quería. Jamás se cansaría de soltarle aquellas dos palabras llenas de magia. Al mismo tiempo que giraba sobre si mismo, mirando de reojo a la marine, pudo observar como se iba sonrojando, volviéndose una cerecita, diciendo tras eso que ella también le quería, titubeando, momento en el que, cuando Garnet estaba terminando de incorporarse, vio como hundía su cara de lado en la almohada, matando de amor por dentro al pirata y viéndose impulsado a besar su mano, por no besar cada rincón de su cuerpo, claro.

Ya habiendo retozado y habiendo descargado todas las ganas que se tenían el uno del otro, el pelirrojo quería simplemente hablar, charlar con su novia, y saber como le había ido durante todo el tiempo en el que no habían estado juntos. De esta forma, a su manera, lo exteriorizó preguntándole si le había pasado en ese tiempo algo increíble, añadiendo, con picardía que no creía le hubiera sucedido algo igual de increíble de lo que era su amada. Este comentario, por alguna razón, dejó con la boca abierta a Ikirami - quién estaba sentada y apoyada en el cabezal de la cama -, haciendo que Garnet y ladeara levemente su cabeza en señal de confusión. Desde luego que no había tenido el efecto que habría esperado. Entonces, a los pocos segundos, empezó a reírse mientras negaba con la cabeza, alegando que le había robado la frase, llamándole malvado. Aquella respuesta, junto a los pucheros que hizo y su gesto de falsa indignación en la que cruzaba de brazos, causó que el músico riera levemente, con cara que irradiaba amor.- Puejejej... Ay... Estas antenas te tienen sintonizada, Iki, ¿es o no es?- Se señaló con el índice de su siniestra las protuberancias capilares de su pelo, antes de que la pelirroja cambiara su expresión a una sonrisa y se quedara pensativa.

Comenzó a explicar que, dos días después de que se dijeran el adiós navegaron - sin saber a dónde llegarían - hasta que arribaron a Momoiro, declarando, casi con aires de derrota, que no había demasiadas novedades, más allá de lo que le había echado de menos cada día. Ante esto, Garnet suspiró, poniendo cara de pena por no haber podido estar con ella, acercando su mano a la suya, hasta agarrarla con firmeza.- Pero ya estamos aquí, Iki.- Pensó mirando con ternura a su novia, momento en el que, levantando el índice de su otra mano, recordó que ahora tenían una nueva compañera y que, aunque al ser marine no le debía hacer demasiada gracia, comentó que era muy agradable, tratándose de una tontatta muy mona llamada Ryze.- ¿Una tontatta? ¿Como Bepso? ¡Esto tiene que verlo el menda!- Se dijo a sí mismo, emocionado, al imaginarse lo adorablemente adorable que era, a su manera, el pequeño Bepso. Esa tal Ryze debía parecer una muñeca si Ikirami decía que era mona. Prosiguió mientras Garnet divagaba que tenía muchas ganas de hablar con ella pues, tras una breve pausa, que luego el músico entendió a que se debía, era, nada más y nada menos que una usuaria de una fruta de veneno. El pirata abrió la boca y los párpados, sorprendido, ante lo que tener un poder así implicaba, ¿cómo alguien tan pequeño podía tener una fruta tan nociva y mortal? Habría que ver el grado de veneno que podía generar o como podía llegar a manipularlo, e incluso igual sólo podía comer sustancias venenosas sin morirse intoxicada. Garnet desde luego no era, ni muchísimo menos, un experto en akumas, así que sólo sabiendo que era una "akuma de veneno" no podía ni imaginarse que podía llegar a hacer realmente.- A saber lo que puede hacer con ese veneno... Pero puede pintar chungo... Puejeje...- Sin embargo, nuevamente, pensó en su fallecido amigo y hermanito Bepso, que también era usuario, uno que le permitía generar una sustancia blanquecina y viscosa.- ¿Será del mismo tipo que Bepso..?- Reflexionó, todo aquello, justo antes de que Ikirami se llevara su índice a su boca y le pidiera a Garnet que no le contara nada a nadie, pues era secreto, para seguidamente preguntar como había estado.- Ni te rayes, Iki, junto a tus otros dos secretos...- Comenzó a decir, acercándose a su oído más cercano.- Que el menda no se cosca ahora mismo de cuáles eran, puejeje...- Susurró, alejándose entonces mientras le guiñaba un ojo.- Este otro se quedará también en el cementerio de los secretos de Iki, ¿es o no es?- Declaró con orgullo, exhalando aire por la nariz a presión, mientras mantenía sus ojos cerrados, abriéndolos seguidamente para responder a su pregunta, no sin antes querer matizar y comentar todo lo que le había contado.

- Antes que nada...- Levantó la mano que aún tenía puesta sobre la de Iki, extendiendo su dedo índice hacia arriba.- Sí, el menda odia los marines...- Afirmó algo que todo el mundo sabía para, seguidamente, llevar ese mismo índice a su mejilla izquierda, dándole pequeños y suaves toques.- Pero si son tus coleguis si que me importan, porque se trata de ti y tu vida, ¿es o no es?- Aclaró, momento en el que sintió como la pelirroja le daba un beso en su mejilla. Sonrió con ternura.- Conozco a Sephi, la pajarraca azul y Ryze, la tontatta... Y el primero no me cae mal... El menda puede hacer un try para que me caigan perita...- Comenzó a divagar, en el momento en el que notó como la suave mano de Ikirami recorría sus abdominales.- Aunque igual pajarracFSHHHHH- Intentó acabar la frase pero un agudo dolor apareció en su vientre, cerrando levemente, de la angustia, su ojo derecho. Al bajar la mirada, pudo ver que Ikirami había posado su mano derecha en la huella que había "dibujada" en su zona abdominal. Aún no estaba acostumbrado a esa cicatriz y, en ocasiones, el más ligero de los toques le llevaban a sentir un punzante dolor. Ese maldito chamán del demonio... Apretando sus labios con fuerza, y recuperando la compostura, giró su cabeza hasta posar su mirada en su amada, quién tenía una cara llena de preocupación. Garnet se apenó al ver esa expresión en el rostro de Ikirami, quién preguntó que que le había pasado, pues eso no estaba la última vez que se vieron. Al llamarle minino, en su corazón sintió una punzada aún más dolorosa que la que había sentido segundos antes. Tigre, gatito, minino... Eran apodos que su novia había usado desde el principio con él gracias a la fruta que poseía y que a su mujer, en todos los aspectos, parecía encantarle, ¿cómo se tomaría si se enterara que ya no la tiene por culpa de su malestar y estupidez? El skypiean tragó saliva y suspiró mirando hacia el techo.

- De esto quería hablarte el menda...- Comenzó hablando, apenado, bajando su cabeza de nuevo, para mirar a Ikirami, y posar su diestra en la mano con la que había tocado la pelirroja su herida.- Recuerdas cuando te solté que estaba mentalmente hecho una mierda y como quería ser más fuerte, para no perder a nadie... No perderte a ti, ¿es o no es?- Se empezó a sincerar, dándole un beso en la mano que agarraba tras decir esto último.- Me hiciste sentir "nasti de plasti", pero no tenerte luego... Hizo que el menda recayera... Y pues bueno... En este "mental breakdown", cómo quien se cambia de look de forma radical, fui a ver a una especie de brujo o algo así, con la esperanza de llegar a ser más fuerte.- Desvió su mirada momentáneamente, cerrando sus ojos con fuerza y rechinando sus dientes, al recordar la agonía por la que tuvo que pasar el día posterior, pero sobre todo, por lo que le iba a decir ahora a Ikirami. Abrió los ojos y, con suma seriedad, miró a los rojos luceros de la bella mujer.- El menda ya no es un usuario, Iki... Ya no puedo transformarme en un tigre...- Confesó, bajando la cabeza de tristeza y apretando con fuerza la mano de su novia.- El menda ya no es un gatito... Ni un minino... - Volvió a alzar la mirada.- Lo siento, Iki... El menda ha cometido una bobería de las suyas, ¿es o no es?- A día de hoy seguía sin saber si había tomado la decisión correcta y acertada. Pero sin lugar a dudas, conocer la opinión que guardaba Ikirami al respecto, le ayudaría a averiguarlo.

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RE: [Pr Relativo] Donde reina el amor, sobran las leyes. - por Garnet D. Matlock - 17-07-2024, 08:24 PM

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