+18 [Pr Relativo] Donde reina el amor, sobran las leyes.
#3
Con mucho cuidado, me recogí el cabello en un moño bajo, asegurándome de que cada mechón rojo quedara perfectamente sujeto. No quise dejar ningún detalle al azar, así que, en lugar de detenerme ahí y dejarlo suelto, tomé unas horquillas de la mesa y las coloqué estratégicamente para mantener toda mi melena en su lugar.

—¡Absolutely! Eso he escuchado por ahí. Pero, ¡shame on me! —exclamó, llevándose una mano a los ojos en un gesto exagerado de vergüenza. Su dramatismo habitual siempre lograba sacarme una sonrisa, y esta vez no fue la excepción. Lo miré de reojo, disfrutando de su actuación— Aunque hubiera sido una amazing experience, yo estaba aquí en la tienda, esperando for some fabulous products, you know.

Con un cepillo en mano, comencé a peinar el cabello lacio que caía sobre mis hombros, dándole forma y volumen. Arreglé mi flequillo con especial cuidado, queriendo que todo quedara impecable.

—¿Suele actuar mucho por aquí? —pregunté mientras dejaba el cepillo sobre la mesa y finalizaba los últimos retoques de mi maquillaje. Apliqué un pintalabios en un tono rojo mate, asegurándome de que el color se distribuyera de manera uniforme sobre mis labios y juntándolos para sellarlo— Podríamos ir a verlo alguna vez, todavía tienes que enseñarme los movimientos prohibidos de los que me hablaste, ¿sabes? No lo he olvidado. Shshsh.

—My beautiful lady, eso podría arrebatarte el corazón if you saw them. —declaró sonriente, levantándose de su taburete y chasqueando los dedos con gracia a un lado— Unfortunately, él no era de por aquí, un newcomer o algo por estilo. Creo que era Garnet Matlock, or something like that. C’mon, my queen, enséñame cómo te queda el…

Había terminado de maquillarme finalmente, prestando atención a sus palabras, hasta que sentí que mi corazón se detenía por un instante. La noticia hizo que girara en el taburete con tanta rapidez que perdí el equilibrio y caí al suelo. Afortunadamente, logré agarrarme al tocador, aterrizando de rodillas. Miré hacia Okaliva con los ojos muy abiertos, mi mente dando vueltas como en una montaña rusa por la información que me acababa de revelar.

—¡¿Are you okay, beautiful?! —preguntó Okaliva con preocupación, su rostro reflejando auténtico interés mientras se agachaba rápidamente y extendía su poderosa mano para ayudarme a levantarme.

Agarré su mano, y una sonrisa apareció instantáneamente en mi rostro. Tiré de su mano con tanta fuerza que casi lo hice caer. Sin embargo, no podía contener mi emoción. Recogí mi bolso corrí hacia la puerta del camerino sin decir una sola palabra, recorriendo el pasillo con toda la velocidad que mis botas de tacón me permitían. La adrenalina recorría mi cuerpo mientras mi mente repetía una y otra vez: “¡Es él! ¡Está aquí!” La anticipación y el nerviosismo se mezclaban en mi interior, creando una sensación de euforia. No tenía ni idea de cuando había sido y de si todavía estaría en la isla, pero iba a buscarlo sin descanso aunque tuviese que recorrerme la isla entera. Tras de mí, Okaliva me llamaba, pero no le presté atención. Llegué al final del pasillo, mi corazón latiendo con tanta fuerza que parecía que estallaría en cualquier momento, y abrí la puerta con un movimiento decidido, lista para comenzar la búsqueda.

Aspecto de Ikirami

Todavía sujetando el pomo de la puerta, pestañeé un par de veces con confusión. Ante mí, a apenas un par de metros de distancia, estaba él, mi minino. Vestía una camisa blanca con corazones, unos pantalones vaqueros rotos y botas negras. A su espalda llevaba su laúd, el mismo que había usado para tocarme aquella melodía en nuestro claro, y llevaba unas gafas de sol de corazones que le quedaban es-pec-ta-cu-la-res. El gatito admiraba una cazadora negra con pinchos, casi idéntica a la que yo llevaba, pero mi mente no era capaz de conectar del todo con la realidad. No podía ser él, ¿no? Es decir, sí, estaba en el lugar, presuntamente… Pero no podía ser que ya lo hubiese encontrado, como si por arte de magia nos hubiésemos reunido.

—Ho… —intenté decir, pero se me cortaba la voz— ¿Ho…la?

¿Sería una ilusión de mi mente trastornada por la repentina noticia? No me podía creer que, al fin, después de tanto tiempo, al fin tuviese frente a mí a mi querido gatito, a mi novio, a mi amor.



Aclaraciones
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RE: [Pr Relativo] Donde reina el amor, sobran las leyes. - por Ikirami - 14-07-2024, 01:50 AM

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