+18 [Pr Relativo] Donde reina el amor, sobran las leyes.
#1
Día 33 de primavera, año 13.
Reino Kamabakka, Isla Momoiro.


Salí de mí bellos aposentos a media mañana, acompañada por la señorita Beaufleur. Curiosamente, siempre que yo debía salir a hacer algo, parecía que ella también tenía algún recado que atender por la zona, pues siempre venía conmigo hasta la ubicación que necesitaba. Era una buena mujer, a cada día que pasaba le cogía más cariño y más me dolía la idea de tener que partir de la isla en algún momento, pero era algo que tenía asumido por mi trabajo. Además, había alguien que me esperaba en algún lugar de los mares y la espera se hacía eterna, cada día volviéndose más punzante su ausencia. Anduvimos durante varios minutos por las espectaculares y rosadas calles del reino, saludando aquí y allá a algunos de los conocidos de la mujer, hasta que llegamos a nuestro destino. Aunque en aquel lugar la mayoría de los habitantes no estaban interesados en personas de mi sexo, sí que me miraban y alababan por mi gran sentido de la moda. Aquel día, aprovechando la primavera, me había vestido con una camisa de mangas largas, hechos con un tejido de dina seda de color rosado que llevaba desabotonada y al viento. Bajo esta, lucía un sujetador negro cuyas copas estaban adornadas con unas planchas de un metal plateado muy ligero, que le daban un toque estéticamente interesante. Unos ajustados pantalones cortos aunque anchos de cuero coronaban mis hermosas piernas, que se cerraban a la altura de mi cintura encajando como un guante. Y por último, llevaba unos tacones de casi veinte centímetros de color negro, abrillantados y con la puntera metálica, al igual que la suela, que repiqueteaba al caminar. Mi pelo, ligeramente ondulado, danzaba detrás de mí, y de mi hombro colgaba un bolso formado por triángulos geométricos, algo grande, con una hebilla metálica en su centro. En él llevaba mi querida libreta, unos guantes, una goma de pelo y mi botellín de sriracha. Por si acaso, también me había llevado un par de botiquines, hacía una temporada que estaba estudiando las artes de la medicina y me parecían de lo más útil.

—Florecilla, si necesitas algo, ya sabes. Oui, oui. Dale recuerdos de mi parte a monsieur, y asegúrate de que le lleguen mis galletas. —se despidió, extendiendo hacia mí una cesta llena de unas crujientes galletas con virutas de chocolate negro y frambuesas liofilizadas.

—Por supuesto, Beaufleur. Después te llevaré la sombra de ojos que te comenté cuando vuelva. Estoy segura de que te quedará divina, ¿sabes? —respondí sonriente tomando con una mano la cesta y abriéndola para tomar una con la otra y llevármela a la boca— Mef quedop coñ eshta comof pago. Shshshshsh.

Así pues, me despedí de ella y entré en la tienda, haciendo sonar una campanilla al abrir la puerta. Fui degustando la galleta, que estaba increíblemente buena, avanzando por el pasillo principal y echando un vistazo rápido a la ropa hasta llegar a la aparte trasera, donde había una puerta en la que ponía “Privado”. Sin ningún tipo de preocupación, abrí la puerta y avancé por un pasillo lleno de cajas y perchas hasta llegar casi al final, donde había una puerta abierta con el interior iluminado. Me acerqué y llamé a la puerta de todos modos.

—¡Okaliva! Ya ha llegado tu musa, querido. Shshshsh. —anuncié avanzando con una sonrisilla.

La habitación era lo que se podría decir un camerino. Tenía una pared cubierta en su totalidad por espejos, con una encimera con cientos de brochas y maquillaje de todo tipo sobre ella y varios taburetes a lo largo. A los lados, rodeando el resto de la habitación, había una gran cantidad de armarios descubiertos, en los que se podía apreciar todo tipo de ropa. Me acerqué hasta uno de esos taburetes, justo en el centro de la estancia, en el que un fornido hombre con camisa morada se sentaba y dejé la cesta de galletas frente a él.

—¡MY QUEEN! —exclamó el hombre levantándose para darme dos besos en las mejillas— Llevo mucho esperando por este day, you know.

Con la cabeza señalé la cesta sonriente.

—Un regalo de Beaufleur. Es una fan acérrima tuya, ¿sabes? —comenté a la vez que me acercaba a uno de los taburetes y lo llevaba hasta ponerlo cerca del suyo.

—Esa mujer es absolutamente fabulous, amazing. ¡I’m in love! —respondió levantando la tapa de la cesta para coger una de las galletas. Al lado de sus enormes manos las galletas parecían del tamaño de una moneda, era sin duda, además de musculoso, extremadamente grandioso— Ou… So much sugar… Pero no puedo rechazar tan generoso regalo de una bella dama como ella, ¿verdad? —preguntó parpadeando como una niña pequeña hacía mi, como pidiendome permiso.

Reí e hice un gesto para que se diese el placer. Antes de sentarme, me acerqué a uno de los pecheros y comencé a mirar la ropa que colgaba en él.

—Bueno, ¿hoy qué toca? ¿Algo más “girly”? ¿Tal vez un estilo pop-art? La última vez me gustó mucho el estilo lolita, aunque creo que no acaba de encajar conmigo, ¿sabes? —comenté mientras miraba un hermoso vestido largo y rojo con lentejuelas.

Okaliva arrasó con las galletas en un abrir y cerrar de ojos. Beaufleur había colocado servilletas en su interior que de manera muy educada él utilizó para limpiarse las comisuras de los labios. Negó con la cabeza.

—No, no, no, sweet heart. Allí. —dijo señalando con la servilleta a un perchero de la esquina donde descansaba un único conjunto completo— I need to see como queda eso en ti. Me llegó hace apenas unas horas y no me imagino un body mejor para probarlo. —continuó volviendo a sentarse y cruzándose de brazos— Adelante, all yours.

Caminé hasta el lugar y sonreí al ver lo que había.

—Uuhh… —susurré sintiendo el tacto suave de la prenda principal entre mis dedos— Es atrevido. Me gusta, ¿sabes? —comenté comenzando a desvestirme, dejando caer suavemente la camisa resbalando por mis brazos— El maquillaje, ¿lo tienes ya pensado?

—Esta vez, beautiful, te dejo a ti hacer los honores. I believe que ya no tengo nada más que enseñarte, eres toda una maestra, just like me. —dijo comenzando a colocar varias paletas de maquillaje frente a mi taburete.

Poco a poco, me desvestí, hasta quedar solo en ropa interior, la cual, sin ningún tipo de pudor frente a mi amigo, me quité y sustituí por lo que él había escogido para mí. Okaliva se había ganado mi confianza durante aquellas semanas que había pasado en la isla. Desde el primer momento sentí que teníamos una pasión en común, la moda. Y además reconocía sin disimulo lo maravillosa que era en todos los aspectos. ¿Cómo no iba a agradarme su compañía, entonces? Habíamos pasado tardes de cotilleos juntos, compartido alguna que otra bebida y cena, pero sobre todo habíamos pasado tiempo dentro de aquel camerino, probándome atuendos y maquillajes de todo tipo que, por supuesto, me quedaban sublimes. Comprobé como el nuevo conjunto me quedaba a la perfección, volteando mientras él silbaba y aplaudía. Después me acerqué hasta él y, tras guiñarle un ojo, me senté en mi taburete y comencé a pasar el dedo índice por encima de las muchas sombras de ojos y bases que había. Debía escoger cuidadosamente cuáles utilizaría en aquella ocasión. Mi piel, suave, tersa y perfecta, era un lienzo en blanco ante unos dones como los que había adquirido junto a él. Así pues, comencé a maquillarme.

—Cuéntame, my delicious beauty, ¿cómo va la búsqueda de tu brother? —preguntó Okaliva apoyando el codo sobre la mesa para reposar la cabeza sobre su mano.

—Por desgracia, no muy bien. —confesé, agachando la vista por un momento— Hace poco descubrí que es puede que haya abandonado la isla ya. Al parecer vieron a alguien que encaja con su descripción abandonando Momoiro en un barco que paró a reponer suministros… —suspiré un momento, volviendo a sonreír después— Pero no estaban del todo seguros, así que aún no me daré por vencida, ¿sabes?

Okaliva asintió y levantó un pulgar hacia mí con una radiante sonrisa en el rostro.

—Estoy seguro de que if you try, you’ll find him. El destino os unirá de nuevo, I’m sure of it. —concluyó, haciendo que me sonrojase por un momento con sus palabras— ¿My lady? —preguntó algo confundido.

—No… No es nada. Shshshsh. Solo que lo que has dicho me ha recordado… algo. —respondí intentando encubrir mis emociones saliendo a flote.

Por desgracia, no pareció funcionar demasiado bien, pues apoyó su otra mano de la misma forma, y con la cabeza reposando en ellas me miró fijamente sonriendo.

—Oh, tell me please. Soy una tumba para los secretos, you know. —insistió, haciendo que me debatiese sobre si contárselo o no.

—Mmmm… Bueno… Lo cierto es que hay alguien más a quien busco, ¿sabes? —respondí tras unos momentos, comenzando a juguetear algo nerviosa con la brocha entre mis dedos y agachando la cabeza con mis mejillas encendiéndose— Tengo… novio. Es un hombre muy apuesto, a la vez que dulce y…

Comencé a sonreír, pensando en él y en las ganas que tenía de volver a verlo. Además, me daba bastante vergüenza hablar de ello, todavía no se lo había contado a nadie, aunque había una gran razón para ello. Cogí aire y exhalé, para tranquilizarme un poco y así poder volver con la faena que tenía entre manos. Dejé la brocha con la que apliqué el contourning y pasé a la sombra de ojos, recogiendo uno de los muchos estuches que había sobre la mesa.

—Love, love, love… —murmuró echándose hacia atrás y asintiendo— Ya veo. ¿Y qué más puedes decirme de ese hombre? Debe ser todo un gentleman si ha conseguido cazar el heart de una amazing lady like you.

Reí al escuchar que lo llamaba caballero. Probablemente, él era lo más opuesto que podía haber a un caballero, aunque me había tratado mejor que el más noble de ellos. Al fin y al cabo, era un pirata. Era un alma libre. Pero esa parte tal vez era mejor no comentarla.

—Es músico, ¿sabes? Nos conocimos en una isla, de camino hacia aquí. —suspiré de nuevo, ahora con cierta tristeza— Por desgracia no pudimos enlazar nuestros Den Den Mushi, así que no me queda otra que… esperar que el destino nos vuelva a unir, como has dicho antes. Shshsh.

—Hmmm. I see, I see. —continuó Okaliva, mirandome con una expresión que denotaba algo de pena— Así que músico, an artist. Espero que no sea como la mayoría. Ya sabes, de los que dejan a una mujer en cada isla.

Solté la brocha del sombreado de golpe, girando la cara lentamente para mirarlo apretando los labios y abriendo los ojos por completo. Lo que decía no podía ser verdad… ¿No? Él no era así… ¿O sí?

—¡I’m sorry! No quería decir que lo fuese, solo que… You know, es algo que se dice de ellos… —intentó corregir rápidamente poniendo las manos ante él y con las palmas hacia fuera y agitándolas a los lados— Ehmm… Yes… Talking about musicians. Me han dicho que hace unos días uno dio un concierto en una fuente, ¿estuviste ahí de casualidad?

Exhalé sonoramente y apreté los ojos, con cuidado de no deshacer el maquillaje que tanto esfuerzo me estaba llevando. No servía de nada pensar en aquello, además que yo le creí. Dudaba mucho que todo aquello fuese falso. No.

—¿Un concierto? No, no sabía nada. ¿Estuvo bien? —pregunté recuperando la compostura y recogiendo los utensilios que había usado para pasar ahora al pelo.

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+18 [Pr Relativo] Donde reina el amor, sobran las leyes. - por Ikirami - 13-07-2024, 03:04 AM

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