[Presente relativo] Una disputa contundente
#19
–Me ves cara de comer perros o qué –Le dijo el panda al peliblanco, que le acababa de amenazar con matarle si le hacía algo al perro. No le gustaban, pero tampoco iba por ahí pateando a los pobres animales. A no ser que le mordieran los tobillos o algo, pero aquel perro era de los más mansos que había visto en su vida. Derya se unió a los esfuerzos del panda para alejar a la criatura. Le recriminó que con su forma de hablar el perro no le iba a entender y procedió a hablarle al perro como si fuera un bebé. Don Bambú comprendió que aquella técnica tal vez fuera útil, pero se sentiría raro hablando así, como si fuese en contra de su personalidad al hacerlo. Por otro lado, Kovashi mencionó a Cesarius Millanus, famoso encantador de perros. En efecto la intimidación podría ser la técnica adecuada...

Mientras el panda meditaba al respecto, una cuarta voz le sacó de su propia cabeza y le devolvió al mundo real, aunque el mundo real empezaba a parecer cada vez más fantástico. El perro acababa de hablar. No, no solo hablar. El perro acababa de hacer una referencia literaria. La boca del panda se entreabrió sin que éste se diese cuenta. El perro no se limitó a referenciar la obra, sino que elogió además el gusto del panda. –Gr-acias? –No pudo articular nada mejor. Vale, era un perro que hablaba. La verdad es que no prestó mucha atención a lo que le decía a Derya, ya que Don Bambú se encontraba recogiendo sus cojones del suelo (figurativamente). Aquello debía de tener una explicación racional. ¿Era esto fruto de una de esas condenadas frutas o el espécimen final en una larga cadena evolutiva de fracasos intelectuales? No podía estar seguro. El panda miró a Kovashi, que estaba en cuclillas. No sabía qué buscaba en él. ¿Complicidad en aquella situación tan rara? ¿Pistas sobre lo que él pensaba? Hizo lo mismo con Derya. Pero finalmente volvió a centrar su atención en el perro, que destacaba los capaces que le parecían los individuos que allí se estaban peleando.

La lluvia se estaba volviendo más fuerte, el viento empezaba a soplar y los destellos azulados de un cielo impaciente eran cada vez más frecuentes. Si al panda no le fallaban los oídos, el perro les estaba ofreciendo dos cosas. La primera era un trabajo y lo segundo, quizás lo más extraño de todo, terapia de grupo. –Aquí el amigo quiere establecer una jerarquía en el grupo por medio de la fuerza. "Quien gane será considerado el mejor de los cuatro, los demás pasarán a formar parte de SU equipo. Serán de su propiedad" –Citó el panda, omitiendo sutilmente la palabra revolucionarios del discurso. Eran un grupo clandestino, después de todo, aunque a estas alturas cualquiera que preguntase por el pueblo sabría a qué se dedicaban aquellos sujetos. Kovashi se había asegurado de ello.

Don Bambú se irguió cuan grande era. –No aceptaría ofertas de trabajo de cualquiera, porque trabajo ya tengo, pero el día que me muera, sea hoy, mañana u otro día, no quiero irme sin saber qué quería ofrecerme el único perro que habla que he conocido en mi vida. –Dicho esto procuró tener en su campo de visión a todos los presentes dando unos pasos hacia atrás. –Yo quiero escuchar esa oferta, pero creo que mis amigos querrán terminar lo que hemos empezado antes. –La posición final del panda era a cuatro metros del perro, directamente delante de él, a tres de Derya y a cinco de Khruner y Kovashi, cada uno en un lateral y en diagonal con respecto al panda. No hizo amago de iniciar maniobras de combate, pero tampoco se fiaba del todo.

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RE: [Presente relativo] Una disputa contundente - por Max D. Bambú - 31-08-2023, 07:06 PM

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