+18 Hunter’s Gate – (Evento local) [Presente Absoluto]
#41
Leyenda


El desgraciado continuó hablando, mientras se acercaba a la capitana, a pesar de un objeto que rebotó en su hombro. Sacó un Wanted de esta, y lo apoyó en su pecho. Un parpadeo y la ornamentada espada del cazador se encontraba clavada en el pecho de mi mejor amiga. La cara de dolor de Maeve fue evidente. Era, sin duda, la primera vez que la veía sufrir de esa manera. Utilicé toda la fuerza de mis brazos, así como la llama que había vuelto a brotar en mi interior y se veía avivada por la sangre de Maeve, para deshacerme por fin de aquello que apresaba mis piernas. Retrocedí un par de pasos, alejándome siete metros más del refinado hombre de pelo blanco, mientras sacaba su espada y la lamía. Se encontraba demasiado cerca de mi amiga, y viendo la gran velocidad que había demostrado anteriormente, cualquier movimiento en falso podía ser fatal.

Vi a ese tal Gin pasar a mi lado de un salto. Golpeó con su puño en la espalda del otro hombre antes de volver a apartarse. No tenía ni idea de quién era ese hombre. Había terminado en ese barco por alguna razón, se había cargado a la pobre Larian y parecía alguien que se enfadaba fácilmente. En verdad, era un hombre de lo más raro - Cuando acabemos con este le invitamos a comer - Al volver la mirada al frente pude ver a la capitana, en esa forma mitad humana, mitad buitre. La había visto ya unas cuantas veces, pero seguía sin poder acostumbrarme del todo a ese aspecto. Sobre todo a esos ojos rojos, los cuales eran significativamente menos bonitos que sus ojos naturales, aquellos que lucía en el día a día y que tantos problemas me traían.

No podía perder más tiempo, por lo que rápidamente me acerqué, dando un par de pasos antes de saltar para embestir al hombre de pelo blanco con mis cuernos. Sentir mis cuernos penetrar la piel del centro de su espalda me creó una enorme satisfacción. No me gustaba golpear a la gente por la espalda, pero este malnacido lo había pedido a gritos desde que había aparecido. Su arrogancia, su asquerosa y refinada forma de actuar y dirigirse a los demás, pero sobre todo se encontraba lo que le había hecho a Peteiro y el haberse atrevido a apuñalar a Maeve... 
Le había llamado sucia rata con anterioridad, pero vistas sus acciones, era infinitamente peor que cualquier clase de alimaña. Podía ser catalogado incluso por debajo de degenerados como el tuerto de Waj, y no merecía más que sufrir un infinito dolor hasta su último suspiro.

OST

Me aparté, quedando a algo menos de cinco metros del hombre, interponiéndome entre este y la capitana. - ¡Ni se te ocurra volver a hacer eso, idiota! - hablé a mi amiga, algo molesta, sin dejar de mirar en dirección al hombre de la chaqueta lila. - Muchas gracias - murmuré. Sabía que sus acciones recientes habían sido con la intención de protegerme. Todo aquello era culpa mía, por no ser lo suficientemente fuerte y haberme dejado atrapar por esa estúpida trampa. - A partir de ahora me encargo yo - levanté los brazos, poniéndome en guardia.
Ni siquiera me digné a mirar a la mujer que tenía detrás, pues en mi interior y a juzgar por el sonido del aterrizaje, sabía que si volvía la mirada hacia ella iba a tratar de ayudarle a levantarse o tratar su herida, y en la situación en la que nos encontrábamos eso podía terminar mal.


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#42
Todo estaba saliendo a pedir de boca, Maeve estaba con cara de dolor mientras se desangraba. Vi como con dificultad se levantaba y que dado el esfuerzo vomitaba sangre, ignoré la poca elegancia y empecé a soltar suaves carcajadas por la vista que tenía ante mí, parecía un cervatillo dando sus primeros pasos, tan indefenso como apetecible para un lobo. Levanté mi Bloody Kiss listo para dar el golpe final cuando escuché al ser de horribles facciones hablar de nuevo, un pesado sin una ínfima porción de modales. Lo que no me esperaba es que tuviera la osadía de atacarme por la espalda, causando que una corriente eléctrica recorriera cada parte de mi cuerpo, no té como me palpitaba la zona herida y no pude evitar girar la cabeza hacia él. — Sucio ser deforme — insulté a Rapax Gin viendo como se lanzaba a la boca del lobo listo para morir, parecía que mi compasión no era suficiente para ese humano tan desgraciado por la cara con la que había nacido.
 
Otro golpe llegó por parte de la hermosa capitana Maeve Knox, quien aprovechó para atacarme en su forma de arpía y alejarse de mí, o mejor dicho caer lejos de mí. La desesperación llevaba a hacer cosas extrañas y yo había visto a mucha gente con ese sentimiento delante de mí, hasta ver como sus ojos suplicaban por vivir. Pero parecía que no acababa ahí, la semioni también se unió atacándome por la espalda nada más la humana medio buitre se marchó. Sentí otra punzada de dolor muy intenso y no pude evitar reír a pleno pulmón de nuevo, estaba siendo absurdo todo aquello. Giré ciento ochenta grados mi cuerpo, viendo a Eaa delante de mí protegiendo a la otra mujer. — ¿Para esto querías que te deje ir, capitana Maeve Knox? ¿Para esconderte como una cobarde detrás de ellos? Parece ser que la recompensa por tu cabeza no es tan merecida al fin y al cabo — provoqué sin tratarla de usted mientras un mechón - de mi anteriormente perfecto peinado – caía sobre el lado derecho de mi frente.
 
De forma sutil levanté mi mano izquierda dejando ir seis enjambres de luciérnagas que se situaron delante de la pelirroja que de pronto emanaron una luz cegadora dejándola momentáneamente sin poder usar el sentido de la vista, a su vez, dejé ir por mi pierna izquierda dos enjambres de avispas que fueron hacia Rapax Gin, quien estaba a cuatro metros de mí en diagonal a mi izquierda. — Faltaban invitados a la fiesta — carcajeé antes de levantar mi Bloody Kiss con la mano derecha hacia Maeve. — ¿Seguimos querida capitana? — busqué provocar a la joven mujer listo para otra ronda de aquel baile.
 
 

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#43
OST DE LA ESCENA

     Hijo de la grandísima puta.
     Así que esa era la habilidad de su akuma no mi. Los bichos, los putos bichos. La avispa que había visto en la sala ahora llena de cadáveres, y lo que fuera que nos había aprisionado las piernas. Ahora esto. A pesar de las circunstancias, del dolor, no pude evitar esbozar una sonrisa torcida. Un insecto creando otros. Pura poesía.
     Mantuve la sonrisa, pintada con sangre brillante, incluso cuando lo escuché hacer referencia a lo que definió como cobardía, a que no era digna de mi recompensa. 
     —Y, sin embargo, aquí estás para intentar cobrarla —respondí con voz grave mientras volvía a levantarme. La caída en mi aterrizaje había sido accidental, algo que era preciso remediar de inmediato. Cualquier maldito movimiento hacía que mi herida doliera como mil putos demonios, pero no me frenaría. Y, a pesar de todo, tenía a la adrenalina de mi lado: debía aprovecharlo. Una vez de pie, erguida e ignorando mi pecho como podía, continué con mi fiera mirada clavada en sus ojos—. Nunca te pedí que me liberases, pedazo de mierda.
     Era evidente su estrategia: provocación. Toda su actitud era la viva muestra de ello. La cabeza de Peteiro había cumplido esta misión en sí misma. Después, llamarme cobarde, inepta y sobrevalorada. Sus risas, como si disfrutase con esto —estaba segura de que lo hacía—, como si nada de lo que le hiciésemos pudiese afectarle, incluso habiendo encajado nuestros golpes. Haber nombrado al Patrón, actuar en su nombre. Y, ahora, su siguiente movimiento: mandar un ejército de luciérnagas frente a Eaa, cuyo resplandor deslumbró a mi pobre amiga, y un enjambre de avispas hacia Gin, atacándolo sin piedad. 
     Entonces, Hunter me pidió otra ronda. 
     Sabía que a Eaa no le estaban gustando mis decisiones, me lo había dicho hacía apenas un minuto. Y no suelo ser una persona autoritaria a la hora de gobernar el barco, pero nada de lo que dijera iba a cambiar mi opinión, ya que tampoco había pedido la suya. Evitaría que Wolf tocase a la pelirroja mientras estuviese en mi mano. Y, ya de paso, a Gin, que poco a poco se estaba ganando mi respeto.
     Comencé a avanzar hacia Hunter, abandonando mi anterior posición que me situaba tras Eaa. No me escondía detrás de nadie, era mi amiga la que había decidido colocarse ahí. Y agradecía sus intenciones, pero no le correspondía a ella el rol de protectora. Mientras caminaba, trataba de controlar cualquier expresión de mi rostro que reflejase el tremendo dolor que me asolaba. La sangre continuaba empapando mi ropa oscura, que se adhería a mí, pegajosa, como una segunda piel.
     No era estúpida: Hunter podía volver a hacerme mucho daño, incluso sin que yo tuviera ahora ningún tipo de restricción en mis piernas. Y me estaba llamando al combate porque él también lo sabía. Lo sabía y lo buscaba. Y yo no acudía en su búsqueda como la polilla a la luz, sino porque era lo que debía hacer para proteger a Eaa y, ahora, a también a Gin. Por eso y porque quería muerto a ese desgraciado.
     Me quedé, de nuevo, a un par de metros del cazador.
     —Gin —lo llamé sin mirarlo, pues mis pupilas continuaban clavadas en Hunter Wolf, quien mantenía la espada en alto en mi dirección—. Pase lo que pase, protege a Eaa. Es una orden.
     La sangre se resbaló por mis labios cuando hablé.
     Gin no me debía ningún tipo de obediencia, así que era posible que me mandase a la mierda con mi última frase, pero a mí también me importaba una mierda que no le sentase bien. Mi prioridad número uno era cuidar de la pelirroja de todo mal, y Hunter parecía tratarse del mal encarnado. Gracioso, porque nosotros tampoco representábamos el bien. Aquello simbolizaba, más bien, una batalla entre diferentes infiernos.
     Como no podía ser de otra manera, mientras había estado en el suelo minutos antes, había vuelto a agarrar con la mano derecha mi fiel látigo, cuya longitud ahora arrastraba, aguardando su turno.
     Mis labios pintados de negro y ahora cubiertos de rojo —igual que mis mejillas, mi cuello, mi pecho, mi abdomen—, volvieron a sonreír. Fue una sonrisa amplia que enseñaba los dientes, también ensangrentados como si acabase de seccionar un cuello de un mordisco. Pero era mi propia sangre la que los manchaba.
     —Baila conmigo.
     Era su cuello el que quería. 
     Moví mi diestra con maestría, haciendo centellear el látigo en el aire. Lo acompañó una punzada de dolor en mi pecho, que logré resistir a duras penas sin doblarme. El extremo del látigo buscó enrollarse nuevamente en el cuello de Hunter para derribarlo, para estrellar su cabeza contra el suelo una vez más. Para, si salía bien, ver ese bello y demoníaco rostro a mis pies.


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#44
Leyenda


- ¡Tú qué sabrás, trozo de mierda! Maeve no se esconde de nadie - había sido yo quien se había puesto entre él y la capitana, con la intención de devolverle el favor de tratar de protegerme. Tan pronto como el hombre levantó la mano y una nube de insectos comenzó a brotar de esta, extendí mi brazo izquierdo, con la intención de bloquear un posible ataque con mi cuerpo.

Todo se tornó blanco - Mierda - otra vez, había sido demasiado ingenua. El ataque del cazador no iba dirigido hacia la capitana, si no hacia mí. Comenzaba a entender cómo peleaba aquel hombre. Primero trataba de incapacitar a quien tuviera delante para después golpear a una velocidad vertiginosa con gran fuerza. Había recibido un único golpe de este, y todavía seguía doliéndome la cara después del impacto. Inconscientemente me llevé la mano derecha a los ojos, tapándolos como si de esa forma mi vista fuera a volver a ser la misma de antes.

Escuché a mi preciada amiga levantarse del suelo y responder con el mismo tono provocador a ese que teníamos en frente. Pasó caminando por mi lado, pude escuchar a la perfección sus pasos, pero al no poder verla mi intento de evitar que se pusiera por delante no surtió ningún efecto.

Después, le ordenó a Gin que me protegiera. Pasase lo que pasase. Había leído esa frase en numerosas ocasiones. Era una fórmula recurrente en un gran número de novelas de todo tipo, y si algo tenían en común todas ellas, era que la persona que decía aquello nunca terminaba bien. - Ni se te ocurra hacer ninguna tontería - pensé, con un enorme dolor en el pecho. - ¿Por qué otra vez vuelvo a ser una  carga? - me preguntaba a mí misma.

- ¡Gin! - grité, mientras me agachaba lentamente. Apoyé la rodilla izquierda en la madera del suelo, así como los puños. - ¡Protege a la capitana con tu vida! Yo ahora le parto la cara a este - levanté la mirada en dirección a donde había visto por última vez a Hunter. No veía nada, pero me preparaba para lanzarme sobre él como el pequeño Mandarina se lanzaba contra las pobres ratas que tomaban la mala decisión de tratar de escabullirse en nuestra amada Rémora Fatua. Él se lanzaba con todo para proteger nuestro hogar de cualquier clase de peligro, y yo iba a darlo todo para proteger a la que era mi única familia, mi ángel de la guarda, la luz que iluminaba mi oscura vida. Mi mejor amiga y capitana.


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#45
Leyenda



Aclaratoria






OST de la escena

Mi ataque había dado pie a que Ayy se alzara y tomara represalias contra Gunther por aquel ataque rastrero que, a pesar de haber causado un enorme daño, no bastó para aplacar su ira. Con un veloz zarpazo y el destello se su látigo, atacó al desgraciado, quien desorientado por nuestras arremetidas, no pudo atinar a ver la veloz arremetida de Mei, quien había logrado alcanzar la espalda de Gunther también. El cazador sangraba también… al parecer la semioni había conseguido devolverle la jugada a quien hiriera a su capitana, igualando un poco la situación. 


 Tras su ataque, Ayy se tambaleó y regresó a su forma humana, aunque el dolor que padecía era más que evidente. Mei se interpuso entre Gunther y Ayy, ahora siendo ella la protectora de la herida dama ensangrentada, a la vez que Gunther mostraba una apariencia desaliñada, ahora más apropiada de su calaña.


Usando su akuma no mi, la cucaracha disparó una horda de avispas hacia mi, las cuales hubieran podido atacarme, de no ser por la placa de madera en mi brazo derecho. Rápidamente bloqueé la embestida de los insectos, interponiendo la barrera entre ellos y mi cuerpo. Resistí mientras una andanada de golpes secos resonaban en aquella madera, que luego arrojé fuertemente hacia un costado, librándome por poco de su ataque. Una luz estalló a mi izquierda, mientras una serie de bichejos cegaban a Mei. El maldito Gunther no dejaba de buscar presas indefensas y justo cuando me empezaba a enfocar y a recuperar la razón, un nuevo brote de rabia hacia Gunther surgió en mi.


“¿Es que no sabes pelear con honor, maldita basura? Te voy a matar-Gin” Le espeté mientras mis puños no dejaban de temblar de rabia. Mi cabeza dolía nuevamente, mientras mi respiración se acelaraba en una nueva oleada de ira. -Maldito. maldito cobarde- Pensé


La mujer buitre me dijo sin mirarme que protegiera a su compañera, la llamó Eaa… supongo que era algún código entre ellas. Me dijo que era una orden, mientras pude ver un leve destello rojo pasar por su mirada. Había vuelto a ser humana, pero la bestia seguía allí.


“Descuide capitana. Cuidaré que ambas logren darle su merecido a ese hijo de puta-Gin. Se lo prometo”


No sé qué pasó por mi mente al momento de llamarle así… Ella no es mi capitana. Tal vez la urgencia del momento. Tal vez la perfecta sincronía en que habíamos compaginado nuestros golpes, haciendo que los tres actuáramos como una unidad, como una manada. Quizás fue el tono de su voz, la determinación en su mirada, o el respeto a su voluntad de luchar por alguien a pesar de no ser más fuerte que su oponente. Incluso yo podría vencer a esa chica en combate singular, pero en ese momento entendí que en mi camino a ser fuerte había omitido algo: No solo es fuerte quien posee fuerza. También lo es quien no se doblega ante una amenaza con tal de proteger a aquellos que le importan, y Ayy no se doblega. Sus fuerzas decaen, pero su determinación no dejaba de crecer.


La albina entonces retó nuevamente al cazador a continuar su danza mortal, haciendo volar su látigo por los aires como una extensión de su propio cuerpo. La semioni, aún cegada me gritó que protegiera a su capitana, pero aunque herida, la chica era ahora una guerrera desatada y su furia era su escudo.


“Descuida Mei, tu compañera no es la que necesita ayuda ahora-Gin. El que debe preocuparse es Gunther, porque lo vamos a hacer mierda. Marlin Lance”


Una sonrisa se dibujó en mi rostro, mi corazón latía como si fuera a estallar. Estaba iracundo y emocionado a partes iguales, pues quería matarlo y lo iba a hacer. Sentí un calor surgir de mi piel que me devolvió la energía. Salté contra el desprevenido cazador y le encajé un potente impacto con ambos puños justo por el costado izquierdo. Sus huesos crujieron… ¿o eran mis dientes? No importaba. Tras el choque, su cuerpo salió despedido como un muñeco de trapo. No me detuve a ver dónde caía el maldito, pues tras el impacto, corrí hacia Mei y, como había prometido a su compañera, le protegería como fuera.



Resumen



Aclaratorias



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#46
Escuché el intento de la semioni por defender a la mujer que tenía detrás con una gran sonrisa, estaba funcionando, que predecibles y fáciles de provocar eran los piratas. Además de oír aquella patética orden de Maeve, ya era bastante tarde y sus otros dos peones piratas no podían hacer mucho contra mí en esa situación. Pero la mejor parte de todas era poder deleitarme viendo como la sangre caía por su esternón manchando la ropa de la capitana del Brillante Infortunio. — Será un dulce placer hacerlo —  respondí a su ofrecimiento de bailar. En un burdo intento desesperado por atacarme lanzó de nuevo su látigo contra mí, pero esta vez no estaba el horrendo ser para distraerme, por lo que blandí mi impecable espada desviando así su ataque mientras daba un paso hacia ella en el acto. Volví a levantar mi Bloody Kiss hacia Maeve asestando dos estocadas limpias en el pecho, cerca de su corazón. Patéticos. Aquella pelea solo demostraba que mis últimos subordinados eran unos auténticos patanes inútiles, por suerte Larian no estaría más para contratar a tal cantidad de inservibles seres.
 
Eaa le decía a Rapax Gin que protegiera a Maeve en vez de a ella. Dramáticos. No podían ni morir callados sin hacer un show, mi aburrimiento empezó a hacerse presente con la situación y culminó cuando escuché al hombre decir - de forma extremadamente chabacana - que me iba a ganar. Me giré hacia él con un suspiro de cansancio y cuando caía hacia mí por el salto, volví a usar mi espada para desviar su golpe y así hacerle caer junto con Maeve y Eaa. Di cinco pasos hacia atrás - sin dejar de ver a aquel extraño grupo - quedando a cinco metros de los tres piratas. — Sois solo un trío de piratas con suerte en la vida. Habéis ganado a mis subordinados por puro azar, pero con estos no será igual — silbé con fuerza haciendo que el eco llegara lejos del galeón, a aquellos siete navíos que nos habían estado siguiendo. Dos grupos de hombres y mujeres que rondaban los treinta y cuarenta años se pusieron tras de mí. Se dividían en dos grupos - uno de cincuenta personas  a mi derecha y otro de cuarenta a mi izquierda - listos para cuando diera la orden. — ¡Que os divirtáis piratas del Brillante Infortunio! —  grité son sorna antes de dirigirme a los recién llegados por mi llamada. — Desatad el cabo de su navío, nuestros invitados se quedan — añadí sonriendo mientras ambos grupos empezaban a caminar hacia los piratas y uno de ellos se dirigía a su barco que estaba a diez metros de donde nos encontrábamos, a mi izquierda - a la derecha de los tres piratas invitados -  solo sujeto por un cabo a mi hermoso barco. No estaba dispuesto a seguir con aquel lamentable espectáculo de drama sin sentido, ya había dado el golpe que me pidió el Patrón, si quería algo más dependería de como la dejaran mis subordinados y cuanto más estaba por pagar.
 
 

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#47
OST DE LA ESCENA

     Hunter había interceptado mi ataque con el látigo utilizando su espada, desviándolo. Mi propia arma se me cayó de las manos.
     Estúpida.
     Dos rápidas estocadas atravesaron mi pecho a una velocidad imposible.
     Ridícula.
     Wolf me miró desde la superioridad del vencedor.
     Patética.
     En algún momento, Gin había caído cerca de mí. Pude verlo porque, sin apenas darme cuenta, me encontraba en el suelo apoyada sobre las rodillas y las palmas de las manos. Volví a vomitar sangre, ahora más cantidad. A la vez, mi pecho goteaba desde sus tres hemorragias, cada una naciendo de las tres heridas que lo abrían. 
     ¿Cómo...? ¿Por qué...?
     Porque Hunter tiene razón: no vales para nada.
     Mis pupilas, clavadas en mis dedos teñidos de carmesí, comenzaron a ver estos de forma borrosa. El dolor los estaba humedeciendo. No solo el que me castigaba el pecho, que era tan intenso que me provocaba fuertes náuseas, sino otro tipo de dolor. Uno más profundo, uno que no se ve. El dolor de la derrota, de la humillación. De ver cómo, finalmente, mi pasado me había encontrado, haciéndome caer de rodillas. El Patrón siempre se había jactado de que conseguía lo que quería —incluso a través de otros— y, hasta ahora, me sentía orgullosa de haber sido la persona que había roto sus esquemas. Maldita ilusa. El pasado siempre gana.
     Me mordí el labio inferior, que había comenzado a temblar. El sabor de la sangre resultaba penetrante; el del fracaso, degradante. No pude evitar que las gotas transparentes procedentes de mis ojos cayesen sobre la madera del suelo del galeón, mezclándose con sus hermanas rojas. 
     Pero, a pesar de todo, la furia se abrió paso a través de la decepción, de la vergüenza, al escuchar las palabras de Hunter. ¿Suerte? ¿Cómo se atrevía a mencionar la suerte? ¡Suerte! La suerte solo conforma el privilegio de unos pocos, mientras que otros permanecemos en las tinieblas del infortunio.
     Quise replicar, pero de mi garganta tan solo brotó un gemido de dolor que, por el nuevo alboroto que se estaba generando debido a las nuevas órdenes de Hunter, tan solo escuché yo. Había mandado a un gran grupo de gente a terminar el trabajo, como si no fuésemos dignos de seguir empleando sus propios esfuerzos en nosotros.
     —Puto desgraciado —bufé—, ¡no hemos terminado!
     Mi grito fue más tenue de lo que había pretendido. Apreté los dientes, viendo a duras penas cómo toda esa gente se preparaba para comenzar la cacería. Gruñí como un animal herido.
     Busqué el látigo a tientas, mi preciado látigo, aquel que me regaló Zorak y una de las pocas cosas materiales que me hacían sentir que no era tanta la distancia que nos separaba. No lo encontré. Pero no tenía tiempo que perder, me lanzaría contra toda esa gente a puños si hacía falta. Empleando toda mi concentración y fuerzas, traté de ponerme en pie, separando las manos del suelo. Cuando me incorporé y mi único punto de apoyo fueron las rodillas, me sentí incapaz de continuar ascendiendo. Simplemente, no podía levantarme. La frustración me encajó un nuevo golpe. Grité de pura rabia, no podía estar sucediendo aquello. Pretendí convertir mi cuerpo en la forma híbrida de mi tan familiar buitre blanco, y sentí el cosquilleo en mi piel de las plumas tratando de aparecer, pero tan solo se quedó en eso, en un infructuoso intento. Ni siquiera contaba con las fuerzas necesarias para fundirme con mi naturaleza animal. Volví a gritar. 
     Todo aquel esfuerzo, titánico en mi estado, me obligó a doblarme una vez más, necesitando apoyarme de nuevo con las palmas de las manos en el suelo.
     Comencé a ver mi alrededor como una ensoñación, como si me encontrase dentro de un sueño. De una pesadilla. Caos. Los sonidos me llegaban amortiguados, como si me hallase bajo el agua. Pensar, de pronto, se convirtió en una ardua tarea. Debía proteger a Eaa. Debía...
     Pero había fallado.
     Le había fallado a ella, le había fallado a Peteiro. Le había fallado a aquella niña de catorce años que escapó de las garras del Patrón hacía dieciséis.
     Me fallaron las rodillas, me fallaron las manos. Caí sobre mi propia sangre.


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#48
Leyenda


A medida que mi vista se iba aclarando, una silueta se dibujó frente a mis ojos. La desagradable voz del cazador resonaba en mi cabeza, pero en mi mente no había lugar para palabras. Mi atención estaba centrada en una única cosa. Aquella silueta, que al poco se tornó en una nítida figura, una que reconocía a la perfección. La figura de una mujer de rodillas, sola frente a un enorme grupo de bestias.

Dijo algo que no llegué a entender. Trató de levantarse. No lo logró. Un desgarrador grito penetró hasta mi alma, creando una grieta en mi corazón. De pronto, sentí cómo todo en mi interior me abandonaba. El odio que sentía hacia Hunter, la ira y el dolor por la muerte de Peteiro, el asco que había sentido al verme rodeada de todos esos depravados bajo la cubierta, la sed de sangre y la enorme excitación al masacrarlos, la fuerza y la voluntad de defender aquello que era realmente importante para mí. Todo se había ido con ese grito, como una montaña de cenizas con una ráfaga de viento. Ni siquiera me quedaban fuerzas para tratar de contener las lágrimas carmesíes que caían por mis mejillas. Otro desgarrador grito, otra grieta en mi corazón.

La persona cuya fuerza de voluntad envidiaba, aquella que me inspiraba y me ayudaba a sacar lo mejor de mí, se encontraba completamente derrotada.

Noté entonces como algo chocaba contra mi brazo izquierdo. Instintivamente desvié la mirada, apartándola casi al instante. Se trataba de la cabeza cercenada de nuestro amigo Gyojin, que seguramente a causa del ajetreo en cubierta había llegado hasta mi lado. Pero no fue a Peteiro Gorgullo Boquerone a quien vi en esa cabeza. Mi mente decidió mostrarme en su lugar un bastante probable futuro, más aterrador. En lugar de ojos saltones había dos ojos grises, blancos como la nieve, con un leve tono rojizo. Una mancha de sangre sobre la nieve. Su mirada, completamente perdida en el horizonte.

Como si fuera obra del destino, al desviar la mirada esta se posó en lo alto del palo mayor del barco contiguo. más arriba de las velas ondeaba una bandera, nuestra bandera.

La Bandera


Una calavera, las alas de Maeve, mis cuernos, los dientes de Peteiro, las llamas del infierno que Peteiro nos había dicho que representaban a su amigo Balban.

- ¡Gin, la cabeza! - le grité, empujando levemente lo único que quedaba del gyojin en dirección al que parecía haberse convertido en nuestro aliado temporal. No podía dejar allí a Peteiro, pero tenía algo más importante que hacer. Comencé a desplazarme hacia delante, recogiendo el látigo de la capitana mientras me levantaba, y llegando justo a tiempo para cogerla antes de que cayera al suelo. Con un ágil movimiento giré hacia la derecha, recorriendo ocho de los diez metros que nos separaban de la cubierta en un suspiro, antes de saltar con todas mis fuerzas por la borda. - No agaches la cabeza reina, que se te cae la corona - bromeé a la capitana, instantes antes de caer sobre la cubierta de nuestra amada Rémora Fatua, nuestro hogar. - Ni se te ocurra volver a hacer eso - le reproché a mi amiga mientras soltaba el cabo que unía nuestra pequeña goleta a aquel enorme galeón y giraba el timón hacia estribor, con intención de alejarnos de aquel barco.

- No necesito que nadie se pre...o... - me quedé completamente helada al ver la gran cantidad de sangre que manchaba mi mano derecha.


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#49
Leyenda



Aclaratoria






Tanto el ataque de Ayy como el mío habían fallado. El maldito Gunther volvía a burlarse de nosotros. Desvió mi arremetida y perdí por un momento el equilibrio, mientras veía en la periferia de mi rango de visión a la chica de cabellos blancos derrumbarse. La sangre chorreaba, espesa y oscura a sus pies, manchando la cubierta del galeón, mientras el cazador avanzaba. Ayy trató de levantarse, pero fue inútil. Sus fuerzas flaqueaban y las que antes fueran fuertes garras que dirigían el vuelo de su látigo, ahora eran frágiles manos manchadas de escarlata por el desastre de sus heridas. La frustración se veía en ella, mientras allí, de rodillas, Gunther hizo que otro torrente de sangre brotara de su pecho. Me comencé a levantar intentando hacer algo por ayudarla -vamos, piernas. vamos maldita sea- Mi cuerpo había perdido la inercia de hace unos instantes. La rabia había dado paso al apremio y la preocupación por ayudar a aquella chica.


Otra estocada y un tercer hilo rojo salió de su cuerpo, dando paso a otra lluvia de sangre. La capitana de aquella tripulación estaba demasiado grave. tosía sangre y las palabras le dolían al articularlas.


El malnacido de Gunther decía jactándose que sus nuevos subordinados no eran tan débiles, mientras decenas de piratas abordaban el galeón. Dos hordas de seguidores del zorro se formaron, una a cada lado. Nuevamente delegando la responsabilidad. Ahora se escondía tras sus esbirros, quienes empezaban a avanzar hacia nosotros.


¡Gin, la cabeza! escuché gritar a Mei. Me volteé hacia la semioni para encontrarme a mis pies la cabeza de su compañero rodando hacia mí -¿Por qué tenía que ser un gyojin?- volví a pensar. Tomé la cabeza con mi brazo izquierdo y mientras lo hacía, pude ver un destello rojo pasar por el rabillo de mi ojo. Me levanté y mientras un grupo de esbirros iban hacia mi, el otro grupo corría hacia mi derecha, buscando desatar el barco de las dos personas con quien compartí esta desagradable trampa. El nudo ya no estaba allí, y en el lugar de Ayy solo había una enorme mancha roji-negra. Entendí que el destello que vi era Mei, quien a toda velocidad había tomado a la mujer buitre y la llevó a salvo a su barco, soltando la soga que les unía al Galeón.


Allí estaba yo, solo y con una cabeza de barracuda en la mano. No veía a Gunther por ningún lado. Asumí que la rata se escondía entre sus seguidores para lamerse las heridas. No era el momento de acabar con él. Ayy necesitaba salir de aquí pronto y la petición de la cabeza que me hizo Mei, me daba a entender que esperaba que le siguiera a su barco. Es mi único modo de salir de aquí. Así que no lo pienso mucho. Corro hacia el barco con todo lo que doy, mientras en mi camino se interpone el grupo que iba tras el barco. Si llegaban al navío de Ayy y Mei, no las dejarían escapar. Si se quedaban allí no me dejarían abordar.


Con las fuerzas que me quedaban arremetí contra el grupo de desdichados, mientras con mi diestra iba azotando a todo aquel que se cruzara en mi línea de acción. embestí con mis hombros. abanicaba el dorso de mi mano, conectando golpes en mandíbulas, estómagos. Mi codo hizo crujir algunos costillares y vi dientes volar, mientras los gritos de dolor los iba dejando como estela. en algún momento rompí alguna nariz, creo. Finalmente atravesé el mar de soldados de Gunther,  y llegué a la borda. Justo abajo pude ver que el navío ya se estaba comenzando a separar del galeón, pero estaba aún lo bastante cerca. Salté hacía mi salvación, tomando con fuerza aquella cabeza, que sería mi boleto de abordaje.


Mis botas resonaron en el suelo de aquella nueva cubierta, mientras giré y vi que el barco de Gunther se comenzaba a alejar de nosotros. Gunther Fox. El zorro rastrero se había ganado un lugar en mi memoria. Nunca entendí por qué su bandera llevaba un lobo. En fin. De mi bolsillo saqué el den den mushi que le había robado a Laura, la chica que nos encerró en aquella trampa. Le quité el aparatito de comunicación y lo arrojé al agua. Al menos él estaba libre de aquellos rufianes. Ahora debía continuar y la situación aún estaba grave. Estaba en un barco de otra banda pirata y debía ayudar en respuesta a su hospitalidad.


“Ese maldito… Lo cazaremos y nos vengaremos-Gin. Permiso para abordar, capi–” Mi voz murió antes de terminar aquella frase.



Resumen



Bélico


Stats y Regeneración



Inventario




Karmas Positivos

Karmas Negativos
[Imagen: GGT7d9e.png]
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2224 + 0 = 2224
Energia: 726 - 389 = 337
Espiritu: 288 + 0 = 288
#50
Los invitados se marchaban ya de la fiesta. Una pena, porque ahora venía la mejor parte.

Pude presenciar como aquella pelirroja mujer cogió en brazos a su capitana, la cual estaba totalmente derrotada y sin fuerzas para seguir. Llevé la mirada al suelo, bajo mis pies, y pude contemplar allí mismo como su sangre bañaba el suelo, producto de como anteriormente Maeve la echó por su boca. Me agaché lentamente, flexionando las rodillas para acto seguido pasar mi dedo índice por aquel bello líquido carmesí, bañando mi piel con él.

Me levanté de nuevo, mientras llevaba otra vez la mirada a los invitados, los cuales estaban a punto de escapar de aquel lugar, solo el destino se lo dirá — ¡Capitana Maeve Knox! — Grité, pretendiendo que aquella mujer me escuchase bien — Si alguna vez decide volver, será un placer poder bailar juntos de nuevo, ¿sí? — Realmente eran unos piratas cualquiera con mucha suerte. Pero Maeve ... Algo tenía especial, sentía una atracción y curiosidad que no sabría explicar ahora mismo — ¡Bajad la bandera! — Grité repentinamente, dando la orden muy clara y que fuera rápido. Mientras uno de los subordinados hacía lo que pedí, notaba la sangre aún en mis dedos, recordando lo que le hice a Peteiro.

Una vez la bandera se situó abajo, en un rápido movimiento de brazo, manché la tela con la sangre de la capitana, fundiéndola con el propio color rojo que la bandera portaba, como si fuera una promesa de cara al futuro, lanzando una clara intención de que volver a vernos todos, y quien sabe, a lo mejor se derramaría aún más sangre. A mi mente se me vino aquel hombre que hace tiempo intentó contratar mis servicios para poder borrar del mapa a la capitana Maeve, en aquel momento no me interesó en absoluto, así que simplemente se llevó una negativa por mi parte. Y ahora me encuentro en este punto, en el que por mi mera curiosidad estoy haciendo un trabajo completamente gratis del que no obtendría recompensa alguna.

Con este último acto, el barco zarpó, alejándonos ambos uno del otro. Solo puedo pensar cuando nos volveremos a encontrar, cuanto tiempo pasará, donde será, y qué cosas pasarán. Envainé mi espada y me llevé las manos a mi espalda, dándome media vuelta para entrar a mi camarote y desaparecer por un rato de allí. Necesito descansar.

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