+18 Hunter’s Gate – (Evento local) [Presente Absoluto]
#21
Los acontecimientos en el gran galeón, que portaba la gran figura del lobo blanco en la proa, se estaban yendo de control. Ya no solo Eaa había acabado con toda una horda de marineros y secuaces de aquella flota, sino que Rapax Gin, había aprovechado la gran confusión para atacar y matar en el acto a la joven Larian, quien simplemente estaba ahí por malas decisiones de su juventud y solo era una víctima en el extraño cruce de caminos que había elegido erróneamente. Los ojos de la chica estaban sin brillo mientras que un hilo de sangre caía por su boca, el pelo desordenado estaba esparcido por el suelo como si de un charco castaño se tratara mientras estaba totalmente estirada en el suelo a un metro de los pies de la escalera con Rapax a tres metros de ella. Quien antes del fortísimo golpe le había dejado clara su postura sobre el banquete, la alianza y sobre ella en general. Todo había sido muy rápido, la pobre muchacha no había tenido tiempo a reaccionar al tremendo y rápido puñetazo del hombre peliblanco. Maeve por su parte, seguía subida en las vigas de madera estando su forma completa de buitre activada, atenta a cualquier posible amenaza, sin saber que la mayor de todas estaba por venir en escasos momentos.
 
Todo aquel estruendo había sido escuchado por todo el barco e incluso en los más pequeños de la flota, haciendo que el sonido de un Den Den Mushi diera la alerta de forma muy sonora a un velero contiguo. Una señal para que abordaran veinte personas el galeón y que pusieran todo en marcha para zarpar, lejos de los Cabos Gemelos y de la entrada a aquel nuevo mar. Se podía escuchar los pasos acelerados de la cubierta y empezar a notar como el vaivén de las olas se intensificaba por el movimiento. Siguiendo las indicaciones, el galeón empezó su travesía con el viento a favor poniendo rumbo a una de las corrientes de la Grand Line. El imponente barco tenía sujeto tras de sí, por un cabo, el navío de las piratas del Brillante Infortunio. Ambos barcos emprendieron el viaje mientras los tres invitados permanecían en la estancia donde Eaa había derrotado a la horda y Rapax Gin había convertido en cadáver a la joven e inocente Larian.
 
Lo que no podía saber nadie es que habían despertado a la bestia que se encontraba descansando, esperando paciente por los tres piratas con la suculenta comida en la mesa. El elegante y guapo hombre había intentado ser amable, ofrecerles su mejor banquete a unos piratas de ínfima recompensa como ellos sin esperar nada a cambio ¿O tal vez sí? La pequeña avispa no había perdido detalle de todo lo que había pasado, eran fuertes, pero no sabía hasta qué punto, los subordinados que siempre tenían con ellos eran muy inútiles en combate. El insecto giró la cabeza hacia la izquierda de forma curiosa ante la situación, esperando lo que se vendría a continuación. Unos pasos suaves se escuchaban a través de la puerta del final, alguien se estaba acercando a ella y se podía apreciar como el brillante pomo dorado giraba. Era el momento de poner orden en la sala de su galeón, su hermoso barco que había encargado a detalle y que había escuchado como destrozaban a cada segundo que pasaba. Hunter por fin hacía acto de presencia.
 
 

anotaciones
  Responder
#22
Moví mi muñeca izquierda dando pequeños círculos para que aquel preciado líquido mantuviera su textura, aquel rojo tan apetitoso solo hacía que quisiera beberlo todo al instante, pero no era ordinario y vulgar. La ocasión ameritaba que mantuviera aquella bebida el máximo tiempo posible para disfrutar del banquete que me esperaba con mis invitados. Aquellos que no habían parado de ocasionar ruido y destrozos en el piso superior, unos novatos que después de caer en mi trampa no sabían pelear con elegancia, tenían que sacudir mi preciado galeón, el White Fang, un navío que había mandado construir con todo lujo de detalles, lo mínimo que merecía alguien como yo. Le estaba haciendo un favor al mundo capturando a piratas, ya que los inútiles de los marines no pueden con ellos, necesitan ponerles un precio para ver si otro puede hacer su trabajo, y así se lo demostraba yo, disfrazando mi pequeño vicio a ojos de todos. No pueden juzgarme cuando los estoy liberando de una amenaza para el mundo.
 
Me relamí los labios cuando mi vista se posó sobre mi copa de cristal y no pude evitar darle un sorbo acabando con su contenido. Delicioso. Un manjar que pocos pueden degustar sin ser juzgados. Un fuerte golpe en el piso superior me hizo suspirar negando la cabeza de forma lenta, mi paciencia se estaba agotando, Larian me había llamado a través del Den Den Mushi diciéndome que habían llegado tres piratas con wanteds que dejaban bastante que desear, pero no desaprovecharía la oportunidad de tener carne fresca a bordo. Sonreí de lado elevando las comisuras derechas de los labios ante mis palabras, solo esperaba que valieran la pena para verlos yo mismo. Un fuerte estruendo me hizo mirar hacia la puerta y el silencio se hizo presente, si nadie me estaba dando la señal solo significaba que todos los bastos subordinados que contrató la extravagante mujer que trabajaba para mí desde hace años habían fracasado. Alargué la mano de vuelta al Den Den Mushi - no sin antes dejar la copa en la mesa - y di la señal para zarpar, pero eso no era lo único que tenían que hacer, los invitados habían venido para algo. Con pasos suaves gracias a mis hermosos zapatos de marca llegué a la puerta y giré el pomo.
 
Lo que me encontré nada más abrirla no me sorprendió en lo más mínimo, era algo que esperaba después del silencio. Me quedé en el marco de la puerta con la espalda recta y el mentón ligeramente elevado, miré en general la estancia, la cual no me gustaba nada que estuviera así de iluminada, Larian tenía razón en decir que carecían de cerebro. Vi como efectivamente como los subordinados habían sido derrotados solo por la semioni, que se encontraba de pie, sujetando con su mano izquierda a uno de mis hombres por la cabeza. Eaa, pirata de la tripulación del Brillante Infortunio, cuya capitana es Maeve Knox, a quien no veía en la sala. También podía ver a Rapax Gin junto a las escaleras para subir a cubierta y, a sus pies, el que parecía el cadáver de Larian. Al final aquella mujer no había servido para nada, solo para contratar a gente inútil y que no entendía el concepto de la educación. Un zumbido llamó mi atención y sin mover la cabeza dirigí la vista hacia arriba, viendo como el único ser no inútil del barco hacía bien su trabajo. Un buitre se encontraba en las bigas del techo y solo pude mostrar una sonrisa que podía encandilar a cualquier mujer u hombre que se propusiera. En alta mar no había buitres y de ser uno normal no estaría tan tranquilo ahí arriba.
 
Cuando el pequeño insecto volvió a su lugar en el marco de la puerta, llevé ambas manos detrás de mi espalda, procurando no darle un golpe a mi fiel espada que se encontraba en mi cadera izquierda. — Me complace ver como se han divertido con mis empleados. Pero considero que la puerta no tenía ninguna culpa — pronuncié mientras me movía hacia la derecha, poniéndome delante del primer candil que tenía cerca y lo abrí dejando ir un ligero hilo de aire que hizo apagar la luz antes de que lo volviera a cerrar. — Sé que todos tienen muchas preguntas, pero esto solo ha sido un mero calentamiento para abrir el apetito y demostrar a la alianza que no estamos perdiendo el tiempo con ustedes — proseguí antes de pararme a apagar los siguientes dos candiles de la misma manera que el primero y deshacer el camino pasando por delante de la puerta hacia la dirección contraria. Sabía que mi pequeña y fiel compañera estaría vigilando a los tres piratas por lo que me podía permitir no mirarles. Se podía considerar mala educación si no fuera por todo lo que tengo que arreglar ahora mismo, contratiempos que habían causado esos invitados. — Mi nombre es Hunter Wolf, y como pueden ver no soy el capitán de los Alas Negras. Él se encuentra ahora mismo muy ocupado en las islas más aventajadas de la Grand Line. Por lo que me ha pedido que recoja a los futuros miembros de nuestra alianza — hablé con un tono calmado y seguro llevando mi mano derecha al abdomen y haciendo una muy leve reverencia cuando dije mi nombre. Parecían un grupo de descerebrados que solo querían pelear y si así lo querían yo mismo les daría pelea pero no ahí. — Por favor, acompáñenme fuera. Si me queda algún hombre o mujer eficiente habrán preparado nuestro banquete en la cubierta. Responderé a todas sus preguntas tanto si quieren o no formar parte de nuestra alianza — volví a contestar una vez apagué todas las luces de los candiles siendo el agujero de la puerta el único lugar por donde entraba la luz.
 
Con pasos cortos, sin prisa, me dirigí a las escaleras ignorando por completo el cuerpo de Larian y subí encontrando, efectivamente, delante de mí una inmensa mesa alargada en vertical a mi izquierda llena de todo tipo de comida. La mesa, contaba con un extenso mantel blanco que llegaba hasta el suelo, medía doce metros de largo por tres de ancho. En la mesa se podía ver todo tipo de comidas: bistecs de ternera, pollos enteros, lasaña, pescado, arroz con curri, entre un sin fin más de platos. La bebida tampoco escaseaba: tres grandes y frías jarras de cerveza estaban delante de cada silla, las cuales estaban separadas tres metros unas de otras a la izquierda de la mesa. Todo perfecto, incluso estaban los postres ya preparados, diferentes tartas de chocolate o queso, pero también se encontraba mi preferida entre todas ellas, la Red Velvet. Miré hacia mi derecha viendo una mesa individual con dos bandejas de cúpula plateada encima de esta, no se podía ver el interior, pero yo sabía perfectamente lo que había. — Tomen asiento, la comida está servida — finalicé haciendo un gesto con la mano derecha horizontal, de dentro para fuera hacia la gran mesa mientras me giraba hacia la puerta para ver a mis invitados. Mi pequeña secuaz voladora se había quedado atrás como bien sabía, vigilando a los piratas a mi espalda. Avancé hasta la mesa individual y puse mi mano derecha en el respaldo de la silla y la alejé suavemente sentándome en mi sitio, esperando que los invitados hicieran lo mismo.
 
 

anotaciones

inventario

akuma

gastos y daño

  Responder
#23
Leyenda


Un golpe seco me hizo girar la cabeza instintivamente en dirección a las escaleras. Larian, la chica que hacía unos minutos le había guiñado el ojo a Maeve, se encontraba tirada en el suelo. Pocos segundos después, junto a otro estruendo, apareció Rapax ¿ o era Gin?, cayendo al lado de la joven. Antes de poder preguntar qué pasaba escuché un leve chirrido. Era la puerta del otro lado de la sala, la cual había ignorado debido a mi sangriento espectáculo, y que ahora se abría para dar paso a un hombre delgado de pelo blanco, orejas puntiagudas y colmillos afilados. Sería prácticamente de la estatura de la capitana.

- ¿Qué pasa, que se suma hasta el apuntador? - suspiré, molesta. Las constantes distracciones habían hecho que la llama que hasta hacía unos instantes ardía dentro de mí se apagase. Aburrida, me fijé más en el aspecto de aquel misterioso hombre. Bueno, más bien en su atuendo. Pantalones azules que parecían absurdamente caros, una chaqueta lila y un ridículo lazo blanco. - Primero los babosos y ahora un pijo repelente, falta alguien fumando en la cocina - una clara mueca de desgana se dibujó en mi rostro, a la vez que soltaba la cabeza del marinero, tras escuchar al peliblanco comenzar a hablar.

Entonces, terminó de apagar todas las luces y subió las escaleras, invitándonos a subir al banquete. - Ya no tengo hambre - murmuré, algo molesta. No era más que la hora de comer y todo eran decepciones o aguafiestas. Primero nos habían engañado diciéndonos que había comida y no la había, luego los babosos asquerosos, luego cuando parecía que me estaba divirtiendo aparecieron Rapax Gin, Larian y el pijo repelente este (Hunter Wolf creo que había dicho) para interrumpir y joderme el calentón. Era como cuando en un libro plantean un misterio realmente intrigante, o una situación de tensión, y luego te cambian a otro tema y al volver resulta que todo se ha solucionado mágicamente o que el asesino era el mayordomo. No quedaba otra opción que salir de aquella oscura estancia. Seguí al hombre de pelo blanco, dirigiéndome hacia la que parecía la única salida. No pude evitar pararme junto a Larian, quien se encontraba sin vida al pie de las escaleras. No pude evitar sentir algo de pena. Era bajita, y no tenía unos ojos como los de Maeve. También nos había guiado hacia los babosos asquerosos, pero a parte de eso, parecía una chica agradable y tenía buen gusto. Además, no tenía pinta de ser una pija repelente como su jefe. - Tampoco se merecía morir por guiñarle el ojo a la capitana - Me agaché, poniéndome de cuclillas, y le cerré los ojos con suavidad, antes de coger el brazalete de su muñeca derecha. Era imposible que mi muñeca entrara ahí, por lo que lo guardé en el bolsillo del abrigo antes de levantarme y salir a cubierta. Me dejó muy confusa ver la mesa repleta de comida. Pude identificar bistecs, pollo, arroz con curry, pescado, varios tipos de ensaladas, e incluso una lasagna de gambas. Me hizo bastante gracia, no voy a mentir, pues sabía lo mucho que a la capitana le gustaba la lasagna y lo mucho que odiaba el marisco. Caminé hacia uno de las sillas, sin perder de vista a aquel misterioso hombre. No vi ni rastro de pechuga empanada, con lo mucho que a mí me gustaba el pollo empanado. No pude evitar mirar la tarta Red Velvet - Tch, si me hubieran dejado ayudar hubiera quedado mejor - Miré a la mesa frente a la silla que había elegido, la cual estaba de frente al otro hombre. Por nada del mundo iba a darle la espalda a aquel hombre - La cerveza es para los salvajes - el hombre se sentó en una mesa individual, a unos siete metros de la mesa junto a la que yo me encontraba. Aquello no hacía más que empeorar la opinión que tenía de él. Nos invitó después a hacer lo mismo - Por cierto, habías dicho que te podíamos hacer preguntas - una leve sonrisa se dibujó en mi rostro - Es evidente que eres un pijo repelente, pero ¿tanto como para tener que comer solo? - pregunté, con cierta curiosidad. - O igual es que haces un ruidito raro al comer - no pude evitar que se me escapara una carcajada, pues un recuerdo se dibujó en mi mente mientras lo comentaba. - Perdón, perdón. Es que me he imaginado algo con lo de los ruiditos






Info
  Responder
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3043 - 145 = 2898
Energia: 1686 - 98 = 1588
Espiritu: 170 + 310 = 480
#24

     Desde las alturas de mi viga enfoqué de nuevo la vista en la desgraciada que yacía en el suelo. Larian. Vaya, parecía que, efectivamente, estaba muerta. Nuestro curioso acompañante había destruido su vida en un abrir y cerrar de ojos, seguro que no esperaba que le sucedería algo así cuando nos miró de arriba abajo hacía no tanto en la cubierta. No es que me importase, la verdad, sentía total indiferencia hacia ella y hacia lo que le había sucedido. Supongo que es lo que le ocurre a una cuando se cruza en el camino de la persona incorrecta. Curioso que precisamente fuese ese mi pensamiento cuando nos hallábamos en un barco donde, hasta el momento, las intenciones habían sido más bien hostiles hacia nosotros, aunque la eficacia portase justo el valor contrario. La colección de cadáveres alrededor de Eaa y ahora cerca de Gin lo corroboraba.
     Bueno, ¿y ahora qué?, pensé.
     Tampoco tuve mucho tiempo para darle cuerda a mi imaginación, puesto que una silueta apareció por la puerta que, hasta el momento, había permanecido cerrada e impasible ante la carnicería que había tenido lugar allí. 
     Mentiría si dijese que el hombre que se adentró en la sala no captó toda mi atención. Caminaba con elegancia, como si su mera presencia allí fuese la que mantenía a flote aquel grandioso barco. Iba apagando el fuego de los candiles a su paso. Su porte era regio, señorial, y cuanto más se acercaba a las posiciones de Eaa y Gin (y, por ende, a la mía en las alturas), más podía observar los detalles. Me resultó curioso el color de su cabello: de los cuatro que estábamos allí, tres lo lucíamos blanco. No es que fuera algo importante, pero a estas alturas de mi vida, mi mente sigue sorprendiéndome con ciertos pensamientos aleatorios en momentos nada apropiados.
     Supe que me había visto porque, en el momento en el que subió la mirada a mi posición en concreto, sonrió. Era una de esas sonrisas que odiaba mirar, pocas veces observadas en mi vida, pues me resultaba terriblemente atractiva. De hecho, el tipo, presentado a sí mismo como Hunter Wolf, era terriblemente atractivo en sí mismo. Y eso no me gustaba nada en absoluto, pues daba por hecho que, al igual que el resto de imbéciles ahora muertos, no se encontraría entre nuestros aliados allí. Incluso cuando su aspecto físico parecía sugerir lo contrario.
     No pude evitar sentir cierto punto de simpatía hacia él cuando, por sus palabras, parecía sufrir más por la puerta de su precioso barco que por el puñado de cuerpos que rociaban el suelo. Admitió que él no era el capitán de la banda, que el verdadero se encontraba mucho más adelante en el Grand Line, que él era quien se encargaba de recoger a los potenciales nuevos miembros.
     No seré yo esa, pensé. Ni muerta me uniría a esa gente. Por lo que a mí respectaba, no habían comenzado con mal pie, sino con un pie nefasto. Y, por supuesto, yo ya formaba parte de una banda, aunque tan solo estuviese conformada por dos personas.
     El hombre extraño nos pidió que le acompañásemos. A mi pesar, su educación me agradó, pues lo diferenciaba del grupo de paletos y paletas que nos habían emboscado. Dijo que, en la cubierta, estaría el banquete. Vaya, así que habría banquete después de todo, y yo que pensaba que había sido una vil mentira para intentar atraernos como moscas. Bueno, atraer sí nos habían atraído, pero si en algún momento pensaban que nos fiaríamos —hablaba por mí y esperaba que también por Eaa—, es que eran más cortos de neuronas de lo que pensaban.
     Pronto, estábamos a oscuras salvo por la iluminación procedente del exterior. Aproveché para dejarme caer desde la viga, frenando la velocidad de llegada al suelo con las alas. Al segundo siguiente ya había recuperado mi forma humana. Mi plan inicial había sido quedarme ahí arriba hasta comprobar los siguientes acontecimientos, pero estos ya habían ocurrido con la presencia de Wolf. Tampoco es que ya sirviese como factor sorpresa, pues aquella enigmática sonrisa había dejado bien claro que era consciente de mi presencia allí.
     Eaa se adelantó a mis pasos y fue detrás de Hunter Wolf tras haberse agachado un instante ante la muerta, que yacía cual muñeco de trapo frente a las escaleras. Yo la seguí tras pasar por encima del cuerpo de Larian, pisándolo. Como dije, no sentía nada hacia ese cadáver.
     Mis ojos tardaron algunos segundos en acostumbrarse a la maldita luz, lo que hizo que tuviera que cubrirlos con el dorso de la mano. Luego, se abrió ante mí la visión que Wolf había vaticinado: una mesa enorme cubierta de comida, casi rebosante, incluyendo los postres. Frente a sillas vacías, la cerveza. Joder, me moría de ganas de pegarle un trago a esa mierda, pero mi convicción de no probar nada de lo que veía allí era más fuerte. Incluso cuando mi estómago protestó ante tan ingente cantidad de alimentos, incluso cuando mi garganta clamaba por la humedad de una buena bebida.
     Todo esto es puro veneno, estoy segura, me dije en sintonía con la desconfianza que no había dejado de sentir en ningún momento.
     Hunter tomó el único asiento de la mesa individual, ofreciéndonos hacer lo propio en la grande. No sabía si se trataba de una elegante falta de respeto, si amaba su espacio personal por encima de todas las cosas, o si nos consideraba inferiores como para compartir mesa con nosotros. Cualquiera de las tres podía ser perfectamente plausible, a juzgar por su vestimenta. Hasta tenía bandejas con cúpula sobre aquella pequeña mesa.
     De algún modo, me recordó al Patrón. Sentí asco durante unos segundos ante el recuerdo de aquel miserable, pero, aparte de la distinción de su apariencia, nada sugería que compartían ni el más mínimo rasgo. Eso sí, esperaba que el tipo no fuese de la nobleza, porque me agradaba como más que posible enemigo y no quería que su imagen se manchase en mi mente. 
     "Interesante" podría ser la palabra que describiese cómo se estaba poniendo la situación en aquel preciso instante.
     Entonces, descubrí a Eaa murmurando, enfurruñada. Luego, apeló a la resolución de preguntas que Hunter Wolf había asegurado. Tuve un presentimiento, aquel que me advertía de que Eaa no mediría sus palabras, como solía suceder en ciertas situaciones. Lo llamó "pijo repelente". Por supuesto, no me equivocaba. Habló de ruiditos con referencia al tipo. Más de una vez me he preguntado si a Eaa le faltaba el filtro del sentido común a la hora de soltar lo primero que se le pasaba por la cabeza. Todos tenemos un límite, todos, más fácil de alcanzar o menos, para dejar la mesura a un lado y entrar al trapo en una conversación o discusión, pero ella... bueno, mi teoría es que no sabe medir las consecuencias de sus palabras frente a quien sea. No es que pensase que había que tratar con reverencia a ese apuesto hombre, pero estábamos en territorio ajeno, enemigo con gran probabilidad, y a veces, solo a veces, hay que pensar, por mucha impulsividad que se tenga.
     Y si sé de algo, es de impulsividad.
     En fin, todo aquello me habría gustado decirle a Eaa, pero como capitana de un grupo de dos, seguía una premisa: elogia en público y corrige en privado. Por supuesto, no la pondría en evidencia frente a aquellos dos tipos de cabello blanco.
     Caminé hacia una de las sillas, la más cercana a Wolf, y, al igual que hice en aquella viga minutos antes, me aseguré de que mi espalda quedaba cubierta al no ofrecérsela a Hunter. Me senté. Podría no haberlo hecho, haberme quedado de pie como muestra de desconfianza, pero precisamente quería que percibiese confianza, confianza en nosotros mismos. Por eso, y porque me negaba en rotundo a permanecer de pie mientras otra persona se sentaba, como si tuviese algún cargo por encima de nosotros, como si tuviésemos que guardarle un respeto enfermizo.
     —Hunter Wolf —pronuncié su nombre para llamar su atención—, yo también tengo mis preguntas. —Desde mi posición, lo miraba directamente a él e ignoraba la comida cuyo olor quería tentarme. Descubrí que su rostro era incluso más bello de cerca. Sus ojos resultaban penetrantes—. ¿Por qué? ¿Qué es lo que una supuesta banda como la vuestra, tan importante como queréis hacer ver en vuestras cartas, querría de gente como nosotros, que ni siquiera habíamos salido de nuestro Blue?
     Mis palabras fueron tranquilas, sin apartar mis pupilas de las suyas, esperando que las recibiese como una nevada invernal, lejos de cualquier indicio de cándida curiosidad, sino más bien como muestra de que me fiaba de él tan poco como de un marine uniformado.


INFORMACIÓN
     
  Responder
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2362 + 0 = 2362
Energia: 1476 + 0 = 1476
Espiritu: 137 + 229 = 366
#25
Leyenda


Aclaratoria



OST de la escena

La nube de polvo a mis pies se dispersó, revelando que la chica que tan mal nos había estado tratando no era más que pura palabrería. Su apariencia de líder de aquel grupo de matones y la manera en que se refería a ellos como descerebrados e inútiles me había hecho pensar que ella sería algo más fuerte, o que siquiera tendría la fuerza para respaldar esa actitud tan petulante y engreída. Lo que yacía frente a mí, sin embargo, no era más que un cuerpo hecho pedazos, con los ojos en blanco y sin ningún tipo de signo vital. Me habría gustado que viviera lo suficiente para aprender de respeto, o al menos para disculparse con aquellas jóvenes a las que tan vulgarmente trató. A mi alrededor pude ver a Mei Vox de pie entre la muchedumbre de... bueno, sí parecían haber sido bastante inútiles. Además de aquella avispa, ahora un extraño buitre reposaba sobre nosotros en una de las vigas. Estos animales eran algo raro.Tenían algo muy diferente a las bestias con que entrenaba en Kuen. Podía sentir un instinto como… de consciencia.

Resumen


Mis pensamientos se vieron interrumpidos por un zumbido en mi puño. Al abrirlo y ver el pequeño caracol que le había conseguido robar del bolso a la ahora no tan vivaz Larian, lo atendí. El pequeño animal de pronto cambió su rostro a uno bastante elegante, con ojos muy perspicaces y comenzó a hablar. La voz que provenía del Den den mushi era bastante endulzada, pero tras de eso ocultaba una malicia más que clara. El hombre que hablaba parecía ser el jefe de Larian, y parecía estar hablando a todos sus subordinados. Comenzó a dar una serie de órdenes, entre las que mencionó que el barco debía zarpar, para luego dar una serie de instrucciones bastante meticulosas sobre cómo preparar el “banquete” en la cubierta. Aquel sujeto, quien quiera que fuera, no parecía inmutarse en lo más mínimo por el escándalo y los estruendos que Mei había causado en todo el lugar.

Pocos segundos habían pasado tras el mensaje telefónico y el momento en que aquel sujeto cortó la llamada repentinamente, cuando un sonido me hizo voltear súbitamente. Una puerta al fondo de la estancia comenzó a abrirse y de ella, la esbelta figura de un pequeño hombre surgió: tenía una altura como la de Ayy, a quien aún no conseguía ubicar. El elegante hombre tenía orejas puntiagudas y cabellos blancos, al igual que los míos, aunque se veían diferentes de alguna manera. Sus elegantes ropajes me dieron a entender que no se trataba de un cualquiera en este barco ni mucho menos. Por unos instantes permaneció allí, de pie con el mentón erguido y la mirada paseando por toda la escena. Vio a Mei, luego volteó a mirarme a mí y después al cadáver de Larian, en donde pude ver un brillo de desdén pasar fugaz por sus ojos. Finalmente observó al techo, donde la avispa parecía haberle llamado, y al observar al extraño buitre, se sonrió, revelando unos afilados colmillos en aquella perfecta dentadura. Algo en este tipo olía raro. Tenía un aspecto muy correcto y refinado, pero cada fibra de mi cuerpo me decía que aquel era un depredador del cual cuidarme. Ese tipo era un cazador al acecho y su intención era convertirnos en sus presas.

Echando sus manos hacia la espalda, el nuevo participante reveló su arma. Una curiosa espada atada al cinto me devolvió la mirada. El cazador empezó a hablar, revelándose como el hombre que había oído poco antes en el Den Den Mushi. Mencionó la derrota de sus subordinados, así como el destrozo de la puerta, a lo que sencillamente respondí con un bufido y un pisotón sobre el torso de Larian, que hizo crujir los huesos que aún quedaban enteros y hundieron aquel cuerpo aún más en las tablas del suelo. El misterioso hombre empezó entonces a caminar lentamente, como flotando, mientras apagaba uno a uno los candiles a su paso y nos explicaba que todo había sido parte de una prueba y que sabía que teníamos preguntas. “vaya que tengo preguntas” pensé, mientras me agachaba y tomaba nuevamente mi carta del bolso de Larian. El hombre continuó explicando no ser el capitán de los Alas Negras, y su función de evaluarnos como potenciales miembros de su alianza. No sé de qué hablaba, pero de esa alianza, poco me creía, como bien le había dejado claro a Larian. Se presentó con un curioso nombre que solo pudo confirmar mis sospechas de la naturaleza salvaje y depredadora que su imagen presentaba ante nosotros: Gunther Fox. Sin duda un nombre que recordaría por mucho tiempo.

Gunther nos invitó a la cubierta, donde nos esperaba un banquete y las respuestas a nuestras preguntas. En cuanto pasó a mi lado antes de subir las escaleras noté algo. Este tipo sí olía raro, en más de un sentido. Un olor que reconocí al instante como el óxido de la sangre emanaba de aquel sujeto. No era lo que mostraba para nada. Su cuerpo olía como el de los leones y lobos con los que luchaba en las ruinas de Kuen durante mi exilio. Cada célula de mi cuerpo estaba en alerta, y no dejó de estarlo mientras subía a cubierta, seguido de Mei y Ayy tras de sí. “¿dónde había estado todo este tiempo? Sé que tenía un aspecto sombrío, pero en verdad se podía mezclar tanto entre las sombras como para no haberla notado?” definitivamente Ayy no era tan indefensa como había imaginado la primera vez que las vi.

Mei se acercó a una larga mesa dispuesta para nosotros con “el banquete”. Muchos alimentos de todo tipo, acompañados de cerveza y … aquellas bandejas plateadas parecían ser el plato sorpresa de la velada. Nuestro curioso anfitrión se sentó entonces en una mesa separada de la principal y nos invitó a sentarnos. Mei entonces le soltó unas palabras sobre si era tan creído como para merecer comer aparte, mientras que Ayy se sentó muy cerca de él, pero en la mesa grande. Parecía haber una especie de tensión entre ellos, o al menos un curioso interés de parte de la chica, pues su casi inexpresivo rostro había cambiado de pronto, mostrando poner especial atención en cada gesto de aquel hombre. La chica le preguntó el por qué de reclutar en una banda supuestamente tan prestigiosa a personas como nosotros. La verdad también tenía interés en conocer aquella respuesta. Sin embargo, mis preguntas eran más personales.

-Entiendo que eres el líder de este barco al menos-Gin. Dime. ¿Tienes relación alguna, o siquiera te suena de algo el nombre “Nuvak”? comencé a preguntar, mientras no podía apartar de mi mente la imagen de Arion y de todo el sufrimiento que pasó por culpa de esa maldita red de esclavistas -¿Tienes alguna relación con Black Snatch, Hannibal  Winston o Frank Cortex?-Gin- Le espeté mientras me acercaba decidido hacia su mesa, mirándole fijamente a los ojos y deteniéndome a unos 8 metros de donde el hombre permanecía sentado, teniendo a mi izquierda el largo mesón dispuesto para nosotros.



Resumen


Posición final


Stats


Inventario


Karmas Positivos

Karmas Negativos
[Imagen: GGT7d9e.png]
  Responder
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2224 + 0 = 2224
Energia: 1146 - 144 = 1002
Espiritu: 126 + 0 = 126
#26
Los tres piratas me habían seguido sin dar muchos problemas, eso era bueno, parecía que solo necesitaban de una figura que transmitiera el respeto necesario, pobres ilusos. Ignoré por completo como se habían cebado con el cuerpo de Larian después de morir, no esperaba menos de esos salvajes. No tardaron en sentarse ambas chicas, quedando el de horrorosa faz - y carente de educación al parecer - de pie. Las preguntas y las faltas de respeto no tardaron en aparecer, dejé que todos dijeran lo que habían estado guardando desde que recibieron las cartas que yo mismo había escrito. Quise reír recordando cierto detalle que escondían estas pero aguanté, todo tenía que ocurrir a su debido momento. Mi pequeña secuaz de confianza vino volando hasta posarse en la mesa a mi izquierda, justo al lado de mi mano, levanté mi extremidad zurda y la posé sobre la avispa como si la aplastara a ojos de los demás, pero en realidad esta volvía dentro de mi cuerpo, un sutil y elegante truco de magia.
  
Sonreí a los presentes girando ligeramente hacia Maeve que estaba en diagonal a mí y no podía verla del todo bien antes de mirar a Eaa. — Disculpe señorita, pensaba que al ser pirata la cerveza sería de su agrado — dije inclinando muy ligeramente la cabeza hacia delante como símbolo de disculpa pero enseguida proseguí. — Respecto a su pregunta de comer solo. Yo solo como lo que cazo con mis propias manos, por eso suelo comer separado — elevé ligeramente la comisura derecha mostrando mis impecables colmillos. Entonces levanté la cúpula de la bandeja que estaba a mi izquierda, un filete de pescado listo para ser degustado. —  Eso me recuerda que podemos empezar a comer, aunque parece ser que uno de nuestros invitados no se quiere unir — añadí mientras miraba ligeramente hacia Rapax Gin con desgana, a ocho metros delante de mí. Partí el lomo usando de forma refinada el tenedor y el cuchillo indicados para ello, cuando tuve un trozo ni muy grande ni muy pequeño en el tenedor me lo llevé a la boca. Lo paseé por mi paladar antes de empezar a masticar de forma lenta, degustando, y por fin tragué relamiéndome de nuevo los labios, usando justo después la servilleta que tenía a mi derecha para limpiarlos.
  
Fue entonces cuando me giré hacia Maeve Knox para contestar su duda. — Precisamente por eso, querida. Sois diamantes en bruto, queremos que lleguéis lejos con nosotros. Los piratas por norma general al salir de cualquier blue mueren o la fama los devora, se creen invencibles hasta que alguien les cierra la boca de un único y preciso golpe — contesté mientras cortaba otro trozo de pescado y me lo llevaba a la boca. — La barracuda está deliciosa, deberíais probarla — comenté una vez terminé el siguiente trozo. Seguí comiendo hasta acabar mi plato, el otro ser mal educado no se merecía una respuesta rápida. Me volví a limpiar la boca, dando pequeños golpecitos en los labios con la servilleta, antes de dejarla a mi lado derecho junto a los cubiertos, y ponerme en pie cogiendo entre mis manos la otra bandeja con cúpula que quedaba a mi derecha.
  
Me dirigí a la mesa grande, donde se encontraban Maeve y Eaa, las dos piratas de la tripulación del Brillante Infortunio, que a diferencia de mí parecía no importarles el estado de su navío ahora que habíamos zarpado. Que lástima de barco, ignorado por su capitana. — Me considero una persona educada, no como tú, Rapax Gin — hice una pausa como si escupiera su nombre del asco que me daba tanto él como su forma de comportarse. -- No sé quienes son esas personas que nombras pero a mi parecer no es el momento de hablar de ellas, estamos de celebración — sentencié antes de llegar hasta la mesa y poner la bandeja en la mesa, delante de la capitana, mostrando una sonrisa a ambas mujeres pero manteniéndome centrado en la humana. — Saben, hace unos días llegó alguien. Era un invitado peculiar dentro de los que hay, pero fue una grata sorpresa y una total delicia — comenté lo último pasando la lengua por mis labios sin perder de vista la reacción de Maeve. — Creo que lo conoce, capitana. Salieron juntos en el periodico junto con su actual compañera — dije refiriéndome a Eaa antes de poner la mano derecha sobre la cúpula. — Como he dicho estamos de celebración y que mejor si de postre tenemos un reencuentro ¿No cree? Aunque en realidad ya han tenido una parte de él con las cartas — pronuncié antes de levantar la cúpula revelando la cabeza de Peteiro sobre la bandeja. Tenía los ojos en blanco, la lengua ligeramente fuera de su boca y un charco de sangre bajo su cuello decapitado. — De nuevo, mi nombre es Hunter Wolf, soy cazarrecompensas — me volví a presentar con el mentón ligeramente hacia arriba y una sonrisa de oreja a oreja mostrando mi perfecta y brillante dentadura, con mis colmillos bien marcados. Miraba a Maeve con superioridad dada mi altura al estar de pie y ella sentada. ¿Qué haría ahora la capitana?
  
  

anotaciones

inventario

gastos y daño

Contenido Oculto
  Responder
#27
OST DE LA ESCENA

     Vi cómo la dichosa avispa iba a morir bajo la mano del misterioso hombre. Le resultó tan fácil deshacerse de ese bicho y lo hizo con tanta naturalidad que, si mi intención era transmitir confianza en nosotros, corroboré en aquel preciso momento que Wolf exudaba esta por cada poro de su piel.
     Dijo que comía lo que cazaba con sus propias manos. Aquel concepto no me resultaba extraño en absoluto, pues si bien disfruto de un buen banquete —estaba empeñada en que de aquel no comería nada— mientras existo en mi cuerpo original, también me he alimentado en numerosas ocasiones de lo que consigo cuando soy un buitre. Esto asquearía a casi cualquier persona, de lo cual no los puedo culpar, y más cuando mis presas han sido humanas. Me hizo identificarme en parte con él. Me deleité con la visión cuando mostró sus colmillos. Yo y mi macabra predilección por lo peligroso, incluso cuando mis sospechas hacia ese tipo se mantenían en pie. O precisamente por eso.
     Nos invitó a empezar a comer, soltando una indirecta hacia Gin. Bien, no necesitaba su puto permiso para probar bocado, porque no iba a hacerlo. Incluso cuando aquel filete de pescado que descubrió mostraba una pinta deliciosa, así como el aroma que llegó a nosotros. Bueno, que su comida no estuviese envenenada no significaba que nosotros gozáramos de los mismos privilegios. Observé cómo masticaba, cómo se relamía con consciente elegancia.
     Entonces me miró. Nos llamó "diamantes en bruto" y, a continuación, de sus labios brotó una educada pero contundente indirecta, seguida de una amenaza: quienes salen de los Blues mueren o se pierden entre fama, hasta que se encuentran con un pez más grande. No le faltaba razón. La cuestión era: ¿dónde encajábamos nosotras en tal afirmación? Esperaba que en ninguno de los tres supuestos, aunque corríamos el riesgo de todos ellos.
     Así que lo que comía era barracuda. Inevitablemente, recordé a Peteiro. Él era un gyojin barracuda. Me pregunté cómo se sentiría si estuviese viendo cómo alguien se comía a su análogo del reino animal. Seguramente no solo le daría igual sino que se uniría al festín, así era nuestro excéntrico amigo.
     Hunter se tomaba su tiempo para degustar su plato, el cual parecía estar disfrutando especialmente.
     Entonces, respondió a Gin utilizando una pulla primero. Por lo visto, valoraba la educación por encima de muchas otras cosas y nuestro aliado temporal parecía haberle ofendido. El tono que usó con él fue sustancialmente distinto al que había empleado con nosotras. Fruncí el ceño. Todavía desconocía el qué, pero allí seguía habiendo algo que no me cuadraba. Incluso cuando habían tenido a bien remolcar nuestra Rémora Fatua, lo cual me había parecido un detalle. Sin embargo, y por el momento, mi interés se hallaba en la cubierta de ese galeón. Algo en mí gritaba que todo aquello estaba mal, debía descubrir lo que era si quería ganar alguna ventaja, por pequeña que fuese.
     Hunter continuó hablando, parece que le gustaba escuchar su propia voz y explicarnos cosas que no le habíamos preguntado, como que hacía unos días tuvo visita. Pues muy bien, pensé, esperando que quisiese llegar a alguna parte importante con aquello. Entonces, dijo que yo lo conocía, que salió en el periódico junto a nosotras. El nombre regresó a mi mente de inmediato.
     Peteiro.
     Fruncí el ceño. Tenía las piezas delante de mí y no lograba juntarlas. 
     Reencuentro. ¿Acaso Peteiro estaba allí? ¿Lo tenía prisionero?
     "La barracuda está deliciosa, deberíais probarla".
     Entonces lo supe, supe que Peteiro no estaba encerrado justo antes de que Hunter Wolf levantase la tapa de la segunda bandeja. No podía haber vaticinado la visión que se abría ante nosotros. La cabeza de nuestro antiguo compañero, de nuestro amigo, yacía sobre la plata manchada de sangre.
     Fue como si el mundo se detuviese por un instante, como si el sol que incidía sobre mi blanca piel hubiese oscurecido, invirtiendo los colores de todo cuanto me rodeaba. Solo podía mirar a aquellos ojos blancos que, durante casi un año, se clavaban en nosotras al hablar de aquella forma tan particular que tenía.
     Peteiro asesinado. Decapitado.
     "En realidad, ya han tenido una parte de él con las cartas". Recordaba a la perfección el color de las letras. Sangre. ¿Era sangre? ¿La sangre de Peteiro? ¿Qué clase de capitana era yo que no había podido proteger a mi compañero? Él había decidido marcharse, por supuesto, y no dar pista alguna acerca de su paradero, no podía saber dónde estaba, y aun así... Un mazazo cayó sobre mí con todo el peso de la culpa.
     Las palabras de Zorak resonaron en mi mente con una fuerza sobrenatural, aquellas que pronunció aquella noche en la que salió a flote todo aquello que no se dijo durante los pasados cuatro años: "¿Qué tal si voy a tu bonito barco y hago que entiendas qué se siente al no tener la voluntad de salvar de la muerte a quienes te importan?". 
     Las náuseas golpearon mi estómago vacío.
     Cazarrecompensas.
     Y Hunter Wolf ahora buscaba nuestras cabezas.
     No tuve el valor de buscar a Eaa con la mirada, pues temía que, si dejaba de mirar a aquel bello y desgraciado rostro, aquellos hermosos colmillos, la siguiente en caer sería la que, en mi corazón, era como mi hermana.
     En mi interior, el volcán que, a pesar de los avisos, había permanecido en calma, hizo erupción con toda su fuerza abrasadora, calcinándome las entrañas, colmándome de una avidez de sangre que ya conocía y que ahora se multiplicaba por mil. Mi pulso corría como alma que lleva el diablo, buscando hacerme resurgir de los mismísimos infiernos como uno. Mi corazón sangraba bajo mi corsé, mis pechos y mis costillas, reclamando sangre.
     En mi mente se apelotonaban los insultos como si fuesen los cadáveres que forman un montón desorganizado e infecto. Por mi boca, sin embargo, silencio.
     El tamaño de mi cuerpo ascendió a los dos metros y medio al, en apenas segundos, adoptar mi forma híbrida de buitre. Un pico rosado apareció en mi rostro, del mismo color que mis ahora patas. Las plumas cubrieron mi cuerpo como si de un níveo vestido se tratase, incluyendo la cola a mi espalda. Mi pecho y abdomen, desprovistos de plumas, apenas dejaban nada a la imaginación de las formas de mi cuerpo. Mis ojos, ahora rojos, miraban a Hunter con el fuego del averno en su interior.
     Con un ágil movimiento, gracias a la capacidad semiprensil de mis alas, utilicé la derecha para desenrollar el látigo de mi cintura, ahora más suelto por el cambio de tamaño. Lo coloque, de inmediato, en mi garra del mismo lado, que cerré en torno al mango del arma de eslabones negros y carmesí. Sin dejar pasar ni un segundo, me impulsé con las patas, lanzándome hacia Hunter. Abrí las ahora enormes alas por completo, sus cinco metros de punta a punta, para controlar el movimiento, cruzando la mesa y derribando platos a mi paso, pues apenas me separaban tres metros de ese desgraciado. Debía golpear ya con el látigo si quería optimizar mi ataque, así que, haciéndolo serpentear por el aire, traté de golpear sin piedad a Wolf. Pasé por encima de él hasta aterrizar a sus espaldas, colocándome bastante alejada de su posición, pues desconocía absolutamente su forma de combatir.
     Mi cuerpo temblaba de pura expectación por la inminente batalla, pero, sobre todo, por la furia titánica que me invadía. Debía mantener la mente todo lo fría que fuese capaz si no quería errar en mis movimientos. Ese hijo de puta debía morir, y no me detendría hasta que su cabeza colgase de mis manos.


INFORMACIÓN
  Responder
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2362 + 0 = 2362
Energia: 1476 - 147 = 1329
Espiritu: 366 + 0 = 366
#28
Leyenda


- Comer lo que cazas sigue siendo una excusa de mierda para creerte superior - me mordí la lengua para no decírselo. Apretaba la silla con fuerza mientras miraba al hombre comer sin ningún tipo de preocupación. Su forma de hablar, de actuar e incluso de comer eran iguales a las de aquel hombre. Mi hombro derecho comenzó a arder súbitamente. - Maravilloso - apreté los dientes en silencio, sin despegar una asesina mirada de aquel hombre. No era para nada el mejor momento para despertar viejos recuerdos traumáticos. Llevé mi mano izquierda a mi hombro, apretando con fuerza mientras contenía todo aquello que volvía a brotar en mi interior - No como barracuda, ¿me entiendes? - respondí al instante a su comentario, sin siquiera pararme a pensar en lo que acababa de decir este. ¿Qué clase de salvaje sería si comiera barracuda? Sería igual a comerme un gato.

El hombre se levantó entonces, cogiendo la otra bandeja, y comenzó a andar en nuestra dirección. Apretaba tan fuerte el respaldo de la silla que me dio miedo que esta se rompiera cuando noté un leve crujido bajo mi mano derecha. Por ello, la aparté levemente, agarrando la mesa en su lugar. Seguía siendo una simple mesa de madera, pero por lo menos parecía más robusta que aquella silla. No aparté un instante la mirada de aquel repelente sujeto, hasta que escuché el ruido de la bandeja posándose en la mesa. Instintivamente bajé la mirada. Mencionó a un invitado especial. Aquellas palabras hicieron que los pelos de mis brazos comenzaran a erizarse. Entonces volvieron a mi mente las palabras acerca del sabor de la barracuda. - No, es imposible - Mi respiración comenzó a acelerarse, así como los latidos de mi corazón. Maeve lo conocía, había salido en el periódico con nosotras. - No, no, no... - frías gotas de sudor caían por mis mejillas. Aquello no podía estar pasando. Tenía que ser otra broma de mal gusto, como la de los babosos asquerosos, o la de que un pijo repelente creyera que íbamos a aceptar comer con él después de todo eso. 

OST DE LA ESCENA

Ojalá hubiera sido así. Hubiera deseado compartir habitación mil y una noches con aquella panda de degenerados antes que ver lo que había debajo de esa tapa metálica. Esos ojos saltones, ahora completamente en blanco, y esa característica y a la vez tétrica sonrisa hacían esa cabeza inconfundible. En efecto, aquella cabeza de ahí era la de Peteiro Gorgullo Boquerone, Justiciero Picuda. Las lágrimas que brotaban de mis ojos se mezclaban con el maquillaje carmesí, haciendo que cayeran como gotas de sangre por mis mejillas. No eran lágrimas de tristeza, pues no había un ápice de tristeza en el interior de mi alma en aquel momento, tan solo un inmenso dolor y una irrefrenable ira. Aquella rata asquerosa iba a lamentar cada segundo de lo que le quedaba de vida el haber acabado con la vida de nuestro apestoso amigo de enorme corazón. Mi respiración había vuelto a su ritmo normal, pero no así los latidos de mi corazón ni el agarre de mis manos, las cuales se cernían cada vez más en la delicada madera de la mesa. La sangre hervía en mi interior, más incluso que después de empalar a aquel desgraciado hacía unos minutos. Mi cuerpo era como la pila de sacos de pólvora que habíamos visto en aquel sótano, esperando una mecha que diera rienda suelta a mi ira. No hizo falta más que ver por el rabillo de mi ojo izquierdo como la capitana aumentaba de tamaño y cambiaba de forma. Mis uñas se clavaron momentáneamente en la mesa - Lo siento, amigo, pero voy a reventar a este hijo de puta, ¿me entiendes? - me dije a mí misma e inspiré profundamente, manteniendo el aire en mis pulmones durante un par de segundos, antes de levantar la mesa con todas mis fuerzas. La elegante mesa de madera se elevó varios metros en el sitio. Como era de esperar, la comida que había encima salió disparada, así como la bandeja que contenía la cabeza de nuestro preciado amigo. Con el mismo movimiento de manos desaté la trenza de mi pelo, agachando la cabeza antes de comenzar a correr hacia aquel desgraciado. Podía ver sus piernas perfectamente, por lo que el mantel blanco de la mesa no suponía ningún impedimento. Tan solo tenía que acercarme lo suficiente y darle con todas mis fuerzas. Recorrí en un instante los cuatro metros que nos separaban y con un rápido movimiento con mi pierna derecha apunté a su espinilla. Golpeé con todas mis fuerzas, haciendo que perdiera el equilibrio y cayera al suelo.

- ¡Te voy a hacer puré, puta rata! - grité, mientras la mesa caía de vuelta en su sitio, a mis espaldas, con la gran mayoría de platos en su posición inicial, aunque en un estado notablemente peor al inicial. Di un par de pasos hacia mi izquierda, hacia el lado en el que había caído la cabeza del gyojin barracuda, interponiéndome entre aquel desgraciado de pelo blanco y lo poco que quedaba de nuestro amigo, sin apartar la mirada del lugar donde se encontraba. Una mirada llena de odio y asco. Una sádica sonrisa se dibujó en mi rostro. Aquella desgracia humana iba a pagar con cada gota de su sangre el crimen de haber acabado con alguien de mi familia, nuestra familia, aunque me fuera la vida en ello.


Info
  Responder
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2898 + 0 = 2898
Energia: 1588 - 103 = 1485
Espiritu: 480 + 0 = 480
#29
Leyenda



Aclaratoria




La escena frente a mi es inaudita. En mi vida he tenido la desdicha de toparme con la peor faceta que las personas tienen para mostrar. He visto nobles caprichosos acabar con vidas, marinos sin criterio obedecer a sus superiores sin chistar o siquiera reflexionar en el mal que causan. He visto esclavistas, asesinos y personas que denigran a su propia especie por un puñado de berries sin remordimiento alguno. Sin embargo parece que cuando crees encontrar el fondo de la mierda, siempre se abre una trampilla hacia un nuevo sótano.


Mi estómago da vueltas con la desagradable escena. Luego de que Gunther pasara de mí con sus intentos de falsa educación y sus comentarios despectivos, mencionó entre bocados de lo que dijo era un plato de barracuda, no saber nada del Nuvak y de las personas que busco. Mi interés en este tipo es cada vez menor, y mi atención en el bochornoso acto de auto adulación rastrera disminuye, hasta que en un punto le dice algo a Ayy que captó mi curiosidad: Mencionó a un conocido de la muchacha albina y por primera vez puedo ver en sus ojos un brillo que podría confundirse con miedo, pero que yo conozco bien. Es la cordura pendiendo de un hilo. La furia de una bestia salvaje que solo está a la espera de un motivo para estallar. Me aterra la sola idea de que un monstruo así pueda acechar desde una persona tan frágil y delicada, y aún así allí está ese brillo esperando a convertirse en fuego. Gunther debe verlo también, pero parece que sus sentidos de cazador menguan cuanto más crece su ego. O eso o es que el estar mucho tiempo en la cima de la cadena alimenticia le ha hecho olvidar que la jerarquía de la jungla puede cambiar.


Gunther continúa hablando y menciona un reencuentro y que este ha ocurrido parcialmente con las cartas. Empiezo a conectar sus palabras… Un conocido, un reencuentro… Estas palabras viniendo de un cazador solo pueden ser una amenaza. Fox intenta arrinconar a su presa. La acorrala a ella, pues es la única que ha mantenido la compostura en toda esta encerrona maldita que nos han plantado. No conozco a estas mujeres, ni tengo idea de quién pueda ser el conocido al que se refieren. Pienso en las cartas y trato de entender a qué se refiere. “No será–”


OST de la escena


Un sonriente Gunther levanta entonces la bandeja plateada que estaba en la mesa, ahora frente a él, que se había sentado frente a Ayy en la mesa grande, revelando la cabeza cercenada de lo que parecía ser un gyojin. Los ojos completamente en blanco y una distorsionada mueca en su boca. Todo viene de golpe a mi mente. Este hijo de puta le presentaba a aquellas jóvenes la cabeza de su amigo. Las cartas en letra roja… Su sangre. Inmediatamente veo en aquella bandeja la cabeza de mi amigo Gonjo “¿por qué tenía que ser un gyojin?” me repito mientras recuerdo el momento en que los marines lo acorralaban. Maldita sea. No pude salvarlo entonces y ahora estas dos jóvenes están pasando por lo mismo. No. Por algo mucho peor… Las lágrimas corren por mi rostro al sentir mío el dolor ajeno y mis puños tiemblan de rabia mientras mi respiración se acelera. Si antes sentía indiferencia por el maldito cazador, ahora sentía el calor surgir de mis entrañas. Este tipo merece morir. Quebraré cada hueso de su maldito cuerpo y le arrancaré los dientes a golpes, aunque no seré yo quien acabe con él. Esta venganza no me pertenece, pero por todos los mares haré justicia.


Y la bestia salió a flote. El motivo estaba frente a ella, y mi asombro me hace desviar mi atención por unos instantes, mientras veo al monstruo salir del cuerpo de Ayy, que comienza a deformarse. Es una visión de pesadilla: Sus huesos tronando y su cuerpo creciendo hasta tener más de dos metros. Garras enormes por pies y un pico rapiñero por boca completan la macabra escena de un cuerpo cubierto de plumas, con una cola y alas también emplumadas, y ojos tan rojos como la sangre que anhelan probar. El cuerpo de la joven pirata ahora parece el de una mezcla entre un humano y un…claro, ya entiendo de dónde vino aquel buitre. Esta mujer es usuaria de una de las misteriosas frutas del diablo. Un poder devastador pero que palidece al lado de la furia de su usuaria se desatan cuando, en un rápido movimiento de su enormes alas desenrosca el látigo que luchaba por permanecer en su redimensionada cintura y se abalanza sobre Gunther, cortando el aire con sus alas y con el silbante sonido de su arma, posándose finalmente tras el cazador. Pero no será suficiente.


Empiezo a correr hacia ellos, cuando un estruendo atronador retumba a mi izquierda. La mesa vuela por los aires girando en un tirabuzón, mientras el enorme mantel flamea al viento al mismo son. Retraigo mi puño derecho en mi carrera, mientras un resplandor rojo cruza mi vista. Mei Vox ha saltado a la acción y en un rápido actuar, ve un objetivo en las piernas de Gunther, a quien ataca con una patada extremadamente poderosa. Estoy a escasos metros cuando Mei se aleja de su objetivo. No se puede dejar nada a la suerte. Salto al aire y me dispongo a caer contra el acorralado Gunther y sin esperar ni un solo instante, alzo mis puños al aire. Mi hombro escuece de fervor mientras caigo sobre aquel infeliz. Primero lo aplasto clavando mi puño derecho en todo su cuerpo. Luego el izquierdo. Su cuerpo es diminuto, pero no es para nada débil.


Sé que quedarme allí es un acto suicida y que la represalia será terrible. La mesa ha vuelto a caer al suelo y ahora Gunther Fox está en el centro de una triada conformada por Ayy, Mei y yo. El cazador quiso jugar con sus presas, pero incluso en la naturaleza, algunas presas responden con violencia si las provocas. Por un instante miro a Mei a los ojos, casi tan rojos de ira como los de Ayy, a quien miro después. Vuelvo mi vista a Gunther Fox.


-No sé quienes son ustedes, pero puedo entender lo suficiente. Si puedo ayudarles a hacer su justicia, lo haré-Gin dije a las dos criaturas enfurecidas con quienes compartía ahora un objetivo en común. No era mi amigo, pero también he perdido a muchos como para saber lo que ellas sentían.






Resumen



Aclaratoria



Bélico


posición final


Stats y Regeneración



Inventario


Karmas Positivos

Karmas Negativos
[Imagen: GGT7d9e.png]
  Responder
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2224 + 0 = 2224
Energia: 1002 - 19 = 983
Espiritu: 126 + 162 = 288
#30
No pude evitar ensanchar mi sonrisa al ver como la supuesta capitana miraba la cabeza del gyojin barracuda, mientras estaba en sus pensamientos bajé los dedos índice y pulgar de mi mano izquierda hasta la sangre que había por la bandeja. Moví ambos dedos de forma lenta y en pequeños círculos asegurándome de que la sangre se esparciera por toda la yema de mis dedos. Fue cuando escuché un ligero golpe en la mesa que levanté la mirada soltando una ligera y refinada carcajada - en tono suave y meloso - eran tan predecibles. Maeve se había chocado con la mesa estando en forma de mitad pájaro, quedando todavía sentada en la silla. Eaa por su parte mandó a volar la mesa, lanzándola al mar debido a la fuerza que había empleado, pero inevitablemente perdiendo el equilibrio y cayendo hacia delante, quedando a escasos setenta y ocho centímetros de mí, teniendo justo su cabeza a mi merced. Aquella oportunidad no la iba a desaprovechar, era el momento que conocieran el terror. Con un elegante y grácil movimiento desenvainé mi preciosa espada con la mano derecha, sin dejar de mirar a Maeve con un brillo por la sed de sangre. Ataqué a la semioni de forma rápida y directa en la cara, impactando el vaceo de mi Bloody Kiss entre los ojos y la nariz de la chica. Entonces empecé a caminar hacia la capitana de las piratas del Brillante Infortunio. — Los piratas no sois los únicos que sabéis jugar sucio, querida — pronuncié mientras los gusanos de seda se arrastraban por el suelo y empezaban a volver hacia mí, ahora que habían cumplido su misión de crear un hilo de seda para agarrarles las piernas a los tres piratas invitados. Pude escuchar otro golpe a mi izquierda, el horroroso y salvaje ser llamado Rapax Gin parecía que también había caído, pero ahora mismo toda mi atención estaba en una persona, aquella capitana bella y atractiva que se estaba encontrando de cara con lo que era entrar a la Grand Line.
 
La vi sentada, todavía con el látigo en la mano y me puse a su espalda, envainé la espada para apoyar mis perfectas manos en sus hombros, haciendo una ligera ola con los dedos, subiéndolos y bajándolos de forma intercalada cada uno de ellos. Entonces agarré su mentón con la mano derecha mientras me acercaba a su oreja diestra. — ¿Qué me dice capitana? ¿Podrá salvar a la bella semioni o correrá la misma suerte que el gyojin? — dije acercando mis labios hasta rozar la oreja de Maeve con cada palabra mientras acercaba mi mano izquierda hacia sus labios. Mi índice y pulgar siniestros se colocaron a cada lado de la comisura de sus labios, sonreí antes de mover los dedos hacia arriba, ocasionando que la sangre de Peteiro estuviera por la cara de la capitana de la Rémora Fatua, una marca de sangre en forma de sonrisa. Asomé la cara por su lado derecho moviendo mi mano izquierda por delante de su rostro hasta mis labios y lamer la sangre de Peteiro que quedaba en las yemas de los dedos. — Exquisito ¿Proseguimos entonces? — dije con burla empezando a caminar hacia Eaa, dándole la espalda a Maeve, avancé dos metros para quedarme a uno de la cadera de la semioni y a diez metros del horrible Gin. Desenvainé mi hermosa espada de nuevo con la mano diestra, mi Bloody Kiss que estaba sedienta por más sangre pirata.
 
 

anotaciones

 
inventario

 
gastos y daño

 
info bélica
  Responder
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3376 + 0 = 3376
Energia: 1652 - 382 = 1270
Espiritu: 570 + 0 = 570


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)