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[EVENTO FASE] Billete a las nubes.
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16-02-2024, 07:08 AM
Sasha vivía emocionada el momento, no se esperó nunca subir de aquella manera - o que existiera ya para empezar - una isla en el cielo. La música seguía a todo volumen y se había sumado una voz varonil, parecía que Garnet iba a tener competencia musical en aquella isla. La semioni aguantaba el timón con fuerza, estaba siendo eterno aquel ascenso pero estaba viviendo cada segundo y grabándolo en su mente a fuego para contárselo a Bepso, ya que Tobías le había pedido con antelación que guardara la planta dentro para que no saliera volando.
Una vez el velero de los Shogun Gari llegó a lo más alto, allí donde la columna de agua se encontraba con el final de las nubes, la rubia pudo apreciar el sol como nunca antes y recordó su llegada a la Grand Line, pero siendo el momento que estaba viviendo más mágico. La joven se giró hacia el sonido que continuaba, fijándose, que salía de unas caracolas de diferentes tamaños. — ¿Qué cojones son esas cosas? — pero enseguida se dejó de escuchar la música haciendo que la adolescente se encogiera de hombros y se asomara a mirar por el estribor de la borda mientras oía a Garnet preguntar si estaban bien. — ¡Yo quiero repetir! — se giró a mirarlo con una sonrisa antes de volver a mirar el agua - si es que podía llamar así a las nubes - se estaba calmando poco a poco, además que habían más de esas cosas flotando. Cuando se hizo la calma, un carraspeo salió de nuevo de las caracolas llamando la atención de la semioni. Con un tono más reducido pero reflejando nervios y prisa les saludo en nombre del emperador Zarutsuki dándoles la bienvenida, Sasha frunció el ceño, aquel no era el nombre que salía en el periódico, pero siguió escuchando de todas formas. Su trabajo era descargar las provisiones en la costa y elegir un camino del cual no salirse, instrucciones claras y concisas.
La rubia miró por un momento a sus compañeros antes de encogerse de hombros y poner rumbo a la gran costa de arena clara que tenían delante de ellos — Los castillos de arena en esa playa tienen que salir bestiales — pensó la chica deseando tener tiempo libre para ir con los Shogun Gari y hacer mil castillos diferentes, seguro que se lo pasarían muy bien y Kuraku le podría hacer un foso de magma. Sasha acercó todo lo que pudo el barco - el cual estaba algo dañado y esperaba que Tobías pudiera reparar - y una vez llegó al punto perfecto gritó a sus compañeros — ¡Bajad el ancla! — lo último que le faltaba a su velero nuevo era que se fuera por ahí de paseo sin ellos. Mientras dijo aquello fue a recoger la vela trasera bajándose las gafas levemente - que se habían mojado por culpa de aquella subida - y se fijó que a lo lejos había un barco de la marina, aquello no era bueno.
Sasha bajó las escaleras deprisa para hacer lo que la voz les había pedido y así mirar un poco la playa de paso, los marines estaban lejos por lo que si corría le daría tiempo. Pero antes se metió de nuevo a su camarote y usó la primera camiseta que se encontró en el suelo para limpiar los lentes de las gafas de sol y se las colocó bien esta vez, asegurándose que su disfraz seguía intacto y su kanabo nuevo bien sujeto a su espalda, una vez acabada su pequeña pausa se dispuso a irse. Pero cierta prenda al lado de la puerta llamó su atención, se la había quitado a aquel imbécil por algo. Con decisión la agarró y se la metió en el bolsillo derecho cerrando la cremallera del abrigo, saliendo a toda prisa para coger una de las cajas que había en la bodega y que habían robado para poder estar ahí. La adolescente agarró una - que por el sonido al moverla parecía cubertería - y cuando fue corriendo para coger carrerilla y saltar a la orilla la voz de Garnet la paró, le dijo que vigilara con sus poderes y bufó de forma aburrida. — Vaaaaleeeee… No me está gustando esta isla con tantas normas — contestó inflando los mofletes y sacando ligeramente los labios mientras saltaba a la arena después que Garnet.
La semioni empezó a correr hasta llegar a una caracola de más de un metro, dejó la caja a un lado y la miró emocionada dando una vuelta sobre esta, era exactamente a la que tenían Garnet y Jolyne pero en tamaño XL. La rubia se agachó la cogió entre sus manos para ver el agujero por donde salió el sonido - o el único por donde podía - y después de lamerse los labios acercó la boca. — ¡Probando! — dijo esperando si se escuchaba su voz de vuelta pero la joven solo puso mala cara al ver que no pasaba nada.
Sasha se giró para ver si ya habían bajado el resto de sus compañeros y una vez todos juntos, la semioni se adelantó hasta el camino que tenían delante y se quedó mirando la antorcha de dos metros con una ceja levantada. Había luz solar y no hacía falta el fuego de una antorcha por lo que no entendía lo que hacía ahí eso, pero enseguida una gran sonrisa traviesa apareció por su rostro antes de cambiarla por una más tranquila. — Tito... ¿Me puedo llevar la antorcha? — preguntó con inocencia a Tobías. Si iban a entrar a una especie de jungla que mejor que llevar un palo con fuego, tenían a Kuraku si querían dicho elemento en cualquier momento, pero no era lo mismo, le quitaba emoción a la aventura. Entonces se dio cuenta de lo que seguía teniendo en las manos, esa caracola parecía mejor opción pero tenía dos manos y bolsillos por lo que podía llevarse ambas cosas si quería.
Garnet llamó la atención de la joven pidiéndole que fuera ella quien los guiara por aquel camino, al fin y al cabo ella había decidido ancorar el barco ahí. Con los ojos brillantes por que alguien la tomara enserio se fue hasta el principio del camino, olvidando su pregunta al vaquero. — ¡Muy bien, Sho…! — paró en seco la chica antes de decir el nombre de su tripulación, tenían que permanecer en su aburrido anonimato y sin llamar la atención. Tenía que buscar otro nombre y con una sonrisa de oreja a oreja sentenció. — ¡Muy bien, Galaxy Wars! — dijo emocionada por el nombre tan increíble que había pensado. — Vamos a ir por este camino — la rubia se giró para apuntar con la mano el camino que se abría entre la vegetación y que llevaba a un enorme bosque. Sasha frunció el ceño y se quedó un momento parada mirando su alrededor — ¿Desde cuando en el cielo hay arena y plantas? — preguntó en alto, se suponía que el cielo estaba lleno de nubes o eso creía por cuando miraba el cielo. Pero sin pensarlo mucho más se dispuso a emprender el camino, aunque antes de dar un paso una voz gritando el nombre de Garnet la hizo parar. Sasha subió los hombros mientras bajaba la cabeza, al ver que su nombre genial de grupo no había servido para nada porque los habían reconocido.
La semioni se giró encontrándose a un oso panda - ligeramente más bajo que ella - que trataba con familiaridad al músico por lo que la rubia levantó la ceja derecha. El pelirrojo no podía conocer a todos los pandas del mundo por lo que aquel mink tenía que ser el que les contó que les había ayudado en los Cabos Gemelos. Tenían que agradecerle mucho pero debían avanzar antes de que los marines los pillaran, no porque quisiera hacer de guía. — Tobías, vamos… — dijo la chica entre dientes mientras tiraba de forma suave de la prenda que cubría el torso del vaquero con nuevo look - el cual se le hacía demasiado raro - mientras miraba el barco de los marines, para después mirar también a Kuraku en busca de ayuda para avanzar.
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Me sentía atrapado dentro de la bodega, víctima de la inercia de aquel ascenso, indefenso ante la naturaleza salvaje que habitaba el mundo, pero la fuerza de mis piernas, abdomen y brazos impedía que chocara contra las cuatro paredes de la habitación en la que me encontraba sin control. El poder es poder, y una vez más me había salvado de salir disparado de ahí. Lo más curioso de esta situación no era estar subiendo con nuestro barco por un gigantesco chorro de agua, sino el atronador sonido de un coro musical que eclipsaba todo lo demás. Tras unos minutos que parecieron horas noté como el barco se estabilizó y escuché la voz de Triana, indicándonos que ya podíamos salir. Puse mi mano en el pomo de la puerta con la intención de abrirla pero entonces recordé que debíamos pasar desapercibidos. Me giré y me comencé a fijar en el estado de la bodega, estaba hecha un completo desastre, la violenta sacudida a la que se había visto afectado el barco había tirado todas las cajas que allí se encontraban por el suelo, dejándolo todo patas arriba.
Avancé unos metros dentro de la bodega y comencé a rebuscar por el suelo, cualquier cosa que me cubriera el rostro sería útil, y por suerte Aspros tenía muchas cosas… -Un lazo… no, una peluca pelirroja me da que tampoco… ¿qué es eso? -susurré nervioso mientras me acercaba a aquel misterioso objeto que tanto me había llamado la atención. -Kikikiki… ¡KIIIKIKIKIKI! -reí como si fuera el protagonista de una novela de terror. -Esto es perfecto. Ahora si estaba preparado para salir al exterior sin que nadie pudiera reconocerme. No había sido capaz de ocultar mis alas, ni el fuego de mi espalda, pero a fin de cuentas eso no era lo más característico que tenía. En cambio mi cara, eso si era único. Nada más salir de la bodega el sol me cegó la vista por unos segundos, obligándome a entrecerrar los ojos y poner mi mano izquierda por encima de las cejas de mi nuevo rostro. Aquel sol era el más intenso y potente que había presenciado jamás, y mira que intentaba volar alto, pero este lugar seguro que estaba más alto de lo que imaginábamos. Me encontraba junto a Triana y Jolyne, me giré y pude ver el mar de nubes, que en algunas secciones parecía un cementerio de barcos. Me alegró muchísimo ver aquello, a mi me padre le encantaría estar aquí conmigo, me contaba leyendas me marineros que hablaban sobre ciudades en el cielo y bromeaba diciéndome que yo me había caído de una de ellas un día que fui a mear. Sonreí pensando en el pasado, y en cuanto volví en mi presencié algo incluso más impresionante. Cientos y cientos de caracolas gigantes se extendían por el paisaje, aquellas caracolas eran como la de Jolyne, de mucho mayor tamaño y estas emitían aquel sonido tan exagerado, un sonido que se redujo para dejar paso a una voz que nos daba la bienvenida. -¿Zarutsuki? -pregunté en voz alta. -Si es el señor de las nubes debe ser alguien súper importante… -continué susurrando. -Y si es alguien importante tendrá mucha comida… -susurré aún más bajito. -Debemos conocer a ese tipo. -ordené a mis tripulantes. El agobio de no saber cómo íbamos a terminar, el eterno ascenso y pensar tanto en la muerte me había abierto el apetito. Triana había tomado la iniciativa y nos indicó el camino a seguir, ella se solía guiar bien así que seguimos su plan y comenzamos a caminar. A lo largo de aquella costa se encontraban varias antorchas repartidas, con caminos delimitados con estacas que indicaban el camino a seguir, tal y cómo había indicado Zarutsuki. A no demasiada distancia de la costa se encontraba un frondoso bosque y, según Jolyne, que iba disfrazada de mamarracha, en la lejanía se encontraba el lugar dónde se celebraría el festival al que habíamos venido. -¿Aspros? -pregunté ante las palabras de la tiradora. -Tienes razón, no te preocupes, seguro que está bien. Es un tío famoso, tendrá muchos fans por la isla. -dije con total confianza, sabiendo que tarde o temprano nos volveríamos a encontrar con él. -Por cierto, llamadme… Cornell. Quizá llamarme por mi primer nombre no sea buena idea. Desde bien pequeño mi padre había criticado la manera tan sincera, directa y poco educada de expresar las cosas, llegando al punto de decirme que era incapaz de mentir. Tenía razón, si me preguntaban diría medias verdades.
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![]() - Cronología - Tripulación -
16-02-2024, 01:32 PM
Tras un molesto e incómodo período entre las nubes blanquecinas, en las cuales sentí perder la conciencia levemente unos instantes, resurgimos en la superficie... o la superficie de la superficie, mejor dicho. Estábamos sobre las nubes, por irrisorio que pareciera. Nuestro barco flotaba encima de las nubes del cielo y ahora surcábamos olas celestiales - por denominación, del cielo - próximos a una costa cercana en la que habríamos de desembarcar. Sacudí la cabeza y la incliné, haciendo que restos de una mezcla de agua, nubes, vapor de agua y lo que fuera, saliera por los agujeros de mi casco, tras lo cual alcé la mirada para sentir a través de los agujeros de mi protección craneal la intensidad del sol en aquellas tierras prohibidas y exóticas. Sin duda, lo más cercano a lo que un simple mortal como todos los aquí reunidos podría aspirar.
Mirando en derredor pude apreciar que sendos barcos a nuestros flancos habían sufrido daños en el ascenso por la columna de agua, y oteé por la cubierta en busca de posibles imperfectos o necesitadas reparaciones en nuestro propio buque. Sin duda estaba dañado, el mástil principal estaba a punto de partirse y varias tablas de la cubierta se habían desprendido, impactando en otras zonas y estructuras... por lo que yo ya no veía daños, veía varios ceros en la factura. Negué con la cabeza — Puta vida miserable... — farfullé, a tiempo de terminar de escuchar aquel coro celestial y dar la bienvenida en el pabellón de mis oídos a la voz de alguien, desconocido, que nos recibía en nombre del Emperador Zarutsuki, instándonos en avanzar y llegar hasta los puntos predispuestos y habilitados en la costa. Cuando su voz cesó, entró el silencio, y al instante fue despachado de la sala por varias voces en la lejanía de las embarcaciones circundantes, y algún grito por encima de lo normal. No hacía falta tener buen oído para poder oírlos pero si para distinguirlos... aunque yo no fuera capaz de ubicar ninguno en nadie en concreto — Plegamos velas — dije soltando el timón y comenzando a caminar en dicha dirección, observando de refilón a mis dos compañeros interactuando y mirando en la lejanía, mientras él sujetaba a ella de la cadera — Lo que me faltaba — suspiré, yendo yo mismo a plegar las velas ignorándolos. No quería empezar este viaje cagándome en los muertos de nadie, y mientras hicieran su trabajo me daba igual el resto, así que ojos que no ven, corazón que no siente. El barco, gracias a mi humilde y grandioso manejo del timón y los vientos, se aproximó a las costas lo suficiente como para poder desembarcar sin mucho problema, con elegancia y maniobrabilidad. Digno del mejor timonel que sin duda habrían visto estas aguas. ¿Y por qué coño sería tan bueno en esto? Boe y Micbro interactuaban entre ellos comparando los carteles cuando, mientras yo preparaba los aperos del barco para fijarlo y que no se lo llevase la corriente, reparando en las enormes caracolas de la playa, empezaron a desembarcar las provisiones que habíamos traído. La voz anterior indicaba que lo dejásemos en las costas, pero no que lo llevásemos a ningún lugar, así que supuse que alguien más se encargaría de eso. Sin darle muchas vueltas, cuando terminé con mi propia tarea fui a mi camarote. Allí me aprovisioné de mi Den Den Mushi blanco, de mi modesto logpose, y por supuesto, de Ein Hauch, mi preciado compañero. Pero antes de salir de la estancia metí la mano en el bolsillo y saqué el wanted que había guardado y el recorte que tenía de semanas atrás, observándolos los dos en paralelo — Sa-sha — dije en voz alta — Sasha — me repetí. Doblé el wanted con el recorte, los guardé dentro de mi bolsillo y cerré los ojos, suspirando fuertemente — Sasha — repetí una tercera vez, tratando de memorizar su nombre para poder recordarlo bien. Quería poder llamar por su propio nombre a la única persona que me había tratado bien por el momento en el último decenio. Desembarqué del barco cayendo pesadamente impactando con las botas en la costa húmeda, salpicando con el impacto de mi cuerpo, flexionando ligeramente las rodillas al aterrizar, dando la impresión de ser una mole mucho más grande y pesada de lo que en realidad era alguien con mi reducido tamaño. Al mismo tiempo que Boe y Micbro estaban dirigiéndose hacia la antorcha central, él me hizo un gesto con la mano emulando el número tres, refiriéndose a mi como jefe. Sonreí y alcé la diestra con el dedo corazón extendido y el resto plegados, respondiendo al gesto de Micbro — ¿Quieres jugar a hacer señales manuales? — le respondí — ¡¡Wry ha ha ha ha!! — reí con real divertimento y bajé la mano — En serio ¿me indicas por donde estoy viendo que vais a ir por que queréis dar un paseo vosotros solos, o que? — le contesté aproximándome a su dirección — Esperadme coño, alguien tenía que amarrar el barco. Ponedme al día de lo que sea importante — añadí, dando un último vistazo atrás y comprobando que todo estaba como debiera, llegando al lado de mis compañeros e iniciando juntos la marcha por el camino que surgía de la antorcha central.
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16-02-2024, 07:08 PM
El "viaje" hacia los cielos fue algo sorprendente y mágico, pues pese al buen oído de Kuraku, no escuchó hasta mitad del trayecto el cántico celestial con el cual estaban recibiendo a todos los barcos. El trayecto fue una locura, la velocidad era vertiginosa, aun así, el Lunarian y el resto de los Shogun Gari no tuvieron demasiados problemas en aguantar la velocidad y la intensidad del momento. Tras un par de minutos, llegaron a su destino. El barco pegó un buen golpe contra el mar de nubes, pero no dio la sensación de que se rompiese nada serio. < Esto es una locura... ¡ESTAMOS EN EL CIELO! > pensó el lunarian para sí mismo.
Una voz ciertamente nerviosa se escuchó desde las conchas donde previamente salía la música celestial, dándoles ciertas órdenes que llevar a cabo. Parecía alguien que actuaba bajo el nombre del emperador del reino del cielo, así que no iba a ser buena idea desobedecer las órdenes. Sasha puso rumbo a la costa para desembarcar y poner rumbo a alguno de aquellos caminos. Al llegar a la costa, Sasha ordenó soltar el ancla, cosa que Kuraku obedeció sin ningún reparo - ¡Hecho! - Le dijo a la navegante. Garnet comentó en voz alta que lo mejor sería evitar mostrar sus poderes e intentar pasar desapercibidos. < A la vieja usanza, vaya...> Durante la mayor parte de su vida, el lunarian se la había pasado escondiéndose e intentando pasar desapercibido, así que no iba a ser un problema. Aunque ya se había empezado a acostumbrar a su nuevo yo, tocaba esconderlo un poco. Tras esto, se colocó bien su capa y sus lentes, adoptando así su forma de "incógnito". Tras esa pequeña charla, Kuraku agarró una caja e intentó bajarla por las escaleras como el resto, sin usar sus alas. Al bajar se dio cuenta del gigantesco bosque que les esperaba delante de sus narices. < a Aurora le hubiera gustado venir, eso seguro... > Sasha salió disparada corriendo hacia una de las caracolas y luego hacia la antorcha que tenían delante. Kuraku fue tras ella para impedir que hiciera ninguna trastada, ya conocía bien a la chica como para saber que querría llevarse algunas cosas de allí. - Vamos Sas- Estooo, Sarah, ¡no toquetees las cosas a ver si nos van a tirar abajo! - Usando el nombre en clave que previamente habían pactado para esta especie de infiltracion de incognito, intento hacer que la chica se centrase en lo que tocaba. Tras juntarse, Sasha les soltó el nombre que se le había ocurrido para pasar desapercibidso, el cual fue un tanto curioso. < ¿Galaxy Wars...? Bueno, si total, mi nombre en clave es colibrí... no podia esperar mucho mas...> Por otro lado, la muchacha tomó la delantera como le había indicado Garnet y decidió por ellos el camino. Antes de continuar, se les acercó alguien, una especie de animal, un Mink probablemente. Este saludó amablemente a Garnet, como si hubiera una gran confianza entre ellos, así que Kuraku se presentó aunque no de manera usual - ¡Buenas! ¿Eres amigo de Garnet? ¡encantado! - <Como le toques te mato.> El lunarian intentaba dar una imagen distinta a su personalidad real, pues lo último que quería era que alguien más se enemistase con ellos, aunque este no fuera el caso, más valía prevenir que curar. Sasha miró a Kuraku esperando una ayudita para hacer avanzar al grupo, por lo que esté en vez de continuar con su conversación superagradable, intentó andar hacia adelante haciendo presión en que el resto avanzase.
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17-02-2024, 02:43 AM
Al comenzar a atravesar las nubes, Tobías solo veía blanco a su alrededor. A La curiosa y épica música que sonaba se le sumo una voz que recitaba al ritmo, la sonata opacaba el tremendo ruido del viento chocando contra ellos, incluso los gritos de la gente que salía despedida de sus barcos quedaban enmudecidos. Unos caían al vacío y otros salían despedidos hacia arriba, las corrientes eran caprichosas. Cuando parecía que se iban a quedar atrapados en esa escena monocromática de por vida, la proa del Frog Guild abrió un agujero por el que comenzó a entrar algún tímido rayo de sol, que, en fracciones de segundo, se vio acompañado del resto de sus numerosos hermanos y de un cielo azul intenso. Que espectáculo ver al astro rey relucir así, nunca habían estado tan cerca de él.
El velero de los Shogun Gari ceso su ascenso y volvió a su posición habitual, la horizontal, flotando sobre lo que parecía un mar blanco, estaban sobre las nubes, navegando sobre ellas. El joven barba turquesa no podía creérselo, estaba alucinando, emocionado. Frente a la joven tripulación pirata se mostraba un paisaje único, al menos Tobías jamás había visto nada parecido, pero recordaba historias de su bisabuelo por islas del cielo. "Creía que eran delirios del viejo. ¡Pero existen! ¡Esto es increíble!" No dejaba de otear la escena, Una inmensa playa de arena casi blanca, preciosa, haciendo de barrera entre el mar de nubes y una especie de selva de enormes árboles, de la cual asomaba lo que parecía una edificación dorada. Al carpintero le llamó mucho la atención eso, al igual que las tremendas conchas que flotaban sobre el "mar" y campaban sobre la reluciente arena de la playa. Mientras, más barcos iban surgiendo de debajo de las nubes, maltrechos por el duro trayecto que acababan de recorrer. Tobías hecho un vistazo rápido a su velero viendo algún que otro daño relevante, pero no eran preocupantes, ya tendría tiempo de dejar al Frog Guild como nuevo después. Garnet le hizo caer en que hacia un rato que no se escuchaba aquella música, pero es que aquel paisaje lo había dejado obnubilado. - Jish jish jish, yo también lo he escuchado, no estás loco tío, bueno igual si y lo estamos los dos. A ver, si estamos locos, pero no de esos que escuchan voces y ven cosas que no existen. ¡Joder! Estoy muy nervioso y excitado por todo esto. ¡¿Has visto dónde estamos?! Todavía no me lo creo. - Tobías hablaba tan rápido por la emoción que había perdido su elocuencia. No dejaba de mirar el paisaje invadido por el ansia de aventuras. De pronto, un carraspeo precedió a una voz que parecía provenir de aquellas curiosas caracolas tan parecidas a las del músico. Les daba la bienvenida en nombre de un tal Zarutsuki, emperador y regente de esas tierras alejadas de la superficie terrestre. Educadamente les pedía a los recién llegados que depositaran las mercancías que traían en sus naves y que siguieran los caminos establecidos sin salirse de éstos. Barna turquesa se fijó en que había cinco antorchas en la playa, bastante separadas entre si y frente a unos caminos que se adentraban en aquella espesa selva. - Vayamos por el cuarto, no se por qué, pero tengo un pálpito. - Le salió de dentro, no estaba seguro de la razón, en su cabeza había aparecido ese número, como si hubiera tirado un prisma pentagonal con las caras numeradas y al terminar de rodar el cuatro hubiera quedado frente a él. Sasha dirigió el barco hacia esa zona de la costa como si hubiera navegado sobre nubes toda su vida. La verdad es que no había cambiado el rumbo, ya hacía un rato que dirigía el velero hacia allí. Tobías miró hacia el resto de barcos a ver que hacían, lamentablemente había un enorme barco de la marina también, aunque estaba lejos, lo mejor sería darse prisa para evitar el encontronazo con éstos. "¿Que demonios hacen aquí las malditas marionetas del poder? ¿No tienen nada mejor que hacer?" El carpintero bajó raudo a su taller para dejarle comida de sobras a Pascal y coger un par de hojas y la pluma por si se le ocurrían ideas durante el viaje. - Cuida del barco chiquitín. No tardaremos mucho en volver Love U - Cogió también sus armas, munición y demás para salir bien preparado a la aventura. De vuelta en cubierta, Sasha daba la orden de echar el ancla, ya habían llegado a la playa. Kuraku descolgó el ancla y todos comenzaron a cargar cajas antes de bajar a tierra. Tobías también hizo su parte del trabajo agrupando las ocho cajas restantes y atándolas con una cuerda, formando una masa heterogénea a la que redujo la gravedad para bajarlas todas a la vez, haciendo caso omiso al comentario de Garnet, pues no creía que eso fuera a llamar la atención. Si alguien ajeno estaba mirando, pensaría que Tobías simplemente era fortísimo. Además tenían que darse prisa, la marina estaba allí también. Así pues, bajó de un salto desde cubierta hasta la playa con la carga para dejarla sobre la arena. Sasha se encaprichó con las una de las caracolas y con la enorme antorcha (que en proporción a ella parecía de tamaño estándar) y le pidió permiso a Tobías para cogerla. - Eres mayor para hacer lo que te venga en gana, solo te diré que toda acción tiene una repercusión y tendrás que hacerte responsable de ellas. - El carpintero se encogió de hombros con su respuesta, realmente no veía un problema en eso, pero quería que fuera ella quien tomara la decisión. La joven semioni señaló el camino que iban a seguir y cambió el nombre de la tripulación al de Galaxy Wars. A Tobías le hizo gracia ese nombre y recordó que en isla Oykot le había cambiado el nombre a Garnet por el de Luke por la situación de exilio en la que se encontraba, para no advertir de su presencia a los habitantes de la ciudad. - ¿Te acuerdas, Luke? Jish jish jish. - Tobías se dirigía a Garnet, mientras se recolocaba el sombrero. - Podríamos ponernos nombres en clave. Kuraku será Vader, Sasha sobri, al menos para mi, jish jish jish, y yo seré Kenobi, siempre me ha gustado ese nombre. ¡Vamos chicos! Comienza la aventura sobre las nubes! -
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![]() ❝Para. Respira. Ordena. Apuesta.
17-02-2024, 12:27 PM
Del mar, se elevó con fuerza hacia el cielo una corriente gigantesca de agua, que nos arrastraba con ella, haciendo que el barco navegase verticalmente. Mis pies por un momento se separaron del suelo, creandome la sensación de estar flotando, haciendo el uso de todas mis fuerzas, conseguí volver a plantarlos en el suelo y evitar el peligro de salir volando. Estaba impresionado, había leído y oído sobre como actuaba la Knock Up Stream, pero nunca me imaginé el porqué todos los navegantes que sabían de su existencia la temían. Era terrorífica, aun teniendo toda la experiencia del mundo, debías tener la suerte de tener un barco que aguantase la fuerza de la corriente al arrastrarte hacia el cielo.
Pude ver mientras ascendíamos como la quilla de algunos barcos que teníamos delante comenzaban a asomar por fuera de la corriente."¡Están comenzando a caer! ¡He de evitarlo!" Comencé a fijarme en esos barcos y en los que parecían navegar con normalidad."¡Claro Sephi! ¡¡LAS VELAS!! ¡Los que comienzan a caer tienen aún las velas recogidas!" Dirigí mi mirada a lo alto del mástil, por suerte en la cofa seguía estando el vigía, reuní todo el aire que pude llenando mis pulmones y con un gran esfuerzo comencé a gritar intentando que mi voz se escuchase por encima de aquel coro que no paraba de sonar. -¡¡Izad las velas, o caeremos al mar!! Por fortuna mi voz llegó al vigía que soltó la vela mayor. Mire a cubierta, separe mi mano izquierda del timon y con ella señale a aquellos que estaban cerca de las escotas.¡¡Amarrad la vela a las escotas!! Al dejar de sujetarme con ambos brazos del timón, la fuerza de la subida hizo que mi cuerpo girase sobre mi brazo derecho, con el que me agarraba en el punto más al norte de la circunferencia del timón y me golpeé en el coxis contra el punto más al este del mismo. Por suerte, aquellos que estaban agarrados cerca de las escotas, pudieron amarrar los cabos de la vela, lo que nos permitió coger el viento a favor, dejando así que la corriente fuese navegable y el barco no saliese despedido y permitiéndome volver a colocarme en posición, con ambas manos sujetando el timón. Suspiré aliviado al ver que todo marchó bien por suerte, pero me castigaba por dentro, pues fue un descuido mío y podríamos haber perdido la vida por ello."Debí haberme informado mejor, podría haber avisado así a Karl y Joe para haber actuado en consecuencia cuando estuviésemos en la corriente" Atravesamos las nubes, empapándome al momento, y el barco acabó flotando sobre ellas, la luz de un sol más brillante que cualquier mañana soleada de verano me deslumbró ¡Es maravilloso! Pensé mientras su luz y calidez me hacían recuperarme del frío y la humedad que sentí al atravesar las nubes. El mar de nubes estaba repleto de conchas gigantescas como las que usaban los marines que acompañaban al almirante, seguramente de ellas salía el coro que escuchábamos. Joe ordenó informar de los daños ocasionados al barco y que nos dirigiésemos a la costa, el mar ya estaba en calma, por lo que procedí a cumplir las órdenes de mi comodoro en calma y a silbar aquella canción que siempre me venía a la cabeza, cada vez que tenía el timón en mi poder y puse rumbo a la costa. En aquel instante el coro dejó de sonar y segundos después una voz con prisa nos ordenó desembarcar y dirigirnos por las rutas establecidas. Podía apreciar como los demás embarcaciones habían sufrido daños severos y me sentí más aliviado al haber podido llevar a todos en perfectas condiciones. Dato de lo que también se percató Ikirami la cual se acercó a mi lado y me agradeció. -¡Mu, Mu, Muchas Gracias! Le respondí con sonrojado y nervioso ¿Qué clase de navegante sería si permitiese que te dañaras, digo, os dañaseis en el trayecto? Pregunté intentando serenar mi tono. ¡¡Estúpido!! ¡Va a pensar que soy tonto! Estaba enfadado conmigo, siempre metía la pata delante de ella. Pero esta se quedó todo el rato a mi lado durante el trayecto a la costa lo que hizo que me calmase. Fondeamos el barco cerca de la costa, yo me quedé el último esperando a que todos desembarcasen y revisar que todo estuviese en orden. Mientras revisaba que el ancla, estuviese echado, las velas arriadas y todo en perfecto estado, noté como me empezaba a costar andar con normalidad, la adrenalina del momento había evitado que lo notase, pero ahora que estaba más frío y toda esa emoción había cesado comenzaba a notar el dolor del golpe que me di durante la subida. También vi como Karl e Ikirami metían sus manos en el mar de nubes. Cuando acabé de revisar todo me fui a reunir con mis compañeros en la playa, pero Karl estaba como siempre a su bola y yo rezagado por el dolor, solo pude llegar mientras Ikirami transmitía las órdenes de Joe. - Lo siento chicos por rezagarme, pero debía revisar que todo estuviese en orden antes de abandonar el barco. Me disculpe intentando ocultar el dolor que sentía al andar y que por ello era que no había llegado a tiempo para participar en la reunión, temiendo ser aislado por lo que con gran esfuerzo intente seguirles el ritmo, Ikirami aprovechó para preguntarles acerca de sus poderes, al parecer ella no estaba al tanto y se estaba sintiendo apartada por no saberlo. -¿Gallina? Así lo llama ella, pero es capaz de volar, así que no creo, pero si la haces enfadar seguro pierde los estribos y te enseña como es ¡Sephehehehe! Le contesté entre risas -Así es como vi yo su forma y con Joe mientras nos "entrenabamos en combate" por lo que no se los tengas en cuenta, lo mismo es que no se ha dado la situación Terminé de decirle y le guiñe mi ojo derecho mientras sonreía. Ella era parte de nuestras "familia" y tenía que empezar a sentirse como tal.
|Hablo/"Pienso"/Narro|
18-02-2024, 03:52 PM
Bajo la atenta mirada del astro rey, y una vez desembarcados, todos los allí presentes comenzaron a recorrer las respectivas rutas que se extendían frente a ellos sin saber a donde les depararía el sendero de sus pasos ni lo que les esperaba más adelante. El grupo de los Piratas de las Alas negras se adentraron por la ruta de más a la izquierda, y pronto comenzaron a notar como la vegetación se hacía más grande, más gruesa, más alta y más densa, empezando a enmarañarse sobre sus cabezas, a más de diez metros de altura, llegando a prácticamente privar de la luz solar a aquel angosto y sinuoso camino que pareciera albergar depredadores y criaturas varias ocultas en la oscuridad y la frondosidad de ese bosque, mientras acechaban a los recién llegados estudiando qué hacer con ellos. El camino fue poco agradable: insectos, ruidos extraños de hojas alborotadas, ramas partidas de cuando en cuando, siseos y algún gruñido leve en la distancia. Tres horas que se hicieron lentas y tediosas para los viandantes que recorrían tal senda, hasta que pudieron comenzar a ver la luz del mismo modo que la habían perdido: Según se adentraban más. Al final de dicho camino, podrían observar la civilización perdida de Shandora, un dato sólo al alcance de los estudiosos.
Por su parte, la organización Magna se adentró por la ruta central, cruzando la linde del bosque y pudiendo apreciar conforme avanzaban cómo desaparecía progresivamente la vegetación y daba lugar a un paisaje pedregoso y abrupto, que ascendía en forma de ladera, como si quisiera acercarse aun más al sol. Tres horas de recorrido que ponía a prueba la resistencia física de sus ocupantes, finalmente culminaba con una de las vistas más grandiosas y maravillosas que la isla del cielo podía ofrecer: La gran ciudad de oro perdida de Shandora. Desde aquella ventajosa posición se podía apreciar como, a la izquierda, una ruta surgía a duras penas de una enmarañada vegetación. A su lado a unos pocos metros, un gran camino mejor preparado y acondicionado. A la derecha un camino flanqueaba un río que ascendía hacia el norte, y más a la derecha una ruta que parecía un término medio entre las dos de la izquierda. El grupo pirata Shogun Gari acompañados de Don Bambú, el Revolucionario superviviente a la catástrofe de Little Garden, se adentraron por la ruta a la derecha de la ruta central. Su camino fue acompañado por un río que de pronto desaparecía bajo tierra, como entrando en un túnel natural - y por eso no lo veían en la costa - pero que parecía provenir de mucho más al interior de aquel bosque. Si lo seguían, tendrían un recorrido tranquilo, pudiendo apreciar los colores y la variedad de la flora, lo cristalino de las aguas del río y la multitud de peces de colores y tamaños diversos que había en su cauce. Tres horas de marcha los llevarían a aparecer en la linde opuesta del bosque, frente a unas construcciones doradas coronadas por un inmenso palacio de oro al fondo. Puede que lo supieran, o puede que no, pero estaban frente a la legendaria ciudad de oro, Shandora. Por su parte, una vez todos estos grupos se hubieron adentrado en las profundidades del bosque, los Marines consiguieron desembarcar y pudieron apreciar a los civiles que hacían lo propio, a su par. Pareciera que el destino había querido que los aventureros, criminales y justicieros remunerados llegasen antes para poder adentrarse y no iniciar una campaña en la costa. Las órdenes de los batallones fueron claras, pero cuando los Marines se dispusieron a avanzar por la ruta central obtuvieron una respuesta fatídica: Del cielo - aun más en el cielo que ellos - se proyectaron dos grandes sombras que súbitamente impactaron contra el suelo próximo a la ruta del extremo izquierda, y la central, levantando algo de arena y polvareda. Cuando esta se disipó, pudieron ver como dos enormes bolas gigantescas, de diez metros de alto por diez metros de ancho y color marrón se presentaban ante ellos. Eran aves. Aves del tamaño de rocas de montaña, que tapaban la entrada de ambas rutas con sus enormes cuerpo. Y claro, se las podía flanquear, pero las aves estaban comunicando un mensaje. Eran gordas, feas y con cara muy malhumorada. Miraban a los Marines bajo unas densas cejas negras muy pobladas y con gesto apático, realizando un sonido realmente extraño, como agua fluyendo sin control. Aquellos estudiosos de los tomos, pergaminos y libros, podrían identificar sin dudas a aquellas aves dada su complexión, gesto, color y sonido, como un tipo de ave especial autóctona de Skypiea: Los Ñordikis. Tras su particular graznido, el ave frente a ellos que taponaba el acceso a la ruta central extendió su ala para indicarles que debían ir por la ruta paralela. Para reafirmarlo, el ave que taponaba la ruta de la extrema izquierda hizo el mismo gesto, señalando entre los dos a la ruta intermedia - la ruta dos - para invitar a los Marines a proceder por ahí. Era la ruta más preparada más ancha y más adecuada para el acceso al interior de la isla, y los Ñordikis se estaban asegurando que los civiles, mercaderes, espectadores, trabajadores y por extensión, las fuerzas de seguridad, accediesen por el camino recomendado. Su recorrido sería apacible, en un camino de diez metros de ancho con claridad y cuyas copas de vegetación tapaban sutilmente los rayos del sol para no resultar calurosos, hirientes o molestos: Era un auténtico paraíso. Y había suficiente espacio para que la tropa marchase sin disolverse. Tres horas de marcha llevarían a los Marines - seguidos por todos los civiles y demás, buscando su protección - hasta la linde opuesta del bosque en la que se encontrarían de bruces con una legendaria civilización perdida de oro. La ciudad de Shandora, para quien hubiese leído e investigado lo suficiente. En cuanto a aquellos despedidos de sus barcos y aterrizados forzosamente en las inmediaciones del bosque, si buscaban ligeramente en derredor, podrían encontrar un sendero común y sin nada reseñable que seguir. Vegetación gigante, sonidos de animales y una ruta clara hacia el extremo del bosque que les llevaría a poder observar una civilización completamente de oro, antigua y perdida en el paso del tiempo. Por suerte o desgracia para ellos, podrían llegar antes que los demás al haber aterrizado ya en medio del bosque, y su travesía sólo les tomaría dos horas. Dándoles algo de tiempo de ventaja frente a los demás - sin saberlo aun - participantes de los juegos de Skypiea. La civilización estaba dispuesta en forma de óvalo, coronado por un palacio que ocupaba cien metros de lado a lado. Hacia el fondo, podía cubrir más de cincuenta metros, y se alzaba hacia el cielo por quinientos metros majestuosos, brillando con más intensidad que le resto de las casas doradas. Un poco antes de la cumbre, brotaba un balcón con un gran trono, también de oro, y en la base del palacio, una gran puerta de doble hoja de cuarenta metros de alto indicaba el punto de entrada en el mismo. Dicho palacio estaba a más de cien metros de distancia del otro extremo del ovalado límite de la ciudad dorada. Prácticamente en el centro de esta, y flanqueado por una inmensidad de casas doradas, había un recinto de tierra batida y dispuesta, que estaba a su vez contenido por palcos y gradas de madera antiquísima y resistente. Una estructura de cinco metros de alto, con cinco niveles de asientos, repartidos a uno por metro de altura. En la parte perfectamente opuesta al palacio, fuera de esta pista de arena, había cuatro parcelas de arena separadas entre si, y que ocupaban un espacio de seis por seis. Tanto en el pueblo como en las gradas, había ciudadanos con una peculiaridad: Todos tenían alas. Skypieanos, Birkanianos y Lunarias por igual - pero ninguna otra raza más - interactuaban alegremente y se preparaban para asistir al evento que tanto les llenaba de orgullo y que tan emocionados les tenía: Los Juegos de Zarutsuki.
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18-02-2024, 05:51 PM
Había intentado adelantarme al resto para poder observar con el mayor detenimiento posible a la gente que, como nosotros, tenía cosas que hacer en la isla del cielo, pronto mi compañero albino me acompañó, preguntando si había algo de interés, no pude evitar recordar la cercanía y confianza con que Viktor se había acercado a mi cuando estábamos aún navegando el blanquecino mar de nubes, me pilló con la guardia baja, ¿Sería lo que parecía? Traté de no reaccionar demasiado, pero ese momento sería recordado por si en el futuro resultaba de utilidad; y, de golpe, volví al presente al escuchar el impacto de Sohem bajando del barco, como si de un misil se tratase. Su respuesta al gesto de Viktor me sacó una sonrisa divertida, tal vez era un buen momento para ver si ese gesto anterior del espadachín respondía a algo. — ¿Habría algún problema si así fuese? — dejé mi espalda reposar contra la madera de la antorcha y crucé las piernas en un ágil y elegante movimiento que dejó mi rodilla izquierda descansando sobre la derecha, ladeé un poco la cabeza. — No, evidentemente no nos vamos a ir sin ti, eres el jefe. Y el que sabe llevar el barco, tiene el dinero, los contactos... — mejor dejarlo en que era el jefe, seguro que no necesitaba más para venirse arriba.
Parecía que avanzaríamos solo nosotros por la ruta central, mejor, menos gente cerca significa menos posibilidades de que nos ataquen entre la flora del bosque, que cada vez se reducía más. Aproveché el trayecto para poner al día a ambos cazadores de lo que había visto en la costa, no era mucho, pero era información. — Por el camino de más a la izquierda han ido tres personas, pero parecían tener prisa, no he podido ver bien, pero tenían pinta de familia. Y por el camino que estaba a nuestra derecha ha ido un grupo bastante extraño, supongo que serían trabajadores. — las conclusiones no serían las mejores, pero por la primera ruta había visto ir a un hombre, una mujer y una niña: una familia; mientras que la que sería la cuarta había sido transitada por un grupo de cinco en el que tres medían el doble que las antorchas que marcaban los caminos, era probable que fueran mozos contratados para las tareas más exigentes físicamente, el transporte de mercancías o la seguridad del evento al que asistíamos. Aunque me alegraba por tener un camino seguro y sin percances para mí la verdadera lucha fue el sendero en sí, un paseo que se hizo eterno, con cuestas pedregosas que dañaban mis delicados pies y en un entorno salvaje como aquél, que si bien, había resultado cautivador y majestuoso en la zona boscosa, también se sentía ciertamente inseguro, estábamos ascendiendo poco a poco en una inclinación rocosa, eso implica que en algún momento tendríamos que bajar, y eso podría complicarse. Finalmente el tortuoso camino llegó a su fin en un peñasco que nos dejó con vistas a una depresión geográfica en la que había un pueblo asentado. Un imponente palacio de oro con forma triangular nos recibió con su brillo áureo, — Es precioso... — para cuando el shock pasó empecé a mirar con detenimiento la estampa que se nos ofrecía, algo que llamó mi atención cuando finalmente posé en ello mi mirada fue esa especie de estadio o campo de arena, a eso debía referirse el periódico con juegos, algún tipo de competición se llevaría a cabo para divertimento del dueño del palacio dorado, el ya mencionado Emperador Zarutsuki.
Información
Todos estábamos preparados para partir por uno de aquellos caminos.
Karl, como siempre, desprendía mucha energía y estaba realmente emocionada por adentrarse a la aventura, repitiendo una y otra vez mi cargo y mi nombre para intentar meterme prisa - Hmfefefe, ¡Lo sé, Karl, lo sé, nos iremos ahora mismo! - Dije con una sonrisa y los brazos apoyados en mi cintura, en forma de tetera. Sephiroth ultimó los detalles para asegurarse que el barco estaba bien y no quedaba ningún cabo suelto, disculpándose por la tardanza de juntarse con nosotros - ¡Gracias Sephi, no hay mejores manos que las tuyas para que el barco esté perfecto! - Dije con la voz alzada agradeciéndole su trabajo. Por último, la que más me sorprendió fue Ikirami. Fue la que más me ayudó a elaborar un plan y que fuera todo en el orden correcto. Incluso me comentó que fue capaz de ver a través de toda esa gigantesca vegetación una especie de edificio dorado, por lo que la idea de civilización era ya un punto a favor para ponernos en marcha cuanto antes. De repente, se dio media vuelta y se dirigió a la pasarela del barco para, en un acto de responsabilidad y profesionalidad, empezó a dar órdenes a todos los marines que había a mi cargo, dejándoles claro el plan que íbamos a tomar, añadiendo que los que se quedarían en el barco podrían ponerse en contacto con nosotros por Den den mushi por lo que pudiera pasar, dándose media vuelta otra vez para volver hacia nosotros, dejando claro que aquello no era un debate, sino una orden. La observé totalmente atónito, pues no me esperaba algo así, me pilló desprevenido. Aquello me enseñó dos cosas importantes: la primera es que debo de tener esa actitud frente al resto, se supone que soy el que está al cargo de todos, y tengo que ser rápido a la hora de pensar las cosas, y después ser firme y claro cuando de una orden. Pero la otra cosa que aprendí es que, Ikirami, a pesar de ser alguien de un rango más bajo que yo, era alguien en quien poder confiar ciegamente, y que podríamos formar un gran equipo juntos y solucionar los problemas más enrevesados. No pude evitar esbozar una sonrisa al verla bajar de la pasarela, pues se la veía completamente feliz y con confianza tras su acción. Cuando se paró de nuevo a nuestro lado no pude contenerme - ¡Muchas gracias, Ikirami! No sé qué decir, estoy impresionado ¡Realmente en cuestión de segundos has puesto todo en su sitio! ¡Eres increíble! - Le dije ruborizado mientras la miraba, pero no quise apartar la mirada de ella, que menos que demostrarle que mis palabras eran sinceras. Tras esto, decidimos acercarnos al camino central, y mientras, Ikirami soltó al aire una pregunta muy directa, que iba dirigida a Karl y a mí. Preguntaba si éramos usuarios de Akuma no mi. Parece ser que desde hace un tiempo la mosca le rondaba la oreja, y el chiste siempre de "el pollo de fuego" de Karl no pasaba desapercibido, además antes pudo ver como al meter la mano en aquellas nubes húmedas perdía la fuerza, y de nuevo, el comentario de Karl de que tuviéramos cuidado. Noté a Ikirami algo preocupada por ello, preguntándome con duda si es que no confiaba en ella, el cual Sephi intentó calmar la situación alegando que no se dio la situación para decírselo. Al dudar ella sobre la confianza me giré rápidamente para mirarla - ¡En absoluto! ¡Claro que confió en ti ciegamente! - Dije algo nervioso - Es lo que dice Sephi. En Toko no se dio la situación para contártelo... - Dije sonrojado, llevándome el dedo a la mejilla para arrascarla, recordando la noche en la que ambos estuvimos juntos - Así que ahora podemos decírtelo sin problema. Tanto Karl como yo somos usuarios de Akuma no mi. En mi caso, una Zoan, la serpiente cascabel. No es que sea precisamente algo muy poderoso, pero puedo controlarla al menos perfectamente y me he adaptado a ella desde bien pequeñito, hmfefe - Dije entre risas y de forma calmada, intentando que Ikirami no se sintiera mal - La de Karl es algo más rara. No entiendo mucho sobre frutas, pero desde luego ese "pollo de fuego" es espectacular, creo que hasta ni ella sabe lo que es ¿Verdad? ¡Hmfefefe! Así que si tú sabes sobre las Akuma, quizás puedas ayudarla para saber que es, ¿qué os parece a ambas? ¡Sería genial! - Grité alegremente para romper la posible tensión que pudiera tener encima Ikirami. Volví a mirarla, agachando un poco mi cuerpo - A partir de ahora, nada de secretos. Lo que necesitemos hablar, lo hablamos ¿Vale? - La dije mientras sonreía y cerraba los ojos. Estábamos llegando ya al principio de aquel camino central, cuando de repente, algo desde el cielo impactó en el suelo, levantando una polvareda de humo enorme, por la cual pude ver dos siluetas enormes y gordas. Una de ellas estaba en medio del camino por el cual íbamos a ir, y la otra, estaba en la entrada del extremo izquierdo. Mi primer acto reflejo fue transformarme instantáneamente en mi forma híbrida y ponerme delante de todos mis compañeros - ¡Estad en alerta, todos detrás de mí! - Grité, dando una orden rápida y clara a todos. Cuando el humo empezó a disiparse pude ver más claramente lo que esas siluetas eran. Dos pájaros enormes, muy feas, y sobre todo, con cara de pocos amigos, se podía notar con solo mirarlas que no estaban precisamente alegres. No se movían, no hacían nada, solo hacían un sonido muy desagradable, pero no podía perder la concentración por lo que pudiera pasar. Rápidamente, las dos aves levantaron sus alas, la del centro, su ala derecha, y la de la izquierda, su ala izquierda, señalando ambas el camino que había entre las dos, sin moverse, sin hacer nada raro. Me calmé al ver que, a pesar de su aspecto, estaban calmadas, no buscaban pelea ni nada parecido. Poco a poco, volví a mi forma humana sin perderlas de vista a ambas, pero estaba claro, estaban indicándonos claramente que fuéramos por ese camino en concreto - Mmmm... - Se me pudo escuchar levemente - ... Está bien. Iremos por aquí - Eché la mirada hacia atrás mirando a mis compañeros - Parece ser que cambiamos la ruta establecida. No me hace gracia, pero al menos no son agresivos. No sé qué tipo de bichos son, pero vamos a hacerlos caso - Miré a Karl rápidamente - Y no, no vamos a adoptar uno de estos - Dije de manera seria, pero con una leve sonrisa en tono de sarcasmo. Nos adentramos por el camino que aquellos animales nos indicaron sin problema ninguno. Yo iba delante de todos, estando atento a lo que pudiera pasar y poder actuar en consecuencia, pero aquel camino era de lo más reconfortante y agradable. El camino era lo suficientemente ancho como para que las tropas pudieran ir cómodamente sin perderse, apenas entraban los rayos del sol por la vegetación, pero era lo suficientemente cómodo para disfrutar de la caminata y de la buena temperatura que se podía palpar. A pesar de querer estar en alerta, me relajé un poco sacando un cigarrillo de mi cajetilla metálica y encendérmelo con mi Zippo del pulpo estampado - Oye, chicos - Alcé un poco la voz, mirando al frente del camino - Tras realizar el trabajo que tengamos que hacer aquí, había pensado en tener nuestro propio barco de la División 21. Que podamos tener el nuestro propio, en el que cada uno tenga su camarote a su gusto y con lo que más le guste - Miré hacia arriba con una sonrisa, contemplando los leves rayos de rol que pasaban por la vegetación - Incluso con una cocina enorme en la que poder hacer cualquier receta ... Un gran estudio en el que estar tranquilamente con muchos libros alrededor ... Una zona en la que no falte todo lo necesario para el cuidado del barco ... Y mucho espacio para correr y divertirse sin parar. O incluso quién sabe... volar. Hmfefe - Me dejé llevar por los pensamientos y la visión de futuro que tenía en la mente. La subida a Comodoro me cambió por completo, y quería poder tener un sitio en el que todos estuviéramos cómodos y felices - Y no os preocupéis por el coste de este, todo irá a mi cargo - Me giré para mirarlos - Es una orden, hmfefe - Ahora cobraba bien, así que quería invertirlo en algo útil para todos. Mientras avanzábamos no pude evitar fijarme tanto en el suelo fértil de aquel lugar como algunas frutas que colgaban de los árboles. Era capaz de distinguirlas a distancia, el aroma que desprendían era suficiente para mí - Ni se os ocurra coger ni siquiera nada de lo que hay en este sitio. Tanto las plantas como las frutas no son comestibles - Justo, pasé justo al lado de una especie de hongo grisáceo con un patrón moteado de color negro, el cual le di un leve golpe con mi zapato - Y estos de aquí, aún menos. Estos directamente te destrozan el cuerpo por dentro, envenenándolo por completo - Suspiré - ¡Quién tenga hambre que coma algo de las provisiones que hemos traído! ¡O si no que se espere a ver que descubrimos y ver si se puede comer en algún lado! - Grité para que le quedase claro a todo el mundo. No quería una intoxicación en estos momentos. Tras unas 3 horas andando, al fin llegamos al final del camino, y para nada esperaba lo que iba a encontrarme. Lo que más llamaba la atención era una construcción gigantesca de oro, la cual era imposible no ver - ¿¡Esto es lo que viste, Ikirami¡? ¡Es increíble! - Grité totalmente incrédulo por lo que estaba viendo. Las casas también eran de oro, había una especie de coliseo. Estaba completamente abrupto por todo aquello que no era capaz de ver con claridad nada a la perfección. Por allí andaban gente con alas en la espalda, de varios tamaños, pero daba la impresión de que todos convivían en paz y armonía, pues se veía que se llevaban bien. Agité la cabeza rápidamente - ¡Vale vale vale! - Me di con las palmas de mis dos manos en la cara para concentrarme - ¡Tenemos que buscar a alguien que nos pueda informar bien del trabajo que tenemos que hacer! - Grité dejando claro cual era la prioridad en este momento. Aquello era como un cuento de crios, era imposible no emocionarse, por un momento me sentia como Karl. Pero teniamos que concentrarnos y buscar al responsable de nuestra llegada allí y ver cual era el trabajo que realizar.
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18-02-2024, 06:33 PM
Toda la tripulación de los Shogun Gari estaba pletórica por haber llegado a la isla celestial, siendo Kuraku el que parecía estar más calmado de entre todos ellos, y los más exaltados Tobías y Sasha, habiendo agarrado, esta última, una caracola de esas gigantes. A pesar de que debían ser cautos, Garnet no pudo evitar pensar para sí mismo que ojalá se llevaran una de esas conchas para poder usarla, más adelante, como altavoz en uno de sus conciertos. Sin embargo, el lunarian, refiriéndose a Sasha como "Sarah", le instó que no toqueteara nada sin conocer las repercusiones a las que se podía enfrentar, añadiendo el, ahora, pelinaranja Tobías que ya era lo suficientemente mayor como para pensar en las consecuencias que podían generar sus acciones.-Es una putada... Pero Tobi y Kuraku tienen razón.- Pensaba autoconvenciéndose de que no podían llevarse su ansiado altavoz.
Seguidamente, al Sasha haberse referido a los Shogun Gari como Galaxy Wars, al carpintero, entre risas, se le ocurrió la brillante idea también de usar nombres falsos para ir, aún más, de incógnito, refiriéndose al pelirrojo como "Luke", apodo que usaron cuando se conocieron en Isla Oykot. Había llovido mares desde ese día, y el músico comenzó a recordar la creación de la tripulación de los Shogun Gari con añoranza. Echaba de menos a Xas, Nekah, Bepso y Gronn, pero no debían flaquear y seguir hacia delante por ellos, al igual que con Platypo, Ariel y Aurora.- Seguiremos con vuestra voluntad y metas, peña... ¡Seguid mirándonos desde dónde estéis! ¿Es o no es?- Tobías, además de apodar a Garnet, también lo hizo con los demás, autodenominándose así mismo como Kenobi, y a Kuraku como Vader. A Sasha seguiría llamándola sobri, pero como el pelirrojo veía a la semioni como su hermana pequeña, era una idiotez referirse a ella como su sobrina.-Sarah está perita, sí...- Garnet se cruzó de brazos, pensativo, ladeando su cabeza ligeramente hacia su derecha, encarando, aún, la entrada de la ruta por la que se encaminaban.-Puejeje, con estos disfraces y nombres, ¡nadie se coscará de nosotros!- Exclamó, orgulloso, de las medidas que habían tomado para "infiltrarse" en la isla, mientras extendía sus brazos hacia ambos lados, respectivamente, y giraba 180 grados, mirando a todos sus amigos menos a Sasha, que se encontraba detrás de él, pues ya había empezado a emprender el camino que les tocaba. Pero de repente, una voz que, al pelirrojo le resultaba familiar, le llamó por su nombre, haciendo que entrara en un estado de confusión, arqueando su ceja izquierda y abriendo ligeramente su boca, ¿cómo narices le habían reconocido? - ¡Qué Garnet ni qué Garnet! Yo soy Lu...- Intentaba aclarar el pelirrojo conforme se giraba hacia el origen de la voz que le había llamado por su nombre, hasta que vio a una gran figura, de casi la misma estatura que Kuraku y Sasha, aproximarse a él.-...ke...- Conforme veía que el desconocido se trataba de un gran mink y que, al quitarse las gafas de sol que portaba, se trataba de un mink panda, la cara del pelirrojo se tornó a una de alegría y sorpresa.- ¡PERO SI ERES PANDA! ¡PUAJAJAJA! ¡QUÉ FLIPE! ¿ES O NO ES?- Rio en voz altísima, sin haberse dado cuenta del volumen con el que había hablado, tapándose la boca con ambas manos al descubrir la intensidad con la que había hablado. El mink le dijo al skypiean que había leído bastante sobre él, seguramente haciendo referencia sobre la última noticia que había salido en el periódico, edición que hablaba sobre la, prácticamente, exterminación de la brigada revolucionaria liderada por Kovashi. El pelirrojo no pudo evitar ponerse triste de pensar en como lo tenía que estar pasando Don Bambú, pero ahora mismo no era tiempo de eso, ¡debía celebrar su reencuentro con su salvador! De esta forma, después también de que Kuraku se presentara al panda y avanzara hacia donde se encontraba la semioni, Garnet le extendió su puño derecho al mink, esperando a que este le siguiera el saludo.- Te vienes, ¿es o no es? Hay que ponerse al día de todas las movidas que han pasado, ¡y así también conoces a mis amigos!- Exclamaba contento mientras miraba tanto a Don Bambú como al resto de los Shogun Gari, que se encontraban ya esperándolos para empezar la caminata por la ruta.- Este es Panda, peña, os hablé de él con todo el tema de los cabos, ¿es o no es?- Les aclaraba, en caso de duda, a los demás, mientras se dirigía hacía ellos. La travesía por el sendero, liderada y guiada por la semioni, de esta forma, dio comienzo. El paisaje que podían admirar, ciertamente, era de esos que quitaban el aliento. La gran frondosidad y volumen de la vegetación que les rodeaba, no les dejaba ver más allá del camino que estaban recorriendo pero es que no hacía falta ver más allá. La variedad de flora y vegetación del lugar, junto a los peces que nadaban por el gran río que les acompañaba paralelamente, tintaba de color y vida sus vistas, haciendo de la caminata mucho más amena. Garnet, mientras iba oteando cada detalle de esa isla, buscando una posible inspiración para alguna futura canción, caminaba junto al resto, especialmente al lado de Don Bambú, a su izquierda.- La verdad... Vaya putada nos ha tocado vivir, ¿es o no es?- Comenzó a hablar Garnet, como manera de romper el hielo, con algo de tristeza en su rostro.- También pude bichear la noticia del periódico... Aún sigo sin creerme lo de Kova, ¿cómo de tocho era vuestro enemigo?- Preguntó centrando su mirada en el Panda para, acto seguido, alzar su cabeza hacia el verdor del bosque que les cubría enteramente del astro rey.- En nuestro caso, el puto loco de Finn vino a jodernos la vida otra vez... Ese moco negro, se llevó de nuevo a la mitad de nuestros amigos... Estaba buscando a Kova, quería vengarse el muy idiota...- Cerraba fuertemente sus puños de recordar el infierno por el que tuvieron que pasar, pasando a mirar, nuevamente al Panda.- Me alegro que estés con vida, "broder", no se me ha olvidado la birra que te debo, ¿es o no es?- Finalizó de hablar Garnet, dejando, esta vez, tiempo para escuchar atentamente a lo que Don Bambú tuviera que decirle. Una hora después de haber emprendido su marcha por la ruta, a Garnet se le pasó una idea por la cabeza.- Eh, ¿os hace que a Panda le pongamos también un apodo?- Preguntó al resto de los Shogun Gari.- Estamos intentando que nadie se cosque de nosotros... El menda por ejemplo se llama Luke y no Garnet, ¿sabes?- Le explicaba al mink mientras le guiñaba su ojo izquierdo dos veces. Había que hacer todo lo posible, e incluso lo imposible, si también lo imposible era posible, para hacer sentir al Panda integrado al grupo. Dos horas después de aquel momento, finalmente, los Shogun Gari comenzaban a ver una luz al final de su ruta, marcando, probablemente el fin de la misma.- Ni corriendo por la playa de Isla Elíseo el menda se hartó tanto como andando por este trecho, ¿es o no es?- Dijo el pelirrojo cansado de ver el mismo paisaje, una y otra vez, durante tres largas horas. Al salir del bosque por el que habían estado divagando por todo ese tiempo, un gran cantidad de brillo dorado, proveniente de la civilización que tenían frente a ellos.- ¿Pero qué cojones?- Soltó Garnet al flipar en colores con las vistas que ofrecía lo que parecía ser una ciudad bañada completamente en oro. El cauce río, que había estado siguiendo su trayecto anteriormente, bordeaba el lateral de la aurea civilización, al igual que hacía el bosque desde todos los flancos de la ciudad. El músico corrió un par de metros hacia delante, completamente maravillado de lo que estaban viendo, y pegando un brinco, de unos 5 metros, para tener una mejor panorámica del sitio. En el salto, pudo ver gran cantidad de estructuras, que o bien podían ser viviendas u otras clases de instituciones, cubiertas o hechas de oro, que oscilaban entre los 3 y 4 metros de altura, que rodeaban a lo que parecía ser una especie de arena de combate.- ¿Será aquí dónde se darán los juegos o qué?- Pero la joya de corona se centraba exclusivamente en el gran edificio que se erguía al fondo del área, un gran palacio hecho de, aún más oro, que medía perfectamente medio kilómetro. Justo al aterrizar, pudo percatarse de la existencia de ciudadanos de la civilización. Cuando vio que había personas como él, con esas ridículas antenas en su cabeza y esas ridículas alas a sus espaldas, Garnet se quedó completamente embobado, hasta tal punto de ignorar la presencia de otras razas como eran los Birkanianos y los Lunarian. Sus viejos siempre le habían dicho que ellos provenían de otro lugar y que, por eso mismo, no existía nadie, aparte de ellos, de su raza en Isla Oykot. Pero jamás le contaron el nombre de la isla, ni el motivo por el que tuvieron que abandonar la isla y mudarse a una isla del North Blue. Garnet se llevó su mano derecha a la gorra, que aún portaba, bajándosela y tapando levemente la parte superior de su rostro.- Yo... ¿Yo soy de Skypiea?- Volvió a recolocarse su gorra mientras su cara reflejaba una pícara sonrisa, ¿cómo se iban a tomar sus viejos cuando se enteraran que habían estado en su lugar de origen?- Qué ganas de ver la cara que se les queda PUAJAJAJJA
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