01-01-2024, 07:57 PM
Joder, es que parece ser que no atino ni una sola vez con los sitios.
Salí de Ohara en busca de algún lugar en el que su gente fuera lo más parecido a mí, gente que le gusten las mismas cosas que a mí. El pelo arbusto en cierta manera le estaba cogiendo cariño, no era un mal tío, pero era demasiado pipiolo con sus movidas científicas y todas esas cosas de empollones, todo eso no es lo mío. Pero las cosas como son, es muy listo, y gracias a él, tenía a mi alcance aquello que yo en primera estancia no podía saber. Pero era demasiado blando y bastante inútil a la hora de pelear y enfrentarse a alguien. Quizás con su palabrería podía ser capaz de darle la vuelta a alguna situación, pero eso yo ya lo sé hacer gracias a mis encantos. No sé si alguna vez ha cogido un arma con sus putas manos o que, supongo que algún día tendría que enseñarle. Pero con las armas de otros, no con las mías, que no se caliente la cabeza.
Nos quedaba ná y menos en esta isla para ir al reino de Bollywood. Por favor solo pido un cambio de ambiente, estaba cansada de gente refinada. Pero me gusta aprovechar lo bueno de las cosas, y aunque esta isla era prácticamente parecida a Ohara, su clima me gustaba, y su ambiente tétrico y oscuro también. Así que decidí dar un último paseo para poder disfrutarlo. Las calles apenas tenían iluminación, y junto a la niebla que envolvía este sitio se complicaba el poder ver las cosas con claridad. Me llevé las manos a los bolsillos de la chaqueta y solo contemplaba alrededor mío los locales refinados y su gente. En algún punto, esa gente me recordaba a Ikirami, elegante, con modales... Joder, como la echaba de menos. Saqué el recorte del periódico del bolsillo interior de mi chaqueta y miré su foto. Me preguntaba que estaría haciendo ahora, tan lejos. Me entristecí pensando en a saber cuanto tiempo pasaría hasta que la pudiera volviera a ver y darla un abrazo. Fue mi primera amiga en mucho, mucho tiempo, y me aterraba que se olvidara de mí estando ella tan distante, viviendo sus aventuras de marine. Suspiré y volví a guardarme la foto de nuevo, no era momento de pensar en cosas negativas.
Me percaté rápidamente en unas señales que había en uno de los puntos más apartados de aquel pueblo. En uno, señalando a la derecha, ponía: "Castillo Crepuscular - Exposición de obras de Arte", o algo así. No le presté atención, no me llama nada y no me gusta. Por contra parte, a la izquierda: "Bosque Crepuscular", cosa que me llamó más. La imagen de mi casita en el bosque costero de Ohara se me vino a mi cabeza, quizás llegaba a sentir cierto sentimiento de nostalgia al recordarlo, al fin y al cabo, fue mi hogar durante unos años. Sin pensarlo mucho, seguí el camino, adentrándome a él cada vez más y desapareciendo del pueblo.
No tardó mucho en mostrarse todo aquel sitio. Un sitio lúgubre, oscuro, con grandes árboles por todos y cada uno de los lados, eran gigantescos y con muchas hojas para la época en la que estábamos, sería algún tipo de árbol raro o especial. Supongo, no lo sé, no soy jardinera, pero era bonito de ver. Aquel ambiente era todavía más frío que el propio pueblo. La iluminación era todavía más baja, estando cada pocos metros acompañados de lo que parecían unas lámparas muy antiguas con unas bombillas con un tono amarillento tenue. A decir verdad, parecía un cuento de miedo, pero me daba igual. Tenía conmigo a Shock y mi otro rifle. Si algo pudiera salir mal, podía defenderme. Seguí adentrándome en el sitio lentamente, disfrutando de la sensación térmica del lugar, hasta que, de pronto, escuché voces. Me paré en seco en mitad del camino. El viento aullaba por los alrededores, moviendo las hojas de los árboles, creando una estampa de tensión bastante alta. Giré mi cabeza 90 grados hacia la derecha, y seguí escuchando voces. Eran bajitas, suaves, pero el silencio de aquel sitio, hacía que se escuchasen perfectamente. Metí mi brazo derecho por dentro del abrigo y agarré a Shock, la cual estaba escondida, y mi rifle colgando de mi hombro izquierdo, y sujetándolo con mi mano izquierda.
Terminé de girar todo mi cuerpo en la dirección que se escuchaban las voces, y lentamente, avancé. Pasito a pasito, mirando al suelo para evitar pisar alguna hoja caída, o cualquier cosa que pudiera hacer ruido y revelar mi presencia. Según iba avanzando, las voces eran más claras y nítidas - Está por aquí, ten cuidado... - Era una voz de un niño pequeño, 13 o 14 años, no tendría más. Me oculté detrás de un seto grande y seguí escuchando - No podemos hacer ruido o nos descubrirá, quédate a mi lado ¿Me has oído, Maya? - Escuché mientras intentaba mirar a través del arbusto por si podía verles. Ya sabia que eran 2 personas, el chico que hablaba y una tal Maya - V... Vale ... - Dijo una dulce voz de una niña pequeña - ¿Se estarán escondiendo de mí por qué me vieron por el camino? - Pensé extrañada. Aquí pasaba algo que no estaba entendiendo. Me llevé la mano a la barbilla para frotármela y seguir pensando, cuando de repente, una voz mucho más grave y ronca retumbó en aquel basto silencio del bosque - ¡DONDE ESTÁIS! ¡SALID! ¡SE QUE ESTÁIS ESCONDIDOS! - Instintivamente me agaché para intentar ocultarme todavía mucho más detrás de aquel arbusto. Aquellos gritos no eran precisamente de alguien agradable.
Las voces de los niños pequeños dejaron de escucharse, en su lugar, el crujir de las ramas y las hojas se apoderaban cada vez más en el silencio y se acercaban poco a poco, alguien estaba aproximándose - ¡Venga, no me hagáis perder el tiempo! - Volvió a gritar mientras se escuchaba como rebuscaba en los arbustos. Empezaba más o menos a entender lo que pasaba aquí, no sabía el porqué, pero sí el que. En una de estas, de repente, los dos niños gritaron con todas sus fuerzas rompiendo el ambiente del sitio - ¡OS ENCONTRÉ, PEQUEÑOS DIABLILLOS! - Un terrible golpe, como una bofetada, sonó de manera muy bruta - ¡AH! - ¡Quieta ahí, si haces algo será peor! - Apreté los dientes muy fuerte mientras fruncía el ceño, y no me lo pensé. Metí el brazo derecho por la manga de mi abrigo y cogí a Shock, con las dos, atravesé el arbusto con mi cuerpo, desvelando así mi presencia y apuntando al jaleo. Estaba en lo correcto. Dos pequeños, una niña de unos 9 años en el suelo, con la mano en la cara medio llorando, el otro, de unos 14 años, estaba siendo agarrado por un hombre adulto. Un asqueroso hombre gordo, con barba y el pelo totalmente despeinado y alborotado, con una cuerda en la cintura, y en la otra mano, una pistola. En cuanto salí de allí, me apuntó con ella, sin soltar al crío.
- Chs chs chs, señorita, esto no son modales, quizás es mejor que se presente - Le miré fijamente a los ojos mientras le apuntaba. No sabía el porqué, pero aquel hombre quería hacer daño a los pequeños, eso estaba claro - Soy tu peor pesadilla, suelta a los críos o te vuelo la puta cabeza - Le dije en tono amenazante - ¡JO, JO, JO! - Empezó a reírse de manera muy rara - No me toques los cojones, niñata. A un pirata como yo nadie le manda, y menos una macarra con chatarra encima como tú - Me dijo en tono sarcástico - Estos críos se vienen conmigo, necesito esclavos en mi barco - Levanté una ceja - Vamos, que eres un puto esclavista - Seguí apuntándole. El hombre puso cara de extrañado ante mi comentario - No, no soy esclavista. No voy a vender estos críos a nadie ¡Son míos! ¡Van a trabajar para mí, en mi barco! ¡Y obedecerán lo que yo diga! - Apreté levemente el gatillo, pero aquel hombre era listo y tenía buen ojo - u oído, quién sabe - automáticamente, apuntó al crío, el cual tenía agarrado - Si mueves una sola fibra muscular, le vuelo los sesos al niño - Se me puso cara de mala leche - Si no me das problemas, me llevaré a los críos y tú te irás por donde has venido, es fácil de entender para una niñata como tú -
Sonreí tranquilamente mientras apuntaba con el rifle - Creo, que el que no entiende la situación eres tú - El hombre me miró extrañado durante unos segundos, mientras seguía forcejeando con el niño, el cual no se dejaba amedrentar - ¡Suéltame de una vez! - Le decía al pirata - Dime una cosa, si tan pirata eres, ¿tendrás un cartel de Se Busca, no? - Le dije mientras poco a poco iba relajando el cuerpo, hasta el punto en que dejé de apuntarle con Shock. La niña del suelo me miró preocupada, sus ojos llorosos reflejaban la aceptación de que no iban a salir de allí - ¡Por supuesto que sí! ¡Soy Bob Panza de Oro! - Se metió la mano a su bolsillo y sacó un cartel de Se busca y lo tiró hacia mi dirección como pudo, puesto que era papel, pero cayó hacia arriba, pudiendo ver su foto, nombre y recompensa. Silbé - ¡Vaya! Increíble, 5 millones. Desde luego eres el terror de los mares. Normal que una niñata como yo se acobarde ante ti, ¿eh? - De repente, el hombre le propinó un golpe con la culata de su pistola al niño para que se estuviera quieto y perdiera fuerzas, cosa que consiguió completamente, pues el muchacho dejó de forcejear con él.
Bob se giró para mirarme y decir algo - ¡Exact...! - Pero, para su mala suerte, lo que vio fue a Shock delante de él, en su frente. El hombre se quedó pálido y aterrado - Es una pena - Le escupí a los pies - Es una pena que... me sude completamente el coño quien seas - Miré a los críos - ¡Tapaos los oídos y giraos completamente! - Los niños con algo de esfuerzo, me hicieron caso. Bob estaba llorando y con los mocos cayéndose por su nariz - ¡Gno, Gno Pogfavog! - Me suplicó. Yo solo le miré con desprecio y le dije una última cosa, sacando una sonrisa - ... Bang ... - Apreté el gatillo, volándole la puta cabeza a aquel ser despreciable, dejando allí el cuerpo para que la madre naturaleza hiciera lo suyo.
Me acerqué a los críos poniéndome delante, los cuales estaban tapándose los oídos y de espaldas a la escena que monté. Me miraron y se asustaron un poco, pues tenía un poco de sangre por la cara y el abrigo - Pfff, tranquilos, esto con agua y jabón sale ¿Qué os parece que nos vayamos al pueblo y volváis a casa? Os acompaño - Les dije con una sonrisa. Los dos críos aceptaron encantados, y por el camino fui hablando con ellos de otros temas, como que cosas les gustaban y todo eso. No queria hacerles recordar al gordo asqueroso que queria arruinarles la vida para siempre. Antes de entrar al pueblo, encontré una pequeña fuente en la cual me lavé la cara y el abrigo de la sangre que salpicó para no causar revuelo.
Una vez allí con gente alrededor y guardias, los niños tomaron su camino de vuelta a casa. Levanté la mano y les despedí haciendo un gesto con mi mano de despedida mientras sonreia. Habia hecho mi primer trabajo - de manera imprevista - como cazadora de recompensas solitaria... Un segundo. Es verdad, soy cazadora de recompensas. Y, dejé el cuerpo de aquel tio allí tirado a su suerte por la naturaleza y los animales carnivoros que pudiera tener la zona. Me llevé las manos a la cabeza.
Salí de Ohara en busca de algún lugar en el que su gente fuera lo más parecido a mí, gente que le gusten las mismas cosas que a mí. El pelo arbusto en cierta manera le estaba cogiendo cariño, no era un mal tío, pero era demasiado pipiolo con sus movidas científicas y todas esas cosas de empollones, todo eso no es lo mío. Pero las cosas como son, es muy listo, y gracias a él, tenía a mi alcance aquello que yo en primera estancia no podía saber. Pero era demasiado blando y bastante inútil a la hora de pelear y enfrentarse a alguien. Quizás con su palabrería podía ser capaz de darle la vuelta a alguna situación, pero eso yo ya lo sé hacer gracias a mis encantos. No sé si alguna vez ha cogido un arma con sus putas manos o que, supongo que algún día tendría que enseñarle. Pero con las armas de otros, no con las mías, que no se caliente la cabeza.
Nos quedaba ná y menos en esta isla para ir al reino de Bollywood. Por favor solo pido un cambio de ambiente, estaba cansada de gente refinada. Pero me gusta aprovechar lo bueno de las cosas, y aunque esta isla era prácticamente parecida a Ohara, su clima me gustaba, y su ambiente tétrico y oscuro también. Así que decidí dar un último paseo para poder disfrutarlo. Las calles apenas tenían iluminación, y junto a la niebla que envolvía este sitio se complicaba el poder ver las cosas con claridad. Me llevé las manos a los bolsillos de la chaqueta y solo contemplaba alrededor mío los locales refinados y su gente. En algún punto, esa gente me recordaba a Ikirami, elegante, con modales... Joder, como la echaba de menos. Saqué el recorte del periódico del bolsillo interior de mi chaqueta y miré su foto. Me preguntaba que estaría haciendo ahora, tan lejos. Me entristecí pensando en a saber cuanto tiempo pasaría hasta que la pudiera volviera a ver y darla un abrazo. Fue mi primera amiga en mucho, mucho tiempo, y me aterraba que se olvidara de mí estando ella tan distante, viviendo sus aventuras de marine. Suspiré y volví a guardarme la foto de nuevo, no era momento de pensar en cosas negativas.
Me percaté rápidamente en unas señales que había en uno de los puntos más apartados de aquel pueblo. En uno, señalando a la derecha, ponía: "Castillo Crepuscular - Exposición de obras de Arte", o algo así. No le presté atención, no me llama nada y no me gusta. Por contra parte, a la izquierda: "Bosque Crepuscular", cosa que me llamó más. La imagen de mi casita en el bosque costero de Ohara se me vino a mi cabeza, quizás llegaba a sentir cierto sentimiento de nostalgia al recordarlo, al fin y al cabo, fue mi hogar durante unos años. Sin pensarlo mucho, seguí el camino, adentrándome a él cada vez más y desapareciendo del pueblo.
No tardó mucho en mostrarse todo aquel sitio. Un sitio lúgubre, oscuro, con grandes árboles por todos y cada uno de los lados, eran gigantescos y con muchas hojas para la época en la que estábamos, sería algún tipo de árbol raro o especial. Supongo, no lo sé, no soy jardinera, pero era bonito de ver. Aquel ambiente era todavía más frío que el propio pueblo. La iluminación era todavía más baja, estando cada pocos metros acompañados de lo que parecían unas lámparas muy antiguas con unas bombillas con un tono amarillento tenue. A decir verdad, parecía un cuento de miedo, pero me daba igual. Tenía conmigo a Shock y mi otro rifle. Si algo pudiera salir mal, podía defenderme. Seguí adentrándome en el sitio lentamente, disfrutando de la sensación térmica del lugar, hasta que, de pronto, escuché voces. Me paré en seco en mitad del camino. El viento aullaba por los alrededores, moviendo las hojas de los árboles, creando una estampa de tensión bastante alta. Giré mi cabeza 90 grados hacia la derecha, y seguí escuchando voces. Eran bajitas, suaves, pero el silencio de aquel sitio, hacía que se escuchasen perfectamente. Metí mi brazo derecho por dentro del abrigo y agarré a Shock, la cual estaba escondida, y mi rifle colgando de mi hombro izquierdo, y sujetándolo con mi mano izquierda.
Terminé de girar todo mi cuerpo en la dirección que se escuchaban las voces, y lentamente, avancé. Pasito a pasito, mirando al suelo para evitar pisar alguna hoja caída, o cualquier cosa que pudiera hacer ruido y revelar mi presencia. Según iba avanzando, las voces eran más claras y nítidas - Está por aquí, ten cuidado... - Era una voz de un niño pequeño, 13 o 14 años, no tendría más. Me oculté detrás de un seto grande y seguí escuchando - No podemos hacer ruido o nos descubrirá, quédate a mi lado ¿Me has oído, Maya? - Escuché mientras intentaba mirar a través del arbusto por si podía verles. Ya sabia que eran 2 personas, el chico que hablaba y una tal Maya - V... Vale ... - Dijo una dulce voz de una niña pequeña - ¿Se estarán escondiendo de mí por qué me vieron por el camino? - Pensé extrañada. Aquí pasaba algo que no estaba entendiendo. Me llevé la mano a la barbilla para frotármela y seguir pensando, cuando de repente, una voz mucho más grave y ronca retumbó en aquel basto silencio del bosque - ¡DONDE ESTÁIS! ¡SALID! ¡SE QUE ESTÁIS ESCONDIDOS! - Instintivamente me agaché para intentar ocultarme todavía mucho más detrás de aquel arbusto. Aquellos gritos no eran precisamente de alguien agradable.
Las voces de los niños pequeños dejaron de escucharse, en su lugar, el crujir de las ramas y las hojas se apoderaban cada vez más en el silencio y se acercaban poco a poco, alguien estaba aproximándose - ¡Venga, no me hagáis perder el tiempo! - Volvió a gritar mientras se escuchaba como rebuscaba en los arbustos. Empezaba más o menos a entender lo que pasaba aquí, no sabía el porqué, pero sí el que. En una de estas, de repente, los dos niños gritaron con todas sus fuerzas rompiendo el ambiente del sitio - ¡OS ENCONTRÉ, PEQUEÑOS DIABLILLOS! - Un terrible golpe, como una bofetada, sonó de manera muy bruta - ¡AH! - ¡Quieta ahí, si haces algo será peor! - Apreté los dientes muy fuerte mientras fruncía el ceño, y no me lo pensé. Metí el brazo derecho por la manga de mi abrigo y cogí a Shock, con las dos, atravesé el arbusto con mi cuerpo, desvelando así mi presencia y apuntando al jaleo. Estaba en lo correcto. Dos pequeños, una niña de unos 9 años en el suelo, con la mano en la cara medio llorando, el otro, de unos 14 años, estaba siendo agarrado por un hombre adulto. Un asqueroso hombre gordo, con barba y el pelo totalmente despeinado y alborotado, con una cuerda en la cintura, y en la otra mano, una pistola. En cuanto salí de allí, me apuntó con ella, sin soltar al crío.
- Chs chs chs, señorita, esto no son modales, quizás es mejor que se presente - Le miré fijamente a los ojos mientras le apuntaba. No sabía el porqué, pero aquel hombre quería hacer daño a los pequeños, eso estaba claro - Soy tu peor pesadilla, suelta a los críos o te vuelo la puta cabeza - Le dije en tono amenazante - ¡JO, JO, JO! - Empezó a reírse de manera muy rara - No me toques los cojones, niñata. A un pirata como yo nadie le manda, y menos una macarra con chatarra encima como tú - Me dijo en tono sarcástico - Estos críos se vienen conmigo, necesito esclavos en mi barco - Levanté una ceja - Vamos, que eres un puto esclavista - Seguí apuntándole. El hombre puso cara de extrañado ante mi comentario - No, no soy esclavista. No voy a vender estos críos a nadie ¡Son míos! ¡Van a trabajar para mí, en mi barco! ¡Y obedecerán lo que yo diga! - Apreté levemente el gatillo, pero aquel hombre era listo y tenía buen ojo - u oído, quién sabe - automáticamente, apuntó al crío, el cual tenía agarrado - Si mueves una sola fibra muscular, le vuelo los sesos al niño - Se me puso cara de mala leche - Si no me das problemas, me llevaré a los críos y tú te irás por donde has venido, es fácil de entender para una niñata como tú -
Sonreí tranquilamente mientras apuntaba con el rifle - Creo, que el que no entiende la situación eres tú - El hombre me miró extrañado durante unos segundos, mientras seguía forcejeando con el niño, el cual no se dejaba amedrentar - ¡Suéltame de una vez! - Le decía al pirata - Dime una cosa, si tan pirata eres, ¿tendrás un cartel de Se Busca, no? - Le dije mientras poco a poco iba relajando el cuerpo, hasta el punto en que dejé de apuntarle con Shock. La niña del suelo me miró preocupada, sus ojos llorosos reflejaban la aceptación de que no iban a salir de allí - ¡Por supuesto que sí! ¡Soy Bob Panza de Oro! - Se metió la mano a su bolsillo y sacó un cartel de Se busca y lo tiró hacia mi dirección como pudo, puesto que era papel, pero cayó hacia arriba, pudiendo ver su foto, nombre y recompensa. Silbé - ¡Vaya! Increíble, 5 millones. Desde luego eres el terror de los mares. Normal que una niñata como yo se acobarde ante ti, ¿eh? - De repente, el hombre le propinó un golpe con la culata de su pistola al niño para que se estuviera quieto y perdiera fuerzas, cosa que consiguió completamente, pues el muchacho dejó de forcejear con él.
Bob se giró para mirarme y decir algo - ¡Exact...! - Pero, para su mala suerte, lo que vio fue a Shock delante de él, en su frente. El hombre se quedó pálido y aterrado - Es una pena - Le escupí a los pies - Es una pena que... me sude completamente el coño quien seas - Miré a los críos - ¡Tapaos los oídos y giraos completamente! - Los niños con algo de esfuerzo, me hicieron caso. Bob estaba llorando y con los mocos cayéndose por su nariz - ¡Gno, Gno Pogfavog! - Me suplicó. Yo solo le miré con desprecio y le dije una última cosa, sacando una sonrisa - ... Bang ... - Apreté el gatillo, volándole la puta cabeza a aquel ser despreciable, dejando allí el cuerpo para que la madre naturaleza hiciera lo suyo.
Me acerqué a los críos poniéndome delante, los cuales estaban tapándose los oídos y de espaldas a la escena que monté. Me miraron y se asustaron un poco, pues tenía un poco de sangre por la cara y el abrigo - Pfff, tranquilos, esto con agua y jabón sale ¿Qué os parece que nos vayamos al pueblo y volváis a casa? Os acompaño - Les dije con una sonrisa. Los dos críos aceptaron encantados, y por el camino fui hablando con ellos de otros temas, como que cosas les gustaban y todo eso. No queria hacerles recordar al gordo asqueroso que queria arruinarles la vida para siempre. Antes de entrar al pueblo, encontré una pequeña fuente en la cual me lavé la cara y el abrigo de la sangre que salpicó para no causar revuelo.
Una vez allí con gente alrededor y guardias, los niños tomaron su camino de vuelta a casa. Levanté la mano y les despedí haciendo un gesto con mi mano de despedida mientras sonreia. Habia hecho mi primer trabajo - de manera imprevista - como cazadora de recompensas solitaria... Un segundo. Es verdad, soy cazadora de recompensas. Y, dejé el cuerpo de aquel tio allí tirado a su suerte por la naturaleza y los animales carnivoros que pudiera tener la zona. Me llevé las manos a la cabeza.
- ¡AAAAAAH, MIERDAAAAAAAA! - Grité en medio del pueblo.

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