Hace 2 horas
(Última modificación: Hace 2 horas por Miyori Hoshino.)
La música en esencia no debe ser reconocida…
Debe ser invaluable, precioso, un tesoro…
No busca un nombre, ni pertenecerle a alguien…
Solo quiere que su alma sea oída.
Que quién escuche un día no se pierda…
Y que, aun cuando la tristeza atormente…
Pueda encontrar en una canción… una respuesta.
Debe ser invaluable, precioso, un tesoro…
No busca un nombre, ni pertenecerle a alguien…
Solo quiere que su alma sea oída.
Que quién escuche un día no se pierda…
Y que, aun cuando la tristeza atormente…
Pueda encontrar en una canción… una respuesta.
Mi corazón había saltado, abrumado por todo lo confesado y dicho hacía apenas unos minutos, pese a mis esfuerzos por disimularlo y mitigar cualquier reacción de preocupación, frente a mí recibí un regalo aún mayor. Cada instrumento tiene su propia bendición, cada uno concede una entonación única, y cuando el acorde comenzó a ser rasgado entre sus manos, mis ojos azulinos se iluminaron poco a poco ante lo inesperado de sus acciones, al sentir cómo el sonido comenzaba a fluir por toda la habitación, envolviéndolo todo con su melodía, comprendí que no me sentía sola, al menos no en este momento.
Nuevamente flexioné las piernas para abrazarlas y descansar el mentón sobre mis rodillas, cerrando los ojos con lentitud para entregarme por completo a su interpretación, su música me envolvía, me amaba, y yo correspondía con afecto a cada acorde que llegaba hasta a mí, no había nada más dulce que el cariño expresado a través de un instrumento. En mi rostro, por supuesto, floreció una sonrisa tenue y serena, acompañada por el asomo de un pequeño rubor ante aquel cálido sentimiento que crecía en mi corazón.
Era feliz.
Cuando el silencio se hizo presente con el descenso de la última nota, me pareció que el tiempo había transcurrido demasiado lento, aunque no de una manera desagradable, al contrario, al cruzar nuestras miradas aun cuando solo pudiera contemplar su imagen a través de aquel cuadro proyectado, sonreí cálidamente al hombre escarlata de ojos esmeralda — Gracias… Garnet.
Tras ello continuó con palabras cargadas de su propia percepción y criterio, bajé incluso la mirada cuando comenzó a elogiarme, mencionando que yo era una persona valiente, aquello me apenaba un poco pues nunca me había considerado merecedora de admiración, mucho menos alguien valiente, aun con eso, continué escuchándolo con atención, deslizando uno de mis mechones naranjas detrás de la oreja en un gesto de nervioso. Reí suavemente al escucharle lanzar algunas maldiciones contra mis antiguos compañeros aunque también terminé mostrado una sonrisa algo incómoda al final, en mi corazón no guardaba rencor hacia los que me dejaron atrás. — Supongo que no querían que me lastimaran… pasamos por una situación bastante peligrosa durante el viaje hacia Grand Line, no puedo culparlos por querer protegerme…— Intentaba justificarlos porque, de alguna manera, sabía que aquello había sido su intención, simplemente, yo me había aferrado demasiado a continuar por este camino aunque estuviese sola.
Pero cuando Garnet mencionó que creía en mis sueños, pude sentir una ligera punzada en el corazón, mis ojos comenzaron a humedecerse de nuevo y pequeñas lágrimas brotaron sin permiso, amenazando con deslizarse por mis mejillas, de inmediato llevé ambas manos al rostro para limpiarlas y tallarme suavemente los ojos, intentando recuperar la compostura — G-gracias… de verdad que me has subido mucho el ánimo.
Cuando comenzó a hablarme sobre la fama, mis ojos permanecieron atentos a sus expresiones y aquella manera tan soñadora con la que hablaba sobre convertirse en alguien exitoso dentro de la música, en una verdadera superestrella, hablaba con tanta convicción y emoción que sentía como si, indirectamente, también me estuviera hablando de sus propios sueños, notar eso consiguió embelesarme por completo, escucharlo describir un mundo donde el escenario podría pertenecerme era hermoso, y por instante pude imaginarlo, pero aquello no era lo que yo anhelaba alcanzar.
“Nadie la palma hasta que es olvidado, Miyo-chan... Así que está en tu mano hacer que todos los que ya no están con nosotros sigan vivos en nuestros corazones.”
Mi diestra se posó instintivamente sobre mi pecho, justo a la altura del corazón, aquellas palabras hicieron que algunos recuerdos comenzaran a desfilar por mi mente, rostros queridos, momentos que aún conservaba con cariño… ese sentimiento cálido de recordar a quienes vivían dentro de mí, sí aquello ya lo sabía, lo había aprendido desde pequeña, pero escucharlo ahora se sentía diferente, como sí acabara de desenterrar un tesoro que siempre había llevado conmigo, cerré los ojos por unos instantes, abrazando con cariño aquellos recuerdos antes de volver a abrirlos lentamente. — Mi escenario es el mundo, soy una artista errante que vaya donde vaya, siempre tendrá una melodía que entregar. — Mi voz se mantuvo serena pero cargada de respeto pues no quería menospreciar su proyección que vió en mí. — No quiero ser un símbolo de inspiración ni hacer composiciones que duren para toda la eternidad… quiero ser alguien que ame a los demás, esa es mi forma de hacer que la música prevalezca — Hice una pequeña pausa mientras mis ojos se posaban tranquilamente sobre el verde de sus joyas junto a una sonrisa dulce de mi parte — Y si algún día dejan de existir mis canciones, estoy segura de algún día alguien las recordará con amor, ¿Es o no es?
La curiosidad expectante se reflejó en mi mirada cuando noté que aquel hombre escarlata tomaba nuevamente a su amado instrumento, al escuchar que contaría su historia a través de una composición improvisada inspirada en su propia vida, me acerqué un poco más a la cámara del caracol para prestar toda mi atención, como antes, mantuve el mentón apoyado sobre mis rodillas, atenta a sus movimientos, y entonces comenzó a escucharse la canción. Era bastante animada, con una base de rock suave que llenó poco a poco la habitación de nuevo, esperanto nuevamente aquella expresión de fascinación en mi rostro mientras me disponía a escuchar cada nota… y cada palabra.
El primer verso hablaba sobre la isla donde se crió, me parecía una locura que fuera de los Blues también, incluso llegué a levantar la cabeza en señal de asombro junto a una sonrisa, pero tan rápido duró mi alegría cuando de repente su canción pasaba a un verso que expresaba había sufrido — Oh… — dije débilmente algo preocupada, pero después me encontré fascinada al entender que en la música encontró el refugio que necesitaba.
En su coro reí sutilmente mientras cerraba los ojos y mecía mi cuerpo de lado a lado, entregandome al maravilloso ritmo que ofrecía la bendición de Sabertones.
Era una melodía bastante animada, eléctrica, divertida y su voz sin duda pegaba muy bien con su estilo de música, era como Maki pero a la misma vez había mucha diferencia en su interpretación, su canción hablaba de su trayectoria, de la manera en como conoció el mundo y como encontró en él un sueño, una promesa, de volverse una superestrella, cuando finalizó en ese momento comencé a aplaudir con mucho entusiasmo, después de todo un buen artista merece ser elogiado. — ¡Eso fue increíble, Garnet!, me ha encantado mucho la canción… — dije con una sonrisa bastante amplia, animada, mientras miraba el techo y tarareaba la melodía recién escuchada — ¿Cómo era?, dah dah… bum dsss…. ¡Ah!
Al loro la peña, viene el “roll and rock”
Del gran menda, Garnet Matlock
Música y mucho amor, yay, yay, yay, YEAH
Cité el canto en una breve copia de su melodía mientras aplaudía al compás de aquella hermosa melodía, posterior a ello me reí suavemente, la música logra romper esquemas, ¿no? — Me gustaría saber mucho más de ti, de tus viajes… ¿Alguna vez has sanado corazones con música?, ¿me cuentas un poco?
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