Hace 1 hora
Magnus, haciendo gala de una fortaleza que solo los de su raza podían exhibir, resistió el dolor del golpe de su poderosa contrincante con entereza. Sus palabras de elogio crearon una sonrisa en el rostro de la hermosa flor. Sin dudas era un hombre entre hombres, pues solo los más varoniles estaban capacitados para manejar los cortejos de las damiselas más indomables.
Tras sus palabras de elogio, el revolucionario acercó sus labios a los de su contendiente. Las mejillas de Hanayama se sonrojaron y ella se limitó a cerrar los ojos para recibir la pasión del hombre que tenía frente a ella. No había dejado de lado la idea de pelear con él, pero después de soportar su primer golpe, una pequeña recompensa parecía algo más que adecuado.
Mientras todo esto ocurría, el resto de su división observaba con ojos como platos. Aquellas muchachas, fans de las historias de amor desde que eran unas niñas soñadoras, tenían delante una escena de ensueño. Para ellas, que habían sido tratadas y desechadas como objetos desde siempre, ver cómo un galán recibía la furia de su sister sin inmutarse, para luego darle un beso… era demasiado. Angélica, la más romántica de la división, se desmayó en los brazos de Almudena, su hermana del alma.
Pero fue lo que pasó después lo que dejó a todos dentro del bar perturbados por unos segundos. En un dramático giro de los acontecimientos, Magnus propinó un poderoso cabezazo directo al rostro de Hani. La buccaneer sufrió el daño del golpe y, aprovechando la inercia del mismo, retrocedió varios metros dando una sofisticada voltereta hacia atrás, apoyando sus manos en el suelo durante el proceso como si de una gimnasta se tratase.
Tras terminar su pirueta, clavó su mirada en los ojos del último romántico. No era odio lo que transmitía, era confianza y, sobre todo, placer. Con su dedo pulgar se limpió la sangre que caía de su nariz, usándola justo después para pintarse los labios.
—Tú sí que sabes complacer a una dama, slayyy… —
Ante sus palabras, y viendo cómo se desarrollaba el combate, el apasionado público no pudo hacer más que vitorear a ambos luchadores.
—Nfunfunfu… Continuemos con nuestro baile, querido —dijo Hanayama justo antes de dar un increíble salto hacia Magnus, girando sobre ella misma en el aire para luego aterrizar con una patada sobre la cabeza de su rival. Sin dudas, era un golpe lleno de la pasión de los inviernos que tuvo que vivir como una prostituta en las calles.
—Ahora dime, ¿qué es lo que te mueve? ¿Por qué alguien tan capaz como tú se ve perturbado por lo que hago con esos debiluchos?—
Tras sus palabras de elogio, el revolucionario acercó sus labios a los de su contendiente. Las mejillas de Hanayama se sonrojaron y ella se limitó a cerrar los ojos para recibir la pasión del hombre que tenía frente a ella. No había dejado de lado la idea de pelear con él, pero después de soportar su primer golpe, una pequeña recompensa parecía algo más que adecuado.
Mientras todo esto ocurría, el resto de su división observaba con ojos como platos. Aquellas muchachas, fans de las historias de amor desde que eran unas niñas soñadoras, tenían delante una escena de ensueño. Para ellas, que habían sido tratadas y desechadas como objetos desde siempre, ver cómo un galán recibía la furia de su sister sin inmutarse, para luego darle un beso… era demasiado. Angélica, la más romántica de la división, se desmayó en los brazos de Almudena, su hermana del alma.
Pero fue lo que pasó después lo que dejó a todos dentro del bar perturbados por unos segundos. En un dramático giro de los acontecimientos, Magnus propinó un poderoso cabezazo directo al rostro de Hani. La buccaneer sufrió el daño del golpe y, aprovechando la inercia del mismo, retrocedió varios metros dando una sofisticada voltereta hacia atrás, apoyando sus manos en el suelo durante el proceso como si de una gimnasta se tratase.
Tras terminar su pirueta, clavó su mirada en los ojos del último romántico. No era odio lo que transmitía, era confianza y, sobre todo, placer. Con su dedo pulgar se limpió la sangre que caía de su nariz, usándola justo después para pintarse los labios.
—Tú sí que sabes complacer a una dama, slayyy… —
Ante sus palabras, y viendo cómo se desarrollaba el combate, el apasionado público no pudo hacer más que vitorear a ambos luchadores.
—¡KYAAAAAAAA!
—¡¡DADLO TODO!!—Nfunfunfu… Continuemos con nuestro baile, querido —dijo Hanayama justo antes de dar un increíble salto hacia Magnus, girando sobre ella misma en el aire para luego aterrizar con una patada sobre la cabeza de su rival. Sin dudas, era un golpe lleno de la pasión de los inviernos que tuvo que vivir como una prostituta en las calles.
—Ahora dime, ¿qué es lo que te mueve? ¿Por qué alguien tan capaz como tú se ve perturbado por lo que hago con esos debiluchos?—
Tortuga Narradora

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